Animaciones e hibridaciones

No tuve tiempo de anunciarlo ni promocionarlo – el tiempo es cruel últimamente – pero hoy por la tarde tuve oportunidad de participar de un nuevo conversatorio organizado por el Bunka Yugo Club, un grupo de estudiantes de la PUCP. (Hace unos meses tuve también oportunidad de participar en un conversatorio sobre el anime Death Note desde una perspectiva filosófica.) Esta vez participé de un conversatorio en torno a una comparación entre la animación occidental y la animación oriental, compartiendo una mesa con Melvin Ledgard y Hernán y Héctor Sotomayor.

No soy especialista en el tema ni por asomo, incluso mucho menos de lo que me gustaría, pero lo que intenté hacer fue formular una especie de interpretación filosófico-cultural de por qué habían surgido estas dos tradiciones con significados diferentes, y sobre todo considerando que son tradiciones que se encuentran cada vez más hibridadas. Empezando por el hecho de que ambas tienen una relación muy diferente con el flujo del tiempo (y a esto le debo mucho al genial Understanding Comics de Scott McCloud) y cómo esa relación muy distinta con el manejo del tiempo abre la puerta para todo un universo de interpretaciones diferentes. La animación japonesa tiene una mucho mayor facilidad para dilatar el tiempo, para extender una escena y convertirla en un monólogo interior en el que se profundiza sobre los motivos y los objetivos de los personajes. Largos planos que se desplazan lentamente, imágenes panorámicas que duran mucho, periodos prolongados en los cuales los personajes permanecen en las mismas posturas o realizando las mismas acciones. El viento, el movimiento de las hojas. Y, también, en gran medida, el uso del silencio como un recurso que permite también dilatar esta experiencia subjetiva del tiempo.

Este capítulo de Neon Genesis Evangelion, “El dilema del erizo”, me parece un excelente ejemplo de la manera como la animación japonesa puede realizar un excelente uso de esta dilatación del tiempo (observen, por ejemplo, la escena del tren):

En cambio, la tradición de animación occidental, especialmente la estadounidense (y, como bien puntualizó Melvin Ledgard, en especial la tradición televisiva a partir de los años sesenta), se concentró más bien en rellenar lo más posible el segmento de tiempo disponible con cosas que pasaban en la pantalla, sin dejar ningún tipo de espacio abierto, de tiempo dilatado en el cual el usuario pudiera introducirse para extraer sus propias interpretaciones de lo que estaba observando. Esto va de la mano con otra característica que me pareció resaltante, que es la claridad moral de la tradición occidental: pensando, por ejemplo, en los sumamente mercantilizados dibujos animados para niños de los ochentas, como G.I. Joe, He-Man, Transformers, o Thundercats, entre muchos otros, es en términos morales sumamente claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Está determinado de antemano a favor de quién deben estar los niños, y por extensión el juguete de qué personaje debe ser ligeramente más caro. Pero esto hace que todos estos dibujos animados terminen siendo, realmente, poco interesantes en términos morales, porque no hay ningún tipo de ambigüedad que negociar, no hay áreas grises como las que sí, por ejemplo, se empezaron a negociar cada vez más en el ámbito del cómic. Me parece, como hipótesis sumamente suelta, que al mismo tiempo el dibujo animado empieza a quedar desfasado de un contexto cultural que se vuelve cada vez más moralmente problemático en términos de escalas de grises vs. blancos y negros, lo cual hace que la figura del dibujo animado hacia finales de los ochentas empiece a parecer un tanto gastada y obsoleta, incapaz de reinventarse a sí misma.

