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Este semestre estoy dictando dos cursos que puede que le resulten interesantes a las almas que deambulan por aquí. Especialmente, porque en ambos estoy haciendo un esfuerzo por construir recursos de información paralelos la curso en la web, que terminan siendo un recurso para mí también para seguir trabajando en el futuro.

En la UPC estoy dictando un curso de Sociología de la Comunicación, es decir, básicamente analizar y mapear los cambios sociales que han venido de la mano con el desarrollo de los medios de comunicación, especialmente en el último siglo. Como es comprensible, con un énfasis particular en el cambio de mentalidad que significa el paso hacia una sociedad informacional (como preferiría llamarla Castells) y la manera como ese tránsito nos está obligando a reconceptuar una serie de categorías que hemos solido interpretar de manera casi natural. El curso pretende ser un ejercicio histórico y comparativo, además de que pretende también formular un marco teórico medianamente sólido para poder tener una perspectiva del cambio mediático, el cambio tecnológico y el cambio social que resulte un poco menos ingenua. Lo chévere es que para este curso estoy armando un wiki con las notas de cada sesión, vinculándolas con los textos, agregando recursos como videos, enlaces, bibliografía complementaria, y además utilizándolo como el canal oficial para toda la información vinculada al curso. Es un trabajo bastante interesante de curación de la información que termina, además, dejando un recurso reusable que se va completando y perfeccionando con el tiempo (de hecho, lo vengo ampliando desde que dicté el curso el semestre anterior).

En la PUCP, estoy como jefe de prácticas del curso de Temas de Filosofía Moderna de Víctor Krebs. Con Víctor y el equipo de JPs (Daniel Luna y Raúl Zegarra) hemos rediseñado el curso que ya habíamos dictado hace un tiempo, renovando las lecturas e introduciendo varios autores que antes no habíamos tenido oportunidad de explorar en tanto detalle (autores como Pascal, Hobbes, Rousseau, Locke, por ejemplo) que se suman a los autores que trabajábamos antes, pero que ahora estamos intentando renovar un poco (Descartes, Kant, Marx, Kierkegaard, Nietzsche). El enfoque que queremos darle al curso, además, es intentando no sólo aproximarnos a los problemas, autores, y textos, entendiéndolos en su contexto, pero tratando también de entender cómo esos problemas se reflejan en nuestras construcciones culturales de la actualidad o en problemas que siguen abiertos en la contemporaneidad. Y, la herramienta que estamos usando en este caso es un blog del curso, que utilizamos no sólo para circular información metodológica sino también para ampliar y complementar lo que vamos discutiendo en las clases y las prácticas. Es como un anexo donde agregar más información, complementar con ejemplos y otros recursos, y donde se puede, además, ir armando una conversación permanente con los alumnos interesados. El último fin de semana, por ejemplo, colgué un post sobre el experimento conceptual del cerebro en la batea y la relación que tiene con el argumento cartesiano sobre la existencia de la realidad sensible.

Todo esto es, por supuesto, trabajo en progreso y muy experimental, viendo qué tal funciona el asunto. Pero quizás estos recursos le sean de interés a alguien. Es interesante, además, de que no se necesita ningún tipo de gran infraestructura para habilitar nada parecido – básicamente, cualquier interesado en armar algo así para un curso puede encontrar herramientas perfectamente funcionales y sencillas de usar en la web. Y, además, gratuitas: para el wiki, utilizo PBWorks que me funciona bastante bien (y es más sencillo de usar que MediaWiki), y para el blog utilizamos WordPress.com. Así que es muy fácil replicar experimentos similares.

OK, necesito sincerar algunas cosas, estimados lectores imaginarios. ¿Recuerdan mi proyecto Back To Roots? La idea era aprovechar unas cuantas semanas en que iba a tener un poco más de tiempo disponible para regresar sobre dos autores que me importan mucho, Marx y Hume. En la práctica, ese tiempo disponible nunca apareció (empiezo a pensar que, realmente, ya nunca lo hará). Nunca tuve oportunidad de volver sobre nada de Hume, y tan sólo pude volver sobre algunas cosas sobre Marx sin poder regresar mucho sobre los textos – mi idea ilusa era que, finalmente, podría leer bien El Capital.

Así que, hasta este punto, el proyecto BTR solamente ha podido tener lo siguiente:

Ahora que la carga laboral ha vuelto a la normalidad que nunca abandonó, no sé bien qué hacer con esto. Quiero seguir con la idea del back to roots, quiero llegar eventualmente a ver algo de Hume, pero no me queda muy claro que esto como “proyecto estacional” vaya a funcionar – sobre todo porque su estación ya acabó. Así no sé bien cómo organizar esto – tomarlo como un recurso separado, dejarlo como una subsección de este blog, moverlo a otro blog, cancelarlo, no lo sé bien. Por ahora, quiero seguirlo actualizando por aquí hasta que se me ocurra algo mejor (incluso se me ocurrió que sería interesante buscar colaboradores para abrir otro blog, sólo dedicado al tema de reinterpretaciones de Marx y el marxismo, pero la sola idea de dedicarme a colaborar con otro blog más me aterra – lo dejo para almas más valientes que la mía). Espero poder hacerlo, porque ya tenía pensados varios temas en torno a Marx que quería trabajar (vean esto como un “coming soon”):

