El dilema del erizo: Evangelion como narrativa existencialista

El Shin Bunka Yugo Club me invitó a participar ayer del evento “You Could (Not) Understand“, un conversatorio en el que se expusieron varias interpretaciones sobre Neon Genesis Evangelion desde un análisis académico. Aunque no pude estar presente en el evento físicamente, felizmente estuvieron dispuestos a dejarme participar a distancia – en este caso, enviando mi presentación grabada previamente en un video.

De modo que comparto aquí también la presentación que preparé, aunque aún no me llegan noticias de qué tal habrá funcionado en vivo. La presentación lleva el título de “El dilema del erizo: el valor de (no) estar solo”, y en ella intento explorar la idea de Evangelion como una narrativa existencialista que explora la tensión que existe entre el querer vincularnos a otros y el querer mantener nuestro espacio personal, y como intentar diluir esa tensión es una ilusión que niega algo estructural a la experiencia humana misma – algo que queda claramente reflejado en el proyecto de instrumentalización humana dentro de la serie, que trato aquí de comparar con los discursos de conexión y unidad global que también nos pretenden dar la idea de poder diluir la tensión propia de la coexistencia humana.

Todo gira en torno al problema del dilema del erizo, un tema que recorre la serie y las relaciones de los personajes y que ilustra el conflicto que significa acercarnos a los demás y exponernos a que nos hagan daño, o preservar nuestro propio espacio personal pero quedarnos solos.

Evangelion da para muchísimo análisis y reflexión, y con esto no pretendo más que abrir algunas líneas y preguntas que se pueden luego explorar y desentrañar muchísimo más, así que espero que les guste la presentación.

Por si están interesados, hay un par de eventos más del Shin Bunka Yugo Club de los cuales he participado antes también:

 

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Jugando con YouTube

Me tomé un poco en serio las recomendaciones que dejé el otro día y estuve jugando un poco más con mi cuenta en YouTube. YT tiene varias opciones que son frecuentemente desaprovechadas, porque quizás son un poco más complicadas de utilizar o de encontrar. Pero son las opciones que permiten realizar la promesa de “broadcast yourself” – transmítete a ti mismo, que es el verdadero potencial de YouTube: no solamente ver videos, sino realmente convertirse uno mismo, usando su plataforma, en una especie de broadcaster en miniatura.

Es muy sencillo de hacer, y uno ni siquiera tiene que producir su propio contenido en video (aunque nunca estaría de más). En realidad, uno puede realizar una contribución enorme simplemente dedicándose a ordenar y seleccionar los millones de videos que están en YT, y darles una cierta coherencia. Es, en realidad, un trabajo de curaduría, que puede publicarse de dos maneras.

La primera es usando canales. Todo usuario de YouTube tiene un canal, que normalmente no se molesta en configurar mucho. Pero un canal puede ser configurado para que, por ejemplo, cada vez que agregue un video a mis favoritos, éste sea mostrado en mi canal, automáticamente. De esta manera, simplemente marcando los videos que me gustan ya voy actualizando y alimentando un canal de videos sobre el tema que me interese. Luego puedo promocionar ese canal en cualquier lugar de la web (éste es mi canal en YouTube, por ejemplo), y otros usuarios de YT pueden suscribirse a mi canal para recibir actualizaciones cada vez que haya alguna novedad.

Pero si quiero tener aún más control sobre cómo organizo y publico los videos que me gustan, puedo utilizar listas de reproducción (playlists). Creando playlists, puedo hacer selecciones temáticas de videos, y puedo tener tantas listas como temas me interese ir seleccionando. Luego, conforme voy viendo nuevos videos en YT, puedo escoger agregar dichos videos a alguna de las listas que haya creado. Las listas también forman parte de mi canal en YT, e incluso pueden ser el contenido central del canal. Pero, también puedo introducir esas listas en otros sitios web para que se reproduzcan allí.

