Momentos genéticos

El papel que ha jugado la música en mi vida bajo diferentes formas, creo, no puede realmente ser sobreestimado.

Cuando mencioné de pasada algo así como una metafísica de la música, creo que no estaba exagerando… Esa interpretación de “Wake Up” por parte de The Arcade Fire con David Bowie es simplemente una cuestión sublime en el sentido kantiano de que el feeling del momento es superior a nuestra capacidad para ponerlo en palabras y reducirlo a algo manejable y comprensible. Nos sentimos tentados, llamados, atraídos hacia todas aquellas cosas que exceden nuestra capacidad, cuando menos como desafíos para ampliar el espectro de lo que somos capaces de hacer.

Y como dice el buen Fito, fuera de contexto of course, en el camino me he ido construyendo una “banda sonora de lo que viví”. Y así diferentes momentos musicales han pasado ha denominar diferentes momentos de mi vida, lo cual por supuesto, no tiene nada de extraño supongo. Sin embargo, no puedo evitar pensar de que sí hay una significación ulterior en ese proceso, o mejor dicho, que la participación de la música en la misma medida en que fue capaz de ir desbordando una y otra vez mis capacidades para procesarla (dentro de esta metafísica Arcade Fire) ha ayudado intrínsecamente a configurar las diferentes experiencias de lo que recuerdo. ¿Eso tiene algún sentido?

Recuerdo, por ejemplo, un momento genético. El origen es un tanto vergonzoso así que lo trastocaré, pero en esencia, cuando tenía 15 años y consideraba que me gustaba ya mucho la música, en realidad mi conocimiento y comprensión del asunto se reducía a algunos grupos de moda -en una época en que el horrible híbrido rap-rock estaba de moda- y sentía que encontraba en ellos un grado de innovación impresionante. Un día, recuerdo haber conversado con un primo, sorprendido por una nueva canción en la cual un grupo manejaba una serie de niveles musicales diferentes en un in crescendo que llegaba a un clímax bastante heavy metal trucho. Mi primo, que es algunos años mayor que yo, me echó en cara mi ignorancia del mundo y sacó un cassette en el cual tenía una mala grabación de “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin. Era la primera vez que escuchaba Zeppelin, y también mi primer encuentro importante con el rock clásico. Y me cambió por completo la vida. Me encontré incapaz de comprender no sólo cómo había podido hacerse eso, sino que me abrió por completo todo un nuevo universo de experiencias y experimentos que habían sucedido y registrádose mucho antes de que yo naciera, y en fin, desde allí no pude parar.

Claro, lo primero que me di cuenta desde esa experiencia genética era que nunca podría saberlo todo, en la misma medida en que hasta entonces creía que sabía mucho. Así que no tenía mucho sentido preocuparse por intentarlo. Pero sí hago el esfuerzo por conocer lo más que pueda, y por buscar diferentes referentes y tradiciones y variantes que se juntan y se separan, convergen y divergen y generan espontáneamente saltos cualitativos que transforman por completo nuestra interpretación de su propia historia.

Estoy seguro que se pueden sacar muchas conclusiones y trazar muchas analogías a partir de esta historia, pero éste no es el mejor momento para hacerlo. Sigamos con la vida.

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