  • El problema de la categoría de “clase social”
  • La obsesión por la consistencia interna del marxismo
  • El problema del moralismo y la revolución (o el kantianismo de Marx)
  • La tensión entre revolución y reforma
  • La relación de Marx con la tecnología
  • La necesidad de la autoconsciencia para la revolución

Todos son problemas que me parece quedan abiertos en los textos de Marx, o han sido re-abiertos por los 150 años que le han sucedido, y sobre los que vale la pena regresar y ver qué puede retomarse o reformularse. Entonces, tengo la esperanza de volver sobre estos temas para darles un poco de vueltas, y con un poco de suerte volviendo también sobre los textos para complementarlo realmente con un back to roots.

¿Y con Hume? Ahí estoy más perdido todavía. Nunca he podido enfrentarme como es debido con el Tratado sobre la naturaleza humana, una obra muy larga y muy dura, que requiere mucho tiempo y esfuerzo. Pero no sé exactamente qué quiero sacar de allí, a diferencia de Marx. Así que por este lado creo que necesito pensarlo un poco más – creo que el asunto iría un poco por el lado de los sentimientos morales (y sería interesante combinarlo con Adam Smith en ese sentido) como un intento de actualizar un trabajo que escribí hace un tiempo, sobre influencia de las emociones en las decisiones racionales. En fin, creo que esto es para darle un poco más de vueltas.

Tribulaciones de la vida moderna, supongo.

Estos días de Feria del Libro, en el Vértice del Museo de la Nación, he dedicado tiempo y quizás demasiado dinero a la obsesión bibliófila. Pero en fin… el asunto es que he conseguido un par de cosas interesantes relacionadas a Marx que tienen relación y relevancia también para mi proyecto Back To Roots.

El primero es un libro que también fue recomendado en un comentario anterior, Batallas por la teoría: En torno a Marx y el Perú, de Guillermo Rochabrún (IEP, 2009). Es una compilación de diversos textos que Rochabrún ha publicado, presentado o escrito a lo largo de varias décadas y etapas de su propio desarrollo intelectual que tiene, por supuesto, cercana relación con el desarrollo del país. Lejos de ser una serie de análisis de sucesos coyunturales – enfoque que él mismo critica en la introducción – se trata, más bien, de apropiaciones de lo que sucede en nuestros procesos históricos a partir de un aparato teórico inspirado por Marx, pero que de ninguna manera se limita a él. Creo que lo que más se le puede celebrar a Rochabrún es, en ese sentido, su singular heterodoxia y su sinceridad teórica y académica, que se traduce en su compromiso por repensar un aparato teórico a partir de Marx, y no simplemente en buscar sus vacíos y ver cómo rellenarlos para mantener su consistencia. Su preocupación teórica escapa de Marx y de los problemas que trata para alcanzar el grueso de la lógica de las ciencias sociales:

¿Qué desearía que fuese más apreciado por los lectores? Podrá notarse cómo a estas alturas me preocupa muy poco “la vigencia” o no vigencia de Marx, como la de Mariátegui; y en todo caso estoy seguro que sabrán defenderse solos. En cambio, me sigue interesando sobremanera las formas de pensar: cómo razonamos en las ciencias sociales. He encontrado reiteradamente que el modo de razonamiento es lo que menos preocupa en nuestros círculos intelectuales, aunque ocasionalmente me cruzo con nuevos y antiguos estudiantes caminando por la misma huella. De ahí los sentimientos encontrados que me acompañan cuando me pregunto si este esfuerzo de poco más de tres décadas habrá valido la pena. (Introducción)

Otro libro que me llamó mucho la atención y espero poder comentar más en los próximos días fue Verdades y saberes del marxismo: Reacciones de una tradición política ante su “crisis”, de Elías José Palti (FCE, 2005). Me gusta la premisa que adopta el libro: buscar y mapear las diferentes re-interpretaciones del pensamiento de Marx que trabajan diversos autores en los últimos años. Palti incluye en su lista a Anderson, Jameson, Laclau, Badiou, Zizek, Derrida, entre otros, para ver la manera como el pensamiento marxista puede readaptarse para responder a los desafíos filosóficos del siglo XX (algo en lo que la ortodoxia fracasó notablemente) y reaparecer como una nueva base teórica. La contratapa del libro anuncia:

Las reelaboraciones recientes del pensamiento marxista sirven así de motivo a Elías Palti para explorar el intricado universo conceptual que se articula en función de la fisura que la evidencia de la radical contingencia de los fundamentos de todo orden institucional postradicional hiende en el concepto mismo de lo político. Pero también nos revela por qué no podemos, aun entonces, evitar confrontarnos con ella, tratar obstinadamente de pensar aquello que resulta hoy, sin embargo, impensable. A diferencia de los trabajos tradicionales de filosofía política, Verdades y saberes del marxismo no espera encontrar o aportar respuestas políticas o filosóficas ni pretende ofrecer posibles soluciones o alternativas a la dislocación experimentada por la política. Aspira sí a tratar de clarificar cuál es la naturaleza de las preguntas que tal situación plantea y revelar por qué la actual crisis del marxismo contiene algunas claves fundamentales para hacerlo.

