Salvar a los periódicos vs. salvar al periodismo

Madrugada un tanto sobrecargada de información a la que intentaré dar sentido. Primero un poco de contexto: en un post que disfruté mucho escribiendo hace unos días, partía de un artículo de Brian Solís en TechCrunch para explorar la continuidad del discurso que se da entre diversos medios digitales (y como felizmente señaló en un comentario Daniel, continuidad que se prolonga y entrecruza con medios no-digitales). Luego, en las últimas semanas todo aquel interesado en las transformaciones en los medios de comunicación no puede dejar de observar lo que está ocurriendo con los periódicos – y yo mismo disfruté mucho preguntando cuál sería el futuro de las noticias. Este pequeño ejercicio de ego introductorio sólo busca contextualizar un poco de entrada algunas ideas sueltas que quiero tratar de articular esta noche, que han surgido a partir de nuevos artículos que he encontrado en el camino y nuevas discusiones que me gustaría incorporar en este universo.

En particular, un nuevo artículo de Brian Solís en TechCrunch me ha generado toda una nueva batería de preguntas, en tanto vincula claramente un tema con el otro: buscando la conexión entre el nuevo ecosistema mediático y el declive de la industria de los diarios en EEUU. Solís empieza su artículo a partir de la siguiente pregunta, que me parece un buen hilo conductor para empezar la discusión:

“¿Vale la pena salvar a los periódicos?” Walt [Mossberg] no lo pensó más de dos segundos y respondió asertivamente: “Es la pregunta incorrecta. La verdadera pregunta que deberíamos hacernos es si podemos o no salvar al buen periodismo”. Continuó: “Piénsalo. De los cientos, miles de periódicos en el país, hay sólo unos cuantos que importan. El buen periodismo y los buenos periodistas, por otro lado, merecen ser salvados”. [Traducción mía]

Todo esto me ha llevado a tener algunas ideas en borrador que quiero compartir. Por una cuestión de orden, quiero desarrollarlas en cuatro partes (porque son, grosso modo, cuatro ideas):

  1. Salvar a los periódicos vs. salvar al periodismo
  2. El problema de hablar de periodismo ciudadano
  3. Qué podría significar una nueva forma de periodismo
  4. Qué lugar queda a todos los demás en el nuevo ecosistema mediático

Entonces, creo que el mejor primer paso es empezar considerando la pregunta que plantea Solís. ¿Vale la pena salvar a los periódicos?

Indudablemente, el contexto no nos deja ver las cosas con la claridad debida. En medio de la crisis financiera, del gobierno estadounidense financiando rescates millonarios de las industria financiera, la automovilística y demás, e incluso el gobierno peruano tentando la idea de salvar empresas mineras para evitar problemas sociales, el colapso de la industria de periódicos pareciera encajar dentro de un contexto más amplio de modelos de negocios golpeados por la crisis. Pero también estamos un poco obligados a plantearnos la misma pregunta en todos los casos: ¿por qué queremos salvar estos modelos de negocios colapsados? En el caso de la industria financiera, la respuesta parece ser que se trata de un subsistema lamentablemente necesario para que todos los demás funcionen. En el caso de la automovilística, sin embargo, la cosa no es tan clara: se trata de una industria que muchos consideran debería dejarse morir, por estar desprovista de innovación e ideas frescas para el futuro.

Entonces, ¿por qué queremos salvar a los periódicos? Pareciera tratarse también de una industria -al menos en el caso de la industria estadounidense, la más afectada por este tema hasta el momento- que hace tiempo dejó de buscar innovación y de desafiar los límites de lo que podían hacer con su medio (Jenna McWilliams señala cómo este fenómeno puede rastrearse por los menos hasta los años 70). Pero está harto difundida la idea de que la industria de los periódicos es prácticamente consustancial con cualquier forma de vida democrática: hemos sido llevados a pensar que no es posible tener una sociedad democrática sin una prensa libre que fiscalice a los poderes de turno y sirva, efectivamente, como un cuarto poder.

El problema está, sin embargo, en que parece que hace tiempo que los propios periódicos -por no decir la industria periodística en general (y ojo aquí que estoy hablando en términos de industria como generalización claramente injusta, que no necesariamente se aplica al trabajo de todos los periodistas)- han claudicado a esta supuesta función social. Como en el proceso que señala McWilliams con la consolidación corporativa de las propiedas mediáticas, hace tiempo que los periódicos dejaron de responder a intereses fiscalizadores de los poderes de turno y a responder, más bien, a los intereses de sus matrices corporativas, de los manejos políticos de sus operadores o de las presiones de sus anunciantes. No tenemos que ir muy lejos, tampoco: podemos observar, por ejemplo, el manejo mediático que se ha hecho de la sentencia a Fujimori en los últimos días, y cómo se trata de una manera, digamos, cuestionable de presentar la información.

