You are currently browsing the category archive for the 'Gestión del conocimiento' category.
No suelo hacer compras en línea. Principalmente, porque no tengo claro el asunto del envío y la aduana peruana es algo muy cercano al infierno con lo cual no quiero tener que lidiar: considerando que casi todos los productos enviados llegarán del extranjero, no sólo los costos de envío me comerían vivo (eliminando en gran parte todo lo interesante de comprar más barato en línea), sino que es bastante probable que los trámites que pudieran surgir me volverían psicópata. Si alguien tiene mejor conocimiento que yo del tema, mucho les agredecería me ilustren.
Pero quería escribir sobre otro tema, ya que justamente he estado buscando en Amazon.com por la posibilidad de comprarme una cámara digital. Suelo recurrir a Amazon seguido en busca de información sobre discos, libros, películas o productos en general, pero nunca mucho para comprar por ahí. Así que ahora me he fijado con mucho mayor detalle en una serie de características que tiene Amazon para simplificar el hecho de que existen millones de productos posibles que se pueden comprar, haciendo todos esencialmente lo mismo. Nada de esto es nuevo, pero es la primera vez que reparo en ello como para comentar al respecto.
- Lo más interesante son los reviews de clientes satisfechos e insatisfechos. Miles de individuos viven la fiesta de la posmodernidad contando su propia historia sobre cómo han utilizado el producto, qué encuentran de bueno y que de malo. La mayoría de productos tiene suficientes reviews como para poder pintarse un panorama bastante completo sobre sus puntos fuertes y débiles, y particularmente, narraciones que le suenan a uno suficientemente cercanas como para identificarse con los propósitos y preocupaciones del autor. Pero no nos pongamos literarios.
- Amazon te muestra, debajo del producto que estás viendo, una distribución porcentual de cuántas personas que vieron el mismo producto lo compraron, cuántos compraron otra cosa y qué otra cosa compraron. Esto facilita establecer el rango en el que uno se mueve y según los porcentajes ver más o menos cuáles productos han sido mejor favorecidos.
- Desde la misma página del producto, uno tiene la opción de seleccionar todos los extras y accesorios que pudiera querer o necesitar, a menudo con un descuento por comprarlos en paquete. No es la gloria, pero me parece bueno que te simplifiquen el proceso de darles tu dinero.
- Junto con los reviews de los usuarios, Amazon incluye también enlaces a reviews de sitios especializados en el producto -en el caso de cámaras, por ejemplo, enlaces a sitios de fotografía que han hecho reviews más detallados del producto-.
- Pero ésta es la que me hizo escribir esta nota: en la misma página, Amazon incluye enlaces a otros sitios web que venden el mismo producto, junto con el precio al que lo venden. Osea, te ponen a la competencia al costado. No sé si esto esté filtrado de tal manera que Amazon siempre tenga el precio más barato, pero ese no es el punto. Es el hecho de que así se genera la perfecta cámara de resonancia. Todo está en esta página. No sólo puedo comparar productos de un mismo género, a través de sus reviews, sino que puedo sacar una idea del mismo producto a través de varios vendedores. En una misma parada, bien podría tener toda la información que pudiera necesitar.
La información bruta está allí esperando que se le dé forma. El ejemplo de Amazon me parece interesante porque juegan de tal manera con toda la información que se genera de sus ventas que producen una orientación de suma utilidad para el cliente, quien puede así tomar una decisión mejor informada sobre lo que compra (o al menos creer que lo hace). Además, esto no debe ser la gran cosa: una vez que el asunto está programado, todo corre más o menos por sí solo. Pero le hace la vida más feliz o al menos, menos problemática a todo el mundo.
No debería ser tan difícil…
OK, soy consciente de que si sigo repitiendo que todo está bajo profundas transformaciones, empiezo a sonar aburrido.
Mejor al menos elaborar un poco del asunto. Todo este asunto de la época 2.0 se traduce en un fuerte espíritu de colaboración. Por alguna razón, en nuestra época gozamos de un espíritu mucho más dispuesto y abierto hacia colaborar de maneras más o menos gratuitas. Esto viene, además, asociado a que hoy disponemos de tecnologías que nos permiten comunicarnos, compartir y colaborar de maneras mucho más sencillas a las antes conocidas.
