La aldea global

Se suele atribuir a Marshall McLuhan el haber acuñado la expresión “la aldea global“, en referencia a la manera como nuevas tecnologías de la comunicación transforman nuestra idea de distancia y nuestra relación con lugares y sociedades lejanas del mundo. El término se ha vuelto sumamente popular en todo tipo de literatura y es, muy probablemente, entendido usualmente en una interpretación mucho más simple que aquella de su contexto original. El tema de la aldea global está vinculado con los efectos que nuevas tecnologías, sobre todo tecnologías electrónicas, están ejerciendo sobre una cultura estructurada en torno a la alfabetización. Así la describe en un pasaje de Comprender los medios de comunicación:

De nuevo, es la velocidad eléctrica la que ha revelado las líneas de fuerza operando desde la tecnología occidental en las áreas más remotas de bosques, savanas y desiertos. Un ejemplo es el beduino con su radio a baterías montando un camello. Sumergir a nativos en una avalancha de conceptos para los que nada los ha preparado es la acción normal de toda nuestra tecnología. Pero con los medios eléctricos, el hombre occidental mismo experimenta exactamente la misma inundación que el nativo remoto. No estamos más preparados para encontrar a la radio y la TV en nuestro arsenal alfabetizado que el nativo de Ghana lo está para adaptarse a la alfabetización que lo saca de su mundo tribal colectivo y lo abandona en el aislamiento individual. Estamos tan adormecidos en nuestro nuevo mundo eléctrico como el nativo introducido en nuestra cultura alfabetizada y mecánica. [Traducción mía]

La aldea global es consecuencia, entonces, de la inmediatez introducida por los medios electrónicos. Estos medios están rompiendo con el paradigma de la cultura alfabetizada de diferentes maneras, pues introducen un movimiento o una fuerza que opera en dirección contraria o compensatoria a los efectos de la alfabetización: si la cultura alfabetizada significó la introducción de la homogeneidad y la uniformización, la posibilidad de masificar una misma forma de cultura más o menos homogénea (recordemos, por ejemplo, la manera como McLuhan considera a la imprenta como la “arquitecta del nacionalismo”), significó al mismo tiempo la ruptura de los individuos con sus vínculos culturales inmediatos y locales. La cultura alfabetizada significó un movimiento cultural de destribalización, a medida que surgía en la Modernidad el ideal del individuo autonómo, que no necesita ni debe remitirse a las tradiciones o a su entorno para tomar sus propias decisiones. La destribalización es el movimiento cultural de la Modernidad, y es al mismo tiempo la operación cultural de la extensión mecánica de los efectos de la cultura alfabetizada.

En cambio, los medios electrónicos al incrementar la simultaneidad de todo lo que ocurre, se construyen más bien sobre el principio de la automatización, no del mecanicismo. La paradoja de lo electrónico es que al conectarnos con todos, termina por resaltar más bien el valor de los mismos vínculos locales que habían sido oscurecidos – en otras palabras, frente al movimiento homogenizante de la globalización, de la destribalización, nuestra reacción natural es la de articularnos en comunidades desde las cuales podamos construir significados comunes. A la destribalización se opone un movimiento de retribalización que es hecho posible por los medios electrónicos. Es el contexto en el cual, frente a identidades homogéneas globalizadas, se reivindican más bien identidades particulares, culturales, que están mucho más cargadas de significados relevantes personalmente para cada uno de nosotros. Es, en cierta manera, una forma de no diluirnos en la masa homogénea de la globalización, que es hecha posible por el cambio tecnológico.