Por ejemplo, ésta es una lista que armé, en pocos minutos, de videos de filosofía a partir de videos que tenía marcados entre mis favoritos.

Y ya que estaba en el tema, decidí armar también una lista de videos relacionados con videojuegos (que probablemente ampliaré para incluir en el LVL).

O puede ser algo incluso más simple, mi canal de selecciones musicales.

En fin, esto sólo por poner algunos ejemplos. Hay muchas razones por las cuales es interesante (y divertido) trabajar con video, pero suele entenderse como que es mucho trabajo. Pero con herramientas como éstas, incluso sin tener que crear tu propio contenido, puedes crear capas de intermediación o de filtro que son relevantes para otras personas y aportan una enorme utilidad a gente que está interesada en los mismos temas.

Animaciones e hibridaciones

No tuve tiempo de anunciarlo ni promocionarlo – el tiempo es cruel últimamente – pero hoy por la tarde tuve oportunidad de participar de un nuevo conversatorio organizado por el Bunka Yugo Club, un grupo de estudiantes de la PUCP. (Hace unos meses tuve también oportunidad de participar en un conversatorio sobre el anime Death Note desde una perspectiva filosófica.) Esta vez participé de un conversatorio en torno a una comparación entre la animación occidental y la animación oriental, compartiendo una mesa con Melvin Ledgard y Hernán y Héctor Sotomayor.

No soy especialista en el tema ni por asomo, incluso mucho menos de lo que me gustaría, pero lo que intenté hacer fue formular una especie de interpretación filosófico-cultural de por qué habían surgido estas dos tradiciones con significados diferentes, y sobre todo considerando que son tradiciones que se encuentran cada vez más hibridadas. Empezando por el hecho de que ambas tienen una relación muy diferente con el flujo del tiempo (y a esto le debo mucho al genial Understanding Comics de Scott McCloud) y cómo esa relación muy distinta con el manejo del tiempo abre la puerta para todo un universo de interpretaciones diferentes. La animación japonesa tiene una mucho mayor facilidad para dilatar el tiempo, para extender una escena y convertirla en un monólogo interior en el que se profundiza sobre los motivos y los objetivos de los personajes. Largos planos que se desplazan lentamente, imágenes panorámicas que duran mucho, periodos prolongados en los cuales los personajes permanecen en las mismas posturas o realizando las mismas acciones. El viento, el movimiento de las hojas. Y, también, en gran medida, el uso del silencio como un recurso que permite también dilatar esta experiencia subjetiva del tiempo.

Este capítulo de Neon Genesis Evangelion, “El dilema del erizo”, me parece un excelente ejemplo de la manera como la animación japonesa puede realizar un excelente uso de esta dilatación del tiempo (observen, por ejemplo, la escena del tren):

En cambio, la tradición de animación occidental, especialmente la estadounidense (y, como bien puntualizó Melvin Ledgard, en especial la tradición televisiva a partir de los años sesenta), se concentró más bien en rellenar lo más posible el segmento de tiempo disponible con cosas que pasaban en la pantalla, sin dejar ningún tipo de espacio abierto, de tiempo dilatado en el cual el usuario pudiera introducirse para extraer sus propias interpretaciones de lo que estaba observando. Esto va de la mano con otra característica que me pareció resaltante, que es la claridad moral de la tradición occidental: pensando, por ejemplo, en los sumamente mercantilizados dibujos animados para niños de los ochentas, como G.I. Joe, He-Man, Transformers, o Thundercats, entre muchos otros, es en términos morales sumamente claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Está determinado de antemano a favor de quién deben estar los niños, y por extensión el juguete de qué personaje debe ser ligeramente más caro. Pero esto hace que todos estos dibujos animados terminen siendo, realmente, poco interesantes en términos morales, porque no hay ningún tipo de ambigüedad que negociar, no hay áreas grises como las que sí, por ejemplo, se empezaron a negociar cada vez más en el ámbito del cómic. Me parece, como hipótesis sumamente suelta, que al mismo tiempo el dibujo animado empieza a quedar desfasado de un contexto cultural que se vuelve cada vez más moralmente problemático en términos de escalas de grises vs. blancos y negros, lo cual hace que la figura del dibujo animado hacia finales de los ochentas empiece a parecer un tanto gastada y obsoleta, incapaz de reinventarse a sí misma.

