El yo que emerge

Un par de ideas relacionadas, siguiendo con el hilo de ayer.

La primera es culpa de Kant: la idea del sujeto, y lo extiendo freudianamente, la idea del yo, de la identidad de uno mismo, como una idea regulativa. Es decir, no es propiamente que conozcamos al yo, o a nuestra propia identidad, por sí misma, porque no podemos tener una experiencia fenoménica del yo en su conjunto, sino que el yo es una idea que nos sirve para describir más o menos exitosamente la totalidad de los fenómenos del mundo interno. Como conjunto que no podemos experimentar, lo tratamos como un “yo”.

La segunda va por el mismo lado, creo, o eso intenté argumentar una vez en un trabajo sobre el carácter sistemático de las ideas en Kant. Bueno, la cuestión es así: el yo, propiamente, no existe, o no existe previamente. ¿Previamente a qué? El yo es, más bien, algo así como una condición emergente de nuestros diferentes comportamientos. Nuestras maneras de actuar no son necesariamente consistentes entre sí, aunque mantienen ciertas familiaridades. A partir de esas familiaridades empezamos a describir algo así como el yo, una idea que surge de sus partes componentes -nuestras diferentes maneras de comportarnos- pero no se reduce a ninguna de ellas específicamente. El yo surge del comportamiento, ayuda a darle cierta consistencia para poder describirlo, pero no existe propia ni previamente.

Qué pastel.

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