Más allá de los superhéroes

Hace unas semanas una ex-alumna mía, integrante del Bunka Yugo Club, me invitó a participar de una conferencia sobre el anime Death Note desde una perspectiva filosófica. Primero que nada – DN, para los que no lo conocen, prefiero dejarlos con el primer episodio en lugar de hacer la explicación yo mismo:

La conferencia es este jueves al mediodía en la PUCP – los detalles están en el enlace. Todavía no tengo del todo claro qué presentaré, especialmente porque no quiero cruzarme con los temas que vayan a presentar los demás expositores, pero tengo varias ideas en borrador que estoy tratando de articular para una presentación de 15 minutos. Death Note plantea una serie de temas y problemas interesantes, desde un punto de vista filosófico, pero creo que lo que quiero hacer es irme un poco más allá del “texto” mismo, romper la cuarta pared, y ver qué implicaciones y paralelos interesantes podemos encontrarle.

De entrada están los temas de muerte y poder, de la capacidad de controlar las vidas ajenas y tentar el poder de un dios, lo cual nos lleva por el conocido camino de Ben Parker, “con gran poder viene gran responsabilidad” (algo que me encuentro a mí mismo repitiendo mucho últimamente). Pero no son los temas que más me interesan, la verdad. Me interesa más cómo es que llegamos a Death Note y a dónde nos vamos después, lo cual me cuesta formular porque no conozco toda la información y el contexto. Me gusta mucho la serie, pero apenas si he podido avanzar con varios episodios de la primera temporada – definitivamente cualquier aporte que yo pueda hacer al respecto no podrá superar ni siquiera rivalizar el conocimiento de causa de cualquier fanático de la serie, así que no puedo ni quiero ir por ese camino.

La verdad, me interesa mucho trazar una conexión con otro texto importante que estoy leyendo en estos días – Watchmen. De entrada esto parece un poco apócrifo – ¿por qué hablar de un comic de la tradición anglosajona en una conferencia sobre un anime? Pero creo que tratándose del club “fusión de culturas” hay no sólo carta abierta, sino hasta invitación a realizar este tipo de ejercicios. La conexión con Watchmen, me parece, sienta las bases en la cultura occidental para luego entender mejor una perspectiva como la de Death Note: primero que nada, desde el punto de vista de que ya no podemos depender de los superhéroes que nos vendieron antaño para que resuelvan los problemas del mundo, o lo que es lo mismo, nadie va a venir a salvarnos sino que está en nuestras propias manos salvarnos a nosotros mismos. Está en las manos de personajes como Light, personajes cotidianos, el realizar acciones y proyectos más allá de nuestro alcance cotidiano. En otras palabras: en un mundo en el cual ya no disponemos de grandes referentes como los superhéroes (que han muerto porque el hombre los ha asesinado), queda abierta la posibilidad de que cualquiera de nosotros se alce a la ocasión y acepte la oportunidad de serlo.

El otro gran elemento de importancia en esta línea que encuentro en Death Note es la manera como Light llega a este punto. Sabemos que es una persona sumamente inteligene, con un alto sentido de la moral. Y sin embargo, ninguna de estas características tuvo influencia alguna a la hora de encontrarse con el cuaderno, con el death note. Es decir, podría igualmente haber sido cualquier otra persona pasando por el mismo lugar al mismo tiempo. El que Light fuera quien encontrara el death note es, en cierta medida, un resultado aleatorio producto de estar en el lugar correcto y en el momento correcto. Esto me lleva también en la dirección de lo que comenté hace tiempo sobre la creatividad: no como una propiedad metafísica de un individuo, sino como una propiedad emergente de un individuo en un contexto adecuado, que resulta en un producto o un proceso creativo. En otras palabras: no se trata tanto de que seamos genios, como de que sepamos reconocer las oportunidades cuando se nos presentan (en todo caso, en ello radica la genialidad).

Light no tiene nada de especial en este sentido. El shinigami no le entregó el cuaderno ni lo dejó caer para él. Que él lo encontrara fue una cuestión aleatoria, que nada tenía que ver con su capacidad ni con su personalidad. Es el mundo post-Watchmen, o post-superhéroes: no necesitamos de estos referentes externos para que tomen las decisiones sobre la vida y la muerte, sino que podemos hacerlo nosotros mismos. Ahí viene, al mismo tiempo, la trampa. ¿Quién nos ha dicho que estamos facultados a tomar estas decisiones? ¿Legitimados? Pues nadie, pero resulta que, por mucho que nos cueste realmente aceptarlo, la posibilidad de tomar estas decisiones está ahora en nuestras manos. Es como si todo el tiempo estuvieran lloviendo death notes desde el cielo, cayendo por todas partes, y dependiera de nosotros si es que los cogemos y empezamos a utilizarlos para el bien, el mal, o alguna sutil y delicada combinación de ambos.