Éstas han sido mis dos adquisiciones vinculadas al tema. También hay una serie de textos interesantes que he encontrado pululando por ahí. Si buscan textos del mismo Marx, lo mejor es ir al stand de Siglo XXI, donde hay algunos volúmenes de su edición de El Capital (es un crimen que esa edición no se pueda conseguir más fácilmente en el Perú) y varios textos vinculados a la crítica de la economía política (aunque lamentablemente no los Grundrisse). Otro dato curioso es que en Contracultura, encontré dos de los tres volúmenes de la edición en español de las lecciones sobre la Fenomenología del espíritu de Hegel que dictó Alexandre Kojéve en París en los años 30 – textos interesantísimos para entender a los autores franceses posteriores, y para tener una versión singular de Hegel que lo pone mucho más cercano a Marx.

(Bonus track: esto no lo conseguí en la feria, pero lo conseguí hace poco en El Virrey. Se trata del libro El marxismo en América Latina, de Michael Löwy (Ediciones LOM, Santiago, 2007), que me llamó la atención porque es una compilación de textos producidos por diferentes autores latinoamericanos en torno al marxismo, que incluye no sólo pensadores sino también políticos e incluso documentos y pronunciamientos de partidos y organizaciones de todo el continente. Creo que es un muy buen documento para estudiar no sólo el pensamiento de Marx, sino también la apropiación particular de este pensamiento que se ha hecho en América Latina, con mejores o peores resultados.)

[Parte de mi proyecto Back To Roots]

El problema de la relación entre ciencia e ideología en Marx es uno de los que me resultan más interesantes, si no el más interesante, personalmente. Y es también uno de los problemas teóricos que más problemas prácticos genera, porque de la epistemología que se encuentra detrás del marxismo se desprenden muchas de las pretensiones de legitimidad de su acción práctica. Puesto bien esquemáticamente, Marx considera que lo que él hace es ciencia, mientras que lo que todos los demás hacen se ideología. La diferencia radica en la separación entre la infraestructura económica, y la supraestructura ideológica: la primera está conformada por el aparato productivo de una sociedad, y las relaciones sociales que se construyen para manejar ese aparato. Por ser lo que Marx considera la base material de la sociedad, es a partir de allí desde donde se determina el contenido de la supraestructura ideológica, el ámbito de lo religioso, lo jurídico, lo político, lo cultural, lo filosófico, y demás. En otras palabras: toda aquella teoría que se instale en el ámbito de lo materialmente efectivo, de lo medible, es decir, en el ámbito de lo económico, podrá considerarse como ciencia, mientras que toda teoría que se instale, más bien, en el orden de todo aquello que deriva de la economía, no podrá ser sino ideología.

De allí que la principal crítica de Marx a los neohegelianos de izquierda sea que antepongan los productos de la consciencia a la base material de la sociedad. Como señala en La ideología alemana, para distinguirse de ellos:

Las premisas de que partimos no tienen nada arbitrario, no son ninguna clase de dogmas, sino premisas reales, de las que sólo es posible abstraerse en la imaginación. Son los individuos reales, su acción y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado como las engendradas por su propia acción. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la vía puramente empírica.

A partir de esta pretensión epistemológica se puede entender por qué Marx se considera aún como un pensador de la modernidad: en el fondo, Marx considera que con el método adecuado se puede penetrar profundamente en el núcleo mismo de lo real, que es en este caso la manera como una sociedad produce. Desde ese núcleo de lo real puede denunciarse científicamente que toda forma que no se derive de ese núcleo, es una forma ilusoria, un engaño. Desde la infraestructura económica se hace ciencia; cualquier otra cosa no es más que ideología, y por tanto, la ideología no puede ser sino un enmascaramiento de la realidad, una legimitación del orden establecido que se juega estrictamente en el plano de lo económico y lo productivo.

Mi problema con este problema deriva, por supuesto, de la crítica filosófica del siglo XX a estos grandes sistemas totalizantes que pretenden tener la llave para alcanzar el núcleo íntimo de la realidad. Sin entrar mucho en detalle, se trata de preguntar, ¿por qué? ¿Qué hace que este punto de vista sea el privilegiado, y no otro? ¿Qué hace que este punto de vista, históricamente constituido como cualquier otro, tenga la facultad de alzarse por encima de lo históricamente constituido? Y la verdad es que no encuentro, realmente, el asidero a partir del cual esto pueda sustentarse. Esto no es trivial, porque de esto se desprende para el marxismo la posibilidad de denunciar en cualquier otra forma teórica o práctica el estar engañados y no ver la realidad como realmente es. Pero, si lo analizamos hasta el fondo, el marxismo mismo tampoco tiene el fundamento para decir que conoce la realidad como realmente es, pues su perspectiva es, también, un producto de la historia, y no de la iluminación divina espontáneamente brillando sobre el buen Karl.

