Extensiones de nuestros sentidos

Lo que sigue son cinco pequeños ensayos. O cuatro, o seis, según como nos vaya. En ellos espero poder capturar las ideas principales del curso que he venido dictando las últimas semanas, y son una ayuda para mí para ordenar las ideas centrales que quiero repasar antes de acabar el semestre. Todo es un trabajo en proceso, pero la oportunidad de preparar este curso me ha permitido sistematizar y articular varias ideas sueltas y revisar varios elementos de bibliografía que tenía pendientes hace tiempo.

Lo que quiero intentar únicamente mapear, e incluso eso es complejo, son algunas de las categorías en las cuales los medios, la tecnología y la cultura se intersectan en los últimos años y nos ponen en la necesidad de repensar una serie de conceptos y procesos sociales. Pero lo primero es abandonar una perspectiva un poco “ingenua” de la tecnología y de los medios, en especial – aquella que nos dice que los diferentes medios de comunicación son simplemente vehículos para transmitir contenidos mentales, pensamientos, y que nuevos medios y nuevas tecnologías nos permiten ampliar cada vez más el alcance de nuestros mensajes. Es decir, de ello se desprende que cada nuevo medio y cada nueva tecnología, en la medida en que amplifica nuestras capacidades, reemplaza y supera a la generación anterior, pero esencialmente para cumplir las mismas funciones. La idea de fondo que se esconde aquí es la idea de progreso: cada generación sucesiva de medios y tecnologías nos lleva más adelante en la evolución cultural humana, y la historia de nuestras tecnologías sería, entonces, también la escala del desarrollo por el que deben pasar los pueblos.

Sin embargo, la idea que queda oculta en esta perspectiva es el hecho de que los medios no son solamente amplificadores de mensajes – no es como que vamos mejorando nuestros modelos de megáfonos conforme pasan los siglos. Porque si observamos la historia de la humanidad, la introducción de nuevas tecnologías tiene influencias más grandes en los asuntos de los hombres, consecuencias que transforman su vida social y la llevan por un curso diferente, y no solamente una versión amplificada del de siempre. Ésta es la idea que Marshall McLuhan resumió en su famosa sentencia, tan mal comprendida, de que “el medio es el mensaje”: hay un significado cultural y social que hemos sistemáticamente dejado de lado en nuestro análisis de los medios de comunicación a través de la historia, que es la manera como la forma que le damos a un mensaje determina cosas sobre el mensaje. O lo que se puede extrapolar de lo mismo: nuestras tecnologías de comunicación no son sólo vehículos, sino que cada una tiene consecuencias diferentes en la manera como nos comunicamos. Los medios, y siguiendo a McLuhan podemos entender como medios a las tecnologías en general (en tanto todas ellas introducen variaciones en la manera como nos relacionamos socialmente), no son sólo el soporte material de la comunicación sino que son también los códigos de uso que se generan en torno al medio: su gramática. Cada nuevo medio introduce, por tanto, una nueva gramática a la par que un nuevo soporte material a través de los cuales nos comunicamos.

Las consecuencias de esto, para McLuhan, son amplias, porque las tecnologías representan diferentes extensiones de nuestros sentidos, y por tanto el proceso de cambio tecnológico tiene consecuencias que se reflejan en la reconfiguración de nuestra experiencia sensorial: los nuevos medios modifican nuestra noción de escala, de tiempo y de espacio, y si aceptamos esto, entonces llegamos a la conclusión de que el cambio tecnológico implica, básicamente, una reconfiguración de la realidad misma. En otras palabras: nuevos medios y nuevas tecnologías no vienen a reemplazar a las generaciones anteriores, sino que vienen a transformar el significado de lo que es comunicarnos y, al hacerlo, a transformar también el significado de los medios y las tecnologías que existieron previamente.

Esto nos brinda un marco novedoso para reinterpretar el proceso de cambio mediático en las sociedades contemporáneas, no como un proceso lineal sino esencialmente como un proceso orgánico y caótico. Pero nos pone también en una posición muy interesante para analizar lo que está pasando ahora: según McLuhan, esta perspectiva del cambio se nos hace evidente hoy día porque antes la tecnología no permitía que una misma persona observara, en el curso de su vida, los efectos de tecnologías fundamentalmente diferentes unas de otras. Con la llegada de la tecnología eléctrica y electrónica, en cambio, el proceso se sucede con tal velocidad que estamos en una posición distinta, tal que nos permite comparar la manera como nuestra experiencia se reconfigura conforme pasan los años. De ello mismo se desprende, entonces, el punto de partida para reinterpretar la tecnología y sus efectos en el mundo contemporáneo.