Dos cosas ocurren aquí que me resultan interesantes. La primera es el espacio de interpretación de la animación como una forma de arte, de expresividad. Yo creo, al igual que con el cómic, que negarle esta posibilidad es simplemente una obstinación basada en la costumbre de que algunas cosas son arte, y alguna no. Y creo, además, que se pierde mucho espacio de interpretación y valoración del contenido y el estilo de muchas de estas obras cuando les negamos, de entrada, la posibilidad de ser también formas de expresión artística en sus propios términos y cánones. El juego con el tiempo que hace la animación oriental no me parece poca cosa aquí, porque creo que es justamente allí donde se introducen esos espacios para que, valga la redundancia, el espectador pueda introducirse y apropiarse de la obra y del texto. No digo que, sin eso, no se pueda, o que introduciendo eso automáticamente esto ocurra, pero creo que la animación oriental ha tenido una mayor afinidad hacia la transgresión de la comodidad del espectador que la animación occidental, que probablemente se encontró, en su mayoría, condicionada por cuestiones comerciales antes que creativas. La polémica, sin embargo, parece haberse dado sólo, o principalmente, con la animación occidental, pues en Japón la comprensión de la animación como una experiencia expresiva más compleja parece haber acompañado el desarrollo del formato del anime.

Lo segundo es que, alrededor de la misma época, se empieza a dar una influencia cada vez más grande de la animación oriental sobre la occidental, y una mayor cantidad de puntos de encuentro. Un público cada vez más amplio empieza a consumir animación oriental conforme Internet empieza a hacer posible acceder a recursos, información y contenidos de esa tradición, de una manera que antes no era posible. Al mismo tiempo, creadores y productores empiezan a encontrar en los elementos de la tradición oriental todo aquello que no encontraban en los dibujos animados que tenían a la mano, y a partir de allí se empiezan a realizar todo tipo de intercambios e influencias entre ambas tradiciones, generando una nueva camada de dibujos animados que resalta no sólo por su diferencia estilística frente a la generación anterior, sino también por su nueva diversidad temática y por su interesante complejidad o ambigüedad moral. No necesariamente porque los personajes se vuelvan amorales o moralmente problemáticos, sino porque la simple distinción entre bien y mal de manera llana se empieza a desvanecer. O lo que fue mi conclusión favorita: Bob Esponja está más allá del bien y del mal.

Creo que la obra de Genndy Tartakovsky es un muy buen ejemplo de esta línea híbrida. No sólo porque estilísticamente su estilo está muy claramente influenciado por la animación japonesa (como en Samurai Jack, o en Clone Wars), sino también porque los diferentes dibujos animados con los que está involucrado reflejan un salto conceptual muy distinto a generaciones anteriores, y son quizás algunos de los que encuentro más conceptualmente interesantes. Entre ellos están, por ejemplo, Dos perros tontos, Las chicas superpoderosas, o El laboratorio de Dexter (además, por supuesto, de los ya mencionados Samurai Jack y Clone Wars). Este clip de Clone Wars, por ejemplo, me parece que resulta ilustrativo del estilo híbrido de Tartakovsky:

Difícilmente se agota aquí el asunto, y es más, ni siquiera creo haber terminado de explicar plenamente algunas de las ideas que quise introducir esta tarde. Incluso es pertinente, también, complicar bastante el panorama por el lado de la tradición de animación occidental que puede analizarse de maneras sumamente interesantes. Pero, sirva esto como referencia para seguir conversando, sobre todo en lo que respecta a la complejidad y ambigüedad moral, pues es algo sobre lo que quiero volver para mi ponencia sobre Watchmen en el simposio de filosofía que se viene.