Dos cosas ocurren aquí que me resultan interesantes. La primera es el espacio de interpretación de la animación como una forma de arte, de expresividad. Yo creo, al igual que con el cómic, que negarle esta posibilidad es simplemente una obstinación basada en la costumbre de que algunas cosas son arte, y alguna no. Y creo, además, que se pierde mucho espacio de interpretación y valoración del contenido y el estilo de muchas de estas obras cuando les negamos, de entrada, la posibilidad de ser también formas de expresión artística en sus propios términos y cánones. El juego con el tiempo que hace la animación oriental no me parece poca cosa aquí, porque creo que es justamente allí donde se introducen esos espacios para que, valga la redundancia, el espectador pueda introducirse y apropiarse de la obra y del texto. No digo que, sin eso, no se pueda, o que introduciendo eso automáticamente esto ocurra, pero creo que la animación oriental ha tenido una mayor afinidad hacia la transgresión de la comodidad del espectador que la animación occidental, que probablemente se encontró, en su mayoría, condicionada por cuestiones comerciales antes que creativas. La polémica, sin embargo, parece haberse dado sólo, o principalmente, con la animación occidental, pues en Japón la comprensión de la animación como una experiencia expresiva más compleja parece haber acompañado el desarrollo del formato del anime.

Lo segundo es que, alrededor de la misma época, se empieza a dar una influencia cada vez más grande de la animación oriental sobre la occidental, y una mayor cantidad de puntos de encuentro. Un público cada vez más amplio empieza a consumir animación oriental conforme Internet empieza a hacer posible acceder a recursos, información y contenidos de esa tradición, de una manera que antes no era posible. Al mismo tiempo, creadores y productores empiezan a encontrar en los elementos de la tradición oriental todo aquello que no encontraban en los dibujos animados que tenían a la mano, y a partir de allí se empiezan a realizar todo tipo de intercambios e influencias entre ambas tradiciones, generando una nueva camada de dibujos animados que resalta no sólo por su diferencia estilística frente a la generación anterior, sino también por su nueva diversidad temática y por su interesante complejidad o ambigüedad moral. No necesariamente porque los personajes se vuelvan amorales o moralmente problemáticos, sino porque la simple distinción entre bien y mal de manera llana se empieza a desvanecer. O lo que fue mi conclusión favorita: Bob Esponja está más allá del bien y del mal.

Creo que la obra de Genndy Tartakovsky es un muy buen ejemplo de esta línea híbrida. No sólo porque estilísticamente su estilo está muy claramente influenciado por la animación japonesa (como en Samurai Jack, o en Clone Wars), sino también porque los diferentes dibujos animados con los que está involucrado reflejan un salto conceptual muy distinto a generaciones anteriores, y son quizás algunos de los que encuentro más conceptualmente interesantes. Entre ellos están, por ejemplo, Dos perros tontos, Las chicas superpoderosas, o El laboratorio de Dexter (además, por supuesto, de los ya mencionados Samurai Jack y Clone Wars). Este clip de Clone Wars, por ejemplo, me parece que resulta ilustrativo del estilo híbrido de Tartakovsky:

Difícilmente se agota aquí el asunto, y es más, ni siquiera creo haber terminado de explicar plenamente algunas de las ideas que quise introducir esta tarde. Incluso es pertinente, también, complicar bastante el panorama por el lado de la tradición de animación occidental que puede analizarse de maneras sumamente interesantes. Pero, sirva esto como referencia para seguir conversando, sobre todo en lo que respecta a la complejidad y ambigüedad moral, pues es algo sobre lo que quiero volver para mi ponencia sobre Watchmen en el simposio de filosofía que se viene.

¿Quién vigila a los vigilantes?

Acabo de enviar a la comisión organizadora del V Simposio de Estudiantes de Filosofía, este año organizado entre la PUCP y la UARM, la sumilla de la presentación que quiero realizar en la mesa temática que estamos armando sobre Watchmen, con Martín y Rubén. He podido tomar como punto de partida una presentación que hice hace unos meses sobre Death Note en la que también hablé bastante sobre Watchmen (invitado por el Bunka Yugo Club de la PUCP), y ahora quiero recoger algunas de esas ideas y desarrollarlas un poco más.

Asumiendo que mi propuesta sea aprobada, esto será lo que trabajaré en el simposio (que será del 20 al 23 de octubre, entre la PUCP y la UARM). Tengo también la esperanza de presentar otro trabajo, asumiendo que me alcance el tiempo.