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8 Responses to Extensiones de nuestros sentidos

  1. Zimmerman says:

    Seguro pecaré de ingenuidad, pero TENGO que preguntar. Si bien podemos aceptar fácilmente, como dices, que el significado de lo que es comunicarnos se va transformando conforme van surgiendo nuevas tecnologías, no se podría decir también que, al menos en un sentido más básico y fundamental, hay un núcleo que se mantiene, justamente ese que sostiene que “los diferentes medios de comunicación son simplemente vehículos para transmitir contenidos mentales, pensamientos”, entendiendo estos “contenidos mentales” y “pensamientos” en sentido amplio, claro.
    Bueno, al final mi pregunta más que nada parece comentario de conferencia de filo, hahaha.
    Espero seguir leyendo el resto de tus ensayos.

  2. Eduardo says:

    No está de más. De hecho, el mismo McLuhan menciona que el contenido de todo medio es siempre otro medio, retrocediendo hasta el habla misma, pero luego suelta que el contenido del habla no es otra cosa que algo así como el pensamiento puro. Me parece un poco ex nihilo la verdad, además de un poco inconsistente.

    Es un poco complicado hablar de alguna instancia no-mediada, justamente porque al hablar de ella la mediamos a través del lenguaje. Creo que se puede encontrar una opción más interesante por ese camino, que lo que se traduce y retraduce son diferentes lenguajes en mutuas relaciones.

    Pero hay, además, una cuestión más radical que se desprende. Que es derivar que estos “contenidos mentales” en sentido amplio, o en su variante lingüística, están delimitados por los medios a nuestra disposición. Los conceptos y las relaciones que trazamos entre ellos están estructurados en gran medida por los medios que utilizamos para desarrollarlos y comunicar nuestras ideas. Creo, espero, que habrá lugar para entrar un poco más en esto en un par de días, y creo que podríamos seguirlo discutiendo entonces con un poco más de detalle.

  3. erichluna says:

    Yo siempre he sido algo escéptico con esa lectura de que solamente son medios y medios. Creo que justamente McLuhan necesita del “pensamiento puro” para cerrar la cuestión. Aunque quizá Eduardo quiere hacer una superación análoga a la que hacen con el estructuralismo al establecer únicamente cadenas de significantes, al prescindir de un significado. En ese caso, la cosa puede ir bien, aunque nos plantea seriamente el abordar con especial atención qué es lo que realmente significa “superar a Saussure “.

    Sobre la frase, sí creo que ha sido terriblemente malentendida por alguna gente de comunicaciones (no hay ofensa). Cuando leí el libro, debo confesarlo, al inicio (durante el primer tercio) pensé que era pura charlatanería casi enteramente inservible. Pero casi terminando el segundo tercio empecé a entender mucho del primero y a darme cuenta que era un SEÑOR libro.

    Creo que,a modo de interpretación complementaria (y quizá polémica) de la de Eduardo, la frase a mi me hizo pensar en una especie de “reduccionismo mediático”, es decir, mientras que el marxismo ortodoxo daba primacía a la economía, sentía que McLuhan daba la primacía a los medios. Mientras que Marx pensaba que la revolución francesa se dió por una burguesía que debía abolir las relaciones sociales que impedían desarrollar la economía capitalista, McLuhan sostiene que la condición determinante fue… la imprenta. Sí señores, no es broma, es la imprenta.

    O que Napoleón era quien era, quizá desde una lectura marxista por los intereses de clase que representaba. Para McLuhan… porque sabía la importancia de los periódicos.

    No digo esto para ridiculizarlo. Todo lo contrario: lo que quiero resaltar es que McLuhan piensa, o por lo menos me dio a entender eso, que los grandes procesos y trasnformaciones políticas, sociales y culturales, se dan por las transformaciones que nuestros medios tienen. Por eso el medio es el mensaje. No es importante QUÉ ves en televisión, sino el que VEAS televisión. No es relevante lo QUÉ twitteas, sino el mero hecho de que TWITTEAS. Para él, es eso lo que reconfigura nuestra relación con la realidad, con los medios y con nosotros mismos.

  4. Eduardo says:

    De entrada, creo que algo que puede estar creando equívocos acá es que no he delimitado bien el alcance de mis afirmaciones. No estoy interpretando a McLuhan, sino que lo estoy usando y estoy metiendo mucho de mi propia cuchara, para establecer un marco que me servirá en las próximas entradas.

    Dicho eso, puedo precisar varios de tus puntos. Respecto al pensamiento puro, por ejemplo, no estoy tratando de salvar a McLuhan. Creo que ahí hay una patinada radical que no queda nada clara. Pero se me ocurre que si introducimos la perspectiva del lenguaje hay una posibilidad de reintroducir un poco de consistencia. Básicamente, suponer que no hay un fin de la cadena.