Hoy es sumamente fácil articular a un grupo de gente en torno a intereses o preocupaciones comunes, intercambiar información y experiencias, generar una base común de conocimiento y de ella derivar cursos de acción que se puedan desarrollar en conjunto. Esto lo hemos venido viendo surgir en diversos ámbitos de nuestra cultura.
La ciudadanía y el gobierno no es diferente, y de la misma manera, se está viendo transformado por los nuevos requerimientos que le plantea este espíritu. Cuando hay muchos más ojos concentrados en vigilar, es mucho más difícil que alguien pueda esconder algo debajo de la mesa. Cuando es más fácil expresarse y participar, el proceso político empieza a transformarse en algo mucho más integrador.
Detrás de esto hay un fuerte componente tecnológico y mediático, conforme estas herramientas posibilitan formas crecientemente complejas de colaboración, interacción y acción conjunta. Detrás de esto está, también, una forma o un modelo como compartimos la información y generamos bases colectivas de conocimiento. La regla general de este espíritu sigue siendo una de confianza: canales abiertos, información transparente, participación colectiva.
Todo suena muy bonito. Pero aún más bonito lo pone Tara Hunt en esta presentación (a la cual llegué por el blog de Luis Suárez).
Los efectos de todo esto recién empiezan a sentirse, y no debemos tampoco ser presas de una fe ciega que vea solución a todos nuestros problemas sin crear otros tantos en el camino.
Mi “negocio”, mi “industria”, si puede decirse que tenga alguno, es el del conocimiento.
Aprenderlo. Asimilarlo. Transformarlo. Comunicarlo. Crearlo.
A mi favor, todas las grandes transformaciones de este momento giran en torno a lo que hacemos con el conocimiento.
Lotus puede no haber entendido muchas cosas, pero parece estar entendiendo esto.
(Vía el blog de Chris Collison.)
El trabajo del profesor de antropología Michael Wesch y su taller de etnografía digital se ha vuelto sumamente popular, particularmente en YouTube y en general en la web, en los últimos meses. Hace ya tiempo incluí uno de sus clips en un post sobre aprendizaje y nuevas tecnologías, y hoy he encontrado un par de clips nuevos que ameritan exposición y comentario. Esto porque en ellos se evidencia una tensión latente y creciente pero que nos está costando mucho entender: los medios a través de los cuales nos expresamos y nos comunicamos están cambiando, y con ellos la manera como nos relacionamos con los contenidos y con los demás. El cambio es abrupto y radical, y las viejas estructuras no se adaptan con la misma velocidad que el cambio.
El resultado es claro en el caso de la educación, donde se hace crecientemente difícil conectar el contenido con los alumnos acostumbrados a algo… diferente. Desde que empecé a dictar clases de prácticas esto se me ha hecho más notable: es difícil hacer que un alumno con un “MTV attention span” se concentre en leer a Kant por dos horas. Hay que encontrar la manera de relacionarse con el contenido, de volverlo más cercano, de ponerlo en un lenguaje común. Esto no debería ser demasiado difícil, visto que aún sigo siendo estudiante. Pero aún así, el contenido mismo, y sobre todo la fuerza de la costumbre en la que uno es formado, hacen que no sea una tarea tan fácil.
Uno de los clips que encontré hoy enfoca justamente esta problemática, desde el punto de vista de los alumnos: ¿cómo aprendemos? ¿Cómo estructuramos el contenido? ¿Cómo debería entonces enseñarse? Conforme pasa el tiempo, se vuelve cada vez más claro que las formas conocidas de transmitir conocimiento funcionan cada vez menos.
