Modelos de negocios

Antes de la ubicuidad de las computadoras y de Internet, vender discos tenía sentido. Era la única manera de acceder a la música. La piratería era, a gran escala global, un fenómeno no demasiado problemático. Antes del CD, incluso, la pérdida en calidad con cada copia hecha reducía la importancia de la piratería. Pero con la tecnología digital, la enésima copia es igual de fiel al original que la primera. El tamaño de los archivos resultantes permite distribuirlos cómodamente por medios electrónicos. Se vuelve inviable cortar el flujo de la información, y en consecuencia cualquier puedes conseguir la música que quiera, cuando quiera. Sin pagar por ella. Esto se vuelve tan natural, que ni siquiera vemos la necesidad de reflexionar al respecto de si está bien o está mal. Vender discos ya no tiene sentido. Mantener un gigantesco aparato de distribución, para hacer de manera menos eficiente lo mismo que una red p2p puede hacer mejor, ya no tiene sentido. Pero a mucha gente que hacía mucho dinero con eso, le molesta mucho.

Antes, vender libros tenía sentido. Se imprimía un tiraje, más copias para los libros que venderían más, se distribuían a las librerías, se vendían. A veces se perdía, se acumulaban copias sin vender en los almacenes, era parte del negocio. Pero luego hubieron scanners, e Internet, y ya no tenía tanto sentido porque los libros eran reproducidos, incluso traducidos, más rápido que lo que la misma editora podía hacerlo. Los libros podían distribuirse digitalmente, incluso los más interesados bien podían imprimirlos en sus impresoras láser domésticas, quizás hasta por menor costo que el precio de lista. Vender libros masivamente ya no tiene mucho sentido. Pero a mucha gente que hacía mucho dinero con eso, le molesta mucho.

Antes del acceso a Internet masivo, vender software tenía sentido. Uno comprometía enormes cantidades de recursos para el desarrollo, pero al vender las licencias podía recuperar con amplio margen de ganancias. Pero luego apareció el software libre, y luego Internet, y de repente la gente compartía el software, había reemplazos gratuitos igualmente funcionales, la gente empezó a distribuir software incluso a través de la web. Alguien se dio cuenta que pagar $500 por usuario no tenía mucho sentido. Vender software dejó de tener sentido. Los usuarios empezaron a conseguir software libre, que podía utilizarse libremente sin costo, y prescindieron de “extras” que en realidad nunca sirvieron de mucho. Pero a mucha gente que hacía mucho dinero con eso, le molesta mucho.

Cuando el producto es información, pensar en el producto como si fuera una lata de conservas no sirve de nada. Cuando tu costo de producir la segunda unidad es infinitamente menor al de producir la primera, no puedes aplicar la misma lógica que con un paquete de galletas. Cuando el mundo cambia, tu modelo debe cambiar también.

Quizás los discos sirvan otro propósito, y en lugar de exprimirlos por regalías deban ser sólo material de promoción para que un artista se gane la vida a partir de presentaciones en vivo que brindan un mayor valor diferencial por la imposibilidad de reproducir la experiencia. Claro, esto pone en jaque a las disqueras, pero libera a los músicos. Que la industria musical muera es algo muy distinto a que la música desaparezca -hubo música mucho antes de que hubieran disqueras-.

Quizás los libros se enfoquen ya no tanto hacia públicos megamasivos, sino que se genere un mercado para contenidos focalizados. La tecnología de impresión por demanda hace viable la publicación de libros con tirajes reducidos, altamento personalizados. El libro, como formato, creo que es difícil que desaparezca. Pero la relación del autor con el lector se volverá más cercana en tanto empiece a necesitar cada vez menos de intermediarios para difundir su obra, llegando más directamente a los nichos interesados.

Quizás el software deba dejar de ser pensado como un producto cualquier, dado que puede reproducirse y distribuirse libremente. Pero el software requerirá soporte, capacitaciones, configuraciones, y todo un conjunto de servicios adicionales que requerirán emplear personas para realizarlos. Así, aún el software libre dinamiza la economía redistribuyendo los empleos antes concentrados en lo que son potencialmente empresas locales sirviendo necesidades locales. Podría ser más inteligente regalar el producto, si con eso uno puede asegurarse contratos de servicio por un periodo más largo, y por más ganancias.

Todas las reglas de juego cambian cuando no es uno el que le habla a muchos, sino todos hablando al mismo tiempo con todos.

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