Jugando con la nube

Ayer estuve jugando un rato con el servicio de Amazon Web Services. Han anunciado una nueva opción para probar una cierta cantidad de procesamiento, gratuitamente, por un año, que está excelente para probarlo.

Me explico: AWS es una plataforma de computación en la nube, donde se pueden crear “instancias” de procesamiento para cualquier fin que nos venga en gana, pagando solamente por los recursos que consumamos (el tiempo que la instancia está en ejecución, la cantidad de espacio de almacenamiento utilizado, el ancho de banda consumido, etc.). Una instancia es, básicamente, un servidor virtual: funciona lógicamente y externamente como un servidor, pero no hay nunca un servidor físico en ninguna parte. Dentro de la plataforma de Amazon, se crea este servidor virtual que existe mientras nosotros queramos, y cuando lo apagamos, desaparece.

Esto quiere decir que puedo tener mi propio servidor, o mi propia granja de servidores, sin tener que preocuparme por construir toda la infraestructura que eso requeriría físicamente. Puedo lanzar una instancia, y si necesito mayor capacidad, pues lanzo una nueva instancia, y así sucesivamente. Y Amazon me cobra por la cantidad de recursos que utilizo durante el tiempo que los utilizo.

El procedimiento es bastante sencillo, pero no deja de tener sus complicaciones. Uno tiene que registrarse en la página web de AWS y empezar a suscribirse a los diferentes servicios, para lo cual tiene que indicar un número válido de tarjeta de crédito (hay una cantidad de recursos básica que es gratuita, y por encima de ellos Amazon empieza a cobrar según el consumo). Luego de activar los servicios básicos – Elastic Computing, Simple Storage, etc. – podemos empezar a lanzar instancias desde la consola de administración web, y es genial. Desde allí uno puede lanzar su propio pequeño, o gran, servidor, y conectarse a él vía terminal (SSH).

Sí, eso quiere decir que toda la administración se hace vía la consola de texto, con un sistema operativo Linux (a menos que uno escoja pagar por un sistema operativo diferente, que también es posible). A partir de ahí, uno puede escoger instalar programas en el servidor (por ejemplo, un servidor web como Apache) y dispone de un nombre de host para acceder a los servicios que ofrezca su servidor virtual. Cuando te aburres de tu máquina, simplemente la desactivas, y desaparece por completo de la existencia (a menos que la configures para almacenar sus datos en alguna parte).

Es una excelente alternativa para montar servicios y aplicaciones web a un bajo costo. Puedo de manera muy sencilla tener múltiples entornos de producción, desarrollo, prueba, o lo que fuera, o utilizarlo para brindar diferentes tipos de servicios interna o externamente. Es, básicamente, una excelente manera de contar con capacidad de procesamiento sin invertir en infraestructura y a un excelente costo.

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¿Qué es esto de la “nube”?

[Este es un artículo que publiqué hace más de un año, en otro blog que ya no existe más. Pero como el tema sigue siendo relevante, y algunas de las ideas que menciono aquí son temas que quiero revisitar en los próximos días, se me ocurrió que sería buena idea rescatar este artículo.]

Últimamente se escucha cada vez más y más de los beneficios o perjuicios de la “nube” – the Cloud – y por todos lados la presentan como la gran promesa computacional del futuro, o en su defecto, como simplemente una moda más que pasará dentro de unos meses trayéndose abajo una serie de nuevas empresas que están trabajando en ella.

Creo que vale la pena elaborar un poco la idea de la nube computacional o de la computación en nube para tratar de empezar a entender su potencial y lo que se puede hacer con ella. Es una locura abstracta, pero bien puede significar que reconceptuemos muchas cosas de nuestro uso de la tecnología – si es que no lo hacemos ya. La idea de la “nube” es básicamente la idea de que, en algún momento, será posible y hasta deseable que toda nuestra información esté en Internet, de una u otra manera. Que esto termine siendo más práctico/útil que tener la información en discos duros o redes locales, como hemos estado acostumbrados en los últimos años. Conforme hasta las refrigeradoras están conectadas a Internet, y conforme la capacidad de procesamiento y almacenamiento masivo alcanza cada vez nuevos límites por el lado de los servidores, parece empezar a tener sentido esta idea: la “nube” ofrece la posibilidad de acceder a mi información desde cualquier computadora o dispositivo con acceso a Internet, y ya no tengo necesariamente que estar atado a una PC específica para acceder a mis datos.

