Regreso a la caverna

Interesante entrevista hoy en El Dominical a Nelson Manrique sobre la sociedad de la información y las industrias culturales.

En un principio, los individuos trabajaban y producían en el marco de sus hogares. La actividad productiva, orientada tanto a satisfacer necesidades como a la producción de objetos bellos o útiles -la téchne griega, luego ars, arte, técnica o artesanía- era un componente que tenía lugar en el taller que formaba parte de la propia vivienda, e involucraba en mayor medida a la familia. La producción de objetos culturales, de objetos en los cuales el individuo vertía su identidad y a través de los cuales construía un mundo capaz de sobrevivir su propia existencia, era un mundo mayoritariamente anónimo y no regido por relaciones de intercambio en el sentido de un mercado. En otras palabras, la gente compartía libremente objetos de su propia producción a través de intercambios sociales significativos.

La producción industrial cambió por completo la dinámica no sólo de la producción cultural, sino también política. Así como el hombre trabajaba y producía en casa, salía de ella para interactuar con los demás, para ser un zoon politikon y participar de los asuntos de la comunidad. Este orden cambió paulatinamente (sobre todo con la aparición del cristianismo y su idea de virtud como algo privado vs. la virtud pública de la época clásica), pero el cambio se vio consolidado con el surgimiento de la época industrial, y la inversión efectiva de los ámbitos. Lo público, lo externo al hogar, se volvía el trabajo, la producción, mientras que la dimensión política y la participación de los individuos en los asuntos públicos virtualmente desaparecía (este tránsito es descrito de manera sumamente sugerente por Hannah Arendt en La condición humana, capítulo 2). La producción cultural, a su vez, se vio absorbida por la producción en general, y determinada por la lógica del mercado y sus procesos de producción en serie. Se perdía la dinámica del producto como expresión de la identidad de un hombre, a la par que surgía el trabajo enajenado (cf. Marx, Manuscritos de economía y filosofía, primer manuscrito).

El estado de la cuestión se mantiene en transformación, como siempre. Nuestra sociedad postindustrial pone un mayor énfasis en una economía basada en el conocimiento que en una economía de líneas de producción. La propiedad intelectual alcanza hoy el grado de fetiche, desde que empezó a ser valorada con el industrialismo; las relaciones de intercambio cultural de antaño están mediadas al extremo por el mercado. Pero al mismo tiempo el modelo de producción fordiano empieza a colapsar, en tanto los trabajadores ya no están presentes en líneas de producción cumpliendo tareas altamente especializadas (cf. la entrevista a Manrique). El desarrollo de los medios de comunicación empieza a difuminar la necesidad, incluso, de que los trabajadores se encuentren reunidos en un mismo espacio. Surge el fenómeno del telecommuting, la capacidad de los trabajadores en la época digital de cumplir con sus labores productivas desde cualquier lugar del mundo. La manera como las personas conciben lo que es el trabajo ha cambiado profundamente a partir del surgimiento de las posibilidades de comunicación que ofrece Internet.

Así, a inicios del siglo XXI, sobre todo en el mundo desarrollado empieza a manifestarse una tendencia hacia trabajadores que priorizan la autorrealización antes que la simple generación de dinero. En EEUU, la generación de los baby boomers está dejando o dejará en los próximos años alrededor de 80 millones de empleos al llegar a la edad de jubilación; los 50 millones de profesionales de la generación X no son suficientes para cubrir el vacío que dejan detrás. Detrás de ellos, los miembros de la generación Y altamente capacitados se encuentran a sí mismos en alta demanda; pero al mismo tiempo, se enfrentan a todo lo que vieron sufrir a sus padres baby boomers trabajando en las estructuras corporativas jerárquicas y tradicionales, y no lo quieren. De esta manera están radicalmente transformando la estructura misma de las corporaciones, que se ven obligadas a cambiar para poder mantenerse competitivas contratando a los mejores talentos.