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¿Quién vigila a los vigilantes?
Superhéroes, nihilismo y cultura a partir de Watchmen

¿En qué momento dejamos de necesitar a los superhéroes? En 1986, Alan Moore y Dave  Gibbons se encargaron de implosionar nuestra concepción sobre justicieros enmascarados de una manera que cambió por completo nuestra percepción de la figura de los superhéroes e, incluso, del medio del cómic en general. Moore nos presentó un universo de superhéroes muy distinto de aquel al que estábamos acostumbrados: caracteres fallados, moralmente cuestionables, personalidades llenas de complejos que, sin embargo, pretenden defender un mundo supuestamente moral y justo.

Watchmen tuvo un significado singular en la historia de los comics, pues significó un doble salto hacia la “madurez”. Por un lado, al reinterpretar tan fundamentalmente una institución tan central como el ideal de los superhéroes, significó el acceso a una dimensión completamente nueva de complejidad y profundidad en la construcción de personajes e historias. Por otro lado, y por lo mismo, llevó a un nuevo grado de complejidad el calibre de los temas que podían trabajarse a partir del cómic: el trabajo de Moore, junto con otros trabajos de la época, empezaron a mostrar que el medio del cómic podía ser utilizado para expresar temáticas y problemáticas “serias” que se contraponían a los clásicos comics usualmente entendidos como historias para niños y jóvenes (y, en ese sentido, fueron también un paso decisivo para la aceptación del cómic como una forma de expresión artística).

En la formación de la cultura occidental contemporánea, sobre todo a partir del influjo de la industria cultural estadounidense, la figura del superhéroe ha tenido un lugar central como símbolo cultural. De allí que resulte forzosa la pregunta: ¿por qué Moore y Gibbons encontraron pertinente, si no necesario, atomizar esta imagen en su momento? ¿Por qué surge en esa época una tendencia hacia el cuestionamiento de la función que cumple el superhéroe, y la manera como la cumple?

En el presente trabajo espero responder a varios temas que se desprenden de estas preguntas. En primer lugar, quiero utilizar Watchmen como el hilo conductor para entender qué está pasando en nuestra cultura para que pueda tener lugar una historia como ésta (e historias similares) y resultarnos interesante. Partiendo de esta manifestación particular quiero extrapolar una serie de explicaciones y conclusiones posibles de por qué es posible que pensemos, hoy, en un mundo sin los superhéroes de antaño.

En segundo lugar, quiero preguntar por lo que queda, entonces, en su lugar. ¿Desaparecen los superhéroes de nuestra cultura, o es más bien su rol reinterpretado? ¿Qué nueva narrativa cultural puede extraerse a partir de los superhéroes de Watchmen? ¿Qué implicaciones tienen sus historias personales para la construcción de una narrativa cultural más amplia de la cual participamos nosotros los lectores? Quiero sugerir que la historia que se construye en Watchmen es también una metáfora de cómo nos encontramos en medio de la transición hacia otro – o varios otros – modelos sobre cómo construimos nuestra cultura, que tienen implicancias directas y personales para todos nosotros.

Finalmente, habiendo intentado trazar el hilo de esta narrativa cultural, quiero dar un paso atrás para preguntar por el sentido y el valor que me parece que tiene realizar esta lectura. Partiendo de poner en cuestión una cada vez menos útil separación entre la “cultura popular” y la “cultura ilustrada”, pero reconociendo que ésta no es ni puede ser una explicación de facto de cómo opera nuestra dinámica cultural, intentaré sugerir que el cómic ofrece una vía de entrada original a la interpretación de nuestra cultura y pensamiento por la singularidad de su formato. Es, en otras palabras, uno de los nuevos terrenos donde ha pasado a jugarse la construcción de nuestra cultura, y de los cuales la lectura filosófica no puede abdicar si desea no sólo mantener su actualidad, sino, principalmente, cuestionarse a sí misma permanentemente en la búsqueda de posibilidades y modelos interesantes.

