Paseando por librerías

Hoy me pasé un buen rato paseando por varias librerías, y empecé a caer en cuenta de lo complicado que esto se ha vuelto para mí últimamente.

Cada vez hay más cosas que me interesan, y me es más difícil encontrarlas. Hubo una época, hace mucho tiempo, en que llegar a cualquier librería significaba ir directamente a la sección de filosofía y empezar a pasearme entre autores y títulos más o menos conocidos, buscando piezas faltantes en la colección o viendo qué novedades interesantes habían. Terminada la sección filosofía, en realidad prácticamente estaba terminada la visita a la librería.

Pero ahora, inevitablemente debo pasar también por la sección de sociología, dar un ojo a las de antropología y psicología, lingüística, estudios culturales o comunicaciones si las hay. En algunos casos, si tengo mucha suerte, encontraré una sección de tecnología, o de sociedad de la información, a menudo perdida y confundida junto a manuales de programación y cursos para aprender a usar Office. Luego, si quiero buscar algo sobre diseño, debo buscar en la sección de arte, a veces, o quizás en la de arquitectura, pero casi siempre se tratará de libros sobre diseño gráfico y no tanto sobre el diseño como proceso conceptual.

Esto es sólo un ejemplo, la cosa fácilmente puede ponerse peor, según la manera como cada librería en particular decida ordenar sus libros. Lo cual quiere decir que entrar a una librería es primero descifrar la lógica utilizada para ordenar los libros – pensar temáticamente en realidad no es suficiente, porque mucho de lo que me interesa en realidad se encuentra cruzando diversas fronteras de temas o disciplinas, lo cual hace más complicada la búsqueda. Y, por supuesto, significa que debo revisar múltiples categorías para poder ver si hay cosas que puedan interesarme.

Obviamente, esto es una limitación de la librería como espacio físico – cuando compro libros por Amazon mi problema es que no dejo de encontrar cosas que me interesan, y mi presupuesto sufre enormemente por ello. Pero también, me parece, es un testimonio de espacios interdisciplinarios que se ponen cada vez más complejos y se vuelve igualmente complejo descubrirlos, navegarlos, e intentar introducirse en ellos, porque no hay indicadores claros de por dónde comenzar o cómo encontrarlos. (Agreguemos a las librerías al circuito lógico-económico-político de los problemas de la interdisciplinariedad.)

En todo caso, dejo como recomendación ir más allá de la sección a la cual llegan por naturaleza en una librería, si no lo hacen ella – pues, a pesar de que sus vidas se volverán más complicadas y difíciles de navegar, los beneficios de lo que irán descubriendo lo compensan con creces.

Publicidad argentina

Una de las mejores cosas que veo aquí en Buenos Aires es la publicidad. Aunque no veo mucho de la televisión local, de todas maneras me gano con comerciales en la televisión que son muy, muy buenos. Así que les dejo un pequeño muestrario, como por ejemplo este comercial de la bebida H2OH:

A diferencia de los comerciales horribles que Telefónica está sacando últimamente en Perú, que no tienen ningún sentido en el peor de los sentidos, éste es un comercial de Telefónica reciénte aquí:

Personalmente me gustan mucho también los comerciales del Banco Hipotecario, que ya se van un poco más hacia lo absurdo (en este caso, en un buen sentido):

Este comercial de Arnet le resultará familiar a todo aquel acostumbrado a trabajar desde su casa, vía Internet:

Claro, esto no quiere decir que toda la publicidad sea buena o mejor, sino simplemente que me parece que uno tiene mejores probabilidades de encontrar comerciales divertidos, que vale la pena ver. Si encuentro más ejemplos buenos los publicaré también.

Tetralogía

Hoy día, este blog cumple cuatro años, y me está costando mucho créermelo.

Siento que fue hace realmente poco que estaba escribiendo el post por el tercer aniversario, y ya estoy aquí escribiendo el siguiente.

