Wishful thinking

Lo que en verdad me gustaría es conseguir que más gente termine siendo un poco más crítica.

Para eso tengo un blog, y escribo en él. No, en verdad lo hago por muchas razones, y la más importante de ellas es un ejercicio egoísta. Pero en un mundo ideal, este ejercicio egoísta resulta en que alguien, de alguna manera, termina aquí, lo lee, y no se trata de que me crea, ni de que esté de acuerdo conmigo. Sino, simplemente, de pensar algo como “no había pensado en eso antes”, o “no me había dado cuenta de que eso era un problema”. No, no pretendo mostrar ningún camino, ninguna verdad ni nada por el estilo. Sólo mostrar que, si nos ponemos quisquillosos, el mundo está lleno de problemas que están esperando ser resueltos, y allí donde no los hay, podemos crearlos. Y que hay un valor, muchos valores en realidad, alrededor de ponernos quisquillosos. Pesados, antipáticos. Filosóficos.

Eso es también lo que pretendo hacer cuando dicto clases. Porque, finalmente, lo más probable es que mis alumnos terminen olvidando la gran mayoría de lo que les enseñé, pocas semanas después de dar su examen final. Y bueno, así pasa cuando sucede. Así que, finalmente, si hay algo que realmente quiero que aprendan es que hay capas y capas de complejidad que se esconden detrás de lo que parecen ser cosas completamente superficiales. Que el mundo que nos rodea, aún cuando parece trivial, está ahí esperando ser descompuesto, analizado, perturbado un poco por nuestras preguntas, y que vale la pena perturbar el mundo con nuestras preguntas, que podemos encontrar respuestas interesantes. Si después de un mes no recuerdan el contenido de una lectura, bueno, será una pena, pero si recuerdan el hecho de que deben ser críticos y analíticos frente a nuevos problemas que encuentran, y saben encontrar la manera de hacerlo, ahí sí siento que he conseguido algo con ellos.

Por alguna razón empecé a pensar en esto, y recordé un pasaje de Kierkegaard que me gustó mucho la primera vez que lo leí, en Migajas filosóficas:

Desde la perspectiva socrática, cada punto de partida en el tiempo es eo ipso algo contingente, insignificante, una ocasión. El maestro tampoco es más que eso y, si se da a sí mismo o da su enseñanza de otra manera, entonces no sólo no la da, sino que la quita y, en ese caso, ni es amigo del discípulo ni muchísimo menos su maestro. Ésta es la profundidad del pensamiento socrático, ésta es la noble humanidad por él escrutada, sin entrar en mala ni vana compañía con las grandes cabezas, sino dando la impresión de hallarse íntimamente unido a un curtidor; por eso “pudo convencerse tan pronto de que la física no es cosa del hombre” y, por eso mismo, comenzó a filosofar sobre ética en los talleres y en las calles, aunque filosofó de modo absoluto, quienquiera que fuera aquel con quien hablaba.

Creo que lo que Kierkegaard intenta rescatar de Sócrates, que además guarda mucha similitud con otro texto, Sócrates y el concepto de ironía, es una forma de conocimiento que no es propiamente conceptual, o en todo caso, cuya enseñanza no es simple transmisión de información. No se trata de que, al enseñarte algo, tú tengas en tu cabeza los mismos contenidos que yo tengo en la mía. El aprendizaje, cuando se interioriza, tiene que ser él mismo apropiación del contenido, de la información: no es solamente un mismo contenido que se reproduce, sino una experiencia que es re-producida a partir de la experiencia del que aprende.

Pero en cambio, lo que estamos acostumbrados, industrial y linealmente, a hacer, es asegurarnos de que la mayor cantidad de gente pueda demostrar que los mismos contenidos han sido fielmente reproducidos en sus cabezas. Lo cual estaba muy bien, quizás, para la era industrial. Pero más allá del industrialismo, podemos pensar que aprender, y enseñar, y compartir información es más que eso. No es tanto la jerarquía del que sabe frente al que no sabe, sino más bien la colaboración del que tiene algo que compartir con otro que, socráticamente, aprovecha la ocasión, como diría Kierkegaard, para recorrer el mismo camino. Cuando queremos realmente enseñar algo, compartir algo, nos enfrentamos al desafío hanselgreteliano de dejar un camino de migas de pan para que el otro lo pueda seguir por sí mismo, no que nosotros le demos un mapa y le digamos que llegue a tal o cual destino.

Quizás, por algo parecido, algo por el estilo, es que escribo aquí, o que doy clases, o que intento compartir también algo que, por alguna razón, me termina pareciendo interesante.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s