Ésta es la idea en su forma bastante básica. Un excelente ejemplo de esto son los servicios de Google: quien usa Gmail, por ejemplo, confía en que su correo estará disponible en la nube y que puede acceder a él desde cualquier computadora, y ya no es necesario tener una copia local (obviamente la nube no es perfecta: hace unas semanas escuchamos de la tragedia que significó que Gmail cayera por unas horas). O también, uno puede acceder a sus documentos desde cualquier PC con Internet y navegador utilizando Google Docs.

Ahora, la nube cada vez está permitiendo hacer cosas más y más complejas, y también más y más interesantes. No se trata solamente de que ahora puedo tener mis documentos y mi correo permanentemente en la nube (como si eso fuera poca cosa), sino de que puedo utilizar la nube para montar todo tipo de aplicaciones. Amazon ha lanzado hace unos meses una serie de servicios web que permiten a cualquier persona montar sus propios servicios sobre la granja de servidores de Amazon – en esencia, sobre la nube. En otras palabras: Amazon ha abierto la puerta para que cualquiera pueda crear y correr sus propias aplicaciones web, de una manera fácilmente administrable y a un costo accesible (Amazon sólo cobra por en función a los recursos utilizados). Ya no es necesario, para operar grandes servicios, hacer grandes instalaciones tecnológicas e implementaciones excesivamente complejas, sino que ahora, usando los Amazon Web Services yo mismo puedo montar el servidor desde el cual correr mi servicio y pagar sólo por lo que uso. La “democratización” que esto significa en términos de infraestructura es enorme.

El ejemplo que me llevó a escribir esto: una guía publicada por Dave Winer sobre cómo utilizar los servicios de Amazon para montar tu propio servidor, todo en menos de una hora. La guía de Winer está escrita (en inglés) de tal modo que permita seguir el proceso de una manera muy sencilla –permitiendo que muchas más personas, de querer hacerlo, puedan de manera simple montar su propio servidor utilizando la nube de Amazon. Bajo costo, simple implementación, grandes posibilidades.

(Imaginen la manera como un recurso como éste nivela el campo de juego para empresas que no tienen gigantescos presupuestos para implementar servicios y aplicaciones web – piensen, por ejemplo, en la manera como esto podría servir a las empresas peruanas a brindar servicios globales.)

Por supuesto, la misma nube que corre la cosa detrás de cámaras nos da nuevas posibilidades a nivel de usuario. Hoy día descubrí, y estoy afanadísimo, MixTape.me. MixTape.me es un servicio en la web para escuchar música en línea similar a muchos otros: uno busca nombres de artistas o canciones y escucha la música directamente desde la nube, sin tener que descargar ningún archivo ni instalar ningún programa. MixTape.me tiene además la gracia de que permite muy fácilmente ordenar las canciones en listas de reproducción, publicar estas listas y acceder a las lista de otros usuarios, con lo cual se hace muy fácil encontrar recomendaciones de música que podría gustarnos. Lo interesante de la nube en este caso, es que nos obliga a la pregunta: ¿entonces para qué queremos miles de archivos MP3 en el disco duro, si todo podemos encontrarlo fácilmente en la nube? ¿Estamos yendo en esta dirección?