El otro de los clips va en la misma dirección, y está directamente relacionado. ¿Cómo conocemos hoy? Antes, nuestras estructuras de conocimiento reflejaban en mayor o menor medida la manera como almacenamos la información. Archivadores, categorías, índices alfabéticas y cosas así. Pero hoy eso ya no tiene sentido. Estamos en la era de la búsqueda, cuando Google y las bases de datos relacionales, junto con la velocidad de computación creciente, hacen que la búsqueda de información sea trivial. La información misma se vuelve trivial, una vez que es tan fácilmente accesible. ¿Qué hace el usuario? Tiene que aportar algo nuevo, algo personal, algo que no esté en la simple data, para poder justificar su existencia. Saber la información se vuelve trivial. Entenderla, procesarla, agregarla, interpretarla, se vuelven los verdaderos elementos diferenciales.
La medida en que estos cambios lo están transformando todo es difícil aún de discernir. Marshall McLuhan señaló hace buen tiempo ya que el medio es el mensaje: que el medio reconstituye su contenido, y no es, como podría creerse tradicionalmente, un simple vehículo de contenido. Hay algo más que la forma aporta, algo determinante, y determinante a su vez en relación con el sujeto que consume información, que consume medios.
Y es éste un problema que me viene fascinando cada vez más. ¿Cómo aprendemos y cómo educamos hoy? Los métodos tradicionales brillan por su falibilidad, pero al mismo tiempo, hay ciertas cosas del establishment académico que podríamos querer mantener. No se trata simplemente de cambiarse a la moda y tirar todo por la ventana. Pero sí se trata de reprocesar, de reinterpretar el aprendizaje y preguntarnos qué se puede esperar de un alumno aprender. Regurgitar datos se vuelve una función trivial que una computadora puede hacer por sí sola. La idea misma de erudición se vuelve relativa.
¿Entonces?
La educación se vuelve un proceso más complejo, donde se debe enseñar con mayor profundidad las vicisitudes de consumir y producir información, y de hacerlo, además, de manera responsable. A todas las formas de alfabetismo y analfabetismo que conocíamos, ahora agregamos el alfabetismo mediático como elemento central en la formación actual de ciudadanos y consumidores responsables e involucrados. En muchas medidas y dimensiones esto se hilvana con otra serie de fenómenos que se vienen dando en paralelo, y por eso, hoy no podemos más que repensar, replantear, probar y ver qué pasa: política, economía, negocios, cultura, sociedad, medios, arte, producción, consumo, familia, redes sociales, comunidades, etc.
El medio está transformando todos los mensajes.
Una de muchas hipótesis que requieren de mayor sustento y consideración.
Me preocupa un poco empezar a repetirme a mí mismo, pero es lo que pasa cuando uno empieza a meterse en algo. En otras palabras: viendo que nuestro ordenamiento usual del mundo es hoy menos efectivo, y que en las condiciones actuales somos incapaces de tomar todas las decisiones necesarias, surge la pregunta por qué hacemos entonces, el problema filosófico de cómo nos manejamos frente al mundo y la incertidumbre.
¿Cómo recogemos y procesamos toda esa información que necesitamos para cumplir con nuestra porción de creación de conocimiento, más aún con la de los demás?
En realidad, la tarea se muestra como inviable, y no por eso podemos darnos el lujo de descartarla. Pero entonces debemos sintetizar procesos, resumir y reducir costos de transacción (quizás, sí, a expensas de la profundidad con la cual procesamos la información). La hipótesis extraña que se me ocurre es que este resumen lo realizamos “tercerizando” funciones cognitivas a través del ámbito emocional. Con mayor precisión: emociones y conocimiento no han estado nunca desligados. Pero para lidiar de manera más efectiva con la sobrecarga de información, utilizamos las emociones como árbitro para discriminar el contenido.
De allí, también, que la confianza sea una de las virtudes más apreciadas hoy en día. La confianza que tiene, por ejemplo, una fuente, un referente, un elemento de contenido, que brinda algún tipo de garantía sobre aquello de lo que habla y, como tal, merece sobrevivir a los filtros rígidos de discriminación que aplicamos. Lo que sobrevive al filtro para un análisis ulterior, entonces, no es realmente aquella información mejor evaluada y procesada, sino aquella que sobrevive a un filtro inicial de confiabilidad y relevancia. De esta manera nos vinculamos con el contenido, estableciendo vínculos más bien emocionales donde entran a tallar nuestros deseos e intereses concretos.
