Actos de tiranía

Dos:

1) El Nextel con el altavoz. Mi conversación es más importante que tu pensamiento, que tu propia conversación, que tu concentración. Mi conversación es tan importante que merece irrumpir en la cotidianidad de los demás, chirriante, anunciada por un chillido extraño como si se estrangulara a la cordura. Mi propia cotidianidad es tan importante que me legitima a ponerme por encima del mundo y de los demás, a exhibirme en el espectáculo exhibicionista de que yo soy el centro del universo, los demás meros plebeyos dedicados a la contemplación y admiración de mí y los que son como yo.

2) La música del celular con el altavoz. Mismo principio, quizás un poco menos radical. Los audífonos son para los débiles, a todos debe gustarles mi música porque mis gustos son superiores. Los que no compartan esa idea son los no iniciados, los descreídos, los débiles que no tienen su propio altavoz. Mi música encanta como yo, caigo bien a todo el mundo con ella, pero no es compartir, no es presentarle mi gusto a los demás, no, les hago un favor. Les hago un favor de dejarlos escuchar gustos más refinados que los de ellos, meros mortales.

¿Y quedará en ese mundo uno, sólo uno, dispuesto a usar audífonos? ¿Uno que no sea en el fondo tirano?

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2 comentarios sobre “Actos de tiranía

  1. Te compadesco, no soy usuario nextel ni me interesa serlo. Pero te compadesco
    que mente tan pobre se puede sentir de esa manera solo porque algun tio habla o escucha musica con su movil
    quiere decir que si hablo en un tono mas alto de lo “normal” o solo tengo ganas de escuchar algo de musica en mi reproductor de casa (que tambien lo escuchan los demas) estoy pisoteando sus mente jajaj
    me convieto en tirano .
    amigo el mundo esta lledo de distractores que nos hacen saltar de nuestra cotidianidad tan intocable para ti.
    te cuidado aveces la mente se puede convertir en una burbuja.
    no dejes te te moleste sobremanera un simple parlante.

  2. Mi querido Arvolt, en realidad, lo pensaba desde el otro lado. En un espacio cerrado, reducido, me resulta sorprendente la elección que alguien hace -o deja de hacer- para que su conversación o su música se escuche como si fuera la única. Ése es el “acto de tiranía” -cuya metáfora estoy seguro habrás captado- cuando uno asume que es su propio interés el que tiene que verse respetado por los demás. Los actos de tiranía pueden ser una cuestión mucho más cotidiana de lo que, normalmente, nos gustaría pensar.

    De todas maneras, se agradece la compasión.

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