El medio es el mensaje (2)

En la entrada anterior intenté precisar el sentido que me parece más interesante para la famosa sentencia mcluhaniana, “el medio es el mensaje” – y los comentarios ayudaron a precisar un poco más el problema de la relación forma-contenido. De esa misma relación y los problemas que de ella se desprenden (porque no queda claro qué pretende McLuhan que hagamos con el contenido) se desprende otra dimensión que es sumamente relevante en las ideas de McLuhan, que es la dimensión de la tecnología.

Desde muy temprano en Comprender los medios de comunicación, McLuhan establece una relación muy cercana, por no decir una identidad, entre medios de comunicación, extensiones de los sentidos y nuevas tecnologías. Más aún, el catálogo de “medios” que McLuhan analiza a lo largo del libro dista mucho de limitarse a lo que, estrictamente, consideraríamos como “medios e comunicación”: encontramos todo tipo de invenciones y de tecnologías, como la ropa, la vivienda, el dinero, los relojes, entre muchos otros. En la comprensión de los medios McLuhan está incorporando toda forma tecnológica que ejerza transformaciones sobre la manera en la que se llevan los asuntos humanos – no solamente aquellas que, estrictamente, nos brinden la posibilidad de comunicarnos. El aspecto de la tecnología que será determinante para McLuhan será la capacidad para afectar la relación que existe con nuestros sentidos:

Lo que estamos considerando aquí, sin embargo, son las consecuencias psíquicas y sociales de los diseños o patrones que amplifican o aceleran procesos existentes. Pues el “mensaje” de cualquier medio o tecnología es el cambio de escala o ritmo o patrón que introduce en los asuntos humanos. El tren no introdujo el movimiento o el transporte o la rueda o el camino en la sociedad humana, pero aceleró y agrandó la escala de funciones humanas previas, creando tipos de ciudades completamente nuevos y nuevas formas de trabajo y entretenimiento. Esto ocurrió aunque el tren funcionara en el trópico o en un ambiente del norte, y es muy independiente de la carga o el contenido del medio del tren. El avión, por otro lado, al acelerar el ritmo del transporte, tiende a disolver la forma de la ciudad propia del tren, su política y sus formas de asociación, muy independientemente de para qué sea usado el avión. [Traducción mía]

A partir de esto quiero desprender tres ideas. La primera es la relación entre cambio cuantitativo y cambio cualitativo. A pesar de que el tren frente a la rueda, o el avión frente al tren, amplifican la posibilidad del transporte en una misma dirección aparentemente lineal (puedo llegar más lejos, más rápido), el punto de McLuhan es que este cambio cuantitativo comporta una transformación cualitativa tanto de la experiencia misma de usar el medio, como del entorno en el cual la experiencia se introduce. En torno a los aviones nos organizamos de manera diferente, socialmente, que en torno a los trenes, de la misma manera que en torno a los trenes nos organizamos de manera diferente que en torno a los carros, y así sucesivamente. Esto será importante porque nos llevará, luego (cuando tomemos por ejemplo la idea de hibridación) a dejar de lado una idea linealmente simple y acumulativo del cambio mediático y del cambio tecnológico para buscar, más bien, una figura caóticamente estructurada (parecida en mucho a la manera como Thomas Kuhn consideraba la estructura de las revoluciones científicas).

