Reordenando el mundo

Mientras nuestros canales de información era limitados, había una serie de supuestos que estábamos limitados a tener sobre la información. Pero estos supuestos sobre la información, y sobre el conocimiento, se encuentran inevitablemente limitados por la manera en la que hemos ordenado la información la mayor parte de nuestra existencia, que está, a su vez, limitada por el espacio físico.

Categorías

Desde las primeras bibliotecas medievales se encontró la necesidad de ordenar los manuscritos que se tenían de alguna manera que tuviera sentido, y que nos permitiera encontrar la información de la manera más fácil posible. De allí se desprendió que, durante mucho tiempo, se dieran discusiones interminables sobre cómo estaba mejor organizado el árbol del conocimiento: básicamente buscando capturar en él la estructura misma de la realidad, para replicar siguiendo la misma estructura nuestro conocimiento sobre la realidad. Por una cuestión de espacio, una biblioteca no podía tener todos los objetos ordenados de más de una manera, pues eso habría sido poco eficiente: de tal manera que el orden escogido tenía que ser el más verdadero. Las categorías que usáramos en ese orden eran, por extensión, las categorías mismas de la realidad, y asignamos a cada una de esas categorías diferentes guardianes que distingan entre lo válido y lo inválido, lo verdadero y lo falso, lo que era conocimiento y lo que no.

Así, sólo podía existir un sólo ordenamiento verdadero de la realidad. Una sola verdad, a la cual podríamos acceder si seguíamos el método correcto. Pero lo que esta idea velaba era, primero, que optábamos por un sólo ordenamiento por un tema de limitaciones de espacio. Segundo, que ese único ordenamiento no era “natural”, sino que era una construcción humana, falible y por lo mismo, cuestionable y mejorable.

Cuando aplicamos la misma lógica del texto a la manera como operaban medios como la radio y la televisión, reprodujimos la misma estructura básica sobre el ordenamiento del mundo: lo verdadero y lo falso, los acertados y los equivocados. Conforme el alcance de los medios se ampliaba, el poder de los guardianes se hacía también cada vez más grande, así como la percepción de que, por lo mismo, los medios cumplían la función social de informar a sus consumidores respecto a lo que era la información verdadera. Y de hecho, durante mucho tiempo, profesiones como el periodismo han mantenido la idea de que su labor es reportar la verdad, que pueden tener acceso a las cosas como realmente son y comunicar eso, desprejuiciada y objetivamente, a los espectadores que no están bien enterados de lo que está pasando. Parte de esta noción es la que podemos ver en la película Buenas noches y buena suerte:

Pero aquí, podemos ya empezar a atar cabos. Porque, primero, habíamos visto que la idea de un único ordenamiento del mundo – de una única verdad – derivaba de una limitación física para ordenar la información, que además debía ser preservada y protegida. Sin embargo, si como hemos visto, la introducción de la tecnología digital construye un modelo participativo para la construcción de la cultura, ¿dónde queda entonces el ordenamiento único del mundo?

El asunto es que ya no lo necesitamos, pues cuando dejamos de hablar de átomos para empezar a hablar de bits, las limitaciones que se aplicaban en el mundo físico dejan de tener validez. Cuando la información está distribuida en bases de datos en lugar de estantes, puedo ordenarla de múltiples maneras sin verme limitado por la cantidad de espacio disponible. La diferencia entre uno y otro modelo es la misma diferencia entre ordenar tu correo electrónico en Hotmail o en Gmail – con carpetas o con etiquetas: bajo la primera figura, puedo guardar un correo bajo una, y sólo una categoría. Si tengo categorías para “familia” y “amigos”, un correo de mi primo con copia a un amigo sólo puede ir en una de las categorías, lo cual no es tan efectivo. Con etiquetas, en cambio, puedo marcar el correo bajo ambas posibilidades y encontrarlo buscando desde cualquiera de los puntos de vista. Y puedo construir taxonomías que respondan a múltiples necesidades y propósitos, en múltiples contextos. En otras palabras, puedo dejar de lado los supuestos que aplicaba a la información en el mundo físico, y entonces, como señala David Weinberger, “todo es misceláneo”:

¿Y ahora quién se encarga de ordenar esto?

