Apostar por lo irracional

Desde hace poco más de medio año, vengo trabajando en una asociación internacional de emprendedores sociales, Ashoka. Mi trabajo ha consistido principalmente en habilitar y lanzar el sitio web de Ashoka para Perú, así como de lanzar y actualizar el nuevo blog de Ashoka para Perú. La experiencia ha sido sumamente interesante por todo lo que he podido aprender -no sólo desde un punto de vista técnico, sino también desde un punto de vista conceptual-. Pues dos de los conceptos sumamente valiosos en los cuales he podido profundizar son el emprendimiento y la innovación como categorías de conducta y acción humana que rompen con los patrones de lo conocido e introducen algo fundamentalmente inesperado en el tejido social, y en la misma medida, generan resultados totalmente impredecibles.

Los Emprendedores Sociales de Ashoka son individuos con ideas innovadoras que generan cambios profundos, que transforman integralmente la manera como las personas a su alrededor se comportan frente a problemas sociales apremiantes. Pero la categoría de lo innovador encierra una serie de matices paradójicos: pues en la introducción de lo desconocido en el ámbito de lo conocido, la reacción del cuerpo social inevitablemente será uan de rechazo. El status quo tiene siempre una mayor facilidad para seguir siendo lo que es, y entonces, introducir algo nuevo a la conducta de la gente se vuelve lo que J.L. Austin llamaría “salirse con la suya”.

Desde hace un par de semanas, además, he estado viendo los DVDs de la primera temporada de Heroes. Más allá de que la historia es excelente -pero no me cuenten nada porque aún estoy como a la mitad-, no pude evitar encontrarle un paralelo con todo esto. Las historias de los personajes de Heroes son historias de personajes con ideas descabelladas, fuera de lo común, completamente inaceptables para el cuerpo social ordinario, en condiciones normales. La historia de Peter Petrelli, por ejemplo, es la historia de un individuo que siente o quiere sentir que él está destinado a una misión más importante que una vida ordinaria. Siente una suerte de llamado a hacer algo más, a cumplir con una misión de salvar el mundo. Pero visto desde un punto de vista externo, el sujeto está completamente loco. ¿Quieres salvar el mundo? ¿Sientes una misión, un llamado? Eso no tiene ningún sentido, cuando se le contempla desde el punto de vista ordinario, cotidiano de las cosas. Y sin embargo, podría tener razón, y podría haber algo más detrás de su historia.

Más allá de los emprendedores sociales, o de los héroes, nos enfrentamos con un problema similar cada vez que pensamos en la manera de introducir algo nuevo. Cuando buscamos innovar, cuando buscamos crear, cuando buscamos introducir algo que inevitablemente cambie la manera como son las cosas, nos chocamos con un límite, un velo de la ignorancia, más allá del cual no podemos tener mayor idea de lo que pasará. Es cierto, disponemos de muchas herramientas que nos permiten construir escenarios posibles, visualizar qué es lo más probable que suceda. Pero los efectos reales son inconmensurables. Más aún, la idea de introducir algo nuevo y que funcione, que realmente consiga los resultados esperados, es una idea necesariamente descabellada. Quizás coincidencialmente, un nuevo libro sobre emprendedores sociales recientemente lanzado se titula “The Power of Unreasonable People“, o el poder de la gente irracional, porque para desarrollar el compromiso que un cambio de esta envergadura requiere es necesario que uno esté dispuesto a escapar por un momento de los límites que impone la racionalidad y que le dicen que no se puede hacer. Visto fríamente, las ideas innovadoras no pueden entenderse a partir de los marcos conocidos. Solamente en retrospectiva es que pueden coger sentido, y sólo mirando hacia atrás podremos luego ver si realmente funcionaron o no.

Todo esto conecta de múltiples maneras, y se hilvana de manera importante con el tema del compromiso, con las ideas y con la identidad. Hoy más temprano publiqué un post en Invasiones Bárbaras sobre la manera como hemos desarrollado una cultura de lo light que limita nuestra capacidad para comprometernos. Y al mismo tiempo, nuestra situación actual en el planeta nos exige soluciones que se nos plantean como saltos en gran medida irracionales. Las soluciones a nuestros problemas están más allá del marco bajo el cual los problemas se formularon, y el salto cualitativo que nos lleva de un punto al otro es un poco inexplicable, es algo así como una condición emergente. Estas supuestas soluciones bien podrían ser contraproducentes, terribles, fallidas, pero son todo lo que tenemos, en la medida en que representan una apuesta por una posibilidad, cuyo resultado es impredecible (o no sería una apuesta). No obstante, si queremos tener la posibilidad de obtener resultados positivos, no podemos sino aceptar un poco fatalistamente la posibilidad de obtener resultados negativos. Es parte de la apuesta.

Principios similares animan el empuje de aquellas personas que lanzan iniciativas, que forman empresas, que atacan problemas sociales, que proponen nuevas ideas, que desafían el canon y el status quo, incluso de aquellos personajes que sueñan con tener una misión de salvar el mundo, o con que pueden volar. Es difícil negar el poder de lo innovador, porque de él hemos visto surgir las grandes novedades que transformaron nuestra cultura. Pero por cada gran transformación hay cuartos llenos de transformaciones fallidas, transformaciones menores, y que al mismo tiempo no pueden ser sino estructuralmente necesarias para que alguna de ellas funciones -además de ser el necesario catálogo de experiencias previas de las que aprendemos-. Aún así, el salto que da un individuo o un grupo, cuando ven algo en el mundo que no los convence, o que podría ser mejor, y se les ocurre la manera como podrían mejorarlo, es un salto que se hace, en mayor o menor medida, más allá de los límites de la racional o perfectamente delimitable. Es, justamente, la lógica de la inversión, la idea de que en cualquier momento dado tenemos la posibilidad de romper con todo lo que consideramos medianamente fijo ante la posibilidad de poder conseguir algo mejor.

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2 comentarios sobre “Apostar por lo irracional

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