Por ahora, sí y no. Por un lado suena genial la idea de que – imaginando, por ejemplo, un dispositivo móvil permanentemente conectado a Internet, que es algo que ya existe hoy – puedo jalar toda mi música directamente de la nube sin tener que preocuparme por sincronizar dispositivos o de estar ordenando colecciones de archivos. Pero, por otro, hay una cierta inmediatez y cotidianidad en tener mis propios archivos, ordenarlos a mi gusto y demás. Quizás sea un fetiche, o solamente la costumbre, pero no deja de parecer más cómodo, y también más seguro, tener mis propios archivos en mi propio disco duro. No deberíamos dar el salto de entregarnos a la nube tan fácilmente: a pesar de que ofrece muchas posibilidades, también debemos pensar con cuidado si es que queremos que toda nuestra información esté por ahí, flotando en alguna parte.

Drupal y WordPress

Últimamente he estado bastante dedicado a montar nuevos sitios usando como plataformas tanto Drupal como WordPress. Ambos son especies distintas de plataformas CMS – Content Management Systems, o sistemas de gestión de contenido. En esencia, una plataforma CMS es un software que nos permite montar un sitio web utilizando un esqueleto completamente funcional para todas las características más importantes (y más), de modo que podemos preocuparnos menos por la administración y concentrarnos en producir y publicar contenido. Así, no tengo que estar diseñando cada página nueva que agrego a mi sitio, o preocupándome por volver a codificar un menú cuando quiero agregar un nuevo elemento, porque el CMS se encarga a aplicar automáticamente a todo contenido nuevo plantillas que hacen que el estilo visual se conforme con el de todo el sitio, y tiene funciones avanzadas de administración para no tener que estar redescubriendo la pólvora todo el tiempo.

Lo que cedemos a cambio de esta comodidad es flexibilidad. No podemos hacer todo el tiempo cualquier cosa que queramos con cualquier elemento de nuestro sitio – al menos no fácilmente. Estamos limitados por los parámetros y la funcionalidad del CMS, a cambio de poder concentrarnos en el lado del contenido. Al implementar un CMS, hacemos una fuerte inversión inicial de tiempo en la configuración, y luego prácticamente no tenemos que preocuparnos por la configuración del sitio a menos que queramos hacer cambios grandes, arquitectónicos.

Bueno, todo esto es simplemente porque quería hablar de Drupal y WordPress, quizás los dos CMS de libre acceso más populares que hay en el mercado. No soy de la idea de que estas plataformas estén enfrentadas o se tenga que optar por una o por la otra como LA plataforma única – más bien, cada una tiene sus fuertes, su espacio y su contexto.

WordPress es utilizada principalmente para blogs, pero utilizando diferentes plantillas y plug-ins en verdad su funcionalidad puede extenderse de maneras espectaculares. Cualquiera puede crear un blog gratuito utilizando wordpress.com que corre sobre la versión 3.0 de WordPress. Su gran elemento a favor es su simplicidad de uso – sobre todo para usuarios sin mucha experiencia técnica, actualizar un sitio construido en WordPress es muy, muy sencillo. Otro de sus grandes pros es la enorme comunidad de gente trabajando con WordPress, lo cual quiere decir que es muy sencillo encontrar muy buenos estilos visuales, gratuitos, que se pueden implementar sobre un sitio WordPress. Ojo que trabajando en wordpress.com las opciones son, más bien, un poco más limitadas. WordPress empieza a volverse más poderoso a aún más interesante cuando instalamos el software en nuestro propio servidor. Esto es un procedimiento más técnico, pero no es imposible de realizar, y de hecho hay muy buenos tutoriales en línea para hacerlo. Además, muchos proveedores de alojamiento web (hosting) ofrecen programas de instalación automática de plataformas populares como WordPress, haciendo aún más sencillo el proceso.

Se trata de un plataforma con la que disfruto mucho trabajar, pero tiene también sus inconvenientes. WordPress es muy bueno para blogs o sitios web chicos (por ejemplo, para pequeñas empresas, o profesionales independientes, proyectos, o grupos de trabajo). Pero conforme el proyecto y la complejidad del proyecto empiezan a crecer, WordPress empieza a quedarse un poco chico, y a pesar de ser muy flexible, no es quizás la mejor opción para ampliar demasiado la funcionalidad.

