Fabricando el consenso

Acabo de terminar de darle una nueva revisada a un texto de Noam Chomsky, El control de los medios de comunicación, en el cual expone su conocido “modelo de propaganda” para la interpretación de los medios de comunicación, en el contexto particular de la democracia en los Estados Unidos y la guerra del Golfo Pérsico de principios de los noventas. El artículo, aunque sumamente discutible, no deja de ser sumamente interesante y de importante relevancia para cualquier persona interesada en entender el papel que juegan los medios de comunicación en las construcciones ideológicas y el discurso político contemporáneo. Uno de los pasajes que más me gustó:

La cuestión estribaba en la idea de que había que enfrentar a la gente contra los huelguistas, por los medios que fuera. Se presentó a estos como destructivos y perjudiciales para el conjunto de la sociedad, y contrarios a los intereses comunes, que eran los nuestros,los del empresario, el trabajador o el ama de casa, es decir, todos nosotros. Queremos estar unidos y tener cosas como la armonía y el orgullo de ser americanos, y trabajar juntos. Pero resulta que estos huelguistas malvados de ahí afuera son subversivos, arman jaleo, rompen la armonía y atenían contra el orgullo de América, y hemos de pararles los pies. El ejecutivo de una empresa y el chico que limpia los suelos tienen los mismos intereses. Hemos de trabajar todos juntos y hacerlo por el país y en armonía, con simpatía y cariño los unos por los otros. Este era, en esencia, el mensaje. Y se hizo un gran esfuerzo para hacerlo público; después de todo, estamos hablando del poder financiero y empresarial, es decir, el que controla los medios de información y dispone de recursos a gran escala, por lo cual funcionó, y de manera muy eficaz. Más adelante este método se conoció como la fórmula Mohawk VaIley,aunque se le denominaba también métodos científicos para impedir huelgas. Se aplicó una y otra vez para romper huelgas, y daba muy buenos resultados cuando se trataba de movilizar a la opinión pública a favor de conceptos vacíos de contenido, como el orgullo de ser americano. ¿Quién puede estar en contra de esto? O la armonía. ¿Quién puede estar en contra? O, como en la guerra del golfo Pérsico, apoyad a nuestras tropas. ¿Quién podía estar en contra? O los lacitos amarillos. ¿Hay alguien que esté en contra? Sólo alguien completamente necio.

Hace tiempo, compilando algunos recursos básicos para pensar el problema de la tecnología (una serie de posts que debería seguir compilando), mencioné también el trabajo de Noam Chomsky con Edward Herman, el documental de los años ochenta Manufacturing Consent, que esboza en mayor extensión más o menos la tesis central del modelo de propaganda – esto es, la noción de que los medios de comunicación, en la medida en que están corporativizados y privatizados, responden a un propósito fundamental que no es informar a la opinión pública, sino perpetuar las condiciones en las cuales el mercado y la producción sigan en movimiento y el público se mantenga en el ciclo del consumo. El filtro por el cual pasa toda información en los medios es, entonces, el filtro de todo aquello que garantice la continuidad operativa del mercado (lo cual podemos observar, también, en nuestro uso de los espacios físicos en alguna medida, como la privatización del espacio público).

El documental completo de Manufacturing Consent se puede encontrar en línea, subtitulado al español. Aquí la primera parte:

A pesar de que la explicación de Chomsky es sumamente convincente – y perturbadoramente bien documentada – creo que, en general, tiene dos problemas de fondo. El primero es que básicamente asume que hay, en efecto, tal cosa como un “rebaño desconcertado”, o que las masas ignorantes pueden, de hecho, ser dominadas fácilmente por los medios masivos. Sin llegar a decir que no sea totalmente así, creo que el proceso es considerablemente más complejo en la manera como diferentes grupos pueden apropiarse de diferentes maneras de un mismo mensaje o de un mismo medio. Eso por un lado, pero por otro, Chomsky parece hablar desde algo-así-como una posición no ideológica, lo cual es, por supuesto, consistente con su teoría lingüística (que hace referencia directa a su herencia cartesiana sin mayores reparos). Chomsky sí cree que hay tal cosa como una realidad de hechos detrás del engaño de los medios que hacen una ingeniería del consenso, y que el camino político para esta dimensión real radica en el manejo de mayores cantidades de información. Esto determina para él, además, la separación entre el buen ciudadano y el simple consumidor pasivo, en aquel que se toma la molestia de investigar más y tener una visión más completa de los asuntos.

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