La segunda idea es lo que la tecnología significa para McLuhan. Porque, en efecto, la tecnología significa algo, de la misma manera que el medio es el mensaje: la tecnología no es solamente una herramienta que utilizamos para exteriorizar nuestra voluntad, sino que diferentes tecnologías reconfiguran nuestra voluntad, y reconfiguran lo que podemos querer y la manera en la que lo queremos. Hacen esto porque modifican nuestra relación misma con la realidad: no es solamente que usamos la tecnología, sino que nos extendemos a través de ella y reconfiguramos el ámbito de lo posible, y esta reconfiguración se da a través de la reconfiguración de nuestros sentidos. Ahora, por lo mismo que acabo de mencionar en el punto anterior, éste no es un movimiento lineal y acumulativo – no quiere decir que conforme vayamos desarrollando tecnologías, nos convirtamos en individuos cada vez más perfeccionados. El cambio tecnológico -y sobre este punto también quiero volver más adelante- se compone de una doble dinámica de amputación y de extensión. Todo cambio extiende nuestras posibilidades de hacer ciertas cosas, pero a cambio de perder la posibilidad de hacer ciertas otras. El cambio tecnológico no es, entonces, un proceso que nos lleve siempre y necesariamente en una dirección mejor – de hecho, esto ni siquiera puede evaluarse correctamente. Lo más que podemos decir, con mediana certeza, es que el cambio tecnológico nos lleva en una dirección diferente.

Por poner un ejemplo cotidiano para ilustrar la diferencia entre usar tecnología y extendernos a través de ella: piensen en la sensación que los invade cuando salen de casa apurados, y después de un rato, cuando probablemente ya no pueden volver, se dan cuenta de que olvidaron el celular. No es solamente que hemos dejado el aparato, sino que nos hemos quedado sin lo que efectivamente es una parte de nosotros, algo en lo que estamos más que solamente algo que usamos.

La tercera idea, y quizás la más problemática, es la del determinismo tecnológico en McLuhan. Esta idea, a su vez, se desprende de la anterior: si el medio reconfigura nuestro sentido de la posibilidad, el medio, la tecnología, efectivamente estructura la manera como nos relacionamos con la realidad. Si cambia el medio, por extensión cambia el mensaje del medio (sus consecuencias psíquicas y sociales), y por extensión cambia nuestra relación con la realidad toda. McLuhan es, definitivamente, un determinista tecnológico: el cambio tecnológico antecede, configura y determina el patrón social en el entorno en el que aparece. De allí, por ejemplo, que sea la imprenta la “arquitecta del nacionalismo”. Nos vemos sometidos a las amputaciones y extensiones que el cambio tecnológico ejerce a nuestro alrededor, porque las nuevas tecnologías introducen una nueva estructuración de la realidad (aunque de la misma manera, podemos reestructurar una realidad introduciendo una nueva tecnología).

La forma que adopta aquí la idea mcluhaniana de la tecnología es muy parecida a la concepción de la tecnología que podemos encontrar en Karl Marx. Para Marx, la tecnología que mueve el aparato productivo estructura las relaciones sociales de producción que se construyen en torno a ella. Cuando la tecnología se ve modificada, deberían darse en consecuencia modificaciones en las relaciones sociales de producción, que a su vez determinarán transformaciones en el plano de la supraestructura ideológica (todo aquello en lo que creemos, política, religión, filosofía, moral, leyes, costumbres, etc.). Marx derivaba de la promesa de la tecnología industrial (una tecnología que ofrecía la posibilidad de reducir el trabajo mecánico del hombre) la necesidad de la revolución: si tenemos esta nueva tecnología que cambia nuestra forma de producir, es un movimiento necesario que la manera como nos organizamos para producir se modifique a su vez. Tanto McLuhan como Marx son, en este sentido, deterministas tecnológicos. La diferencia radica en que McLuhan no veía en el cambio tecnológico un proceso progresivo lineal, como sí lo ve Marx: Marx cree que la tecnología mejora y nos lleva hacia un lugar mejor (p.ej. la revolución comunista). McLuhan, en cambio, por el hecho de que el cambio mediático resulta en la introducción de nuevas formas de relacionarnos con la realidad, nos indicaría más bien que el cambio tecnológico sólo puede llevarnos hacia un lugar diferente al que estamos ahora, pero no necesariamente mejor (o peor). En todo caso, un lugar necesariamente mejor en algunos sentido, y peor en otros, pues toda nueva forma tecnológica implica amputaciones y extensiones.