Alicia

Por alguna razón que nunca he terminado de entender, tengo una fascinación extraña con Alicia en el país de las maravillas. Es un universo un poco perverso y perturbador, pero muy cuidadosamente articulado, y poblado de elementos y personajes que se prestan para todo tipo de interpretaciones y malinterpretaciones y alucinaciones de alto calibre. Recién hoy día me enteré de que pronto salrá una versión fílmica de la historia dirigida nada menos que por Tim Burton, y con Johnny Depp como el Sombrerero Loco, lo cual me ha dejado fascinado, a pesar de lo difícil que es encontrar el trailer.

Pero, ¿por qué esta fascinación con este universo extraño? Creo que es en gran medida porque está lleno de misterios, que han sido explotados y reinterpretados de diferentes maneras en diferentes medios, formatos y contextos. Hay tantos cabos sueltos dejados por Lewis Carroll que básicamente uno puede hacer lo que quiera con este mundo. Tres ejemplos que me encantan.

El primero es The Matrix, la película de los hermanos Wachowski (hay quienes dicen que esto es una trilogía, pero escojo no creerles). Alicia es referida varias veces en la película, empezando por una escena casi al principio, cuando Neo recibe instrucciones de seguir al conejo blanco.

A partir de allí recibirá también otras alusiones, como cuando Morpheus promete enseñarle “cuán profunda es la madriguera del conejo”, mientras Neo se pregunta si está despierto o dormido. Bonus track: el libro que Neo coge en la escena de arriba es Simulacra and Simulation, de Baudrillard.

El segundo es White Rabbit, la canción de Jefferson Airplane. Esta canción resume en alrededor de tres minutos toda la psicodelia sesentera que se puedan imaginar – non plus ultra, imposible no imaginar colores mientras la escuchan. Y toda la letra de la canción gira en torno a la historia de Alicia como si fuera una especie de viaje inducido por ácidos.

El tercero es bastante menos exótico, pero igual me gusta bastante. Es la canción Alicia, de Enrique Bunbury, que canta sobre una Alicia expulsada al país de las maravillas.

Y claro, hay más, muchísimos más ejemplos. Sólo basta ver, por ejemplo, la lista en Wikipedia de obras influenciadas por Alicia en el país de las maravillas para hacerse una idea del impacto cultural que una obra con tantos cabos sueltos puede tener. Con lo cual ya se habrán imaginado que espero con bastante anticipación la película de Burton.

Y, finalmente, como yapa, el poema Jabberwocky de Lewis Carroll, incluido como parte de la segunda novela de Alicia:

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

“Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!”

He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought—
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.

And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! and through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.

“And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!”
He chortled in his joy.

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

Paparupaparu Eo Eo

Empieza la preparación para el concierto del jueves. Hace un año, en el Parque de la Exposición, fue espectacular. Este jueves en Scencia en La Molina (WTF?), de nuevo Café Tacuba en Lima.

El grupo en vivo es alucinante. Así que por ahora, como quien se relaja un domingo por la noche, unos cuantos videítos para irse preparando.

Pautear

Un ejemplo que me parece ilustrativo a partir de algo que me explicaron hace poco, cómo funciona el pauteo al producir un clip audiovisual. Remezclado aquí, como pasa últimamente, con ideas de Clay Shirky.

Filtra, luego publica

El pauteo es la manera como, digamos, se enseña a registrar y editar material audiovisual profesionalmente. Creo. Al menos esto es lo que he entendido: grabas tu material en video – el cual, además, no grabas a la loca, sino que planificas y desarrollas según un programa, normalmente – y, antes de digitalizarlo para poder editarlo, haces el pauteo. Es decir, como el soporte MiniDV captura en tiempo real, 1:1, para no tener que esperar horas mientras el material es capturado primero haces un pauteo, un listado de los códigos de tiempo y el contenido que hay en esos segmentos. Luego, escoges lo que quieres utilizar y solamente digitalizas esos segmentos, para ahorrar tiempo.