La cultura de los medios electrónicos se construye sobre el principio de la automatización; es decir, abandona la idea mecanicista del progreso, la idea de que hay un solo camino tecnológico (y por extensión, cultural) para el desarrollo de diferentes sociedades. Siguiendo la interpretación mcluhaniana del principio de automatización, en cambio, la dinámica cultural refleja más bien una multiplicidad de nodos interconectados que intercambian formas culturales – una multiplicidad de tribus, si se quiere, que a su vez en su conjunto forman la idea de la aldea global. No es solamente una idea de cosmopolitismo, en el sentido en que uno pasa a ser “ciudadano del mundo” y se comporta de la misma manera aquí o en la China -lo cual sería justamente una idea propia del mecanicismo- sino que uno como miembro de la aldea global participa de ella, más bien, a través de una multiplicidad de aldeas locales dentro de las cuales construimos colectivamente significados. Así como el medio es el mensaje, participar de diferentes aldeas, o de diferentes tribus, comporta diferentes interpretaciones o gramáticas sobre nuestra relación con el mundo.

Esta no es, por supuesto, como la historia nos ha mostrado, una relación sencilla ni desprovista de problemas prácticos significativos. Pues inevitablemente existe una tensión entre el proceso de destribalización y las respuestas de retribalización que se vuelven posibles. Uno de los lugares donde esta tensión se hace evidente es, por ejemplo, en el conflicto entre ideales de modernidad y progreso frente a los valores de comunidades tradicionales. Esto se ha visto reflejado, por ejemplo, en la discusión en torno al significado de los Derechos Humanos. En su artículo “Los derechos humanos en un contexto intercultural“, Miguel Giusti habla de la misma tensión en estos términos:

el interculturalismo es un signo de los tiempos, una suerte de nuevo fantasma que recorre el mundo y que lo recorre en un sentido exactamente inverso al llamado proceso de globalización, que se caracteriza por ser precisamente un proceso culturalmente uniformizante. “Las tribus han regresado” (“the tribes have returned”), como dice Michael Walzer. Han regresado en el Este, han regresado en el mundo árabe y en el mundo asiático, pero han regresado también a su manera, o han resurgido, en el interior del mundo occidental mismo por la presencia en él de viejas y de nuevas formas de identidad cultural que reclaman su derecho a existir con autonomía. El tribalismo y la globalización parecen ser dos fenómenos contrapuestos que imprimen su sello a la situación en que se encuentra la cultura mundial a fines del milenio.

La cuestión, si apelamos a McLuhan, puede explicarse también en función a principios articuladores como el mecanicismo y la automatización. Lo posición globalizante es mecanicista porque asume que hay un curso lineal para el desenvolvimiento de los acontecimientos, donde los momentos posteriores son siempre mejores a los momentos anteriores. La aparición de los Derechos Humanos es vista bajo la misma luz, pero deja de tomar en consideración la complejidad conceptual y semántica detrás de lo que se piensa a sí mismo como un mecanismo formal. En términos McLuhanianos, la visión mecanicista nos lleva a enfocarnos en el contenido, en este caso, de los Derechos Humanos, pero es incapaz de enfocarse en los efectos sociales y culturales que son necesariamente implicados, pero se vuelven invisibles. En palabras de Giusti:

A lo que esta crítica se refiere es a que los derechos humanos no se venden solos. Vienen acompañados de muchas cosas más. El derecho a la libertad individual viene con la ley del mercado. El derecho a la libertad de expresión viene con el derecho a la propiedad privada delos medios de comunicación. El derecho al trabajo con el derecho a la acumulación decapital. El derecho a la libertad de conciencia con la ruptura de la solidaridad social. Los derechos humanos son, para decirlo en palabras de Michael Walzer, un maximalismo moral disfrazado de minimalismo, es decir, son sólo en apariencia un código mínimo de principios morales, porque a través de ellos se expresa, implícitamente, una cosmovisión bastante más amplia y bastante más densa de valores de la cultura liberal.