Otra plataforma con la que trabajo mucho es Drupal. Drupal es software de acceso gratuito también, y donde Drupal me parece que destaca es allí donde WordPress se queda corto – en el manejo de sitios grandes, bastante más complejos y que requieren de muchos tipos distintos de funcionalidad. Drupal es completamente modular – está compuesto por un núcleo que maneja las funciones básicas, y a partir de allí su funcionalidad puede ampliarse casi ilimitadamente mediante la instalación de módulos que habilitan funciones puntuales y concretas. Esto hace que realmente no hay instalaciones “estándar” de Drupal, sino que a partir de la infraestructura básica cada uno más o menos configura su sitio según sus propias necesidades puntuales. Esto hace que no sólo no tenga que utilizar todas las funciones, sino que en muchos casos ni siquiera tengo que instalar los módulos si no los necesito.

Pero Drupal es problemático en el otro aspecto: no es, quizás, la plataforma más amigable para instalar o para administrar. Requiere un poco más de experiencia técnica para ambas cosas, pues hace visibles muchos componentes del servidor que en plataformas como Drupal son completamente transparentes. La guía de instalación disponible en la misma página de Drupal es bastante buena y completa, pero requiere de mayor complejidad técnica para que sea útil. Lo bueno es que la comunidad de usuarios de Drupal es muy involucrada y crece rápidamente, con lo cual los recursos disponibles de tutoriales, documentación, así como de plantillas visuales y módulos están mejorando muy rápidamente. Para implementaciones más complejas de sitios web – lindando, quizás, ya con la frontera de “aplicaciones web” – Drupal es realmente una muy buena opción.

Así que ahí lo tienen – dos opciones de plataformas CMS, muy buenas, cada una con sus pros y sus contras pero, sobre todo, cada una con uno u otro contexto en el cual destaca más o resulta más útil o conveniente para la implementación. Si esta información les resulta útil por favor dejen un comentario, y quizás luego puedo escribir un poco más sobre mi experiencia con cada una.

Registros

Hay muchas cosas que quiero comentar hace tiempo, pero no encuentro el momento. En todo caso, en los últimos días he estado leyendo un libro de Lisa Gitelman, titulado Always Already New: Media, History And The Data Of Culture. Es un libro sobre “medios de inscripción” en los últimos dos siglos: medios que han sido utilizados para registrar cosas. Y tiene dos dimensiones bastante interesante, por un lado explorando la aparición de diferentes tecnologías de inscripción, desde el fonógrafo hasta la web, y la manera como se elaboraron protocolos sociales para su uso en su momento (en un proceso de lo que McLuhan llama “hibridación”); pero por otro lado, explorando también la transformación de nuestra noción de inscripción o de registro – es decir, que a diferentes posibilidades técnicas se corresponden también diferentes nociones historiográficas sobre qué debe ser registrado, cómo debe ser registrado, y qué significa registrar para la posteridad.

Por este libro retrocedí a los orígenes de lo que luego vino a ser esto del “Internet”, y la manera como se fue formando originalmente. Es interesante porque el origen de los protocolos y la estructura básica vino de un grupo bastante heterogéneo de académicos trabajando con contratistas privados armando un proyecto para el Departamento de Defensa de EEUU. Pero eran, también, en esencia una comunidad temprana de hackers. Y en sus dinámicas grupales pueden mapearse, también, muchas de las actitudes que luego quedarían inscritas en los protocolos de uso de ARPAnet, de Internet, y eventualmente también de la web.