De lo cual se desprenden, me parece, dos conclusiones igualmente interesantes. La primera es que el marxismo no es ciencia. Y eso es bueno. Porque significa que como tal, es un pensamiento mucho más móvil, mucho más dinámico y mucho más prometedor que si intentamos congelarlo bajo el estandarte de la ciencia, y ni siquiera de cualquier ciencia, sino de la ciencia decimonónica, positivista de su época. Es decir, reconocer que el marxismo no es ciencia, sino otra cosa (cualquiera que sea esta otra cosa) permite descartar una serie de críticas y dejar de lado una serie de problemas que buscan reconciliar internamente la teoría marxista de tal modo que cuadre perfectamente, que sea lo suficientemente consistente como para ser denominado ciencia. Y coincido (creo que es con Popper, si mal no recuerdo) en que el marxismo es tanto ciencia como lo es el psicoanálisis – es decir, que ninguno realmente lo sea. Sólo que no creo que eso sea un problema: creer que lo es sería, de nuevo, medir las teorías bajo la valla del cientificismo propio del siglo XIX que, me parece, podemos cómodamente dejar atrás.

Lo segundo sería que, entonces, caería bajo su propia concepción de la ideología. Lo cual nos permite reivindicar el ámbito de lo ideológico como uno mucho más interesante y rico de lo que Marx le otorgaba. Porque, para empezar, nos permite reconocer que no hay construcción teórica o práctica que pueda suscribirse plenamente de lo ideológico, y nos plantea también que la relación entre infraestructura económica y supraestructura ideológica (términos que se vuelven un tanto obsoletos) se vuelve algo un poco más complejo. La Escuela de Frankfurt en los años 20 y 30 empezará a considerar, por ejemplo, que la relación entre ambas dimensiones es más bien dialógica, lo cual guarda también relación con el trabajo de Max Weber a principios de siglo. El marxismo ortodoxo, en cambio, optará por continuar la defensa de la separación rígida entre ciencia e ideología, en parte por una cuestión de consistencia teórica y en otra parte por una cuestión de consistencia política.

Esto ha hecho, también, que el espacio de exploración del terreno ideológico se vuelva mucho más rico en las últimas décadas, con resultados mejores y peores. Quiero seguir volviendo sobre este tema, pero quiero compartir dos nociones sobre la ideología que me resultan sumamente sugerentes. La primera es la del filósofo pragmatista estadounidense Richard Rorty, quien en el peor de los casos considera la categoría de lo ideológico como innecesaria, y en el mejor como necesitada de reformulación. En su artículo Feminismo, ideología y deconstrucción: una perspectiva pragmatista, Rorty señala sobre la ideología:

Este representacionalismo no concuerda ni con la insistencia pragmatista en que la verdad no es una cuestión de correspondencia con la naturaleza intrínseca de la realidad, ni con el rechazo deconstruccionista de lo que Derrida llama “la metafísica de la presencia”. Los pragmatistas y los deconstruccionistas están de acuerdo en que todo es un constructo social, y que no tiene objeto intentar distinguir entre lo “natural” y lo “meramente” cultural. Están de acuerdo en que la cuestión es qué constructos sociales desechar y cuáles mantener, y en que carece de sentido apelar al “modo en que las cosas son realmente” durante las luchas alrededor de quién consigue construir una cosa u otra.

La otra perspectiva que me parece sumamente ilustrativa sobre el sentido que se le puede dar a la noción de ideología es presentada por Jon Elster (haciendo referencia a Douglas North), un heredero contemporáneo del marxismo que ha buscado por muchos caminos su actualización, en su libro Ulises y las sirenas:

Aquí sólo mencionaré el argumento de Douglas North en el sentido de que una ideología es “un modo de economizar los costos de información y por consiguiente es en general una respuesta racional”, porque nos ahorra la molestia de evaluar cada situación por separado y sobre sus propios méritos.

No creo que el ámbito de lo ideológico se reduzca a eso, pero me parece una perspectiva sumamente interesante para entender la función que cumple la ideología en nuestras vidas cotidianas, así como la manera como podemos tener acceso a la re-construcción de esta categoría más bien abstracta. No podemos ver la ideología; sólo podemos ver sus prácticas cotidianas manifiestas, y a partir de ellas re-construir lo que podría ser una descripción convincente de una construcción ideológica. El camino tiene un poco el mismo sentido de ida y vuelta: intentar dar cuenta a partir de las decisiones que tomamos de los mecanismos que operan cuando tomamos decisiones. El sentido, si queremos ampliarnos un poco más allá, alcanza la misma manera como le damos sentido a nuestras vidas para orientar el curso de estas decisiones. Pero esto ya es ponernos demasiado existencialistas para este momento.

¿Ya visitaron el Laboratorio de Videojuegos de Lima? Aquí un poco de autobombo con algunas de las novedades que han habido por allí en las últimas semanas – siempre pueden visitar la presentación que hice aquí o la autopresentación del propio LVL.