Pero aún cuando la industria periodística ha claudicado en este papel histórico -de por sí, además, discutible (no que haya tenido relevancia histórica, sino esta “consustancialidad”)- eso no quiere decir que todo el periodismo y todos los periodistas lo hayan hecho. De hecho, sigue habiendo allí afuera muy buen periodismo y muy buenas investigaciones que merecen ser rescatadas. De hecho, muchas de ellas entran en conflicto con los intereses de la industria periodística que las alberga. En este punto, Solís introduce una comparación que me parece ilustra sumamente bien el tipo de problema que estamos enfrentando:

No es diferente al tipo de renacimiento que actualmente tiene lugar en la industria de la música. Los artistas están descubriendo que tienen un canal directo-al-consumidor (D2c, Direct-to-Consumer) para llegar a sus fans y cultivas relaciones. Aquellos en contacto con la tecnología y con las culturas de las sociedades en línea pueden pasar por alto completamente la producción y distribución tradicional de música. [Traducción mía]

Una de las falacias que frecuentemente esgrime la industria discográfica al hablar de piratería y de la distribución de música en línea (sea legal o ilegal) es que si no se preserva el modelo de negocios que les ha servido por tantos años, lo que está en juego es la existencia misma de música. Pero esto no tiene sentido: existió música mucho antes de que hubiera una industria de la música, y la seguirá habiendo mucho después también. Simplemente hemos llegado a un punto en el cual el desarrollo de nuestro aparato tecnológico hace innecesaria, realmente, la función de este intermediario antes imprescindible. Hoy una banda puede alcanzar un público enorme sin necesidad de que Sony Musica o EMI le firmen un contrato de distribución (ensayos que no son ajenos a grupos de música en el Perú). En un esfuerzo por sobrevivir, la industria musical se está aferrando a artilugios legales y a contrasentidos tecnológicos para retrasar la que inevitablemente será su desaparición, por la simple razón de que no están dispuestos a reinventarse para funcionar bajo una nueva lógica.

Si seguimos la analogía, entonces podemos pensar que los periódicos fueron el vehículo necesario, dentro de un cierto contexto, para que el periodismo tuviera lugar como lo hemos conocido. Pero eso no significa que los periódicos sean eternos, sino que en la misma medida, cuando el contexto cambie, surgirán nuevas formas a través de las cuales consumiremos información. Pretender hoy salvar a los periódicos, tal como los conocemos, es una necedad un tanto ingenua que se asemeja a los manotazos de ahogado de la industria discográfica: significa pensar que la forma perfecta ha sido alcanzada, y que más allá de ella no seremos capaces de distribuir información y generar el periodismo de calidad que necesitamos (o al menos, que parece que necesitamos) para llevar adelante una sociedad democrática (asumiendo, además, de paso, que una sociedad democrática es lo que deseamos).

Entonces, un primer punto al cual quisiera llegar es el siguiente: tengamos mucho cuidado de creer que preservar la libertad de prensa necesaria para una cultura democrática es lo mismo que preservar la industria editorial que conocemos hoy día. Si bien hace unos años hablar de “prensa libre” era una cuestión bastante literal -los dueños de las prensas donde se imprimían los diarios debían ser capaces de hacerlo con libertad- hoy no es ni tan cierto que las prensas sean tan libres, ni que sólo las prensas antes conocidas sean capaces de cumplir con esta tarea. En la explosión mediática que estamos viviendo hoy día, ya no es cierto que solamente los periódicos y las organizaciones en torno a ellos sean las únicas o las mejores capaces de satisfacer nuestra necesidad de información, de cobertura y de información, así como de fiscalización a los poderes de turno. Es cierto que la primera preocupación que viene a la mente es la siguiente: ¿entonces qué? ¿Los blogs? Si son sólo un compilado de opiniones desarticuladas, parcializadas, con fuentes no corroboradas y sin ningún tipo de estándar editorial.

Y aunque eso es discutible, mi primera respuesta sería, ¿y los periódicos de hoy no son lo mismo? Historias parcializadas, fuentes poco corroboradas, información tendenciosa – los valores que asociamos con esta forma mítica del periodismo escrito parecen ser una cuestión idílica. No se trata de rescatar valores de objetividades perdidas que en verdad nunca tuvimos. Se trata de encontrar la manera mediante la cual podemos encontrar la mejor calidad dentro de estas organizaciones, el mejor trabajo de investigación (el que es, quizás, el más capaz de movilizar a los consumidores pasivos a ser ciudadanos que toman acción), y asegurarnos que no perdamos eso.

En el camino, empiezan a surgir propuestas alternativas. Como David Cohn y Spot.us, una nueva iniciativa que espera salvar el periodismo local distribuyendo los costos entre las comunidades afectadas por sus historias.