Referencias

  • Adorno, Theodor y Max Horkheimer. Dialéctica de la Ilustración. Trotta, Madrid, 1998.
  • Benjamin, Walter. La obra de arte en la época de la reproducibilidad técnica. En: Benjamin, Walter. Discursos interrumpidos I, Taurus, Buenos Aires, 1989.
  • Jenkins, Henry. Convergence Culture: Where Old And New Media Collide. New York University Press, New York, 2006.
  • Johnson, Steven. Everything Bad Is Good For You: How Today’s Popular Culture Is Actually Making Us Smarter. Riverhead Books, New York, 2006.
  • Kierkegaard, Soren. Migajas filosóficas, o un poco de filosofía. Trotta, Madrid, 1999.
  • Kierkegaard, Soren. Temor y temblor. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
  • McCloud, Scott. Understanding Comics: The Invisible Art. Harper Collins, New York, 1994.
  • McLuhan, Marshall. Understanding Media: The Extensions of Man. Routledge, London, 2002 (1964).
  • Millar, Mark y Dave Johnson. Superman: Red Son. DC Comics, New York, 2003.
  • Miller, Frank. Batman: The Dark Knight Returns. DC Comics, New York, 1986.
  • Moore, Allan y Brian Bolland. Batman: The Killing Joke. DC Comics, New York, 1988.
  • Moore, Alan y Dave Gibbons. Watchmen. DC Comics, New York, 1987.
  • Moore, Alan y Curt Swan. Whatever Happened To The Man Of Tomorrow? DC Comics, New York, 2009 (1986).
  • Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial, Madrid, 2001.
  • Nolan, Christopher (dir). The Dark Knight. DC Comics/Warner Bros., 2008.
  • Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. Editorial Crítica, Barcelona, 2008.

The Making of el V Simposio de Estudiantes de Filosofía

El Simposio de Estudiantes de Filosofía de la PUCP es definitivamente mi laboratorio favorito. Es un espacio organizado y articulado por estudiantes de la especialidad con el apoyo del Centro de Estudios Filosóficos de la PUCP, y es una de las pocas oportunidades que tenemos en el año de presentarnos mutuamente cosas en las que estamos trabajando o que nos interesan. Cierto, no es perfecto: sería bueno que hubieran más ponencias, sería bueno que hubieran más preguntas, pero es un trabajo en progreso de varios años que ha ido evolucionando con el tiempo.

El asunto es que ya está en marcha la organización del V Simposio, programado para fines de este año, y como novedad, los organizadores han creado desde ya un blog donde han abierto la discusión a propuestas y sugerencias sobre cómo organizar el simposio de este año. La primera cuestión en la agenda es, por supuesto, la siempre polémica discusión sobre cuál será el tema del simposio. Tengo que confesar que me encanta la idea – una especie de behind-the-scenes de cómo va cuajando esta cuestión, y abre la posibilidad a que el resultado sea algo con lo que aquellos que solemos estar más en la periferia nos sintamos más involucrados. Además, y sobre todo, de que promete ser algo sumamente divertido (no sólo de filosofía vive el hombre).

Por supuesto, mi primera pregunta fue dónde quedábamos aquellos que ya no somos formalmente hablando “estudiantes de filosofía”. La respuesta llegó de parte de uno de los honorables miembros de la honorable comisión organizadora:

Estudiante de Filosofía es todo aquel que coge un texto (tratado, poemario, publicación virtual, etc.) y le da vueltas y vueltas, cual pollo a la brasa. No son una sarta de cursos, sino una forma de ser. Los que así somos, lo hemos sido antes y lo seremos después de la universidad. Así habló Zarathustra.

Así que no se diga más. La cuestión está abierta y las sugerencias son bienvenidas, y desde ya, como bien saben los honorables miembros de la honorable comisión, cuentan con esta humilde tribuna para la difusión que pueda brindarles y con la ayuda que pueda ofrecerles.

Y bueno, ya que estamos en el business, un poco de ego trip: las presentaciones que hice en el III Simposio en el 2007, y en el IV Simposio el año pasado. Aquí está tu simposio.

Aquí está tu simposio

Vía La Batería Fina, me entero que ya está al aire el blog para el IV Simposio de Estudiantes de Filosofía, que se realizará en noviembre en la PUCP, junto con la correspondiente convocatoria:

El Comité Organizador del IV Simposio de Estudiantes de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Perú invita a los estudiantes de las distintas universidades y especialidades del país a participar del IV Simposio de Estudiantes de Filosofía PUCP, el cual se llevará a cabo los días 11, 12, 13 y 14 de noviembre en el Auditorio de Humanidades de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Este año, las reflexiones del simposio girarán en torno al tema “hombre y naturaleza”. El tema puede abordarse desde distintas perspectivas que quedan a criterio de los participantes.

