¿Debería estudiar un posgrado en filosofía?

Creo que este FAQ (Frequently Asked Questions) titulado “Should I Go To Graduate School In Philosophy?” es de lectura imprescindible para todos los que han considerado, están considerando, o están actualmente estudiando un posgrado en filosofía. Está escrito desde adentro, de manera muy cruda y refleja una serie de las complicaciones prácticas que encuentran aquellos que se enfrentan a los estudios de posgrado en filosofía.

Algunas de las secciones más fuertes/interesantes:

Your enjoyment of reading and learning philosophy counts for approximately nil. Nobody will pay you a dime to read things. You will make a good philosophy teacher only if you are good at explaining philosophy to people who know nothing about it and are much less interested in it than you are. You will make a good researcher only if you have lots of new ideas of your own and you like writing about them. If you regularly have to ask your teachers in your classes what you should write about, then you probably do not have enough original ideas to be a good researcher.

Aún así, hay muchos que creen que son distintos a los demás, tan distintos que tienen algo completamente novedoso para ofrecer y que por eso destacarán frente a otros aplicantes:

However smart you may be, when you apply for that coveted position at the University of Colorado, your application will go into a pile of 300 others, of which at least 20 will look about equally good. All 20 of those people will have been the best philosophy students at their colleges. Think about the smartest person you have ever known. Now imagine that there are 20 copies of that person competing with you for a job. That is roughly what it will be like.

Y quizás el más fuerte de todos, respecto a qué tanto puede uno hacerse un espacio en la disciplina filosófica:

Will I influence the field through my insightful articles?

Almost certainly not.

First, it is very difficult to get published in philosophy. The respected journals reject between 90% and 95% of all submissions. No exaggeration. (If you find a journal with a higher acceptance rate than that, it will be one not worth publishing in.) They typically take three months to evaluate your article before rejecting it. Longer delays are not unusual—I once had a journal take two years to evaluate a manuscript of mine. When they finally got back to me, it was to ask me to revise and resubmit the paper. Your prospects are better if you submit to a less prestigious journal, but then virtually no one will read your article. Your ability to get “A”s on your philosophy papers in college does not mean that you will ever be able to write a publishable paper. (See my page on publishing in philosophy.)

Second, consider the sheer quantity of philosophy that is published. As of this writing (2008), the Philosopher’s Index, which indexes almost every academic philosophy publication in any of about 40 different countries, reports 14,000 new records every year. That’s fourteen thousand new philosophy articles and books, per year. Since 1940, about 400,000 philosophy books and articles have appeared. What proportion of those do you suppose the average person in the field has read? Now you can use that guess as an initial estimate of the proportion of philosophers who will read your article.

So when that paper you worked so hard on for so many hours and months finally gets published, it is overwhelmingly likely that almost no one will ever notice, and that the scholarly reaction to your article will be nil.

Es importante matizar que esto, claro, está escrito desde el punto de vista de la academia estadounidense. La verdad, no sé si eso hace las cosas mejores o peores para un estudiante de posgrado en filosofía en el Perú o en América Latina.

Para que lo tengan en consideración si lo están pensando, y si lo están haciendo, pues para que puedan hacer algo al respecto.

Tras el final

Días confusos los últimos. Después de cinco años, mi periplo de pregrado ha terminado. Lo cual es un momento ambiguo: por un lado, estoy feliz de terminar, también porque ya estaba harto de muchas cosas. Por el otro, asusta, y también entristece un poco, el hecho de que se acabe. Es todo complicado, porque el panorama no se hace claro, las cosas se vienen por montones y es todo un poco abrumador. Los aburriré ahora un poco con detalles sobre esto.

Desde hace tiempo, viendo venir estos momentos vengo pensando bastante sobre el tema de la empleabilidad de la filosofía.  Es un tema complicado, lleno de mitos y problemas de interpretación, y verdades a medias: que los filósofos no tienen oportunidades de trabajo, que sólo pueden contar con carreras académicas, que no están capacitados para hacer nada. Todo esto me ha sido un problema importante porque no sólo quiero “hacer cosas”, sino que la carrera académica nunca ha sido mi principal interés. Desde que me interesó la filosofía me interesó por su capacidad para relacionarse con múltiples temas y problemas, y tener algo interesante que aportar.

A uno le ofrecen o le venden caminos preestablecidos, más o menos. Siguiendo siempre más o menos los mismos parámetros, que no es que estén mal, sino que simplemente no resuenan del todo conmigo. Que uno termina, y debe seguir estudiando, y debe considerar de entrada seguir una maestría. Esto lo aceptamos, sin detenernos a pensar con mayor detenimiento en precisamente por qué queremos un posgrado. Es cierto que los parámetros que los estudiantes de carreras de humanidades seguimos son diferentes a otras ramas del conocimiento: el por qué parece medio trivial, pues el conocimiento es casi un fin en sí mismo. No nos atormenta tanto esa pregunta; pero no debería ser menos importante. ¿Para qué queremos una maestría, o un doctorado? ¿Porque sí? ¿Por satisfacer nuestro ego? ¿Por desarrollar el conocimiento de la humanidad? Yo personalmente no la tengo del todo clara. Pero sé que seguir estudiando brinda una sensación de seguridad directa: le permite a uno continuar con una cierta burbuja de seguridad con las condiciones más o menos controladas, y posponer el enfrentamiento con algo así como el “mundo real”.

Mis observaciones iniciales van justamente porque seguimos este camino más o menos dado simplemente porque está ahí, y porque no conocemos mucho de otras alternativas. Pero la decisión de optar por un posgrado debería ser una decisión basada no tanto en algo negativo (no conocer otras opciones), sino en algo vinculado a los objetivos e intereses que uno espere perseguir con el posgrado (el blog de Penelope Trunk es interesante, aunque bastante discutible respecto a muchas de estas cosas). Eso me complica tanto más la idea de qué buscar, pero en fin. Creo que así visto vale más la pena: no estudiar dos (o más) años más sólo porque es lo que el camino requiere de uno, sino más bien porque tal o cual posgrado le brindará a uno tales o cuales herramientas particulares para cumplir con tales o cuales objetivos. Todo se entrecruza complicadamente con cuestiones como que uno maneje un cierto nivel de planificación respecto a lo que quiere hacer, y allí todo empieza a ponerse difícil: objetivos, planes, ideales, etc., pero idealmente así uno invertirá mejor su tiempo y dinero, en lugar de sólo estudiar más por alguna razón que uno mismo desconoce.

Es, claro, mi visión personal del asunto. Pero son el tipo de preguntas que me aquejan y acompleja en estos días, cuando las horas están un poco más vacías de cosas que hacer y uno tiene más tiempo para preguntarse sobre el futuro. Como suele ser el caso, el vacío es intimidante. Y asusta un poco. Aún así, creo que es mejor todo eso en lugar de simplemente pasar por la vida sin preguntarse bien qué quiere hacer uno o si simplemente está flotando en alguna dirección desconocida.