Hay una serie de variables económicas centrales a esta práctica. Lo primero es que los recursos son escasos: normalmente estos equipos son costosos de conseguir, por lo tanto uno debe optimizar al máximo tanto el tiempo que invierte en la producción, como en la edición, de modo que mientras menos tiempo demore uno digitalizando material y además, menos material tenga para escoger al editar, tanto mejor, pues los costos de producción serán menores. Al mismo tiempo, está en consideración el tiempo de las personas que hacen esto: al dedicarse profesional, exclusivamente a este trabajo, deben también hacer el uso más eficiente de su tiempo en la captura y la edición. De allí que existan por los menos tres instancias de filtros antes de la versión final: la planificación de la grabación, el pauteo, y finalmente la edición (que seguramente a su vez será revisada). Así es como, según entiendo, funciona la producción audiovisual tradicional.

Publica, luego filtra

Yo no tengo ningún tipo de formación profesional ni técnica de este tipo. Pero grabo una que otra cosa y disfruto mucho editando clips. Pero mi procedimiento, en consecuencia, es totalmente diferente. Primero que nada, no tengo ninguna planificación de lo que grabo, a lo sumo una idea u objetivo general, y a partir de eso voy capturando cosas que me parecen interesantes. Segundo, no hago ningún tipo de pauteo – simplemente subo a la computadora todo el material que he capturado, y luego voy viendo qué vale o no la pena desde el programa de edición. La digitalización también es en tiempo real, pero simplemente puedo dejar ese proceso en el fondo mientras me dedico a leer o a buscar otra cosa en la computadora. Luego, cuando tengo tiempo, me dedico a revisar y editar.

Lo primero que salta a la vista son, de nuevo, las transformaciones en los costos de transacción. Mis equipos no son nada caros comparados con los equipos profesionales – cámaras amateur, computadoras personales – y no tengo costos mucho mayores por usarlos demasiado. De modo que no tengo, en la práctica, ningún apuro para optimizar el contenido antes de llevarlo a editar. Además, el hecho mismo de que ésta no es la única actividad que realizo significa que puedo dedicarme a otras cosas al mismo tiempo, sin tener que dedicar todos mis esfuerzos o energías a esta “producción”, y de allí que pueda dejarla como trabajo de fondo mientras veo otras cosas. Esto me parece importante en la medida en que refleja cómo en el nuevo panorama mediático cumplimos muchos roles al mismo tiempo, por ratos consumiendo, produciendo, criticando, y demás.

Refleja, además, la manera en la cual el proceso se lleva a cabo cuando se desprofesionaliza, en la misma línea de la explicación de Shirky de las profesiones en función a los costos de transacción y las necesidades sociales a las que responden. Cuando nuestros costos de transacción bajan, se vuelve menos necesario ejercer tantos niveles de filtrado antes de publicar – pero, en cambio, se transfiere esa misma necesidad de filtrado a los consumidores que se ven obligados a adoptar una posición más crítica frente a los contenidos que consumen. Lo cual, claro, genera toda una serie de nuevas necesidades sociales.

No, no estoy tratando de decir que por esto, la profesión audiovisual desaparecerá, o que el pauteo no tiene sentido. Tiene mucho sentido, cuando esos son tus parámetros y esos tus objetivos, y en una buena cantidad de casos, lo siguen siendo. Pero sí se refleja en este paralelo la manera como la ampliación de la base tecnológica abre la posibilidad a nuevos contenidos y nuevos procesos de producción que no se vean limitados por las mismas barreras económicas. Tendrán las suyas propias, por supuesto, y responderán a sus propias necesidades.