Mecanicismo y automatización

El cambio en la comprensión de los medios y las tecnologías que McLuhan está buscando en Comprender los medios de comunicación es al mismo tiempo el cambio entre dos principios organizacionales que orientan esta comprensión. McLuhan considera que se debe abandonar una idea mecanicista y lineal del progreso tecnológico y del cambio porque esta idea lineal ignora las transformaciones cualitativas que implica cada nuevo desarrollo tecnológico. En cambio, McLuhan ve en el medio de la energía eléctrica y el desarrollo de la electrónica la introducción del nuevo principio de la automatización y de la configuración orgánica o sistemática de los elementos. De una manera sumamente confusa y oscura, McLuhan contrasta los efectos de ambos principios:

Por tanto, con la automatización, por ejemplo, los nuevos patrones de asociación humana tienden a eliminar trabajos, es cierto. És es el resultado negativo. Positivamente, la automatización crea roles para las personas, que es lo mismo que decir profundidad en el involucramiento en su trabajo y su asociación humana que nuestra tecnología mecánica precedente había destruido. Muchas personas estarían dispuestas a decir que no era la máquina, si no lo que uno hacía con ella, lo que era su significado o su mensaje. En términos de la manera en que la máquina alteraba nuestras relaciones unos con otros y con nosotros mismos, no importaba en absoluto si producía hojuelas de maíz o Cadillacs. La reestructuración del trabajo humano y sus asociaciones fue formada por la técnica de la fragmentación que es la esencia de la tecnología de la máquina. La esencia de la tecnología de la automatización es la opuesta. Es integral y profundamente descentralizada, tanto como la máquina era fragmentaria, centralista y superficial en su formación de patrones de las relaciones humanas. [Traducción mía]

La manera como yo entiendo este pasaje es pensando, justamente, en la manera como la tecnología de la automatización transforma las fábricas y las líneas de producción propias de la revolución industrial, sea la de Adam Smith o la de Henry Ford. Podemos pensarlo, a su vez, en la manera como Charlie Chaplin lo ilustra en su película, Tiempos modernos: por un tema de maximizar la eficiencia, la labor de producción es fragmentada en tareas minúsculas para que una misma persona pueda producir más en menos tiempo en su función específica, de modos que el conjunto de la línea de producción se vuelve a su vez más eficiente. La línea de producción funciona en la medida en que cada uno de sus componentes mecánicos, como engranajes en una máquina, funcione sin presentar problemas.

La crítica que está haciendo McLuhan en este sentido suena tremendamente a la crítica que podemos encontrar en los Manuscritos de economía y filosofía de Marx. En ellos, Marx denuncia la manera como el sistema de producción industrial, por estructurar el trabajo de esta manera, resulta en la enajenación del trabajador respecto a la actividad del trabajo. El trabajo repetitivo dentro de la línea de producción termina por volverse aburrido, poco inspirador, deshumanizante. De manera similar a McLuhan, Marx también consideraba que el progreso tecnológico brindaría una salida a esta enajenación: en la medida en que la máquina pudiera asumir más de las funciones del proletario, los trabajadores podrían ser más libres de dedicarse a actividades más gratificantes personalmente – esto, claro, siempre y cuando medie la revolución comunista para brindarles esa posibilidad.

McLuhan más bien se enfoca en la manera como la introducción de la automatización reestructura la economía y rearticula las necesidades de una fuerza laboral: deja de ser necesario, como señalaba Adam Smith en La riqueza de las naciones, que un mismo individuo dedique todo su día a producir clavos pues una máquina puede hacerlo más eficientemente. McLuhan señala que el aspecto negativo de esto es que un productor se queda sin trabajo; pero el aspecto positivo es que la fuerza laboral puede reorientarse hacia actividades más interesantes y más gratificantes, en las que puedan verse más involucrados. En lugar de una línea de producción de Ford Ts como la de Henry Ford, tenemos una fábrica de Toyota (aunque las fábricas de Toyota han venido teniendo varios problemas últimamente), en la que los individuos adoptan roles más complejos, para solucionar los problemas que las máquinas no pueden.