Me llamó especialmente la atención su actitud hacia la discusión y la documentación, que quedó capturada en el documento RFC (Request For Comments) 3, de 1969. El grupo de trabajo utilizaba documentos que circulaba entre sus miembros como propuestas sobre las cuales los demás miembros agregaban comentarios, y éstas eran sus reglas sobre qué calificaba como discutible:

The content of a NWG note may be any thought, suggestion, etc. related to
the HOST software or other aspect of the network.  Notes are encouraged to
be timely rather than polished.  Philosophical positions without examples
or other specifics, specific suggestions or implementation techniques
without introductory or background explication, and explicit questions
without any attempted answers are all acceptable.  The minimum length for
a NWG note is one sentence.

Esto – y es además lo que resalta Gitelman – sucede, entre otras razones, porque el medio que estaban construyendo ofrece un conjunto de nuevas posibilidades para la inscripción y el registro de ideas. Esto lo recoge el mismo RFC en su párrafo siguiente:

These standards (or lack of them) are stated explicitly for two reasons.
First, there is a tendency to view a written statement as ipso facto
authoritative, and we hope to promote the exchange and discussion of
considerably less than authoritative ideas.  Second, there is a natural
hesitancy to publish something unpolished, and we hope to ease this
inhibition.

Es decir, querían la mayor apertura posible para lo que se entendía como un trabajo en progreso, donde se requerían nuevas ideas y propuestas más que posturas refinadas y cuidadosamente sustanciadas. Se buscaba fomentar la discusión y la evaluación de posibilidades, más que algún tipo de verdad o modelo definitivo que resuelva el problema.

Publicar las ideas, y luego filtrarlas, en lugar de filtrarlas primero y publicar las sobrevivientes. Lo que termino siendo, en muchos sentidos, el modelo cultural de la publicación en la web.

Ocho libros fundamentales para entender la sociedad de la información

No son los únicos, pero son ciertamente una base fundamental: les dejo aquí una pequeña selección de ocho libros que me parece son imprescindibles para entender el funcionamiento de la sociedad de la información en la época de los medios digitales. La lista podría ser mucho más amplia, pero quería hacer una breve selección arbitraria de libros recientes que me parecen determinantes por una serie de razones. Sin ningún orden en particular, ocho libros fundamentales para entender la sociedad de la información:

Convergence Culture. El libro más importante de Henry Jenkins (a quién deberías conocer si estás interesado en el tema de los media studies) introduce una serie de conceptos sumamente útiles y novedosos, entre ellos el enfoque de la convergencia mediática para entender el cambio tecnológico no como un proceso de reemplazos y desplazamientos, sino como uno de prácticas sociales en constante reinterpretación. Jenkins habla también aquí de su concepto de transmedia para ilustrar la manera como tanto los contenidos que consumimos, como nosotros mismos como consumidores, no existimos ya bajo experiencias mediáticas aisladas, sino que participamos de múltiples experiencias en paralelo e incluso en simultáneo, lo cual introduce nuevas demandas y expectativas hacia las narrativas con las que nos involucramos.

The Wealth of Networks. He comentado hace poco por qué me parece que este libro de Yochai Benkler es un referente imprescindible: Benkler hace una investigación sumamente detallada sobre las prácticas económicas emergentes en el mundo digital y la manera como estas prácticas están generando una nueva forma de producción. La reducción en los costos de transacción y organización hace viables empresas (en todo el sentido de la palabra) que no están necesariamente motivadas por el lucro, sino que contribuyen a la creación y acumulación de capital social entre las personas que participan de ellas. Benkler analiza las maneras como esta nueva forma de producción tiene un enorme potencial para dinamizar una serie de sectores económicos, pero también evalúa la manera como los actores establecidos están colaborando consciente o inconscientemente para entrampar este nuevo universo productivo en gestación. El texto completo del libro pueden encontrarlo en línea.

