Relacionarse con el espacio

El otro día, por completa casualidad, paseaba con dos arquitectos. Creo que nunca lo había hecho antes, y si lo había hecho, había sido a lo mucho con uno. Pero ahora habían dos. Esto es importante, porque entre ellos conversaban. “Arquitectónicamente”. Y nunca lo había escuchado. Y me sorprendió.

Me sorprendió por algo sumamente singular. Me sorprendió la relación que tenían con el espacio. Es decir, para ellos el espacio alrededor era una cuestión plástica, y lo visualizaban transformado, digamos, en tiempo real. Mover esto para allá, una estructura aquí, va a dar tal o cual perspectiva, pero del otro lado se verá terrible, si cambiaras tal material, quizás algo de esta forma. Y así sucesivamente, todo el camino. Tenían una relación mucho más cercana, casi íntima con el espacio a su alrededor, como si estuviera allí, materia esperando para ser moldeada, para ser significada de manera creativa.

Dos cosas. Primero, es un poco perverso y sumamente moderno: el mundo, allí, inerte, simplemente esperando para ser imbuido de significado por nuestras voluntades racionales. Sujetos constituyentes de sentido, muy a la kantiana. Pero creo, claro, que esto no es suficiente.

Segundo. Quizás todos deberíamos ser un poco más arquitectos. No, obviamente no me interesa que sepamos cómo armar estructuras o diseñas planos. Simplemente me refiero a que tenemos una relación muy extraña, cotidianamente, con el espacio. No lo transgredimos, sino que lo asumimos como dado. Está ahí para que lo usemos, pero en sus términos. ¿Y su jugáramos con él? No para dominarlo, sino para integrarnos a él. Para significarnos mutuamente. Para apropiarnos un poco de él.

Quizás empezarían a pasar cosas interesantes.

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2 comentarios sobre “Relacionarse con el espacio

  1. Discrepo con tu punto dos… pues el no transgredir el espacio no implica quedarse pasivo ante el, ya que disfrutando del mismo y de la riqueza de su naturalidad nos integramos a el.

    Yo voto más por la palabra adaptación que transformación.

    Un beso sin café

  2. Coincido y discrepo.

    Coincido en que es cierto que no es *necesario* que no transgredir sea equivalente a ser pasivo frente al espacio. De hecho, no hay ninguna necesidad de ir por ahí transgrediendo el espacio para sentirse un participante activo.

    Discrepo para precisar. A pesar de ello, estamos culturalmente acostumbrados a ser pasivos frente al espacio. No es sólo que disfrutamos del espacio y nos integramos a él, sino que no tenemos una cultura de apropiación del espacio, sea para transgredirlo o simplemente para hacerlo propio. Los espacios nos son ajenos, y eso se muestra en una grave falta de tradición de preservar, defender y aprovechar el espacio público. Caso paradigmático es Luis “Bob Constructor” Castañeda, quien no transgrede sino que destruye el espacio, no reivindica su plasticidad sino que la aniquila con concreto y fórmulas simples y trilladas de una noción de pseudoprogreso. Y, sin embargo, lo sigue haciendo y cuenta con alta aprobación.

    Es cierto, uno puede disfrutar del espacio. Pero nosotros estamos acostumbrados a hacerlo sin reconocer, o asumir que ese espacio disfrutado sea nuestro.

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