El mensaje final de Cohn es muy ilustrativo: el periodismo sobrevivirá a la muerte de sus instituciones. Sin embargo, tampoco debemos, por eso, dejarnos engañar: lo que sobrevivirá del periodismo tendrá que ser también transformado. Señala Lisa Williams:

Si tu carrera está en el Titanic, no tienes mucha más opción que sentarte y dejar que otros se encarguen de tu seguridad y definan tu rumbo. Con tu carrera en un kayak, puedes y debes definir tu propia dirección y aprneder las habilidades para mantenerte a salvo. Descubrirás lo que miles de miles de trabajadores tecnológicos descubrieron: puedes hacer un gran trabajo fuera de un contexto institucional, corporativo, y puedes ganarte la vida haciéndolo. La compañías tecnológicas no eran dueñas de la innovación; los innovadores lo eran. Las organizaciones de noticias no son dueñas del periodismo: los periodistas lo son. [Traducción mía]

Y en una época cuando nuestras fronteras son cada vez más difusas, cuando todos nos creemos un poco periodistas y cuando distinguir a otros por cumplir ciertas tareas parece un poco caprichoso, tenemos también que plantearnos la pregunta de qué vamos a entender dentro de esta categoría.

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7 comentarios sobre “Salvar a los periódicos vs. salvar al periodismo

  1. ¿Contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción que genera la disolución de la superestructura ideológica? (ad marxismus) 😛

    Yo tampoco entiendo la razón para mantener esa visión idílica del periodismo escrito como siendo siempre serio, riguroso, de investigación. No tengo nada en contra de los periodistas, de hecho hay mucha gente brillante ahí. Sin embargo, pensar que cada día lo que lees es oro, es otra cosa. El periódico de ayer sirve fundamentalmente para envolver pescado.

    Si McLuhan pensaba en la primacía del alfabeto en nuestra cultura, habría que añadir, en este caso, la cuestión visual de Occidente: por ponerlo de manera banal, “¡Papelito manda!”, “Quiero agarrar el papel”. Quizá somos muy “materialistas” todavía para lo digital. Sé que no se trata de desplazar un medio por otro, pero tampoco se trata de salvar a todos los medios cueste lo que cueste. A mí personalmente no me ha hecho infeliz no comprar periódicos hace bastante tiempo y leerlos por internet sin pagar por ellos, además de leer blogs y demás, cuando quiero y donde quiero. Pero de ahí a hacer una cruzada contra la prensa escrita eso ya es otra cosa.

    La comparación con la industria musical me parece buena. Creo que preservar de manera “reaccionaria” estas maneras de organizar y centralizar información se hace justamente en nombre de quienes controlan esto, y en nombre de quienes aún no pueden acceder a nuevos medios por las desigualdades sociales y materiales que existen. Papel moneda para los que no pueden aún tener tarjetas, trueque para los que aún no pueden tener papel moneda (Ad progresum).

  2. Estimado Castor,

    Chekate estos articulos que he estado escribiendo en donde toco ese tema, pero desde el punto del cambio del modelo productivo. Mi hipótesis va por la de Erich Daniel, contradicción de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción.

    Saludos!

    Jorge Meneses

    http://estacionesperanza.wordpress.com/2009/03/19/la-crisis-del-periodismo-y-la-crisis-economica/

    http://estacionesperanza.wordpress.com/2009/04/13/entendiendo-la-sociedad-actual/

  3. Creo que es bien claro que aquí el choque entre fuerzas productivas con relaciones sociales de producción motiva gran parte de estas tensiones. Es clarísimo desde el punto de vista de la industria musical, quizás no tanto desde la periodística o mediática pero ciertamente sugerente.

    Mi problema, metodológico o propedéutico en todo caso, es la preocupación frente al reduccionismo o a creer que todo el problema pueda explicarse de esa manera. Cierto, el modelo nos brinda explicaciones útiles pero también nos obliga un poco a reducir o trivializar la participación de individuos en toda esta operación, que quedan un poco oscurecidos detrás de la estructura. Es decir, quiero mantener por lo pronto una saludable dosis de escepticismo para preguntar también cuál es el lugar de la agencia de los individuos en este proceso – sin tampoco caer en el problema inverso de creer que todo aquí está motivado por la agencia de individuos racionales persiguiendo de la manera más eficientes sus objetivos particulares.

    Más que tratarse de salvar a los periódicos o lo que fuera, creo que el contexto nos permite reconocer amputaciones y extensiones – qué cosas nos gustaría perservar, y de qué cosas podemos prescindir, para ver qué sería interesante incorporar en nuevos modelos de gestión de la información. Pero también, muy al estilo open source, creo que lo mejor aquí será un experimento del tipo “release early, release often”: probar gran cantidad de modelos y que un semidarwinismo se encargue de filtrar a los más aptos para sobrevivir en el nuevo ecosistema mediática. Este tipo de experimentos es justamente lo que no habríamos podido intentar hace unos años.

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