Understanding Media. Éste es un poco trampa, porque es el más viejo de la lista. Se trata del texto más importante de Marshall McLuhan, donde se acuñaron expresiones confusas como “el medio es el mensaje” o “la aldea global“. A pesar de ser un texto de 1964, sirve como un adelanto de lo que vendrían a ser las consecuencias de la tecnología electrónica en lo que McLuhan llamaba el “hombre tipográfico”, el hombre propio de una cultura formada a partir de la lógica lineal, secuencial, masiva e industrial de la imprenta y la tipografía. McLuhan es sumamente oscuro en este libro y profundizar en sus ideas es complicado, pero su capacidad para adelantarse a cambios tecnológicos que aún no se hacían presentes es sorprendente. Esto es, quizás, propio además de su concepción de la nueva cultura mediática, una concepción de la tecnología donde los efectos se muestran antes que las causas y donde la linealidad del progreso debe ser abandonada por un entendimiento del cambio mediático como transformaciones cualitativas de nuestro entendimiento del mundo.

La era de la información. El magnum opus de Manuel Castells está compuesto por tres volúmenes que establecieron en los 90s la línea de base a partir de la cual entender la sociedad informacional (que, además, distingue por primera vez de la “sociedad de la información”). Castells se da el trabajo de realizar un análisis social de todas las múltiples dimensiones que se ven afectadas por el cambio en los patrones de conducta en la sociedad de la información, cuando dejamos de únicamente circular información (algo propio de todas las sociedades) y la producción, distribución y transformación de información se convierten, más bien, en la actividad económica y social más importante de nuestra cultura. La política, la economía, la identidad, las relaciones sociales, las relaciones internacionales, las afinidades nacionales, el trabajo, el comercio, los medios de comunicación, son sólo algunas de las categorías que Castells evalúa en la manera como se ven impactadas por este cambio fundamental en nuestra actitud hacia el conocimiento y la información.

Free Culture. Este libro de Lawrence Lessig, disponible libremente (también en su traducción en español como Cultura libre) explora la relación compleja que se establece en la economía digital con la legislación en derechos de autor. Lessig plantea que, a medida que más y más de nuestra cultura pasa por alguna forma mediática y tecnológica, y a medida que nuestro uso de la tecnología nos permite hacer cosas nuevas antes impensables, la legislación que regula nuestro consumo de información y de productos culturales no se ha mantenido igualmente dinámica. El aparato legal existente ha llevado a la sociedad a una posición donde una mayoría se ha vuelto delincuente por hacer algo que parece completamente cotidiano y coherente, y en ese sentido la ley se ha vuelto un obstáculo para el florecimiento de nuevas producciones culturales, en lugar de un incentivo. En este libro Lessig establece los fundamentos sobre los cuales se construirá luego el movimiento Creative Commons.

The Long Tail. Chris Anderson, el editor de la revista Wired, introdujo la idea de la larga cola en un artículo para la misma revista en el 2004 (disponible traducido al español) que luego expandió en un libro del mismo nombre. La idea de la larga cola es simple: la tecnología hace que sea más fácil tanto producir como consumir, y esto es en sí mismo un incentivo para que más personas produzcan más cosas en torno a intereses cada vez más específicos, al mismo tiempo que los consumidores pueden fácilmente encontrar cosas por específicas a sus gustos que sean, dado que Internet (con herramientas como Google) hacen muy sencillo conectar la oferta con la demanda. Lo que esto hace posible, sobre todo respecto a economías de bienes virtuales, es que la larga cola de la distribución de Pareto, o todos aquellos productos que antes fueron comercialmente inviables, se vuelven ahora un espacio de oportunidades por explotar en la medida en que se puede agregar la demanda por ellos. Esto abre la puerta para una nueva generación de emprendimientos digitales de pequeña y mediana escala (o incluso enorme escala, como Amazon).

