Evolución, adaptación, extinción y Olimpiadas

Todas las estructuras cambian, pero en el proceso de transición, las formas viejas se resisten a morir defendiéndose por cualquier medio posible frente a las formas nuevas. Está en nuestra naturaleza ser convervadores, porque preferiremos siempre un entorno controlado y predecible a uno en el cual no podemos realmente saber qué es lo que ocurrirá. Aquellos que prefieren ir contra esta norma general los consideraríamos usualmente irracionales por querer aferrarse a lo desconocido, por estar dispuestos a comprometerse con algo que aún no existe.

Esto lo encontramos en todos lados, en todas las grandes y pequeñas transformaciones que encontramos a nuestro alrededor. Los medios de comunicación tradicionales, las grandes organizaciones jerárquicas y centralizadas, se encuentran hoy amenazadas porque surgen formas de organización, acción y participación colectivas que carecen de las mismas reglas y principios por los cuales se han llevado las cosas por décadas. Las generaciones jóvenes crecen sin tener este sentido de las mismas reglas de convivencia, y conforme pasan a formar parte del mundo y participar de sus actividades, inevitablemente surge en choque entre la vieja manera de hacer las cosas, y las nuevas tendencias que no juegan bajo las mismas reglas.

Organizaciones y corporaciones como las habían incluso hace tan sólo 15 o 20 años hoy día se ven obligadas a readaptarse, tercamente, para poder seguir siendo competitivas. Instituciones sociales, políticas, se readaptan o simplemente caducan y desaparecen. Y así se repite el proceso a través de la sociedad, y sin embargo, ninguna estructura existente cederá ante una nueva sin una buena pelea.

El periodismo se ha atomizado en los últimos años conforme ya no es necesario que alguien que sea propiamente un “periodista” ejerza el monopolio frente a la información que se puede comunicar. Yo no tengo nada de periodista, y sin embargo por este canal unas 100 personas cada día se topan con lo que tengo que decir y con mi perspectiva de las cosas, para bien o mal. Esto incremente la participación, pero reduce la posibilidad del control: ya no se puede, o se hace mucho más difícil, conseguir que todos los mensajes se reúnan bajo un mismo concepto general, ya no se puede uniformizar y controlar lo que se dice, cuándo, cómo.

Así lo ha descubierto el Comité Olímpico Internacional, pero no por eso dejarán de dar la pelea correspondiente. A los atletas que participen de los Juegos Olímpicos de este año en Beijing, se les permitirá mantener blogs personales sobre las competencias, pero se les prohíbe publicar fotos, videos o audios de los eventos. Si leemos que hay detrás de esto, encontraremos una institución tradicional luchando por adaptarse a los tiempos a la fuerza, y luchando con la idea de que está forzada a ceder el control. Hoy día, los atletas, sobre todo los más jóvenes, estarán acostumbrados a escribir en un blog, incluir videos, fotos de su participación en las competencias, y demás medios en los cuales se han acostumbrado y encuentran natural expresarse. Pero esta forma de expresión libre y abierta choca con las necesidades de control del mensaje de la organización, al mismo tiempo que con su interés de controlar férreamente los intereses comerciales que el flujo de información representa.

La necedad es el motor que lo mueve todo en el mundo.

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