Con suerte, cuando la carga de trabajo baje un poco, podremos empezar a pensar también en los primeros eventos y reuniones del LVL. Stay tuned.

[Parte de mi proyecto Back To Roots]

Uno de los principales problemas que encontramos al volver sobre los textos de Marx y sobre la teoría marxista son las ediciones existentes. Durante mucho tiempo, sobre todo durante la Guerra Fría y con el apoyo del Partido Comunista de la Unión Soviética, se publicaron cientos de ediciones de obras de Marx, del marxismo ortodoxo de la línea de turno en Moscú, y de autores relacionados en todo el mundo, bajo el formato de ediciones populares destinadas a difundir la doctrina de los partidos comunistas entre los proletarios del mundo. Se trataba de un esfuerzo ciertamente reconocible de “ilustración” para difundir las ideas revolucionarias.

El problema es que, desde el punto de vista académico o teórico, la gran mayoría de estas ediciones son nefastas. En primer lugar, por el poco cuidado que se tiene con las ediciones. Muchos de los textos son mutilados de maneras poco claras, resumidos sin criterios explícitos, o adaptados para reflejar más claramente la versión dominante de la revolución que presentaba el liderazgo del partido. Es decir, frecuentemente estas ediciones estaban fuertemente cargadas políticamente no sólo en su contenido, sino en la misma selección de textos y en la manera como eran editados. Por otro lado, su fácil difusión ha contribuido también a que múltiples generaciones se hayan formado leyendo estas versiones, de manera que para muchas generaciones de seguidores de Marx la versión de los textos que han leído ha estado muy lejos de ser la más adecuada para recoger su complejidad.

(Esto ha afectado, también, a otros textos y autores relacionados. Por ejemplo, existe una edición, cubana si no me equivoco, de la Filosofía del Derecho de Hegel que lleva como prólogo la Crítica de la filosofía del derecho de Hegel de Marx – lo cual no aporta, por supuesto, a un lectura más comprehensiva del texto.)

El otro problema importante, que nos afecta particularmente, es el problema de las traducciones. Y es que, en muchos casos no se realizaron traducciones directas y críticas de los textos originales en alemán, sino que se trabajó con retraducciones del francés, italiano o incluso del ruso. Con lo cual mucha de la complejidad del idioma original se perdió en el camino, en ediciones que no venían acompañadas del aparato crítico que señalara dónde se encontraban las diferencias con los originales. Con El Capital, por ejemplo, quizás la obra más importante de Marx, es muy fácil encontrar la edición de la editorial Cartago que es, sin embargo, una retraducción del francés cuya edición original es de por sí problemática (Daniel ha hecho un buen catálogo de las traducciones al español de El Capital). De manera similar ocurre con diversos otros textos. Y la cosa es tanto más grave porque, en muchos casos, estas ediciones son las únicas o de las pocas que existen en español para muchos de otros textos. La edición de los setentas de La ideología alemana, de Ediciones Pueblos Unidos, por ejemplo, es la única de la que tengo conocimiento en español de este texto fundamental (la traducción es del siempre fiel y casi siempre confiable Wenceslao Roces, el hombre que ha traducido más libros de los que yo he leído).

A esto hay que agregar, además, el sumamente cuestionable “aporte” al entendimiento del marxismo que muchos de los comentarios y elaboraciones publicados de la misma manera han hecho en las últimas décadas. Al no poder (ni querer, tampoco) estos mismos trabajos acceder a fuentes originarias de calidad, además de responder casi siempre a cuestiones políticas ajenas a los textos, los contribuciones de comentaristas y analistas de Marx frecuentemente ayudan poco a entenderlo mejor, al menos dentro de la línea ortodoxa. El popular manual de Marta Harnecker, por ejemplo, tan fácil de conseguir hoy día en cualquier feria de libros viejos, ha sido quizás el documento más importante en la configuración del entendimiento del marxismo y de la izquierda para toda una generación de jóvenes latinoamericanos de hace unas décadas. Pero todo lo que sintetiza en forma de manual lo elimina al mismo tiempo en complejidad y profundidad de un pensamiento que reclama ser criticado en la misma medida en la que criticaba.

Finalmente, una cuestión de contexto. Y es que la obra de Marx suele entenderse de una manera, me parece, demasiado aislada. No sólo aislada de su particularidad histórica (comprensible por la misma perspectiva del propio Marx, que pretendía hacer ciencia de la historia universal), sino también de sus antecedentes intelectuales. Es decir, aunque bien se puede leer y entender a Marx a partir de Marx, hay ciertos referentes, como los mismos pensadores del liberalismo político y económico, sus compañeros neohegelianos de izquierda en su juventud, y, sobre todo, su herencia del mismo Hegel, que enriquecen enormemente la comprensión de su teoría y hacen aparecer una serie de otras dimensiones que no son tan evidentes. Una perspectiva comparada y contextualizada, entonces, también ayuda mucho a entender de dónde vienen y a dónde van las ideas de Marx.