Esto arrastra implicaciones a la manera como aprendemos y enseñamos. El procesamiento profundo del contenido no vendrá por su exposición argumentativa y comprehensiva. Por el contrario, para que la audiencia realmente procese el contenido, debe ser dispuesta en el marco emocional adecuado para recibirla. Y debe formar con el contenido no un vínculo de asimilación conceptual, sino uno emocional, de vinculación personal con el contenido. Esto, por supuesto, no suena nuevo, pero nunca está demás redescubrirlo, pues nuestros prejuicios históricos son lo bastante fuertes como para hacernos olvidarlo.
Enseñar, y aprender, en general relacionarse con conocimiento, implica un trabajo emocional de llevar a quien aprende a la disposición emocional adecuada, a generar un interés legítimo por el tema que incite a la curiosidad y a una vinculación más profunda con el contenido. El contenido mismo, entonces, es inseparable de su forma, y así el medio es el mensaje, y la manera como lo expresamos será transformativa de lo expresado y determinante en términos de su supervivencia en las mentes de quien lo recibe.
Aunque mucho se habla en los últimos años (y yo mismo en los últimos meses) respecto a la relevancia de gestionar el conocimiento y la información en una época en que generamos demasiado de ambos, poco he encontrado respecto al sentido global de la actividad misma, o en otras palabras, una definición precisa o hasta teleológica de lo que se espera conseguir del proceso. Esta consideración me viene a colación tras encontrar un post reciente preguntando si es en efecto ‘gestión’ de lo que queremos hablar en este contexto.
Pues si vemos el asunto un poco más de cerca, la pretensión para todos (y me incluyo quizás en esto, desde mi neófita perspectiva) tiende hacia lo que es el manejo y el control de información dispersa, su recojo y sistematización que permitan reciclar elementos de información y a partir de ellos generar conocimiento.
Esto está mal.
El mismo artículo apunta a otro de Lou Paglia, en el cual expresa la misión o el propósito último de la gestión del conocimiento no en este sentido de manejo y control de elementos de información, sino más bien como la gestión de las adecuadas condiciones para que el conocimiento pueda surgir y llegar a ser libre, de alguna manera. Es decir, no se trata tanto de una gestión del conocimiento, como de un empoderamiento, una habilitación de los usuarios, de los expertos o novatos, de brindarles las herramientas y las facilidades para poder interactuar en relaciones de alto valor de intercambio de información y conocimiento.
Creación de condiciones para que los individuos puedan desarrollar al máximo su potencial en lo que respecta al consumo, la producción y la transformación del conocimiento. La gestión del conocimiento, entonces, vendría a ser algo así como la disciplina encargada de romper las cadenas a la información y dejar que el conocimiento pueda ser libre.
Lo cual, a mi juicio, le daría tanto mayor sentido a la actividad misma. Y no es que la idea previa estuviera mal, sino simplemente incompleta. Disponer de las herramientas adecuadas para manejar y controlar la enorme cantidad de información que nos rodea es un recurso sumamente útil, casi indispensable hoy en día. Pero el sentido casi metafísico de la gestión del conocimiento, aquel que trasciende sus límites para encontrarse en el camino con una nueva teoría de los medios digitales, de la colaboración y la inteligencia colectiva, es el empoderamiento que se hace de una comunidad de usuarios para volverlos capaces de liberar el potencial que tienen encerrado. En otras palabras, su plena realización gestiona no sólo los productos, sino que asume un enfoque más integral de la dinámica de generación de conocimiento, dándole un sentido en tanto actividad misma.
Aunque no me queda aún del todo claro, espero haber logrado transmitir adecuadamente la idea. En todo caso, como todo, es materia de discusión.
Título del XI Congreso Nacional de Filosofía a desarrollarse del 4 al 7 de diciembre en la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. Pero no encuentro mayores informaciones.
En el 2005, tuve la oportunidad no sólo de asistir sino de presentar una ponencia en el X Congreso Nacional de Filosofía, realizado en la ciudad del Cuzco. Más allá de los problemas de organización -de los cuales hubo muchos-, en mi primera experiencia en un congreso de esa naturaleza y envergadura no logré discernir o sentir la confluencia de ningún tipo de sentimiento o vinculación hacia lo que podría considerarse una comunidad filosófica. Pero claro, eso podría ser simplemente mi culpa, también.