Este blog me ha acompañado ya durante mucho tiempo, y muchas transiciones – lo empecé cuando estaba terminando la carrera de filosofía como una manera de ir soltando algunas ideas y explorando algunos intereses. Desde entonces se ha mantenido como mi vínculo con una serie de temas con los que estoy vinculado y que quiero seguir investigando, me ha permitido ir evolucionando ideas y conectarme con otras personas interesadas y ha sido una experiencia sumamente gratificante.

Siento que es tiempo de hacer algunos cambios aquí. Me gustaría mudar este blog a su propio dominio, a un servidor independiente donde pueda jugar más con el diseño y la configuración, agregar secciones, etc. Especialmente me gustaría poder agregar espacios donde publicar trabajos y textos, varios que tengo desde la época de la universidad y que me gustaría compilar en alguna parte, y también poder tener un espacio donde ir desarrollando un poco más sistemáticamente ideas y textos nuevos.

Pero todavía no tomo la decisión final sobre cuál será la siguiente iteración de Castor Ex Machina como espacio o como proyecto o como lo que fuera. Por lo pronto, sigo sorprendido de estar celebrando el cuarto aniversario. Gracias a todos los que me acompañan por, bueno, acompañarme, y sepan que en verdad aprecio todos sus aportes en los comentarios, o por correo electrónico o Twitter.

El dilema del erizo: Evangelion como narrativa existencialista

El Shin Bunka Yugo Club me invitó a participar ayer del evento “You Could (Not) Understand“, un conversatorio en el que se expusieron varias interpretaciones sobre Neon Genesis Evangelion desde un análisis académico. Aunque no pude estar presente en el evento físicamente, felizmente estuvieron dispuestos a dejarme participar a distancia – en este caso, enviando mi presentación grabada previamente en un video.

De modo que comparto aquí también la presentación que preparé, aunque aún no me llegan noticias de qué tal habrá funcionado en vivo. La presentación lleva el título de “El dilema del erizo: el valor de (no) estar solo”, y en ella intento explorar la idea de Evangelion como una narrativa existencialista que explora la tensión que existe entre el querer vincularnos a otros y el querer mantener nuestro espacio personal, y como intentar diluir esa tensión es una ilusión que niega algo estructural a la experiencia humana misma – algo que queda claramente reflejado en el proyecto de instrumentalización humana dentro de la serie, que trato aquí de comparar con los discursos de conexión y unidad global que también nos pretenden dar la idea de poder diluir la tensión propia de la coexistencia humana.

Todo gira en torno al problema del dilema del erizo, un tema que recorre la serie y las relaciones de los personajes y que ilustra el conflicto que significa acercarnos a los demás y exponernos a que nos hagan daño, o preservar nuestro propio espacio personal pero quedarnos solos.

Evangelion da para muchísimo análisis y reflexión, y con esto no pretendo más que abrir algunas líneas y preguntas que se pueden luego explorar y desentrañar muchísimo más, así que espero que les guste la presentación.

Por si están interesados, hay un par de eventos más del Shin Bunka Yugo Club de los cuales he participado antes también:

 

Observaciones porteñas, 1

Ahora que ya tengo casi un mes instalándome aquí en la margen del Río de la Plata, y que empiezo a acostumbrarme a algunas cosas, creo que puedo empezar a compilar algunas observaciones de cómo son las cosas diferentes por aquí. Comparando, por supuesto, con aquello que conozco, es decir cosas similares en Lima, Perú, y claro, algunas cosas son mejores, otras son peores, pero en líneas generales muchas cosas son diferentes.

