BTR: Marx, la ciencia y la ideología

[Parte de mi proyecto Back To Roots]

El problema de la relación entre ciencia e ideología en Marx es uno de los que me resultan más interesantes, si no el más interesante, personalmente. Y es también uno de los problemas teóricos que más problemas prácticos genera, porque de la epistemología que se encuentra detrás del marxismo se desprenden muchas de las pretensiones de legitimidad de su acción práctica. Puesto bien esquemáticamente, Marx considera que lo que él hace es ciencia, mientras que lo que todos los demás hacen se ideología. La diferencia radica en la separación entre la infraestructura económica, y la supraestructura ideológica: la primera está conformada por el aparato productivo de una sociedad, y las relaciones sociales que se construyen para manejar ese aparato. Por ser lo que Marx considera la base material de la sociedad, es a partir de allí desde donde se determina el contenido de la supraestructura ideológica, el ámbito de lo religioso, lo jurídico, lo político, lo cultural, lo filosófico, y demás. En otras palabras: toda aquella teoría que se instale en el ámbito de lo materialmente efectivo, de lo medible, es decir, en el ámbito de lo económico, podrá considerarse como ciencia, mientras que toda teoría que se instale, más bien, en el orden de todo aquello que deriva de la economía, no podrá ser sino ideología.

De allí que la principal crítica de Marx a los neohegelianos de izquierda sea que antepongan los productos de la consciencia a la base material de la sociedad. Como señala en La ideología alemana, para distinguirse de ellos:

Las premisas de que partimos no tienen nada arbitrario, no son ninguna clase de dogmas, sino premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica.

A partir de esta pretensión epistemológica se puede entender por qué Marx se considera aún como un pensador de la modernidad: en el fondo, Marx considera que con el método adecuado se puede penetrar profundamente en el núcleo mismo de lo real, que es en este caso la manera como una sociedad produce. Desde ese núcleo de lo real puede denunciarse científicamente que toda forma que no se derive de ese núcleo, es una forma ilusoria, un engaño. Desde la infraestructura económica se hace ciencia; cualquier otra cosa no es más que ideología, y por tanto, la ideología no puede ser sino un enmascaramiento de la realidad, una legimitación del orden establecido que se juega estrictamente en el plano de lo económico y lo productivo.

Mi problema con este problema deriva, por supuesto, de la crítica filosófica del siglo XX a estos grandes sistemas totalizantes que pretenden tener la llave para alcanzar el núcleo íntimo de la realidad. Sin entrar mucho en detalle, se trata de preguntar, ¿por qué? ¿Qué hace que este punto de vista sea el privilegiado, y no otro? ¿Qué hace que este punto de vista, históricamente constituido como cualquier otro, tenga la facultad de alzarse por encima de lo históricamente constituido? Y la verdad es que no encuentro, realmente, el asidero a partir del cual esto pueda sustentarse. Esto no es trivial, porque de esto se desprende para el marxismo la posibilidad de denunciar en cualquier otra forma teórica o práctica el estar engañados y no ver la realidad como realmente es. Pero, si lo analizamos hasta el fondo, el marxismo mismo tampoco tiene el fundamento para decir que conoce la realidad como realmente es, pues su perspectiva es, también, un producto de la historia, y no de la iluminación divina espontáneamente brillando sobre el buen Karl.

De lo cual se desprenden, me parece, dos conclusiones igualmente interesantes. La primera es que el marxismo no es ciencia. Y eso es bueno. Porque significa que como tal, es un pensamiento mucho más móvil, mucho más dinámico y mucho más prometedor que si intentamos congelarlo bajo el estandarte de la ciencia, y ni siquiera de cualquier ciencia, sino de la ciencia decimonónica, positivista de su época. Es decir, reconocer que el marxismo no es ciencia, sino otra cosa (cualquiera que sea esta otra cosa) permite descartar una serie de críticas y dejar de lado una serie de problemas que buscan reconciliar internamente la teoría marxista de tal modo que cuadre perfectamente, que sea lo suficientemente consistente como para ser denominado ciencia. Y coincido (creo que es con Popper, si mal no recuerdo) en que el marxismo es tanto ciencia como lo es el psicoanálisis – es decir, que ninguno realmente lo sea. Sólo que no creo que eso sea un problema: creer que lo es sería, de nuevo, medir las teorías bajo la valla del cientificismo propio del siglo XIX que, me parece, podemos cómodamente dejar atrás.