Bajo el principio de la automatización, en cambio, no es posible comprender que los efectos de un medio, como pueden ser los Derechos Humanos también, va más allá de su contenido e incluye toda una gramática que acompaña y da sentido al soporte. Frente al mundo centralizado de la cultural alfabetizada y su concepción mecanicista y lineal de los medios y la tecnología, la velocidad eléctrica permite la constitución de la aldea global, una red donde cualquiera de sus nodos puede potencialmene convertirse en un centro. McLuhan habla así de la aldea global:

A medida que empezamos a reaccionar profundamente a la vida social y los problemas de nuestra aldea global, nos convertimos en reaccionarios. El involucramiento que acompaña a nuestras tecnologías instantáneas transforma al más “socialmente consciente” en un conservador. […] El incremento en la velocidad desde los mecánico hacia la forma eléctrica instantánea revierte la explosión en una implosión. En nuestra actual era eléctrica, las energías implosivas o contrayentes de nuestro mundo colisionan con los viejos patrones tradicionales de expansionismo. Hasta hace poco, nuestras instituciones y arreglos, sociales, políticos y económicos, compartían un patrón unidireccional. […] La electricidad ya no centraliza, sino que des-centraliza. Es como la diferencia entre un sistema ferroviario y una red eléctrica: uno requiere estaciones y grandes centros urbanos. La energía eléctrica, igualmente disponible en una granja o en una suite ejecutiva, permite que cualquier lugar sea el centro, y no requiere de grandes concentraciones. [Traducción mía]

Los movimientos culturales de destribalización y retribalización, junto con los principios de mecanicismo y automatización sobre los que se construyen, están quizás entre las categorías más interesantes y relevantes dentro del aparato conceptual de McLuhan. Cuando se desentraña la complejidad que encierran estas categorías es que se puede poner más en su contexto la noción de la “aldea global”, que no es sino una extensión o una ilustración de la idea de que el medio es el mensaje. Porque, finalmente, el cambio hacia una aldea global es el efecto de la tecnología eléctrica que modifica nuestra relación de escala y tiempo frente a los demás puntos del globo, lo cual no solamente amplifica nuestra capacidad comunicativa, sino que transforma nuestros patrones de conducta al empujarnos a tomar refugio en nuestras asociaciones locales, a buscar significados a las cosas dentro de “tribus”.

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Interpretaciones del mal

Hoy estuvo Montesinos en el juicio a Fujimori. Claro, claro, mucho se puede decir y mucho se ha dicho ya. No quiero hacer un catálogo de interpretaciones, quiero darle un par de vueltas al asunto nomás.

No me queda claro, creo que a nadie, que fue lo que estaba pasando. Hay una primera línea de interpretación bastante obvia, en términos de modus operandi estándar. Montesinos aparece y empieza a tirar barro con ventilador, a ensuciar, empantanar todo, trata de hacer que le pisen el palito, y siempre fue un poco así la jugada. De alguna manera, si todo es sucio y todo es corrupto, entonces él y su jefe mafioso pasan piola.

En fin, ésa es obvia. Hay otra, quizás un poco arendtiana, que me perturba más. Todo este rollo del subordinado, y de exaltar al líder con todo el führerprinzip que eso significa. Él sabía, él pensaba, él decidía, yo sólo ejecutaba. El gran estadista, el visionario, el héroe incomprendido. En fin. Montesinos puede ser muy estúpido o muy inteligente, pero yo me inclinaría por lo segundo para ponerme en el peor escenario posible. Y es que claro, si él decidía todo y Monti sólo ejecutaba, de alguna manera puede clamar que su responsabilidad era menor, o inexistente. Él sólo ejercía sus funciones. Es el mismo problema del jucio de Eichmann al cual Hanna Arendt le dio tantas vueltas: la banalidad de que el sujeto se presente a decir que él sólo cumplía órdenes y funciones burocráticas. El sujeto termina trivializándose, cancelándose a sí mismo en tanto se mecaniza como parte del aparato del Estado totalitario. Pero como esto es en realidad una ficción, el sujeto no puede realmente exhimirse de la culpa. Eichmann es culpable, doblemente culpable por pretender ser parte mecánica del aparato y que eso lo libere de la responsabilidad.