  • Lamentablemente en Buenos Aires no hay Bembos (aún, espero). Pero el “equivalente” a la Bembos Kobe, la hamburguesa premium de carne delux estilo japonés que vende Bembos, es aquí la McDonalds Angus, con carne estilo americano. Muy buena (aunque particularmente prefiero la Kobe), y en general, el McDonalds aquí es más rico porque, bueno, usa carne argentina.
  • Los supermercados son raros. Creo que tantos años de Wong (el de antaño, además) nos han acostumbrado a un nivel de servicio que no existe en ninguna otra parte – todo es mucho más “autoservicio” por aquí, nadie que te ayude, los locales son más desordenados, y no es raro encontrar los anaqueles vacíos de productos porque no han sido re-stockeados.
  • En la misma línea, bueno, los productos son diferentes. La sección pescados es una burla. Pero la sección carnes es espectacular, todo tipo de cortes, todo tipo de tamaños, y aunque por el tema de la inflación ya no está taaan barato, sigue estando bastante barato.
  • La mayonesa es horrible.
  • Todo tiene delivery, virtualmente cualquier restaurante, o tienda, sin importar el tamaño, tiene delivery dentro de un radio de unas cuadras a la redonda. Esto también es cierto de los supermercados: uno puede ir, hacer sus compras, pagar un poquito extra, y todo lo que compró se lo llevan a uno a casa unos 20 minutos después. Excelente si uno está solo y tiene que comprar mucho, para no tener que matarse cargando bolsas.
  • Comprar tecnología es carísimo, por los impuestos de importación, que incrementan casi en 50% el costo de cualquier producto tecnológico no manufacturado en la Argentina. Lo cual no sirve de mucho al consumidor, porque igual los productos manufacturados en la Argentina son carísimos – de no ser por el riesgo, en realidad a uno le sale más barato traerse tecnología del extranjero que comprarla aquí. La diferencia es ridícula, y hace que en términos generales, el universo de dispositivos cotidianos que uno ve se vea relativamente atrasado.
  • Cosa curiosa es que en términos de marcas, lo que uno ve por aquí es bastante diferente a lo que uno está acostumbrado cuando le da la cara al océano Pacífico. En autos, es raro ver por aquí Toyotas o Nissans o demás marcas japonesas o coreanas – la mayoría son más bien marcas europeas o americanas (Ford, Fiat, Renault, Peugeot, Citroen), aunque producidas localmente. Lo mismo ocurre con la electrónica: marcas como Samsung o LG, que son consideradas totalmente comunes y cotidianas en Lima, acá son más bien “high end” y más caras. En cambio aquí circulan más marcas como Phillips y varias que me dan un poco de miedo, como Noblex o Sanyo.
  • El tamaño personal de la Coca-Cola aquí es de 600ml, no de 400ml.
  • Los bancos no tienen ningún sentido. Primero, sólo trabajan de lunes a viernes, de 10am a 3pm. Pero además, son terriblemente ineficientes, o innecesariamente burocráticos. En Lima, abrir una cuenta de ahorros tomará unos 20 minutos de hacer cola, llenar papeles, hacer un depósito y salir del banco con una tarjeta de débito activada. Aquí, me ha tomado una semana de espera, dos visitas al banco, y entre 2 y 3 horas de trámite para hacer el mismo proceso. Y no hay nada ni remotamente parecido a tener Interbank en cualquier Vivanda, de lunes a domingo de 9am a 9pm. Nos han engreído demasiado en ese sentido.
  • Finalmente, para cerrar por ahora, está el tema de la inflación. Está en el aire, uno la respira, como el calor que ya empieza a subir y subir. Pero me parece muy interesante que aquí se construyen día a día diferentes estrategias para sacarle un poco la vuelta y encontrar la manera de ahorrar, y sumando por aquí y por allá uno termina ahorrando una cantidad sustancial. La clave en esto parecen ser las promociones de los bancos y los programas de descuentos. Según el banco con el que uno está, tiene una serie de descuentos en varios tipos de tiendas – por ejemplo, 20% comprando cierto día en cierta marca de supermercados, 0 20% en compras electrónicas en tal tienda. Y con estos descuentos mensualmente uno empieza a sumar cantidades nada despreciables. Otra cosa que los bancos promocionan mucho con esto es la compra a cuotas sin intereses (que hasta donde he podido ver realmente es sin intereses), con lo cual la compra carísima del televisor LED se fracciona en 30 cuotas que casi no se sienten (supuestamente). Además, por ley hay un incentivo a la bancarización por el cual todas las compras hechas con tarjeta de débito reciben un reembolso del 5% del IVA (el equivalente al IGV peruano), que aquí es de 21%. Con lo cual por el simple de hecho comprar con tarjeta, uno ya se está ahorrando 5% de todo lo que consuma.
  • La otra opción muy utilizada son diferentes programas de descuentos, como los de los bancos, pero también hay otros, como por ejemplo descuentos por ser suscriptor de cierto diario, por ser cliente frecuente de algunas tiendas, o incluso promociones nuevas que están apareciendo a través de sitios como Groupon (que también está disponible en Lima) y una enorme variedad de clones suyos que están apareciendo. Con estos otros descuentos uno también puede ahorrarse un montón de plata sobre todo para actividades de entretenimiento como conciertos, cenas en restaurantes, teatro, etc. Estrategias de supervivencia.

