La ley y el orden

Siguiendo con la retahíla de quehaceres insufribles por época de exámenes finales, es el turno de la filosofía del derecho, nada más y nada menos que de la “Filosofía del Derecho” de Hegel. No iba a elaborar mucho al respecto, pero encontré este compilado de algunas leyes resaltantes a través de EEUU y no pude evitar dejar un par de comentarios. Algunas selecciones:

— ARKANSAS

Está prohibido que el rio arkansas crezca llegando a la altura del puente de la calle principal de Little Rock.

— CALIFORNIA

Se garantiza por ley la luz solar.

— INDIANA

El valor de PI es 4 y no 3.1415…

Y una de las más perturbadoras:

— WEST VIRGINIA

Es legal para un hombre tener sexo con un animal si este no supera las 40 lbs.

En fin, no me interesan los particulares de estos abortos jurídicos, pero traen a colación uno de los temas más resaltantes y, además, más polémicos de la obra citada de Hegel: pues en ella el diseña y presenta una forma de Estado cuidadosamente considerada para purgar al máximo posible cualquier indicio o tentativa de democracia. Bajo el argumento usualmente esgrimido, y tristemente a veces corroborado (cf. las leyes arriba citadas por un ejemplo), de que “el pueblo” no tiene ni la menor idea de lo que quiere, y su opinión pública debe formarse, por lo tanto, a partir de escuchar las discusiones informadas que los funcionarios civiles, designados primordialmente por el príncipe gobernante en una monarquía constitucional junto con representantes de los distintos estamentos que componen la sociedad, sostienen al respecto de las políticas públicas. Pero me encuentro actualmente evaluando la posibilidad de trabajar no precisamente este ángulo del tema, sino otro que encierra también relevancias importantes para la sociedad actual: el del “sistema de las necesidades”.

No pretendo entrar ahora mucho en detalle, porque quisiera ir ordenando notas al respecto de la misma manera como vengo haciéndolo con mi trabajo actual sobre Kant. (quizás sea relevante explicitar que, entre otras cosas, este blog me permite reunir y sintetizar ideas que voy adelantando o puliendo en el desarrollo de lecturas y trabajos). Muy a grosso modo, el momento más importante de la obra ético-política de Hegel se divide a su vez en tres momentos (siguiendo la dialéctica hegeliana) de familia, sociedad civil y Estado. La sociedad civil engloba todo el ámbito del mercado y las relaciones de intercambio y asociación egoístas de los hombres, en curso a satisfacer sus necesidades -de allí el sistema de las necesidades, su primer momento-. Pero en el curso de este intercambio media el trabajo, y esta mediación a su vez determina dos cosas de suma importancia para todo el pensamiento social posterior: en primer lugar, el trabajo determina las relaciones de clase; en segundo lugar, en la satisfacción de las necesidades a través del trabajo y el intercambio, los individuos se forman en una cultura práctica y una cultura teórica, para la cual además, como productores, compiten por establecerle la necesidad “universal” por sea lo que sea aquello que produzcan. En otras palabras: todos los productores compiten porque la cultura incorpore la necesidad por sus productos. Tipifico esto de manera un tanto apócrifa como la descripción del surgimiento de la publicidad y el márketing contemporáneos.

El desarrollo del planteamiento hegeliano sigue luego su desenvolvimiento dialéctico hasta llegar al Estado y a la historia universal de los pueblos: el sistema de las necesidades no es problemático, aunque genera inevitablemente desigualdades y conflictos, precisamente porque en su propia lógica es luego superado. Ahora avanzo unos cien años hasta encontrarme con la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt, en particular, con el análisis de Theodor Adorno y Max Horkheimer de la cultura de masas: la cultura transformada en mercancía de producción en masa, la artificial generación de necesidades y de los medios para satisfacerlas, diseminada genéricamente por el aparato productivo del capitalismo. Es la extremación negativa del movimiento del capitalismo del que Hegel trató bajo su sistema de las necesidades, generando a su vez los mismos y mayores conflictos. Pero, ¿por qué no surgen asimismo, de manera “natural”, los mecanismos de compensación? ¿Dónde está la mano invisible, o el Estado de bienestar?

Hipótesis: en la crítica a la cultura de masas podemos encontrar la descripción empírica del extremo negativo en el desarrollo del movimiento dialéctico de las relaciones de producción y consumo (entendidas bajo Hegel, no bajo Marx). La cultura de masas ha logrado tomar tal control de los individuos a su alcance que, en primer lugar, ha transformado las determinaciones de clase y de cultura teórica y práctica en función al trabajo a determinaciones en función al consumo; y en segundo lugar, y más problemáticamente, he detenido el movimiento dialéctico que debería resolver sus propias contradicciones bajo la ilusión a su vez del fin de la historia bajo el capitalismo. Esto último suena un tanto panfletario-setentero, pero es en esencia la idea. Sin embargo, en hacer este análisis, no quiero distanciarme demasiado, tampoco, del texto de Hegel, porque, finalmente es sobre lo que tengo que formular el trabajo. Así que aún aquí me faltan algunos elementos, o quizás, el tercer elemento mediador con el cual pueda superar la extrema negatividad en la cual Adorno y Horkheimer me han dejado.

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