Escapa a mi intención aquí realizar un catálogo de qué textos son recomendables y cuáles no, por tratarse de un tema sumamente discutible y extenso y que, por supuesto, no manejo del todo – aunque sería una discusión interesante a tener en los comentarios. En realidad, estas notas van simplemente con la intención de señalar algo que deberíamos tener siempre presente al leer cualquier texto: que debemos tener en cuenta que lo que estamos leyendo responde a un proceso más complejo de lo que parece. En particular, en el caso de los textos de Marx, que se encuentran de por medio todas estas capas que pueden de alguna manera transformar la perspectiva y la teoría con la que nos encontramos. Y, por supuesto, que mucho de lo que se dice y hace al respecto se dice y se hace a partir de fuentes con muchos problemas, que muchas veces no se detienen a cuestionar.

Como dije hace un rato sobre mi proyecto Back To Roots, uno de los autores sobre los que quiero volver en las próximas semanas, de una manera más o menos creativa y crítica y no tanto enciclopédica, es Karl Marx. Pero se me ocurre que será, también, una revisita complicada porque hay tanto en juego al hablar de Marx que no puede dejarse realmente de lado. Porque, justamente porque Marx aboga explícitamente porque la teoría y la práctica sean casi lo mismo (al puro estilo del ISIL), volver sobre la teoría que construye Marx implica volver sobre las maneras como esa teoría se ha visto realizada en diversos momentos de la historia, con mejores y peores resultados.

Pero, como le he escuchado decir a Pepi Patrón (una de las conocedoras no-ortodoxas de Marx mejor informadas que conozco) más de una vez, actualmente es un excelente momento para regresar al estudio de Marx. Es un excelente momento porque en el mundo después de la caída del muro, ya no tenemos por qué aceptar el dogmatismo soviético sobre la doctrina marxista, ni tenemos que adoptar la satanización capitalista del marxismo, sino que es mucho más fácil explorar qué vale la pena y que no sin tener que optar por ninguno de los extremos. Más aún, ahora que la crisis financiera nos está haciendo revisar nuestro paradigmas dominantes para encontrar significados más consistentes, Marx es visto con menos resistencia en estas discusiones. (Un buen ensayo de Pepi Patrón argumentando sobre la relevancia actual de leer a Marx pueden encontrarlo en el libro publicado el año pasado por el Fondo Editorial de la PUCP, Por qué leer filosofía hoy.)

El gran problema está en que, a un nivel generalizado, mucho de lo que se discute sobre Marx son concepciones incompletas y frecuentemente imprecisas sobre lo que Marx puedo haber dicho o hecho. Y esto se ha visto horriblemente agravado por décadas durante las cuales cualquier revisión o reinterpretación de su pensamiento fueron vetadas por el Partido Comunista soviético que congeló a Marx, lo volvió doctrina, y volvió la doctrina dogma, reajustando la realidad para ajustarse a la teoría siempre que fuera necesario.

De allí que me parezcan muy necesarias dos cosas, para hablar algo más interesante de Marx en la actualidad. Lo primero, es una revisión abierta y crítica sobre muchas de las ideas más interesantes que me parece hay en Marx – la crítica a las inconsistencias del capitalismo, la idea de la teoría como una forma de práctica, la importancia de transformar la realidad, su análisis de las diferentes categorías sociales, etc. – así como los múltiples problemas y contradicciones que se desprenden de esas mismas ideas. Lo segundo, y que va directamente de la mano, es cómo podemos coger estas ideas y estos problemas y actualizarlos para ver qué nos pueden decir en la actualidad frente a los nuevos problemas y las nuevas condiciones sociales en las que vivimos. No sólo el mundo no es el mismo al de 1848 cuando se publicó el Manifiesto del Partido Comunista, sino que en el camino hay una enorme cantidad de aportes teóricos y prácticos que pueden ayudar a echar luz sobre lo que Marx significa en la actualidad, o podría significar.

Por eso quiero dedicar un poco de tiempo a trabajar en esto, desde mi pequeño proyecto BTR. No tengo intención de ser textualmente exacto, ni exégeta, ni nada por el estilo, sino lo que quiero es desarrollar algunas de las dudas y preocupaciones que a mí mismo me genera la lectura de algunos textos de Marx y las contradicciones que veo con cosas que han sucedido y suceden posteriormente. Lo que quiero hacer dista por completo de ser cualquier tipo de apología, mucho menos una lectura partidaria, sino que busca ser sobre todo una apropiación crítica, en todo el sentido de la palabra.

He estado pensando que, dentro de un par de semanas cuando tenga un poco más de tiempo, quiero dedicarme a hacer un pequeño “back to roots” a un par de autores que aprecio mucho y sobre los que nunca está de más regresar para ver qué novedades pueden encontrarse.

El primero de ellos es el buen David Hume. De Hume hay muchas cosas muy interesantes que rescatar, empezando por su aproximación escéptica a la filosofía y fuertemente enraizada en la naturaleza y lo observable (arrojando, famosamente, la metafísica a las llamas). Al mismo tiempo, Hume evidencia en gran medida la preocupación por los límites de la razón que luego recogerá Kant, pero a diferencia de Kant – que toma esto como el punto de partida para preguntarse qué es legítimo conocer y cómo podemos tener un conocimiento que sobrepase lo subjetivo – Hume parece no tener mayor problema con estos límites, y básicamente se dedica a jugar dentro de ellos. De allí que Hume siempre me parezca un autor sumamente saludable y refrescante sobre el cual volver porque nos remite a un mundo de probabilidades y posibilidades, de sentido común, de sentimientos que son tan importantes como los argumentos. Ciertamente una figura sui generis dentro de la filosofía de su época.

