Colapso de información

Hace tiempo leí un comentario lapidario y determinante: algo como que, aún si uno no quiero dedicarse a ser maniáticamente puntual y ordenado, puede perfectamente suponer de que está compitiendo contra alguien que sí lo es. Lo cual me chocó bastante.

Esta semana empecé un nuevo ciclo en la universidad, con lo cual me dedicaré a trabajar nuevos temas a lo largo del próximo semestre. Dejaré un poco de lado la epistemología kantiana y la filosofía del derecho hegeliana, y me estaré dedicando, más bien, a introducirme en la filosofía del lenguaje y de la mente, a estudiar el desarrollo de la teoría política moderna, y a realizar una aproximación al pensamiento existencialista de Kierkegaard en paralelo con un acercamiento al pensamiento y posibilidades del cine como recurso filosófico. Así que parece que será un ciclo interesante, aunque, forzosamente, también con un poco de teología de por medio.

Pero es también un ciclo demasiado demandante. Mi carga de trabajos y de lecturas es tremenda, y si no soy maniáticamente ordenado con ella no hay duda de que con el tiempo colapsaré de la peor manera. Al mismo tiempo, mi Google Reader tiene 70 suscripciones (que de hecho es poco) que se siguen actualizando a diario, más rápido de lo que puedo revisarlas. Más aún, todavía existen medios y canales que no tengo oportunidad de explotar como me gustaría, en particular recursos de audio y de video, y ahora más que nunca me falta el tiempo para revisarlo todo.

Efectivamente estoy alcanzando el colapso de información. Resulta terriblemente irónico, de alguna manera, que con tanta información que procesar, que transformar en conocimiento, resulte tan difícil encontrar los espacios para tomar la distancia pertinente y poner las cosas en perspectiva. Eventualmente me veo rodeado de tanto contenido que, en efecto, me veo incapaz de darle sentido -donde darle sentido es para mí, a menudo, procesarlo y personalizarlo en un producto transformado por mí mismo-.

Jack de Knowledge Jolt with Jack publica una lista de su consumo regular de información. Es espeluznante, la manera como nos automatizamos como consumidores imparables de información, y me da mucho miedo que nos estemos volviendo incapaces de dar sentido a las cosas que consumimos. Sin embargo, en términos de participación del ciclo de producción, creo que mi posición más feliz en la cadena productiva sería la de consumidor y productor de información. Dedicarme a darle algún sentido a las cosas que sea de utilidad, interés y valor para otras personas.

Pero eso ya es más complicado, y supongo que habré de empezar siendo maniática y perturbadoramente organizado y ordenado.

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