En cierta manera McLuhan está describiendo la manera como las organizaciones de la era industrial, frente a los cambios tecnológicos, se ven en la necesidad de readaptarse a una economía del conocimiento, y la manera como ello implica redimensionar nuestro entendimiento del trabajo y de la producción. A diferencia de la línea de producción mecánica, la automatización genera unidades orgánicas cuyo aprendizaje las retroalimenta – mientras que en la línea de producción las funciones aisladas no transmiten beneficios a las otras funciones aisladas, bajo la automatización los roles generan espacios para que diferentes áreas de la producción puedan beneficiarse de las demás. Más aún, el principio de la automatización busca dar cuenta de una manera más explicativa de cómo se dan los proceso de cambio, no sólo en los aparatos productivos y económicos, sino también entre diferentes formas mediáticas y tecnológicas. Una mejor comprensión del cambio, señala McLuhan, viene de abandonar el entendimiento del mecanicismo:

Economistas tales como Robert Theobald, W.W. Rostow, y John Kenneth Gailbraith han venido explicando por años cómo es que la “economía clásica” es incapaz de explicar el cambio o el crecimiento. Y la paradoja de la mecanización es que aunque es ella misma la causa del máximo crecimiento y cambio, el principio de la mecanización excluye la misma posibilidad del crecimiento o del entendimiento del cambio. Pues la mecanización se consigue a través de la fragmentación de cualquier proceso, poniendo las partes fragmentadas en una serie. Pero, como David Hume mostró en el siglo dieciocho, no hay un principio de causalidad en la simple secuencia. Que algo siga de otra cosa no explica nada. Nada sigue de nada, excepto el cambio. De modo que la inversión más grande de todas ocurrió con la electricidad, que terminó la secuencia al volver todas las cosas instantáneas. Con la velocidad instantánea, las causas de las cosas empezaron a llamar la atención de nuevo, como no lo habían hecho con las cosas en secuencia y concatenación. En lugar de preguntar qué vino primero, el huevo o la gallina, de repente parecía que la gallina era la idea de un huevo para tener más huevos. [Traducción mía]

El ejemplo del huevo y la gallina no aclara nada en realidad, pero la idea de fondo radica en que la economía clásica no puede dar cuenta del cambio porque no puede incorporar en su análisis una transformación cualitativa que vaya más allá de sí misma. El principio de la automatización es también un principio de organicidad: McLuhan está proponiendo un principio o un modelo para entender el cambio no como una secuencia lineal de acontecimientos, donde cada nuevo desarrollo es simplemente una amplificación de lo anterior (como lo describiría la economía clásica), sino más bien una figura donde cada nuevo desarrollo nos lleva en una dimensión imprevisiblemente diferente. Esto hemos tenido oportunidad de verlo antes, incluso cuando mencionamos que el cambio tecnológico, en los ojos de McLuhan, presenta similitudes significativas a la manera como Thomas Kuhn entiende la estructura de las revoluciones científicas. Mientras que la concepción clásica de los medios entiende cada nueva tecnología simplemente como una mejor forma de amplificación de contenidos mentales, McLuhan ve cada nuevo desarrollo como una transformación cualitativa de la manera como construimos, socialmente, significados. El resultado es que no siempre vamos en una dirección mejor, sino apenas en una dirección diferente, que presenta tanto amputaciones como extensiones.

Lo más interesante que quiero recoger aquí, y algo que retomaré más adelante, es que aquí McLuhan está esbozando, aunque sea de manera sencilla, una teoría del cambio, una manera de dar cuenta de la manera como se puede entender que se dan cambios y transformaciones en nuestra sociedad. Esto será especialmente relevante, por ejemplo, para entender también la manera como McLuhan entiende el rol del artista en la construcción de una cultura mediática.

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