El segundo de ellos es Karl Marx, autor sumamente polémico aunque considerablemente menos leído de lo que es discutido y mencionado. Volver a Marx implica inevitablemente volver a Hegel, que es un vínculo que frecuentemente queda dejado de lado. Hay una serie de temas que me gustaría revisitar sobre Marx y el marxismo que le siguió (que distan mucho de ser lo mismo), incluyendo muchos problemas que quedan abiertos. En Marx encontramos relaciones sumamente interesantes sobre la tecnología, su influencia en la organización social y consecuentemente también en las construcciones ideológicas que elaboramos. Y, por supuesto, una crítica de la economía política que saca a la luz muchos de los vacíos y las contradicciones que surgen de un modelo productivo que es en mucho el mismo que tenemos hasta hoy, pero en mucho es también un modelo transformado para el cual las mismas categorías no se aplican tan fácilmente.

Así que tengo la esperanza de volver sobre estos autores en las próximas semanas, no como un estudio detallado ni nada por el estilo, sino más bien para ver qué cosas nuevas e interesantes pueden encontrarse. No pretendo hacer historia, sino buscar conexiones y sugerencias, al mismo tiempo que busco actualizaciones que muestren un poco la relevancia que pueden tener en la actualidad. Ya habrá tiempo para irlo conversando.

(Al mismo tiempo, acabo de darme cuenta que un muy buen puente entre ambos autores es Jon Elster, otro autor al cual aprecio mucho y que será también sumamente interesante revisitar de yapa.)

En gran parte lo que hago aquí es filosofía de la tecnología, en gran parte no porque es necesario ir más allá de la filosofía y más allá de la tecnología. La razón la encontré hace poco en uno de los pasajes bloggeados del libro de Kevin Kelly, New Rules For The New Economy, que también me recuerda mucho a lo que hace unos meses dijera en su visita a Lima Godfrey Reggio sobre la tecnología:

La tecnología ya no está afuera, ya no es extraña, ya no está en la periferia. Está en el centro de nuestras vidas. “La tecnología es la fogata alrededor de la cual nos reunimos”, dice la músico/artista Laurie Anderson. Por décadas, la alta tecnología tenía una presencia marginal. De repente–parpadeamos–está en todas partes y es lo más importante.

La tecnología ha podido infiltrar nuestras vidas al grado al que lo ha hecho porque se ha vuelto más como nosotros. Se ha vuelto orgánica en su estructura. Dado que la tecnología en red se comporta más como un organismo que como una máquina, las metáforas biológicas son mucho más útiles que las mecánicas para entender cómo funciona la economía en red. [Traducción mía]

Siguiendo la misma línea, que también está presente en autores como Marshall McLuhan, es que intento darle algún sentido al fenómeno tecnológico. Últimamente he estado buscando la manera o explorando la idea de empezar a compilar recursos que ayuden en este sentido – textos, autores, discusiones, videos, y demás. Aunque no tengo del todo claro cómo construir esta base, se me ocurrió que sería buena idea empezar a incluir algunas referencias desde la filosofía que me han servido de una u otra manera. La distinción es arbitraria, porque realmente no creo que tenga mucho sentido en la práctica trazar una división entre lo filosófico y lo ni filosófico, pero puede ser de utilidad para ver cómo la tradición filosófica ha venido pensando el problema de la tecnología, de manera directa o indirecta.