Claro, el mundo antes era más simple. Cuando todavía era fácil creer en superhéroes, era lo mismo que pensar que siempre podíamos contar con instancias de orden mayor, con alguien que no-fuera-yo, para que se encargara de asumir la responsabilidad por los grandes procesos y las tomas de decisión. El Estado, el mercado, los medios de comunicación, alguien se encargará de que la información sea filtrada de manera adecuada, con los criterios correctos, para garantizar el mejor resultado posible. Superhéroes. Pero en algún punto terminamos dándonos cuenta de que estos superhéroes estaban tan fallados como nosotros mismos: Estados corruptos, mercados ilusorios, medios deslegitimados, etc. Exactamente igual que la manera como en Watchmen, descubrimos que los superhéroes tienen traumas y complejos, como todos nosotros.

Death Note es, entonces, una metáfora excelente para reflejar la realidad cultural hacia la que nos estamos moviendo. No tengo ni la menor idea, la verdad, si esto se desprenda realmente o directamente del texto. Pero tampoco es lo más importante, si se me permite aquí una falacia intencional (y se me permite, porque es mi blog). En un mundo donde no podemos contar con superhéroes, la responsabilidad de jugar con fuerzas en las que se equilibran el bien y el mal, la vida y la muerte, la responsabilidad cae inevitablemente sobre nosotros, los individuos. Y está, claro, en nuestras manos también hacernos los locos, y allí es donde entra, más bien, el tema de las capacidades personales: Light supo que, llegado el momento, él estaba a la altura de la situación y sin tener que esperar que nadie se lo diga, ni tener que consultarlo con nadie, él podía tomar acción frente a esta encrucijada. No es diferente a lo que nos pasa hoy todos los días: en nuestro cómodo andar diario por el mundo nos enfrentamos a la problemática oportunidad de pronunciarnos frente a diferentes fuerzas más grandes que nosotros mismos: desde la simplicidad de reciclar una botella de agua hasta la complejidad de involucrarse activamente en un proceso político. Estos son nuestros propios death notes, los cuadernos que vemos caer del cielo con la posibilidad de que los recojamos y empecemos a interactuar con ellos. Y de la misma manera que Light, no somos superhéroes. De la misma manera que L., tampoco somos superhéroes. Pero estaremos, seguramente, movidos también por ideales, como el de la justicia, que son, en apariencia, más grandes que nosotros mismos. No tiene mucha relevancia, al menos no a esta altura, si es que estos ideales son correctos o incorrectos, mejores o peores que otros. Otros mecanismos surgirán para hacerse cargo de ese ensayo y error. Pero por lo pronto, Death Note es, entre otras muchas cosas, una invitación: una invitación a enfrentarse no con la fatalidad de un mundo sin dioses, sin superhéroes, sin referentes externos, pero que aún así está sumido en problemas, sino que, ante la constatación de este contexto, tenemos también la posibilidad de tentar el ámbito de los shinigamis, de alzarnos por encima de las circunstancias de los hombres, por ponerlo de alguna manera, y nosotros mismos ejercer también una influencia en el curso de los acontecimientos que, finalmente, terminará influyendo en las vidas de todos los habitantes de este pequeño planeta.

En fin, ideas sueltas. Todavía tendré que darle orden y más material para tenerlo listo el jueves. Interesados, bienvenidos.

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3 comentarios sobre “Más allá de los superhéroes

  1. Vi también Death Note hace un año y medio, y sí me gustó bastante, aunque me parece que en cierto punto la alargan un poco y eso hace que baje el nivel.

    Pero en todo caso, estuve tratando de pensar la serie también desde una perspectiva filosófica (aunque a mí no me han invitado a hablar, hahaha), y la verdad es que no me parece que la serie sea tan rica en ese aspecto (en realidad, el problema del bien y el mal me parece está puesto de manera medio simplona. El anime tiene mucho mejores exponentes en este aspecto).

    En todo caso, puesto que mencionaste Watchmen, yo también al leer el comic (o novela gráfica) hace unas semanas, me he visto pensando mucho al respecto, y me parece un material mucho más rico y controversial (lo uno por lo otro).

    Bueno, ya me extendí mucho. Saludos, y añadiré tu blog a mi lista, que no sé por qué se me ha pasado por tanto tiempo.

  2. Por fin terminé Watchmen. Una lectura demasiado recomendable – realmente está lleno de mucho material para pensar y discutir largamente.

    Personalmente, no se me ocurre cómo seguir haciendo las cosas de la misma manera después de esto. El formato, el mensaje, el tono, el estilo, todo.

    Sería bueno que lo conversáramos un poco más. Deberíamos hacer un conversatorio o algo por el estilo. O fácil podemos proponer que el simposio de este año tenga una mesa dedicada a Watchmen. Yo me apunto.

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