Lo segundo sería que, entonces, caería bajo su propia concepción de la ideología. Lo cual nos permite reivindicar el ámbito de lo ideológico como uno mucho más interesante y rico de lo que Marx le otorgaba. Porque, para empezar, nos permite reconocer que no hay construcción teórica o práctica que pueda suscribirse plenamente de lo ideológico, y nos plantea también que la relación entre infraestructura económica y supraestructura ideológica (términos que se vuelven un tanto obsoletos) se vuelve algo un poco más complejo. La Escuela de Frankfurt en los años 20 y 30 empezará a considerar, por ejemplo, que la relación entre ambas dimensiones es más bien dialógica, lo cual guarda también relación con el trabajo de Max Weber a principios de siglo. El marxismo ortodoxo, en cambio, optará por continuar la defensa de la separación rígida entre ciencia e ideología, en parte por una cuestión de consistencia teórica y en otra parte por una cuestión de consistencia política.

Esto ha hecho, también, que el espacio de exploración del terreno ideológico se vuelva mucho más rico en las últimas décadas, con resultados mejores y peores. Quiero seguir volviendo sobre este tema, pero quiero compartir dos nociones sobre la ideología que me resultan sumamente sugerentes. La primera es la del filósofo pragmatista estadounidense Richard Rorty, quien en el peor de los casos considera la categoría de lo ideológico como innecesaria, y en el mejor como necesitada de reformulación. En su artículo Feminismo, ideología y deconstrucción: una perspectiva pragmatista, Rorty señala sobre la ideología:

Este representacionalismo no concuerda ni con la insistencia pragmatista en que la verdad no es una cuestión de correspondencia con la naturaleza intrínseca de la realidad, ni con el rechazo deconstruccionista de lo que Derrida llama “la metafísica de la presencia”. Los pragmatistas y los deconstruccionistas están de acuerdo en que todo es un constructo social, y que no tiene objeto intentar distinguir entre lo “natural” y lo “meramente” cultural. Están de acuerdo en que la cuestión es qué constructos sociales desechar y cuáles mantener, y en que carece de sentido apelar al “modo en que las cosas son realmente” durante las luchas alrededor de quién consigue construir una cosa u otra.

La otra perspectiva que me parece sumamente ilustrativa sobre el sentido que se le puede dar a la noción de ideología es presentada por Jon Elster (haciendo referencia a Douglas North), un heredero contemporáneo del marxismo que ha buscado por muchos caminos su actualización, en su libro Ulises y las sirenas:

Aquí sólo mencionaré el argumento de Douglas North en el sentido de que una ideología es “un modo de economizar los costos de información y por consiguiente es en general una respuesta racional”, porque nos ahorra la molestia de evaluar cada situación por separado y sobre sus propios méritos.

No creo que el ámbito de lo ideológico se reduzca a eso, pero me parece una perspectiva sumamente interesante para entender la función que cumple la ideología en nuestras vidas cotidianas, así como la manera como podemos tener acceso a la re-construcción de esta categoría más bien abstracta. No podemos ver la ideología; sólo podemos ver sus prácticas cotidianas manifiestas, y a partir de ellas re-construir lo que podría ser una descripción convincente de una construcción ideológica. El camino tiene un poco el mismo sentido de ida y vuelta: intentar dar cuenta a partir de las decisiones que tomamos de los mecanismos que operan cuando tomamos decisiones. El sentido, si queremos ampliarnos un poco más allá, alcanza la misma manera como le damos sentido a nuestras vidas para orientar el curso de estas decisiones. Pero esto ya es ponernos demasiado existencialistas para este momento.