Seguiré observando y les cuento que encuentro.

Jugando con la nube

Ayer estuve jugando un rato con el servicio de Amazon Web Services. Han anunciado una nueva opción para probar una cierta cantidad de procesamiento, gratuitamente, por un año, que está excelente para probarlo.

Me explico: AWS es una plataforma de computación en la nube, donde se pueden crear “instancias” de procesamiento para cualquier fin que nos venga en gana, pagando solamente por los recursos que consumamos (el tiempo que la instancia está en ejecución, la cantidad de espacio de almacenamiento utilizado, el ancho de banda consumido, etc.). Una instancia es, básicamente, un servidor virtual: funciona lógicamente y externamente como un servidor, pero no hay nunca un servidor físico en ninguna parte. Dentro de la plataforma de Amazon, se crea este servidor virtual que existe mientras nosotros queramos, y cuando lo apagamos, desaparece.

Esto quiere decir que puedo tener mi propio servidor, o mi propia granja de servidores, sin tener que preocuparme por construir toda la infraestructura que eso requeriría físicamente. Puedo lanzar una instancia, y si necesito mayor capacidad, pues lanzo una nueva instancia, y así sucesivamente. Y Amazon me cobra por la cantidad de recursos que utilizo durante el tiempo que los utilizo.

El procedimiento es bastante sencillo, pero no deja de tener sus complicaciones. Uno tiene que registrarse en la página web de AWS y empezar a suscribirse a los diferentes servicios, para lo cual tiene que indicar un número válido de tarjeta de crédito (hay una cantidad de recursos básica que es gratuita, y por encima de ellos Amazon empieza a cobrar según el consumo). Luego de activar los servicios básicos – Elastic Computing, Simple Storage, etc. – podemos empezar a lanzar instancias desde la consola de administración web, y es genial. Desde allí uno puede lanzar su propio pequeño, o gran, servidor, y conectarse a él vía terminal (SSH).

Sí, eso quiere decir que toda la administración se hace vía la consola de texto, con un sistema operativo Linux (a menos que uno escoja pagar por un sistema operativo diferente, que también es posible). A partir de ahí, uno puede escoger instalar programas en el servidor (por ejemplo, un servidor web como Apache) y dispone de un nombre de host para acceder a los servicios que ofrezca su servidor virtual. Cuando te aburres de tu máquina, simplemente la desactivas, y desaparece por completo de la existencia (a menos que la configures para almacenar sus datos en alguna parte).

Es una excelente alternativa para montar servicios y aplicaciones web a un bajo costo. Puedo de manera muy sencilla tener múltiples entornos de producción, desarrollo, prueba, o lo que fuera, o utilizarlo para brindar diferentes tipos de servicios interna o externamente. Es, básicamente, una excelente manera de contar con capacidad de procesamiento sin invertir en infraestructura y a un excelente costo.