Creo que un poco para lo mismo con Montesinos, supuestamente él justifica sus acciones en función a una lógica de Estado, y a que él sólo ejercía las órdenes y funciones que le encomendaban. Pero eso es mentira, él siempre estaba en plena capacidad de tomar decisiones. Incluso cuando optó por ejercer sus funciones, lo decidió voluntariamente. Es un poco kantiano, quizás, pero ese floro de que sólo sigo órdenes ya no me lo creo.

Ni siquiera sé si ameriten comentario las justificaciones de los abusos y de los delitos en función a la urgencia de la violencia. Jaime de Althaus señala, ingenuamente, que finalmente el régimen y la estrategia de Fujimori redujeron la violencia. No lo tengo claro, si alguien lo sabe mejor que yo por favor que me avise: pero hasta donde tengo entendido, la estrategia que empezó a ganar terreno se gestó desde 1989 -Fujimori fue presidente desde el 90-, y no sólo eso, sino que empezó a ganar terreno como una iniciativa del GEIN que no tenía el respaldo pleno del gobierno. Ésta estrategia de inteligencia policial habría sido la que finalmente consiguió la captura de Abimael Guzmán, no la del Grupo Colina ni la de arrasar el campo. No recuerdo dónde, pero creo haber leído algo por esta línea en algún momento. Si alguien tiene mayor información por favor avíseme.

En fin, sería interesante seguir leyendo el testimonio de Montesinos ya extrapolándolo en una serie de analogías y comparaciones injustas. Me tinka, pero no sé bien por qué, que podemos tomarlo como un discurso sistemático de nuestra cultura. No sé bien cómo, no sé si como si Montesinos hablar por todo el Perú, o por un cierto Perú en todo caso, como si en sus palabras se instanciara una serie de complejos y conflictos que tenemos bien guardaditos en el closet. También podría ser que Montesinos es la bestia desesperada del fujimorismo, que agoniza de manera escandalosa. O que ya simplemente es la conchudez vuelta filosofía, como que ya no importa nada y voy a seguir jugando a ganarme el poder, como si fuera inmortal -como quien postula a senador en Japón, o renuncia por fax y cosas así-. Y claro, esto último de nuevo suena a lo de instanciación de la cultura, como si pudiéramos “salirnos con la nuestra” con cualquier cosa, y se ata de nuevo con el modus operandi estándar. Pero si Montesinos puede hacer toda esa salvajada y salirse con la suya, ¿por qué yo no?, podría pensar cualquier persona. Y así iniciar la reacción en cadena, entonces yo también, entonces yo también, el asunto queda socialmente legitimado, siempre por lo bajo como solemos hacerlo, y volvemos a lo mismo.

En fin, ojalá que no.

Revertir una tendencia alarmante

Algunas ideas sueltas.

Al parecer, una universidad rusa ha sido cerrada por investigar el fraude electoral. Rusia ha venido decayendo más y más en una espiral de totalitarismo durante el gobierno de Putin, controlando medios de comunicación, partidos políticos, elecciones, y ahora también la educación superior. Básicamente, en Rusia ya no existen libertades y el Estado ha centralizado el control y el poder de manera draconiana.

No es tampoco secreto lo que ocurre en EEUU. Bajo la égida de la seguridad nacional, incontables violaciones a los derechos de sus ciudadanos se vienen registrando, incluyendo detenciones injustificadas, interrogatorios con métodos cuestionables, etc. Ahora cualquiera puede ser acusado de terrorismo y desaparecido del mundo sin que nadie pueda protestar, y en gran medida ya no existen tampoco libertades. El Estado ha centralizado el control y el poder de una manera draconiana, y ha dejado de representar los intereses del pueblo para hacerlo con los de los grandes intereses corporativos.

En el Perú, mañana tendremos la “suerte” de leer “El Perro del Hortelano III”, la tercera entrega en la saga del presidente García sobre cómo “sólo la inversión privada salvará al Perú”. Los grandes capitales extranjeros tienen la puerta abierta para hacer lo que quieran, aunque eso signifique atropellar e ignorar los derechos de enormes cantidades de personas. Todos los que se opongan o cuestionen esta receta son perros del hortelano en el mejor de los casos, llegando a ser ignorantes, terroristas, saboteadores, y demás adjetivos. La oposición es incapaz de articular un discurso coherente de resistencia, mientra que la represión se incrementa alrededor del país, sobre todo lejos del ojo público de la capital. Con todo esto, dejan de existir una serie de libertades, y el Estado ha centralizado el control y el poder de una manera draconiana.