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2 Responses to BTR: Marx, la ciencia y la ideología

  1. Erich Luna says:

    Interesante el post.

    Sin embargo, discrepo en pensar que la noción de ciencia sea tan “moderna”, si por moderna entendemos esa suerte de visión “neutral”, “universal”, “empírica”. Yo sé que Marx sostiene eso en la ideología alemana, pero creo que su noción de ciencia sí es moderna, pero en sentido hegeliano y no positivista. Pero, más allá de eso, lo importante es que no es una ciencia “descriptiva” o “neutra”. Es justamente el potencial CRÍTICO el que aleja al marxismo de la ciencia positiva, en la medida en que busca disolver el orden existente y no únicamente saber cómo opera (ad neohegelianismo de izquierda que pensaba que teniendo la cociencia de las cosas, uno “automáticamente” se emancipaba).

    ¿A qué quiero ir con todo esto? Que el privilegio epistemológico más importante, para mí, es el que concierne a que marxismo es ciencia porque habla desde el proletaria. Esa sería, para mí, su “justificación última”. Ahora, esto no debe entenderse de una manera banal como si el argumento fuera demagógico, léase: “lo que hacemos es ciencia, ya que es lo que el proletariado cree, o lo que necesita”. La cuestión es más profunda porque el concepto de proletariado tiene una signifiación mucho más dialéctica que “pobre”: es la negación última de la humanidad.

    Por ser la negación útlima, la ciencia que elabora NO TIENE INTERESES DE CLASE COMO LAS DEMÁS. Esto no quiere decir que no tenga intereses de clase, lo que quiere decir es que no busca dominar a otra clase PORQUE NO HAY NADIE MÁS EXPLOTADO/ ALIENDADO/ ENAJENADO/ ETC. De ahí que el marxismo sea ciencia, no por ser “empírico”, sino porque justamente porque ve privilegiadamente la realidad desde el lugar de una clase social que no tiene intereses que preservar, es decir, que sus intereses son los intereses de todos.

    Ahora, no está del todo mal la salida pragmatista de decir “que bueno que no sean ciencia, pero son chéveres, interesantes, bonitos, etc”. Sin embargo, me parece que es medio banal. Los psicoanalistas y los psicoanalizados no creen que lo que hacen es un mero pasatiempo divertido con palabras graciosas o meras “herramientas” “interesantes”, “creativas”, “etc”. Los marxistas que van en serio no creen que la filosofía de Marx es una anécdota de sobremesa. Badiou y Zizek, por poner dos ejemplos de marxistas que para mí son respetables, creen firmemente en que el comunismo es algo que debe de advenir y por lo que hay que luchar. No creen que la crítica marxista sirve únicamente para hacer un paper gracioso sobre el consumo o ejemplos interesantes sobre lo contradictorio que es el mundo.

    Curiosamente es la salida pragmatista la que, prácticamente, no sirve para generar cambios, o en todo caso preserva el status quo. Es ese sentido común de la filosofía donde hay un montón de juegos del lenguaje, culturas y demás, donde todos son iguales y libres, donde nadie puede faltarle el respeto a nadie, donde no hay “puntos privilegiados”, el que Badiou, por lo menos, considera lo ideológico de nuestro sentido común filosófico contemporáneo. Es lo que el llama “materialismo democrático”.

    Obviamente no creo que Badiou piense el marxismo de la misma manera que Marx. De hecho no creo que ningún marxista respectable lo haga. Pero creo que Badiou, y otros, son hitos contemporáneos necesarios por los que uno tiene que pasar si es que quiere ver hasta donde ha llegado una refelxión marxista seria, rigurosa y madura. La distinticón previa era porque creo que es justamente en la distinción entre lo crítico y lo neutral donde se juega el aporta actitudinal de Marx y de los intelectuales marxistas. No es un hobby de internet (o de universidad), sino buscar cambiar el mundo y emancipar al ser humano.