  • Karl Marx. La tecnología tiene un rol central y liberador en Marx. Particularmente útiles son La ideología alemana y su magnum opus, El capital. [Recomiendo también las notas de Daniel sobre traducciones de El Capital al español.]
  • G.W.F. Hegel. Aunque en Hegel el tema no es propiamente central, muchos de sus conceptos, tanto antecedentes a Marx como consecuencias de su filosofía del derecho, sirven para explicar mucho de las dinámicas de comunidades que se forman a partir de la tecnología. Aquí vale, justamente, su Filosofía del derecho.
  • Martin Heidegger. Nunca me ha convencido mucho Heidegger hablando sobre tecnología. Pero igual tiene varias ideas que desde el “olvido del ser” tienen bastante valor y relevancia. Recomendaciones: El fin de la filosofía y la tarea del pensar, y La pregunta por la técnica.
  • Walter Benjamin. Con Benjamin la cosa se pone bastante interesante. Aquí todo se juega en La obra de arte en la época de la reproducción técnica, un excelente ensayo sobre cómo reconceptuamos (o no) la experiencia estética.
  • Theodor Adorno y Max Horkheimer. Aunque tienen muy buenas contribuciones individualmente, los pongo aquí juntos porque me refiero, por supuesto, a Dialéctica de la ilustración. La sección que habla de la ilustración como engaño de masas por medio de las industrias culturales es fundamental.
  • Thomas Kuhn. La estructura de las revoluciones científicas es también un muy buen camino para no interpretar ingenuamente las transformaciones que implica el cambio tecnológico y el cambio mediático.
  • Jacques Derrida. Dentro de su cripticismo, Firma, acontecimiento y contexto es un buen puente entre una reflexión que involucra la tecnología y la deconstrucción, en particular en torno al alfabeto y la imprenta.
  • Marshall McLuhan. Comprender los medios de comunicación es un punto de referencia fundamental. La idea de que “el medio es el mensaje” no sólo condensa muchos de los giros filosóficos del siglo XX, sino que también inaugura todo un nuevo espectro para estudiar y analizar los medios de comunicación.
  • Jürgen Habermas. Heredero de la Escuela de Frankfurt, tiene muy buenos trabajos sobre comunicación y opinión pública. Especialmente importantes, Teoría de la acción comunicativa, su magnum opus, y también Historia y crítica de la opinión pública (título mal traducido de lo que debió ser La transformación estructural de la esfera pública).
  • Noam Chomsky. Otra persona que, como Habermas, lo saben todo y lo han leído todo y son casi invencibles. El trabajo Manufacturing Consent de Chomsky con Edward Herman es excelente para entender la influencia de los medios en la política.

(No he revisado los textos enlazados, así que no puedo tener por seguro que sean buenas ediciones o traducciones. Tómenlo como información referencial. Incluí enlaces allí donde pude encontrarlos, faltan un montón y un montón de autores también.)

Y en realidad, según por dónde queramos aproximar el tema, pueden trazarse muchas más conexiones. Quiero empezar a compilar este tipo de cosas pero no sé cómo, ni dónde, ni si vale del todo la pena. Ésta es una lista bien preliminar de referencias dentro de la “filosofía”, que llega, incluso, solamente a los 60s-70s, así que hay muchas más referencias que vincular.

Si alguien tiene alguna idea o sugerencia de cómo empezar a armar un recurso colaborativo más grande, me avisa.

Siempe se pueden encontrar muy buenas ideas y sugerencias en el blog de Seth Godin.

Esta vez, algo que guarda relación con mi reciente obsesión por los espacios, que a su vez tiene que ver con esto del ciclo de vida de las ideas. Al menos eso creo. Seth hizo el experimento de organizar una-especie-de MBA alternativo para un grupo muy selecto de gente -un programa gratuito pero de alta exigencia y compromiso-, donde se enfocara menos en contenido poco útil y más en problemas del mundo real vinculados a la implementación de sus ideas. El programa estaba muy enfocado en aprender unos de otros a partir de avanzar sus propios proyectos, y muy poco de leer casos de estudio y cosas por el estilo. Generó un espacio nuevo, lo probó, midió los resultados.

Que es, básicamente, el tipo de cosas que uno debería hacer si no tiene mucha idea por qué hace lo que hace. Es decir – si uno simplemente está flotando, haciendo cosas sin saber por qué, sería bueno que se detenga a preguntárselo y a preguntarse si no podría estar haciendo algo mejor con su tiempo.

La relación entre ambas cosas para mí es clara. En los espacios existentes, al menos en su mayoría, para el aprendizaje y la creación, nos chocamos a menudo con que no sabemos por qué estamos ahí. Vamos a la universidad, buscamos maestrías y especializaciones, a menudo simplemente porque es lo que se espera de nosotros. Nos sentamos en clases largas, aburridas, poco motivadoras, simplemente porque así son las cosas. Y por lo mismo, asumimos que estos espacios tienen que ser así como los hemos encontrado, y nosotros simplemente debemos aguantarlos un rato. Y luego… no sé, cuando uno se pone a pensar en el luego se le complican un poco las cosas.

Pero así como Seth, no está demás con probar con nuevos espacios de cuando en cuando. Nuevas fórmulas. Que corren todos los riesgos de simplemente no verse legitimadas: ¿Por qué seguiría ese programa nuevo si no tiene ningún reconocimiento oficial? ¿Por qué asistiría si no me da ningún título útil para mi carrera? ¿Por qué participaría si la metodología no tiene el respaldo de nadie importante? Y así sucesivamente.

Es irónico, me parece, que aún dentro de la filosofía -cuya etimología es, por supuesto, “amor por el conocimiento”- las fronteras estén tan clara y rígidamente definidas hacia lo aceptable y lo que no lo es. Conocimiento por aquí, todo lo demás al otro lado de la línea. Y los espacios del conocimiento están, también rígidamente definidos, así como los procedimientos para llegar a él. Supongo que de ahí que sienta tanto la necesidad de buscar nuevos espacios, después de que tantas veces me he preguntado y me sigo preguntando qué rayos estoy haciendo aquí.

@piscosour

  • Poniéndole orden al caos. Domingo de arreglar el espacio de vida para llegar a fin de año. 9 hours ago
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  • Pensando en armar mi propio servidor de archivos / medios para casa... hmmmm linux box.... 2 days ago

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