¿Soy el único que empieza a notar un patrón?

Ahora, todo esto me preocupa porque no sé qué se puede hacer, o si se puede hacer algo realmente. Los mecanismos de control y supervisión existentes en manos de gobiernos con intenciones totalitarias o totalizantes son virtualmente infinitos e insondables, y es difícil pensar en qué podríamos organizar de modo que pudiera revertirse y eliminarse esta tendencia autoritaria. Todo se hace en nombre de la seguridad, del desarrollo, pero son sólo grandes pretextos para controlar a mayores y mayores segmentos de la población. ¿Por qué? ¿Cuál es el objetivo del control? ¿A quién le favorece, quién lo dirige?

¿Y qué podemos hacer para detenerlo?

Cierto, se necesita una ciudadanía activa, pero en una época en que el Estado no promoverá ninguna ciudadanía por considerarla una amenaza. Al mismo tiempo que los propios ciudadanos no parecen mostrar mayor interés en ser ciudadanos activos, sino que parecen estar contentos delegando funciones, seguridades y libertades a Estados omnipotentes o omnisapientes.

Pero debe haber alguna posibilidad de algo que pueda hacerse, o por lo menos que pueda intentarse. Algo que se cuele por entre los puntos débiles, por los eslabones menos sólidos de la cadena, y logre difundirse y diseminarse de tal manera que se vuelva un fenómeno cultural. Al mismo tiempo, pareciera ser que el mecanimo que mejor ha servido para este tipo de diseminaciones ha sido el mercado y si enorme capacidad para distribuir ideas y productos. Pero al mismo tiempo, el mercado mismo genera toda esta serie de daños colaterales como una suerte de esfuerzo orgánico por defenderse, preservarse y extenderse.

El mercado, de alguna manera, es el medio que tiene que transmitir su propia muerte (algo sí como al decir “the revolution will not be televised”).

Es decir, no se trata solamente de preguntarnos “¿cómo nos defendemos?”, porque eso es medianamente fácil: simplemente uno evita crear problemas y cruza los dedos. El asunto es, más bien, cómo movilizamos a la ciudadanía para involucrarse activamente e impedir que este tipo de cosas sigan ocurriendo. ¿Cómo difundimos la idea de que esto debe detenerse, de que puede detenerse, e incorporamos a aquellos interesados a adoptar cursos de acción accesibles que nos lleven a tal desenlace?

No tengo idea, pero me está perturbando un montón ahorita.

Fujimori recibe primera sentencia por 6 años en prisión

Fujimori recibe la primera de lo que con suerte serán varias sentencias, 6 años en prisión por el caso de allanamiento.

Dos comentarios. Keiko Fujimori (su hija, y congresista) sale a dar declaraciones diciendo que está muy molesta.Dice que como el 90% del país no confía en la justicia peruana y que entonces no sabe qué puede esperar en el futuro. Pero si no confía en la justicia, tampoco debería poder esperar un fallo a favor de su padre. Si no se confía, no se confía en ningún resultado, no sólo en los que no le favorecen: eso es hacer trampa. En pocas palabras, Keiko confía en el poder judicial cuando falla a favor de sus intereses, y desconfía cuando hace lo contrario. No parece haber otro criterio. Si realmente no confiara en la justicia peruana, tendría que desconocer la legitimidad del tribunal, no asistir a los procesos esperando resultados favorables. Así cualquiera juega.

