Continuidad

Tengo muchas ideas en la cabeza por culpa del café que no sé bien cómo separar. Haré mi mejor esfuerzo: todo comenzó con este artículo de Brian Solis en TechCrunch sobre si los blogs están perdiendo autoridad. Lo que sugiere Solis es que nuestros criterios de medición parecen sugerir que la “blogósfera” está perdiendo peso en término de influencia, pero que en realidad deberíamos estar llevados a pensar que son nuestras herramientas de medición disponibles las que no nos permiten contemplar el panorama completo.

Es fascinante, porque de lo imperfectas que ya eran estas herramientas, nos encontramos con que, unos pocos años después, ya no son capaces de abarcar un espectro suficientemente amplio como para darnos una idea medianamente clara de lo que ocurre en el panorama de los nuevos medios. Todo esto me recordó a un post de hace un tiempo donde me preguntaba por el futuro de los blogs, y ahora me veo obligado a revisar en gran medida lo que antes pensaba. Ampliarlo, corregirlo. El panorama cambia sumamente rápido, y el horizonte que antes configuraban primordialmente los blogs ahora viene a ser acompañado por las comunidades en línea, las redes sociales, los servicios de microblogging, y el sinfín de interacciones que existen entre todos estos mundos.

Es decir: 

Todo se remonta a la definición de autoridad. Los enlaces de los blogs ya no son lo único que se puede medir. Enlaces potencialmente valiosos son cada vez con más frecuencia compartidos en microcomunidades y redes sociales como Twitter, Facebook y FriendFeed y están desviando la atención y el tiempo de las respuestas formales en los blogs.

(…) Estamos aprendiendo a publicar y reaccionar al contenido en “tiempo de Twitter” y yo diría que muchos de nosotros pasamos menos tiempo bloggeando, comentando directamente en blogs, o escribiendo en blogs como respuesta a otros blogs debido a nuestra participación activa en microcomunidades. [Traducción mía]

Comunidades virtuales como el Facebook se están volviendo cada vez de mayor importancia – llegando incluso a suscitar levantamientos populares con sus propias conclusiones interesantes. Pero la tendencia es sugerente: los blogs de por sí colapsaron la valla de lo que significaba tener una voz en un cierto “espacio público”, porque cualquiera podía tener un blog y publicar lo que quisiera (obviamente dentro de ciertos límites, p.ej. aquellos con una computadora con acceso a Internet). Hasta ahí muy bien, pero aunque millones lo hicieron, no fueron millones los que continuaron haciéndolo (la gran mayoría de blogs son abandonados al poco tiempo) y, en general, hay una valla de entrada más o menos alta para comprometerse a publicar en un blog. Finalmente, uno tiene que dedicarse a escribir, con una cierta regularidad, a responder a comentarios, y si uno realmente quiere dedicarse, también a seguir otros blogs y comentar en ellos e insertarse en una comunidad. Cuando los costos se computan de esa manera, aunque en general siguen siendo bajos, ya no son tantos los que están tan dispuestos a meterse en el submundo de los blogs.

Luego, servicios de microblogging como Twitter vuelven a alterar esa ecuación. Reducen la valla aún más. ¿Quieres compartir algo? Puedes hacerlo en 140 caracteres. Enlaces, ideas, comentarios, lo que fuera. El costo de transacción de 140 caracteres vs. un artículo de un blog es drásticamente menor, e incluso, entonces, es hasta más accesible – lo cual hace sorprendente que la mayoría de personas a quienes les explico el sentido del Twitter lo encuentren bastante inútil. Si no tienes tiempo de bloggear, ciertamente tienes tiempo de actualizar tu feed de Twitter con cosas interesantes que vas encontrando a lo largo del día. Con la última actualización al Facebook esta premisa es ahora también central allí: actualizaciones pequeñas, constantes. Microcontenido.

Ojo – acá hay que tener cuidado de no entrar en el terreno del “pánico de reemplazo” (“replacement panic“), una expresión sumamente útil que encontré en A.K.M. Adam (curiosamente, teólogo y tecnologista). El pánico de reemplazo según Adam consiste en “el miedo – a menudo una reacción espontánea a las evaluaciones positivas de la tecnología en línea – de que los medios digitales suplantarán las interacciones físicas” [traducción mía]. A esto yo agregaría algo así como un “pánico de desplazamiento” (algo así como un “displacement panic”) – una suerte de miedo de que todo nuevo medio, sólo en virtud de ser nuevo desplazará al anterior. Creo que esta lógica lineal y pseudoevolutiva es demasiado simplista como para permitirnos entender lo que está pasando. Más bien, una idea de la convergencia mediática como de la que habla Henry Jenkins parece tener un poco más de sentido:

Por convergencia, me refiero al flujo de contenido a través de múltiples plataformas mediáticas, la cooperación entre múltiples industrias de medios, y el comportamiento migratorio de audiencias mediáticas que irían casi a cualquier lugar en busca del tipo de experiencias de entretenimiento que desean. Convergencia es una palabra que se las arregla para describir cambios tecnológicos, industriales, culturales y sociales, dependiendo de quién está hablando y de lo que cree que está hablando. [Traducción mía, pasaje de la introducción a su libro Convergence Culture: Where Old and New Media Collide – que, dicho sea de paso, hace poco descubrí está ya disponible en traducción al español.]