    • Eduardo says:

      Responderé a lo último primero. No me parece que sea una salida banal, ni he intentado banalizar el marxismo al querer decir que su pretensión de ciencia me parezca poco relevante – de hecho, creo que pensar que eso es banalizarlo es, de nuevo, darle a la ciencia un estatuto ontológico privilegiado que no me convence. No reduzco el marxismo a papers graciosos, y si eso es lo que se entiende entonces no me he explicado bien. Lo que intento decir es que la pretensión de ser ciencia le hace más daño que beneficio, pues lo obliga a responder a cuestiones epistemológicas a las cuales, simplemente, no puede. Al menos no desde Marx, lo que Badiou haga con ello es algo que no conozco así que no puedo decir nada al respecto.

      Más aún porque hablas de lo que los marxistas-en-efecto pueden creer sobre la ciencia. Justamente por lo mismo que ellos no creen tener “herramientas interesantes”, tampoco creo que, por una cuestión histórica, tengan en mente la Ciencia de la Lógica de Hegel cuando hablan del marxismo como ciencia última de la historia. Así que aunque es cierto que el molde de la ciencia que toma Marx es el de un sentido hegeliano, no es necesariamente de lo que se habla folklóricamente cuando se habla de la ciencia del materialismo histórico.

      Pero eso en realidad me aleja de lo que quiero decir – que es, de nuevo, decir que pretender ser ciencia crea más problemas de los que resuelve, por la misma razón que has señalado (el proletariado como suelo epistemológico). No creo que mi salida “pragmatista” (y ojo que Rorty aquí es punto de paso, no de partida ni llegada) banalice o trivialice el estudio o el propósito del marxismo, sino todo lo contrario, creo que lo reivindica en el sentido que para mí tiene el tipo de análisis que realiza Zizek (aunque probablemente él mismo tenga una interpretación sobre sí mismo diferente a la mía). La crítica que puede significar un paper gracioso sobre el consumo no es sobremesa, sino que sirve para hacer evidentes ciertas inconsistencias y contradicciones que de otra manera no salen a la luz. Decir que efectivamente la realidad es de tal o cual manera, me parece que es ir demasiado lejos; insinuar que es posible que la realidad sea de esta manera, en cambio, es el hilo conductor que lleva a la movilización de los individuos en primer lugar, a cuestionarse por qué las cosas son como son, y en segundo lugar, a preguntarse si no podrían ser mejores de otra manera.

      Eso por un lado, por decir que la “ideologización” del marxismo no me parece su trivialización, sólo el reconocimiento de sus propias limitaciones. De allí, se extienden una serie de otras cosas: empezando porque no, no creo que haya puntos privilegiados epistemológicamente pero eso no quiere decir que no los haya histórica o políticamente, pues de hecho hay discursos dominantes. Sin embargo, la distinción me parece importante, porque puedo estar – sin haberlo leído – de acuerdo con Badiou respecto a lo segundo, pero no sobre lo primero (aún reconociendo que lo segundo termina por extenderse y absorber a lo primero). De allí que tampoco crea (yo) que la labor del marxismo sea ningún tipo de revelación o realización de una verdad oculta, sino que no es otra cosa que la búsqueda por cimentar una concepción alternativa de las cosas en competencia con muchas otras – y que crea, además, que tiene todas las de perder si se entiende a sí mismo de la otra manera. Que no haya puntos de vista privilegiados epistemológicamente no es la consagración de la neutralidad, sino lo contrario, su negación.

      Creo que he olvidado varias ideas en el camino, pero aquí hay una buena base para seguir la discusión. Ya volverán.

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