El problema es que la consecuencia inevitablemente nos da un poco de miedo. Porque significa, básicamente, reconocer que todo punto de vista se da siempre desde alguna posición, en mayor o menor medida, parcializada. Significa que no podemos confiar nunca en los medios plenamente, ni siquiera cuando dicen reportar la verdad y los hechos, porque la manera como ordenan la información responde a una serie de variables contextuales, sociales, económicas, políticas, culturales, incluso psicológicas, que intervienen desde las categorías mismas en las que procesamos la información. Es la manera como hemos aprendido a aprender, los filtros que hemos construido para que la gran maraña bizarra que es el mundo tenga algún tipo de sentido interpretable. Hemos vivido por mucho tiempo acostumbrados a que alguien más, las personas con acceso a la información, se encarguen de filtrar y darle sentido al mundo por nosotros. Pero hoy día, nosotros mismos podemos tener acceso a múltiples fuentes de información, que muestran múltiples puntos de vista. Entonces, ¿a cuál debemos darle la razón?

La respuesta decepcionante es que, a ninguno. Porque ahora podemos entender una serie de cosas nuevas sobre la información y el conocimiento. Y ninguna de las fuentes tendrá la información completa ni el acceso a una supuesta verdad de los hechos. Si no podemos confiar plenamente en lo que recibimos de los medios, y nosotros mismos tenemos acceso a múltiples fuentes de información, eso nos pone a nosotros en la posición de no ser consumidores pasivos de lo que vemos, sino que somos capaces de filtrar, comparar, y discernir nosotros mismos, qué información es mejor que otra, cómo se comparan las fuentes, y demás. Pero no estamos acostumbrados a hacerlo, y es más, probablemente no lo queremos hacer. Y nadie nos vino a preguntar.

Pero eso no quita, igual, que nos encontremos en esta posición. Nuestro rol como consumidores de información ha cambiado: no somos sólo lectores o espectadores, sino que podemos también responder, podemos procesar, criticar, agregar la información de diferentes maneras para formular y comunicar nuestro propio punto de vista. Ésta es la figura del prosumidor, del productor/consumidor, cuyo consumo es transformador de lo consumido. Asumimos múltiples roles en la manera como nos comportamos frente a las fuentes de información. Alcanzar algún tipo de verdad se vuelve menos importante que el proceso mismo por el cual le damos sentido a la información del mundo que nos rodea.

Y esto alcanza múltiples niveles de la manera como formulamos conocimiento.

Inteligencia colectiva

La autoridad respecto al conocimiento, por todo esto, ya no proviene de las mismas fuentes. Porque lo que podemos entender como conocimiento ha variado: de entenderlo como un producto dotado de ciertas propiedades especiales, a entenderlo como un proceso marcado por una serie de características peculiares. La diferencia entre Britannica y Wikipedia ilustra aún más esta distinción: Britannica se concentra en que cada edición sea lo más acertada y fidedigna que sea posible. Wikipedia, al no tener ediciones, es un recurso en constante evolución donde el conocimiento no sólo está en sus páginas, sino también en sus interacciones y en sus foros de discusión.

Y esto es importante, por lo siguiente: en la inmensa marea informativa que nos abruma cada vez más horriblemente, es imprescindible desarrollar estrategias que nos permitan darle sentido a cantidades de información y conocimiento vastamente mayores que nuestra propia capacidad para procesarla toda. De allí que contextos como Wikipedia sean un ejemplo de la manera como se articulan inteligencias colectivas, o lo que es lo mismo, reconocer que la inteligencia y el conocimiento no son producto de la simple brillantez de una persona, sino que el conocimiento surge de las interacciones.

Cada vez más, y sobre todo en línea, participamos de contextos y comunidades en las que estamos permanentemente intercambiando información, recomendaciones, opiniones, y las referencias de las personas con las que interactúo me sirven como los filtros a partir de los cuales empiezo a moldear la información que consumo e intercambio. Lo cual hace que, también, cada vez más el conocimiento fluya por caminos que no necesariamente son los formales, o los que hemos conocido usualmente, sino que se formula en todos aquello lugares en los que hay interacción entre personas.

Esto plantea un desafío enorme – porque no estamos preparados aún para concebir así el flujo de información. Lo digo en el sentido de que no nos concentramos en desarrollar las habilidades, los criterios, la alfabetización mediática que nos permita asumir las responsabilidades que este proceso prácticamente nos impone. Lo cual quiere decir, también, que mucho de la manera como estamos orientando la educación no va por el mismo camino de la manera como las redes sociales de intercambio de información están desarrollando habilidades, especialmente en los jóvenes:

Este cambio nuclear en la manera como construimos conocimiento, y esta nueva necesidad por nuevas habilidades, tiene ramificaciones por todos lados. Se abre la puerta a la multiplicidad de perspectivas a todo aquello que antes era unitario. Y eso tiene también efectos psicológicos en la manera como construimos nuestras identidades y las presentamos a los demás en diferentes contextos. Así como no manejamos una sola idea de cómo es el mundo, no manejamos una sola idea de quiénes somos nosotros mismos.

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3 Responses to Reordenando el mundo

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