Bajo un concepto como el de convergencia nuestro panorama es sumamente más complejo, pero nuestro análisis, también, consigue ser mucho más completo. Me parece útil la idea de convergencia aquí y creo que viene vinculado a lo que venía diciendo – el movimiento de la atención desde los blogs a las microcomunidades y al microcontenido – y al título de este post, la idea de continuidad, por una cuestión en la que he venido pensando últimamente leyendo a Wittgenstein, y una idea tentativa y tentadora de que entre diferentes formas o juegos del lenguaje se articula una suerte de continuidad, de la misma manera que nuestra experiencia del mundo es continua y sólo arbitrariamente (y en función a objetivos específicos siempre) es que puede la experiencia volverse discreta para permitir su análisis. 

Continuidad. ¿Qué tiene que ver la continuidad en el lenguaje con los blogs, Twitter y Facebook? Que de la misma manera, nuestra experiencia como usuarios de todos estos medios se nos articula como una forma de continuidad en la cual nos vemos introducidos. El problema al cual apunta el artículo de Solis del que partí es que nuestras herramientas de medición no son capaces de abarcar la totalidad de este espectro, ni son capaces de establecer con claridad en qué puntos de quiebre deben establecerse las discontinuidades, como para configurarnos una imagen de cómo funciona este proceso. En el uso de estas herramientas, no nos detenemos a pensar cómo es que funciona la continuidad de cada uno de estos espacios al otro, simplemente los utilizamos para servir diferentes propósitos comunicativos.

Así, Twitter y Facebook reducen grandemente la barrera de entrada. Tomemos por ejemplo el fenómeno del RT o del retweet, en Twitter: consiste simplemente en copiar un mensaje de alguien más que encontramos interesante, pegarlo y distribuirlo entre nuestros seguidores, haciendo referencia al autor original. La amplificación de este fenómeno es potencialmente exponencial: RTs siguen a RTs que siguen a RTs, y en cuestión de segundos un mismo mensaje puede llegar a miles de personas. Dos notas: 1) esto hace que el hecho de participar sea muy simple, pues con un acto tan simple como la repetición puedo, ya, estar introducido en el flujo de los discursos (podría incluso ser considerado un gran retweetero, ¿por qué no?). 2) No partamos de creer que esto es ningún tipo de forma inferior. Ni tampoco caigamos en creer aquello que escribí hace dos oraciones, que esto es “simple repetición”. No podemos dejar de lado que en todas estas formas aparentemente simples opera siempre algún tipo de forma o medida de procesos de apropiación: aún el usuario que retweetea ha tenido primero que escoger a qué otros usuarios sigue, luego ha tenido que escoger cuál de sus mensajes retweetear. Aquel que sea considerado un “gran retweetero” destacará por su habilidad de combinar y equilibrar exitosamente, cuando menos, ambas estas variables.

Desde y hacia estos puntos de entrada fluyen los diferentes contenidos, transformándose en el camino. Yo mismo he tenido esta experiencia últimamente. Descubrí la posibilidad de enlazar mi fuente de favoritos del Google Reader con mi perfil de Facebook, y ahora puedo “recomendar” enlaces directamente desde el primero hacia mi red en el segundo. Esto me sirve, entre otras cosas, para promocionar enlaces hacia este blog – y, de hecho, revisando las estadísticas recientes encuentro que un número considerable de visitantes llegan hasta aquí desde el Facebook. De la misma manera descubro enlaces recomendades y recomiendo otros a través del Twitter, que a menudo me redirigen hacia artículos en blogs, a los que luego me suscribiré y luego recomendaré, o que podré utilizar para referir en otros artículos, y en fin, la cadena continúa. Nuestras interacciones están dispersas entre diversos espacios virtuales y no virtuales también, y hoy están articuladas las interacciones que permiten que el discurso y nuestra experiencia fluya de manera más o menos continua de un espacio a otro.

Así, me veo en la necesidad de revisar aquello hacia lo que antes iba, que los blogs de alguna manera iban a empezar a consolidarse en proveedores de contenido más complejos (o al menos creo que antes iba a eso), para empezar a fijarme, más bien, que el soporte de estos contenidos (lo que viene de una lógica muy blog) termina cediendo al flujo y la continuidad del desplazamiento de estos contenidos entre diferentes soportes. Convergencia y continuidad: mi experiencia de consumo de contenidos en diferentes medios, que además está cada vez más entretejida con mi experiencia de apropiación y creación en cada uno de estos, se vuelva una experiencia continua, cuyos pliegues son, por ahora, difíciles de distinguir.

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9 Responses to Continuidad

  1. galguito says:

    yo quiero ese café!! jaja

    tenemos que hablar sobre este texto!

  2. erichluna says:

    Me gustó el artículo, lo acabo de leer en el google reader y ahora, también, tu lectura del asunto.

    Me parece interesante con relacionas los conceptos de convergencia y continuidad, al mismo tiempo que señalas que no hay un despazamiento total (en alusión al techno-teólgo). En esa misma línea, creo que la continuidad no solamente debe pensarse con estos mismos nuevos medios. De hecho lo más interesante es el cambio cualitativo que han traído, pero también como hay continuidad después de esa ruptura.

    A lo que voy es que primero pensamos en blogs, luego decimos twitter o facebook y demás 2.0 como lo que imposibilita usar nuestras tradiconales herramientas de medición de autoridad blogera. Pero también esto se da con los medios “no-nuevos”, en nuestro caso (por poner un ejemplo): cuando el útero de marita sale en prensa libre y viceversa.

    Porque eso nos lleva a ampliar la tesis y quizá decir que la manera de medir todos los medios se complejiza bastante. ¿Cómo mides el rating de un programa si muchos lo ven via youtube o por referencia a blogs? ¿Cómo mides en technorati que un blog noticias sea conocdido por muchos periodistas de medios tradiconesl y de políticos tradicones? ¿Cómo medirías el éxito de un blog o videoblog cuando personas pueden verlo sin entrar a internet?

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