El determinismo tecnológico mcluhaniano es persuasivo, pero no alcanza a ser completamente explicativo y sí termina resultando sumamente problemático. Siguiendo el ejemplo de la imprenta, que él mismo utiliza mucho, bajo el determinismo tecnológico de McLuhan la imprenta habría debido ejercer los mismos efectos más o menos de la misma manera, independientemente del contexto o lugar en el que se introdujera. Pero esto, históricamente, no es cierto: la imprenta cobró significados sumamente diferentes al aparecer en sociedades católicas o en sociedades protestantes, en sociedades liberales o en sociedades conservadoras, y así sucesivamente. Con lo cual debe haber otros elementos que participan de la configuración del significado de una tecnología en un contexto dado. Por utilizar otro ejemplo más actual: significa algo muy diferente enviar un mensaje de texto por celular en una ciudad del primer mundo, en medio de los Andes o en un barrio marginal de Nueva Delhi. Otros conceptos en el aparato mcluhaniano, como por ejemplo el concepto de hibridación (de la mano de conceptos posteriores como el de convergencia mediática, o de narrativas transmediáticas), nos brindarán mejores herramientas para entender la manera en la que se configuran estos significados.

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7 comentarios sobre “El medio es el mensaje (2)

  1. Hola

    Me gustó bastante el post.

    Creo que mostrar ciertos paralelos con Marx, en lo que respecta al determinismo tecnológico para con lo social y político, así como las diferencias, tales como la teleología históricam son factores esenciales a tener en cuenta para comprender (:P) a McLuhan en toda su extensión (:P).

    Mi pregunta iba por algo que no mencionaste (si lo vas a abordar después, esperaré al post respectivo). Se trata de la concepción de teconología. Y es que, si bien has mencionado la idea de extensión y cómo estas extensiones reconfiguran nuestra realidad y sociedad, me gustaría abordar el problema sobre el qué es de la teconología desde otro pasaje de la obra.

    El pasaje en cuestión es cuando McLuhan considera que cierto militar no entendía de tecnología porque pensaba que la tecnología no era ni “buena”, ni “mala”, sino que dependía de cómo la usemos. Menciono esto porque este sentido común podría ser asumido por cualquier intelectual promedio del mundo de las ciencias sociales y de las ciencias humanas. Nunca entendí muy bien ese pasaje.

    ¿Quiere decir que la tecnología siempre tiene una “valoración” implícita? (Quizá algo más ligado a Nietzsche).

    ¿Dicha valoración es absoluta? (medios para divertirnos siempre buenos y medios para matar otros seres humanos siempre malos). Esto puede sonar de plano algo tonto, pero debemos recordar que hay determinismo tecnológico, con lo que no es tan “libre” o “arbitraria” nuestra “decisión” de considerar buenas o malas ciertas cuestiones (análogo a “superestructura ideológica”).

    ¿Ello implicaría que la teconología determina la moral? (Invirtiendo así la setencia del militar) “Dime qué extensiones usas y te diré qué consideras bueno y malo” parecería ser la consecuencia.

    ¿Dicha valoración es relativa? ¿Relativa a qué? ¿A cómo la usemos? (Acá regresamos a la setencia del militar censurado por Mcluhan)

    Asumo que la cosa no es tan simple y que, de hecho, omito posibilidades mucho más interesantes y creativas para entender en pro de qué McLuhan considera que dicho militar no entendió nada.