Luego, cuando se le recuerda que su padre aceptó su propia culpabilidad, señala que su padre reconoció que hubo una “irregularidad”, y que su padre se vio forzado a cometer un acto excepcional (haciendo que un edecán suyo se haga pasar por fiscal para allanar una vivienda privada) contra la justicia por el delicado momento que en ese momento vivía el país, donde era necesario capturar a Fujimori. Pero lo que Keiko está reconociendo, entonces, es que su padre creía que cuando él considerara una situación excepcional, podía ponerse a sí mismo por encima del orden legal y constitucional y hacer lo que a él le pareciera. El hombre, si lo quería, podía ser la ley, es lo que básicamente dice su hija. Si nos detenemos a pensarlo, es exactamente el mismo principio que está detrás de crímenes más graves como Barrios Altos o La Cantuta, que son delitos contra los derechos humanos. El principio es el mismo: situación difícil, y Fujimori considera arbitrariamente que puede alzarse por encima de la ley y tomar decisiones al margen del orden constitucional y legal.

Así no juega Perú.

Me encanta la eficiencia de la maquinaria de propaganda fujimorista. Uno a uno desfilan por las cámaras repitiendo el mismo estribillo: esto muestra que el poder judicial no es confiable. La misma falacia opera en estos casos que en el caso de Keiko: la justicia existe solamente cuando se falla a mi favor. Esto es infinitamente peor porque se trata de congresistas de la república, lo cual convierte esto más bien en algo vergonzoso. Pero eficientes son: están automáticamente de acuerdo en repetir los mismos puntos, las mismas frases, palabra por palabra. La estrategia fujimorista, desde hace años, es tirar lodo con ventilador. Si todos están embarrados, nadie tiene autoridad para juzgarlos. Felizmente tenemos la alegre opción de no hacerles caso alguno.

Cobertura de blogs sobre el tema:

Plaza de la Memoria

La PUCP es un lugar de amplias y abundantes contradicciones. Salomón Lerner, ex-rector y ahora rector emérito, fue también presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. A partir de ello, el tema de los derechos humanos cobró particular importancia en la universidad, particularmente en relación al apoyo al trabajo de la CVR. En el campus, existe un espacio llamado la Plaza de la Memoria, donde se conmemoraba con una placa recordatoria a miembros de nuestra comunidad universitaria muertos o desaparecidos durante la guerra política interna que vivimos entre los 80s y 90s (guerra o conflicto para el cual, por lo demás, parecemos incapaces de dar nombre).

Hace poco, la plaza en cuestión fue remodelada. Pero en el centro de ella, donde antes se encontraba la placa, se levanta ahora una cafetería Starbucks-wannabe de Cafetal, con silloncitos y diseño post-industrial y todo, y la placa ha sido desplazada a un extremo de la plaza, lejos del centro de atención, literalmente.

En fin, uno no puede evitar preguntarse quiénes son los genios detrás de decisiones descriteriadas como ésa. Convertir la Plaza de la Memoria en un lugar mediado por el consumo y el branding es, por decir lo menos, problemático. Habría sido tan fácil simplemente poner el café en otro lado, y nadie se habría visto perjudicado. Nadie habría dicho nada. Pero no, eso habría sido demasiado coherente.

Desde hoy circula una carta abierta de alumnos y profesores de la Universidad que censuran la decisión y piden se subsane la medida (léase, que se retire el café). En fin, dudo sinceramente que esto pase, pero por lo menos servirá como mensaje para el descriteriado que tomó decisión tamañamente estúpida para darse cuenta que metió todas las patas en lo que es, para unos más para otros menos, una situación sumamente sensible.

La mancha en la piedra

El Ojo que Llora, el monumento de Lika Mutal en el Campo de Marte conmemorando la memoria de los caídos durante el conflicto armado interno que vivió el Perú durante más de 20 años (que, incluso, se sigue viviendo), ha sido desde hace tiempo objeto de conflictos.

Ayer, un grupo de “desadaptados” irrumpió en el campo de Marte, redujo al vigilante del monumento con un arma de fuego, y procedió a sabotear el monumento con martillos y combas, y a pintarrajearlo con pintura naranja.