Mientras tanto, más y más personas buscan independizarse de las estructuras corporativas aprisionantes, y más y más profesionales regresan a trabajar en sus hogares en busca de mayor flexibilidad y espacio personal. La actividad productiva parece, por sectores y momentos, volver a ser un componente de la vida doméstica, en cierta medida. A la vez, recupera un elemento de realización en contraposición al trabajo enajenado al que nos hemos venido a acostumbrar. Un primigenio espacio público de participación en los asuntos de la comunidad empieza a reconstruirse a partir de la interacción a través de medios digitales (a la par que la formación de comunidades aumenta y se construyen lazos sociales significativos por encima de su banalización en sociedades de masas).

Todo este largo proceso (y una también larga descripción, lo siento) ha dado, finalmente, lugar a que estos lazos sociales significativos que se construyen reintroduzcan la dimensión del intercambio no mediado por el mercado. Como ejemplos tenemos al sistema operativo Linux y la comunidad del software libre; o los sistemas de intercambio de contenido como YouTube. Las personas intercambian libremente el contenido con los demás sin motivaciones económicas sino simplemente en busca del reconocimiento de la comunidad a la que pertenecen, o incluso por motivaciones aparentemente altruistas. Surgen nuevas estructuras sociales basadas en meritocracias y redes de intercambio informales. No es que el mercado haya sido excluido del proceso; en cambio, se trata de devolverle sentido a nuestras relaciones, y sustancia y sustento a nuestros vínculos y procesos sociales.

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5 comentarios sobre “Regreso a la caverna

  1. Yo no creo que las relaciones que se formaron para crear conocimiento, nunca tuvieron o -en un momento- carecieron de sentido, sino que cambiaron en la época industrial, para convertir un producto que antes era carente de valor comercial -porque era un producto cultural-, en un producto con valor comercial -convertido en propiedad privada-.

    Se me suele culpar de estirar categorías, pero en esta ocación me parece pertinente señalar que este proceso, es un claro proceso de privatización. Sin embargo esta no es la conclusión a la que deseo llegar, sino preguntar cómo se puede volver el conocimiento público en una sociedad dónde el mercado asigna recursos. (Ergo, ¿cuál sería el incentivo para que la gente que genere conocimiento lo vuelva de dominio público? )

    *Esto último me llevó a una digresión: ¿se han dado cuenta que volver privado es privatizar, pero volver público es nacionalizar? ¿Será que el proceso de volver público el conocimiento es incompatible con la lógica de los estados nacionales? Eso espero.

  2. El tema de la motivación personal es una preocupación recurrente, hasta fundamental, en todo lo que concierne a la gestión del conocimiento y el desarrollo de comunidades virtuales. Es lo que ha sido llamado el factor WIIFM -What’s In It For Me-, que debe ser tomado en consideración al diseñar cualquier plataforma de servicios.

    Lo importante es generar valor al usuario final, al usuario participante. Esto puede darse de muchas maneras y atiende a una serie de elementos, por ejemplo, psicológicos, económicos o sociales. Puede ser por el beneficio del reconocimiento de mis pares, puede ser por ahorrar recursos o aumentar ingresos, puede ser por el beneficio de compartir conocimiento en tanto repercute directamente en mis propias capacidades. Sea como fuere, ninguna comunidad o plataforma de servicios tiene mucho futuro posible si no atiende al factor WIIFM.

    Lo que los nuevos tipos de comunidades con sus nuevas formas de socialización están haciendo aparecer es nuevas estructuras de corte más meritocrático, dentro de las cuales las comunidades, reunidas usualmente en torno a interes más o menos específicos, reconocen la habilidad o capacidad de miembros individuales respecto a dicho interés, y en virtud a ello estos miembros gozan de respecto y un cierto status privilegiado en la comunidad. Es la dinámica, por ejemplo, que se da en las comunidades de programación open source, y es una dinámica que se está exportando a otra serie de aplicaciones y contextos.

    Gracias por los comentarios, sigan por aquí.

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