    1. El pasaje que mencionas es bastante complicado de interpretar, creo que ninguna respuesta puede ser del todo clara. Traduzco el fragmento en cuestión:

      “Al aceptar un grado honorario de la Universidad de Notre Dame hace unos años, el general David Sarnoff hizo la siguiente declaración: ‘Tendemos demasiado a hacer de los instrumentos tecnológicos los chivos expiatorios de los pecados de aquellos que los usan. Los productos de la ciencia moderna no son en sí mismos buenos o malos; es la manera como son usados la que determina su valor.’ Ésta es la voz del sonambulismo actual. Supóngase que dijéramos, ‘el pie de manzana no es en sí mismo bueno o malo; es la manera como lo usamos la que determina su valor’. O, ‘el virus de la viruela en sí mismo no es ni bueno ni malo, es la manera en la que es usado la que determina su valor’. De nuevo, ‘las armas de fuego en sí mismas no son buenas ni malas; es la manera en la que se usan la que determina su valor’. Esto es, si llegan a las personas correctas las armas son buenas. Si la TV dispara la munición correcta a las personas correctas es buena. No estoy siendo perverso. Simplemente no hay nada en el argumento de Sarnoff que resista el análisis, pues ignora la naturaleza del medio, de cualquier y de todo medio, en el auténtico estilo de Narciso de alguien hipnotizado por la amputación y extensión de su propio ser en una nueva forma técnica.”

      El pasaje es sumamente confuso, pero yo resaltaría tres puntos.

      1. Creo que lo central que McLuhan critica aquí es el maniqueísmo que esconde el argumento del general Sarnoff. Es decir, si el medio es el mensaje, más allá del contenido, si juzgamos un medio como malo o bueno lo haríamos en todos los casos, más allá del usuario o de la forma como el medio es usado. Creo que este es un primer nivel que podemos sacarle a la crítica de McLuhan a Sarnoff.

      2. Si seguimos hurgando un poco más, encontramos también que McLuhan tiene que ir en esta dirección si quiere mantener la idea de la imposibilidad de lo meta-mediático, o de una instancia a la que podamos tener acceso a través de una experiencia que no sea mediatizada. Pues para poder juzgar qué usos o qué usuarios de ciertos medios son buenos o malos en ciertos casos, tendríamos que tener la posibilidad de hacerlo desde una posición meta-mediática.

      3. El tercer punto que yo resaltaría es el que me resulta quizás el más interesante, y es uno que sí pretendo elaborar con mayor detalle. Es la inconmensurabilidad que podemos tener desde ciertas experiencias tecnológicas/mediáticas cuando las interpretamos a partir de otras. Es decir: en la medida que el cambio tecnológico introduce una nueva relación con nuestros sentidos, nuestro primer instinto es siempre valorar esta transformación desde lo que conocemos, lo cual nunca le hará justicia. McLuhan utiliza aquí mucho el ejemplo de la recepción de los escribas medievales de la tecnología de la imprenta, viéndola como poco más que el fin de la civilización. Podemos compararlo con la recepción que el mundo mediático actual tiene frente al mundo informatizado e interconectado.

      Esto es relevante aquí porque, bajo este punto de vista, la introducción de una nueva tecnología no se evalúa solamente bajo conceptos de lo bueno o de lo malo, porque al redefinir lo que nos es posible también nos redefine lo que es bueno o malo. Las nuevas tecnologías, desde el punto de vista de las viejas tecnologías, sólo pueden estar más allá del bien y del mal, porque no tenemos las herramientas conceptuales para ponerlas en su debido contexto (es más, ese debido contexto aún no existe).

      El pasaje en cuestión no me parece nada claro, y es quizás más lo que confunde que lo que ilustra, pero estos son algunos de los puntos que creo que a pesar de todo pueden desprenderse. Espero que con las siguientes entradas esto se pueda aclarar aún más.

  2. Enhorabuena por tu blog y tus artículos.
    Acabo de leer los comentarios y no entiendo como después del increíble artículo que has redactado pueden quedar dudas sobre ese pasaje.
    Yo opino que la idea que Mcluhan pretende transmitir en ese párrafo es simplemente la no valoración por sus usos, pues bueno y malo al fin y al cabo no dejan de ser supuestos pragmáticos compartidos que no siempre coinciden.

    Si hay algo no haya tenido en cuenta me gustaría conocerlo.
    Saludos 😀

    a

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