En vista de las molestias que causaba ya el monumento, es poco probable que el alcalde Ocrospoma quiera ahora reconstruirlo. Al margen de ello, diversas instituciones e individuos coinciden en reafirmarse en que el ojo seguirá llorando.

Este es un hecho vergonzoso que evidencia las profundas fracturas que corren por nuestra sociedad: el hecho de que un sector persiste en negar las dimensiones del conflicto interno, en negar los alcances de un conflicto profundo que por mucho tiempo fuimos incapaces de comprender completamente.

La pregunta está ahora abierta: ¿Cómo cerramos filas ahora en torno a El Ojo que Llora? ¿Cómo limpiamos la mancha en la piedra?

La muerte entró en Palacio (Presidentes de Pacotilla)

Mi amiga Sara del blog Algarrobina relata esta noche la terrible historia de terror sucedida la tarde de ayer en la Plaza Mayor de Lima, cuando fuerzas policiales reprimieron una protesta pacífica contra la pena de muerte frente a Palacio de Gobierno (recuérdese que la iniciativa a favor de la pena de muerte ha sido terca y caballolocamente liderada por el presidente Alan García, presidente de pacotilla). De su relato:

Se formo una numerosa línea policíaca que nos empujo hasta una amplia calle cuyo fin es una reja, nadie entendía porque se nos violentaba de ese modo si la intención era expresar nuestra opinión de modo pacifico como lo hicieron nuestros compatriotas una semana antes. Amigas y amigos junto con las demás personas ahí presentes fueron literalmente agarrados a palos, objetivamente por tan solo ir a pararse en la plaza mayor de nuestra ciudad. No hubo respeto por nadie, arrinconaron gente en la reja para golpearla con una brutalidad que no había tenido el disgusto de presenciar y se supone que “a la policía se la respeta” que clase de autoridad es esa que hace uso y abuso de su posición, casco, escudos y palos para enfrentarse a hombres y mujeres armados con su solo deseo de manifestar que no queremos que se ponga en vigencia una ley que avale la aplicación de la pena de muerte pues consideramos que eso no es justicia sino barbarie.

Creo que con esto hemos trascendido por completo cualquier límite de lo aceptable. Cobarde, infame reacción de las fuerzas de un supuesto orden: “no queremos que el país se nos desordene”, dijo el pacotillero, y en efecto cumplió su palabra. ¿Quién habría pensado que se refería a disuadir y reprimir opiniones disímiles, posturas contrarias a las del gobierno de turno (turno que acaba de volvérseme insufriblemente lejos de terminar)? Víctor Raúl Haya de la Torre, pensador peruano ilustre y reconocido, se revuelca en su tumba trujillana junto a la memoria del partido que alguna vez fue, y que hoy se ve condenado contra una reja al oprobio y la vergüenza de sentarse sobre su propio recuerdo y sus principios como si nunca hubieran significado nada.

Señor García, usted probablemente nunca leerá esto, y eso me da pena. Me da pena que nunca se enterará de la vergüenza que siento, de la rabia e impotencia de pensar que usted, en la maniobra más cobarde que jamás le habría podido esperar, decidió ser juez, jurado y verdugo, decidió estar por encima de la vida y de la muerte y decidió jugar a ser Dios con las vidas de los hombres y las mujeres del Perú.

Desde esta modesta tribuna mi total simpatía para con las personas atacadas la tarde de ayer; si no fuera por diferencias menores, yo habría podido ser una de ellas. Desde esta modesta tribuna, no esperaría menos que la renuncia de todo aquel ministro que comparta la misma vergüenza nacional, y no quiera cargar el lastre de la historia sobre su espalda.

La muerte entró en Palacio; llevaba la banda presidencial.

UPDATE: Algunas novedades y nuevas fuentes sobre el tema: el tema ha sido recogido por, entre otras fuentes, El Comercio. El blog El útero de Marita tiene más detalles al respecto, incluidos vínculos a otras fuentes y, de particular interés, fotos de lo sucedido. Como por ejemplo esta foto de mi amiga Lili perseguida por la policía: