BTR: Leer a Marx

[Parte de mi proyecto Back To Roots]

Uno de los principales problemas que encontramos al volver sobre los textos de Marx y sobre la teoría marxista son las ediciones existentes. Durante mucho tiempo, sobre todo durante la Guerra Fría y con el apoyo del Partido Comunista de la Unión Soviética, se publicaron cientos de ediciones de obras de Marx, del marxismo ortodoxo de la línea de turno en Moscú, y de autores relacionados en todo el mundo, bajo el formato de ediciones populares destinadas a difundir la doctrina de los partidos comunistas entre los proletarios del mundo. Se trataba de un esfuerzo ciertamente reconocible de “ilustración” para difundir las ideas revolucionarias.

El problema es que, desde el punto de vista académico o teórico, la gran mayoría de estas ediciones son nefastas. En primer lugar, por el poco cuidado que se tiene con las ediciones. Muchos de los textos son mutilados de maneras poco claras, resumidos sin criterios explícitos, o adaptados para reflejar más claramente la versión dominante de la revolución que presentaba el liderazgo del partido. Es decir, frecuentemente estas ediciones estaban fuertemente cargadas políticamente no sólo en su contenido, sino en la misma selección de textos y en la manera como eran editados. Por otro lado, su fácil difusión ha contribuido también a que múltiples generaciones se hayan formado leyendo estas versiones, de manera que para muchas generaciones de seguidores de Marx la versión de los textos que han leído ha estado muy lejos de ser la más adecuada para recoger su complejidad.

(Esto ha afectado, también, a otros textos y autores relacionados. Por ejemplo, existe una edición, cubana si no me equivoco, de la Filosofía del Derecho de Hegel que lleva como prólogo la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel de Marx – lo cual no aporta, por supuesto, a un lectura más comprehensiva del texto.)

El otro problema importante, que nos afecta particularmente, es el problema de las traducciones. Y es que, en muchos casos no se realizaron traducciones directas y críticas de los textos originales en alemán, sino que se trabajó con retraducciones del francés, italiano o incluso del ruso. Con lo cual mucha de la complejidad del idioma original se perdió en el camino, en ediciones que no venían acompañadas del aparato crítico que señalara dónde se encontraban las diferencias con los originales. Con El Capital, por ejemplo, quizás la obra más importante de Marx, es muy fácil encontrar la edición de la editorial Cartago que es, sin embargo, una retraducción del francés cuya edición original es de por sí problemática (Daniel ha hecho un buen catálogo de las traducciones al español de El Capital). De manera similar ocurre con diversos otros textos. Y la cosa es tanto más grave porque, en muchos casos, estas ediciones son las únicas o de las pocas que existen en español para muchos de otros textos. La edición de los setentas de La ideología alemana, de Ediciones Pueblos Unidos, por ejemplo, es la única de la que tengo conocimiento en español de este texto fundamental (la traducción es del siempre fiel y casi siempre confiable Wenceslao Roces, el hombre que ha traducido más libros de los que yo he leído).

A esto hay que agregar, además, el sumamente cuestionable “aporte” al entendimiento del marxismo que muchos de los comentarios y elaboraciones publicados de la misma manera han hecho en las últimas décadas. Al no poder (ni querer, tampoco) estos mismos trabajos acceder a fuentes originarias de calidad, además de responder casi siempre a cuestiones políticas ajenas a los textos, los contribuciones de comentaristas y analistas de Marx frecuentemente ayudan poco a entenderlo mejor, al menos dentro de la línea ortodoxa. El popular manual de Marta Harnecker, por ejemplo, tan fácil de conseguir hoy día en cualquier feria de libros viejos, ha sido quizás el documento más importante en la configuración del entendimiento del marxismo y de la izquierda para toda una generación de jóvenes latinoamericanos de hace unas décadas. Pero todo lo que sintetiza en forma de manual lo elimina al mismo tiempo en complejidad y profundidad de un pensamiento que reclama ser criticado en la misma medida en la que criticaba.

Finalmente, una cuestión de contexto. Y es que la obra de Marx suele entenderse de una manera, me parece, demasiado aislada. No sólo aislada de su particularidad histórica (comprensible por la misma perspectiva del propio Marx, que pretendía hacer ciencia de la historia universal), sino también de sus antecedentes intelectuales. Es decir, aunque bien se puede leer y entender a Marx a partir de Marx, hay ciertos referentes, como los mismos pensadores del liberalismo político y económico, sus compañeros neohegelianos de izquierda en su juventud, y, sobre todo, su herencia del mismo Hegel, que enriquecen enormemente la comprensión de su teoría y hacen aparecer una serie de otras dimensiones que no son tan evidentes. Una perspectiva comparada y contextualizada, entonces, también ayuda mucho a entender de dónde vienen y a dónde van las ideas de Marx.

Escapa a mi intención aquí realizar un catálogo de qué textos son recomendables y cuáles no, por tratarse de un tema sumamente discutible y extenso y que, por supuesto, no manejo del todo – aunque sería una discusión interesante a tener en los comentarios. En realidad, estas notas van simplemente con la intención de señalar algo que deberíamos tener siempre presente al leer cualquier texto: que debemos tener en cuenta que lo que estamos leyendo responde a un proceso más complejo de lo que parece. En particular, en el caso de los textos de Marx, que se encuentran de por medio todas estas capas que pueden de alguna manera transformar la perspectiva y la teoría con la que nos encontramos. Y, por supuesto, que mucho de lo que se dice y hace al respecto se dice y se hace a partir de fuentes con muchos problemas, que muchas veces no se detienen a cuestionar.