Inteligencia colectiva. Pierre Lévy subtitula esta obra “Por una antropología del cibersespacio”. Lévy explora la manera como el ciberespacio está transformándonos cognitivamente y replanteando nuestras asociaciones sociales en torno a la resolución de problemas. En la sociedad informacional hay tanta información que procesar que es imposible que ningún individuo emprenda esa tarea por sí mismo, pero incluso aquello que un individuo sí necesita procesar es demasiado para sus propias capacidades. Pero esta nueva imposibilidad viene de la mano con tecnologías que nos permiten compartir, cooperar y colaborar de maneras mucho más sencillas que cualquier otra forma conocida, lo cual hace posible que se construyan así inteligencias colectivas: redes conectadas de individuos donde ningún individuo puede saberlo todo, pero todos pueden saber algo y compartirlo con los demás. Para Lévy, éste s el punto de partida de toda una serie de transformaciones en nuestras organizaciones sociales, pues este nuevo principio subvierte la existencia de jerarquías verticales y transforma el significado de ejercer un rol o una función en una organización o estructura social. El texto completo en español se encuentra disponible en línea gracias a una edición virtual de la OMS.

Everything is Miscellaneous. El tema epistemológico es también el interés de David Weinberger, aunque Weinberger lo trabaja más bien desde el punto de vista de cómo ordenamos los conceptos. Según Weinberger, nuestro entendimiento del ordenamiento de la información en la forma de categorías excluyentes es propio de una sociedad que ordena su información utilizando un espacio físico: como el espacio es finito y tiene una serie de características limitantes para la disposición de las cosas, nos hemos visto obligados a adaptar nuestros esquemas mentales a nuestros esquemas físicos. Nuestras mentes, básicamente, funcionan como archivadores, o como librerías. Pero la web elimina esa condición básica: el espacio se vuelve virtualmente infinito, la cantidad de contenido que almacenar y ordenar también, y no se aplican las mismas limitaciones que tenemos en el espacio físico. De repente nos vemos enfrentados a un mundo en el cual todo puede encajar bajo múltiples categorías al mismo tiempo sin que eso sea un problema, excepto porque se vuelve una inmanejable sobrecarga de información. La solución para Weinberger es contraintuitiva: la solución a la sobrecarga de información es más información, información sobre información, para navegar esta nueva red de conocimiento. La información se vuelve un commodity, y saber navegarla y encontrar lo importante se vuelve la habilidad realmente valiosa. El prólogo y el primer capítulo del libro se encuentran disponibles en su sitio web.

El mundo de Rupert

De hecho debo haberles recomendado antes que lean Boing Boing. Es uno de los mejores blogs que conozco. Y realmente se encuentran cosas geniales.

Cory Doctorow opina sobre el iPad desde el punto de vista de lo que significa para los usuarios de tecnología, reduciéndolos al rol unidimensional e incuestionable de “consumidores” en lugar de fomentar la tecnología como un uso crítico y transformador.

The way you improve your iPad isn’t to figure out how it works and making it better. The way you improve the iPad is to buy iApps. Buying an iPad for your kids isn’t a means of jump-starting the realization that the world is yours to take apart and reassemble; it’s a way of telling your offspring that even changing the batteries is something you have to leave to the professionals.

Si pasan por aquí regularmente notarán que esto es un tema que me interesa bastante últimamente. Porque conforme nos vemos cada vez más rodeados de dispositivos, formatos y tecnologías que solamente pueden utilizarse como el productor quiere que se usen, el potencial transformador de la tecnología se pierde. Al mismo tiempo, los actos que pretenden ver la tecnología como algo más, la actitud de desarmar el mundo para entender como funciona, termina volviéndose una actitud criminal, marginalizada. La pretensión de utilizar la tecnología como algo más que dispositivos unidimensionales se vuelve un acto de transgresión y de resistencia.

¿De transgresión y de resistencia a qué? Doctorow lo menciona también en su crítica al iPad, pero otro artículo en Boing Boing apunta además a un texto de Clay Shirky sobre el futuro de los modelos existentes de la producción de contenidos, a la luz de la pretensión de personajes como Rupert Murdoch de regresar al mundo como era antes (y que todos paguemos lo que los productores decidan por consumir lo que ellos decidan que consumamos).