El tema es lo suficientemente abierto como para que a cualquiera se le pueda ocurrir algo. Ahora, me sorprende que el simposio ya no sea metropolitano, fácil es sólo de nombre o fácil realmente ha dejado de serlo, en fin, últimamente la comunidad filosófica local la veo bastante disgregada, así que no tengo idea cuál será el behind the scenes.

He participado y disfrutado mucho los últimos tres simposios -cuando, en efecto, aún era estudiante :(- y tengo toda la expectativa de participar también en éste, siempre y cuando mi condición ontológica no sea un problema. Me parece que es un excelente lugar para probar cosas nuevas y someterlas a la crítica y destrucción de la respetable concurrencia, y por eso tengo que ponerme a pensar en qué experimento quiero plantear este año, y cómo se la vendo a la comisión organizadora para que no me veten. Veremos qué pasa.

(Por ahí se insinúa una mesa redonda sobre Asimov y las tres leyes de la robótica, que podría ser divertida.)

I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica

Hace unos días me llegó por correo electrónico la información sobre el I Coloquio Peruano de Filosofía Analítica, que se realizará del 18 al 20 de agosto en la Facultad de Letras de San Marcos. El programa se ve interesante, e incluye invitados, entre otras, de las universidades de Virginia, San Marcos, MIT, PUCP, Oxford, etc.

Me encantaría ir a algunas de las conferencias, pero creo que el tiempo no me lo permitirá. En fin. Estaré allí en espíritu (lo sé, eso es lo mismo que no estar, por obvias razones).

Revue artistique

Algunas novedades cortesía del boletín de noticias de la PUCP…

Jueves 15 de mayo, el artista Jota Castro está organizando… cómo se llaman estas cosas… un “proyecto artístico” en la playa Redondo en Miraflores, “La palabra de los mudos“. Se trata de una concentración de gente a las 11:30am, en torno a “las barreras de la comunicación y la necesidad de inclusión para el surgimiento de un escenario global integrado. La preconcentración es a las 10am en la Bajada Balta, y si se inscriben a través de la página web pueden incluso conseguir transporte gratuito desde varios puntos de Lima.

Cornelia Parker, artista inglesa, está presentando su muestra Never Endings en el Museo de Arte de Lima. Por ahí me han dicho que está muy buena, y en fin, me llamó la atención el “muñeco cortado por la mitad con la misma guillotina que cortó la cabeza de María Antonieta”.

Otra muestra, ésta sobre arte peruano contemporáneo, es Tener Lugar. Experiencia, Acontecimiento, en el Centro Fundación Telefónica. Ni siquiera me voy a molestar en darle vuelta filosófica al título… En fin, hay días con visitas guiadas de los propios curadores de la obra, lo cual suena interesante.

La galería 80m2 -que además funciona en el mismo edificio en el que yo trabajo- ha inaugurado dos muestras: Insumisión, de Herbert Rodríguez, en su sala I, y Toma Urbana #2, de Renzo Núñez-Melgar, en su sala II. Lo francamente increíble (y un poco vergonzoso) es que a pesar de que paso por la puerta de la galería todos los días de mi vida (bueno, casi todos), nunca me he tomado el tiempo de entrar. En casa de herrero…

Finalmente, no llegué a comentar nada aquí sobre La Tierra vista desde el cielo, de Yann Arthus-Bertrand (muy buena muestra, además), que estuvo hasta hace poco en el Parque de Miraflores. Ahora hay una nueva muestra en el mismo sitio, “El clima cambia, mi vida también“, dedicada similarmente al tema del cambio climático y cómo está afectando al Perú. Espero poder visitarla pronto.

Considerando que estamos en medio de la Semana del Arte de Lima -o terminándola, en todo caso- vale la pena tener esto en cuenta.