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5 comentarios sobre “BTR: Leer a Marx

  1. Pero, por ejemplo, el Fondo de Cultura Económica tiene buenas traducciones de Marx, así como Siglo XXI. Alianza Editorial tiene una traducción de Manuscritos económicos y filosóficos, con prólogo de Fromm (que Raimundo Prado recomendaba en San Marcos). Yo tengo una edición bien simpática de los Grundisse, de una serie llamada Comunicación. Claro, de allí han sacado algunas partes que salieron publicadas como “Formaciones precapitalistas” (por los apuntes de Marx sobre las formas sociales previas al capitalismo).

    El finado Abugattas insistía en ubicar a Marx dentro del pensamiento moderno y cómo aquel que llevó al límite las preguntas sobre la modernidad (por sus reflexiones sobre el desarrollo, el progreso, la historia, la necesidad de mirar más allá del presente, etc.). Mucho en la línea de Berman.

    Otro autor al que hay que darle más de una releída es Max Weber. Tiene una frase, recogida por Mitzman en Iron Cage, que dice (la recuerdo casi fielmente) que las ciencias sociales no pueden hacer nada sino toman como punto de partida a Marx y Nietzsche. Finalmente, las ciencias sociales, su reflexión, es una reflexión sobre la modernidad.

    Saludos

  2. Sí, de hecho hay muy buenas traducciones disponibles. Las del Fondo cumplen, pero se quedan un poco cortas. Uno puede trabajar con su versión de El Capital (traducida por Wenceslao Roces, quien merece un monumento o al menos un club de fans) tranquilamente, pero tendrá una mucho mejor fuente en la edición de Siglo XXI. De hecho, las ediciones de SXXI sí son, a mi parecer, excelentes, y la edición de El Capital en 8 tomos que tiene es un recurso sumamente valioso. Tienen también textos menores y textos de juventud muy buenos.

    Yo mismo utilizo la edición de Alianza de los Manuscritos y no conozco de otras buenas, y La ideología alemana de Pueblos Unidos, también de Roces, y no he visto otras ediciones. Las ediciones del FCE a menudo son las únicas que hay – por ejemplo, la traducción de Roses de la Fenomenología del Espíritu de Hegel ha sido la única disponible en español hasta hace un par de años que por fin se publicó una nueva traducción con un aparato crítico enorme.

    En general, creo con las ediciones de Siglo XXI no hay pierde. Pero lo importante es, en realidad, un fuerte escepticismo con muchas otras ediciones que han servido más como panfletos que como documentos propiamente “educativos”.

    Totalmente de acuerdo respecto a Weber, sobre todo para ver también lo que ocurre con Marx y el marxismo después de los años 30. Para leer autores de la Escuela de Frankfurt, o al propio Habermas, por ejemplo, es referente casi imprescindible.

    @Itaca – muy buena referencia también al texto de Rochabrún. Todavía no me lo consigo, pero he escuchado muy buenas cosas y el enfoque que le da Rochabrún ha Marx es muy interesante y un excelente aporte que viene, además, desde nuestra propia realidad.

    Cualquier otra sugerencia es bienvenida, gracias por los comentarios.

    1. Desearía saber cuáles son los criterios que usted maneja para determinar si una traducción es “buena”. Quizá la única posibilidad sería concocer el idioma original en que una obra fue publicada, de tal modo que a través de una comparación podría determinarse la pertinencia del trasvase idiomático, pero en ese caso, lo mejor sería leer directamente la obra en dicho idioma. Ahora, aquellas personas que no dominan tal idioma, o que, sencillamente, no lo conocen, tendrían que acoger la única posibilidad que les queda: leer la obra traducida; y volvemos la inicio: ¿cuáles son los criterios que se debrían considerar para determinar que una traducción es “buena”?

      1. No sé nada de alemán, así que mi conocimiento de las traducciones de las que hablo no es de primera mano. Es por otras referencias textuales o recomendaciones que he recibido en los últimos años.

        La discusión respecto a qué hace una buena traducción es muy profunda e interesante, y no sabría bien por dónde empezar, así que me referiré más bien a cuestiones más operativas. En particular, me preocupa el tema de las retraducciones, en el caso de ediciones que son traducidas a partir de una traducción y no de la obra original, pues sí considero que una traducción literal es imposible y, por tanto, si toda traducción es ella misma una obra, traducir una traducción es traducir otra obra, pero no la original.

        Otra consideración importante es el aparato crítico. Una traducción que no justifica por qué toma ciertas decisiones en ciertas partes, me parece, esconde mucho al lector que bien podría ser relevante. A veces la única manera de comunicar realmente el contexto a partir del cual viene una expresión es complementándola con notas y explicaciones y ejemplos, y aunque esto complica un poco la lectura, es algo así como el precio a pagar si queremos tener una aproximación mejor informada hacia la obra original y entenderla en su contexto.

        En general me parecen mejores traducciones aquellas que brindan más contexto y mejor información para poder entender el sentido amplio de lo que dice un texto. Aquellas que reconocen la complejidad, oscuridad e incluso, por partes, imposibilidad de la traducción, me parecen más sinceras y más recomendables que aquellas que creen poder traducir plenamente el significado de un texto a otro, sin que medie pérdida (o ganancia) alguna de significado.

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