Diller, Brill, and Murdoch seem be stating a simple fact–we will have to pay them–but this fact is not in fact a fact. Instead, it is a choice, one its proponents often decline to spell out in full, because, spelled out in full, it would read something like this:

“Web users will have to pay for what they watch and use, or else we will have to stop making content in the costly and complex way we have grown accustomed to making it. And we don’t know how to do that…”

La posición de Murdoch es vista en diversos lugares de la web como una compleja forma de tecnofobia, como el reclamo de un hombre de negocios de que el mundo cambió y se llevó su modelo de subsistencia. Y aunque es fácil entender esta crítica a Murdoch, lo cierto es que tampoco es claro qué ocurrirá luego de que Murdoch alce las murallas de nuevo y cobre por el acceso a su contenido en línea. Pero es sugerente que Murdoch haya tomado partido por el iPad en esta discusión, pues revela justamente la conexión a la que apunta Doctorow: dispositivos no solo cerrados, sino que además encierran al usuario en un ecosistema controlado centralmente, no son ninguna forma de liberación sino más bien un regreso a modelos de distribución de información que en gran medida estábamos dejando atrás. Y que, a la luz de las nuevas posibilidades, infantilizan al usuario al limitarlo a un rol únicamente habilitado para el consumo.

Jugando con YouTube

Me tomé un poco en serio las recomendaciones que dejé el otro día y estuve jugando un poco más con mi cuenta en YouTube. YT tiene varias opciones que son frecuentemente desaprovechadas, porque quizás son un poco más complicadas de utilizar o de encontrar. Pero son las opciones que permiten realizar la promesa de “broadcast yourself” – transmítete a ti mismo, que es el verdadero potencial de YouTube: no solamente ver videos, sino realmente convertirse uno mismo, usando su plataforma, en una especie de broadcaster en miniatura.

Es muy sencillo de hacer, y uno ni siquiera tiene que producir su propio contenido en video (aunque nunca estaría de más). En realidad, uno puede realizar una contribución enorme simplemente dedicándose a ordenar y seleccionar los millones de videos que están en YT, y darles una cierta coherencia. Es, en realidad, un trabajo de curaduría, que puede publicarse de dos maneras.

La primera es usando canales. Todo usuario de YouTube tiene un canal, que normalmente no se molesta en configurar mucho. Pero un canal puede ser configurado para que, por ejemplo, cada vez que agregue un video a mis favoritos, éste sea mostrado en mi canal, automáticamente. De esta manera, simplemente marcando los videos que me gustan ya voy actualizando y alimentando un canal de videos sobre el tema que me interese. Luego puedo promocionar ese canal en cualquier lugar de la web (éste es mi canal en YouTube, por ejemplo), y otros usuarios de YT pueden suscribirse a mi canal para recibir actualizaciones cada vez que haya alguna novedad.

Pero si quiero tener aún más control sobre cómo organizo y publico los videos que me gustan, puedo utilizar listas de reproducción (playlists). Creando playlists, puedo hacer selecciones temáticas de videos, y puedo tener tantas listas como temas me interese ir seleccionando. Luego, conforme voy viendo nuevos videos en YT, puedo escoger agregar dichos videos a alguna de las listas que haya creado. Las listas también forman parte de mi canal en YT, e incluso pueden ser el contenido central del canal. Pero, también puedo introducir esas listas en otros sitios web para que se reproduzcan allí.

Por ejemplo, ésta es una lista que armé, en pocos minutos, de videos de filosofía a partir de videos que tenía marcados entre mis favoritos.

Y ya que estaba en el tema, decidí armar también una lista de videos relacionados con videojuegos (que probablemente ampliaré para incluir en el LVL).

O puede ser algo incluso más simple, mi canal de selecciones musicales.

En fin, esto sólo por poner algunos ejemplos. Hay muchas razones por las cuales es interesante (y divertido) trabajar con video, pero suele entenderse como que es mucho trabajo. Pero con herramientas como éstas, incluso sin tener que crear tu propio contenido, puedes crear capas de intermediación o de filtro que son relevantes para otras personas y aportan una enorme utilidad a gente que está interesada en los mismos temas.