    Sobre tu otro punto, estoy de acuerdo y espero que en la próxima entrada el tema en particular de la imprenta pueda quedar un poco más claro. McLuhan sí parece ser decisivamente un determinista mediático, que en su caso es lo mismo que decir un determinista tecnológico y eso lo pone en un camino muy parecido al de Marx. Pero al igual que con Marx, esta unilateralidad no me resulta del todo convincente. Lo que intentaré hacer, aunque quizás no vaya lo suficientemente lejos, es que el componente tecnológico es uno de entre varios más que deben confluir exitosamente para que se dé una revolución como la de la imprenta, u hoy día la del Internet. El alcance es poco claro, en verdad, y no puedo ofrecer una respuesta que consiga convencerme ni a mí del todo. Pero sí creo que es necesario ir más allá tanto del determinismo como de un excesivo utopismo que uno podría equivocadamente sacar de McLuhan, si olvida que todo cambio mediático significa siempre amputaciones y extensiones.

  5. erichluna says:

    En esas categorías, “infámes” de aputación” y “extensión”, creo que se juega la cuestión. Digo esto porque una de las anécdotas iniciales del libro, el libro en realidad son un conjunto de anécodtas (no hay muchas citas, ni “rigor tradicional”, asumo que adrede), McLuhan saca el caso de un militar que decía que la tecnología no era ni buena, ni mala “en sí misma”. Dependía pues, del uso que le demos. Ese creo que es un gran “sentido común” acerca de la teconología hasta hoy.

    Sin embargo, McLuhan dice que este señor NO ENTENDIÓ NADA. A lo que voy es que si es cierta esa lectura, entonces esas categorías (“amputación” y “extensión”) no pueden interpretarse “neutras”, “imparciales”, ni mucho menos “no valorativas” o “o axiológicas”. Si no, lo que queda es un sepérfluo e irrelevante “algo se gana y algo se pierde” o “todo tiene algo bueno y algo malo”, “un pro y un contra”, que es justamente lo que McLuhan consideraba el error de la cuestión. Sería esa lectura simplista y “relativistioide” la que nos permitiría meramente describir y no normar.

    Si únicamente pensamos “neutramente”, dejamos la puerta cerrada para una visió crítica, que creo es la que querían rescatar Adorno y Horkheimer al elaborar el proyecto de una teoría crítica, en contraposición con una teoría tradicional, que se jacta de ser neutra y objetiva.

    De ahí que vea la necesidad, para rescatar a McLuhan de ese impasse interpretativo, de buscar en autores como Nietzsche o Marx, y después en Heidegger, posiciones valorativas y críticas acerca de la ciencia y de la técnica moderna. No digo que debemos seguir sus lecturas al pie de la letra. Me interesa más el “espíritu” que toma posición y valoración al respecto. Si no, no queda nada más que avalar el status quo, ya que no podemos, ni tenemos nada con qué comparar, además de quedarnos en una descripción que busca decir cuánto hemos cambiado por usar tales medios, sin querer (ni poder quizá) ir “más allá”.

    • Eduardo says:

      No creo que la amputación y la extensión sean meramente formales, ni que la visión de McLuhan sea neutralista. Pero creo que elimina ingenuidades de nuestra evaluación de los nuevos medios respecto a nuestra evaluación del futuro. (De esto trató, coincidencialmente, mi presentación en el simposio de filo de hace un par de años.)

      Básicamente, McLuhan, me parece, es consciente del hecho de que cualquier evaluación del futuro sólo puede hacerse a partir de las categorías del presente. Pero que, al mismo tiempo, las nuevas tecnologías introducen posibilidades que no eran previamente concebibles: de allí el ejemplo del general sobre la tecnología. Antes que juzgar el uso que les damos como bueno o malo, la misma introducción de la tecnología inaugura la posibilidad de que podamos darle significado ético al universo, enorme pero finito, de posibilidades de uso.

      El problema está en que siempre juzgaremos todo nuevo medio desde el punto de vista de los medios conocidos – hablar de periodismo ciudadano, por ejemplo, es intentar entender la participación nueva de las personas en línea a partir de las categorías conocidas del periodismo. Es una forma de domesticación, de asimilación ante la introducción de lo ajeno. Y no creo que McLuhan diga, de alguna manera ingenua, que podemos adoptar un punto de vista neutral donde NO nos veamos afectados de esta manera – de hecho creo que todo su desarrollo sobre la noción de hibridación va en esa dirección. No podemos desprendernos, pero podemos ser conscientes del prejuicio que opera en la estructuración de nuestra experiencia.

      Éste es el tema que me llama mucho la atención, porque finalmente, el problema es cómo nos reconciliamos con un futuro posible que no somos capaces de concebir por no tener las categorías para hacerlo. La figura mediadora para el buen Marshall es el artista, el que construye las arcas de noé que nos confrontan con futuros posibles y que nos inmunizan progresivamente frente a los efectos que tendrán los nuevos medios. (Y juro que es totalmente coincidencia – pero éste resulta ser el tema de mi presentación en el simposio de filo del año pasado.)

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