Me gustaría, y tengo la intención de, asistir al congreso este diciembre. Supongo que, obviamente, sería pertinente empezar a preparar un trabajo para tal fin, pero no logro encontrar mayor información al respecto en la web. Como señalaba hace unos días: a pesar de que podamos tener una producción intelectual masiva, o cuando menos ingente, en diversos lugares aislados, no hemos realizado el fundamental trabajo de trazar los vínculos entre esos islotes para saber en qué trabajamos unos u otros y cómo podríamos vincularnos. No existe la “autoconsciencia” de una comunidad investigadora o desarrolladora comprometida con el avance de su disciplina, sino más bien las iniciativas más o menos individuales que no llegan a articularse por completo. Lo cual es ciertamente problemático.
Siendo sinceros, no tengo ni la menor idea de qué ni cómo está trabajando la filosofía y los filósofos en otros lugares del país; ni siquiera en la universidad de San Marcos, que me es tan cercana geográficamente. No es propiamente falta de interés, porque de hecho siento la curiosidad y considero pertinente conocer ese universo; pero sí tiene mucho que ver la falta de recursos de información fácilmente accesibles al respecto. En otras palabras: aunque bien podría argumentarse que es mi responsabilidad y mi propia falta no hacer el trabajo extra que significa ponerme al corriente de los recursos y elementos de información existentes y disponibles, también es cierto que no debería esperarse de mí o de ningún otro filósofo o protofilósofo tener que realizar un esfuerzo tan complicado para enterarnos de lo que está pasando. La información debería ser libre: y eso no significa sólo acceso a la información en un sentido estrictamente formal, sino también libre disponibilidad en el sentido de que sea fácilmente encontrable, fácilmente relacionable y fácilmente entendible.
Descubrí el otro día, con grata sorpresa, que vinculaba a este blog el Boletín del Centro de Estudiantes de Filosofía de San Marcos. Agradezco, saludo y respondo a ese gesto vinculando hacia ellos también. Encontré también, en un post suyo, una lectura de los principales problemas de su facultad en función a dos líneas: por un lado, el “formalismo producto de la burocratización” de sus estudios de filosofía, y por otro, la “ausencia de una comunidad de diálogo”. Ambos me resultaron, en realidad, problemas sumamente familiares, y quizás podríamos decir, cuando menos, que se trata de problemas endémicos.
(Creo o espero que ya no sea necesario tener que especificar que, por supuesto, estas son apreciaciones estrictamente personales y desde una perspectiva bastante particular de lo que es o debe ser la formación y la labor filosófica, que reconozco no es muy compartida y que no considera menos legítimas otras formas de concebir lo mismo. Pero nunca está de más recordarlo a quienes les empieza a hervir la sangre con indignación ante algunas afirmaciones.)
Tentativa de propuesta, tímida y cuestionable: gran parte de estos problemas podrían venir, sobre todo hacia la segunda línea (la “ausencia de una comunidad de diálogo”), de una falta de acceso simple y de amplio alcance al trabajo que se realiza en diversas comunidades. Repetidamente me refiero (y me referí también en el último post) a la relevancia de la gestión del conocimiento para esta abstracta y ambigua “toma de autoconsciencia” de las comunidades de conocimiento de su propio potencial, valor y recursos. Quizás una primera línea experimental deba ir también por el lado de recoger, vincular y difundir los recursos e iniciativas existentes de tal manera que se construya un vocabulario común, o cuando menos un catálogo o inventario de lo que está pasando, para saber a dónde dirigirse en busca de mayor información, cuando uno lo considere necesario.
Ya que suena divertido, veré si puedo empezar a compilar algo en ese sentido, en los próximos días.
Siguiendo con el tema que en alguna medida me obsesiona, quisiera tratar de aterrizar un poco mejor la realidad concreta de la gestión del conocimiento. Sobre todo, quisiera enfocar herramientas tecnológicas que existen y que bien pueden hacernos la vida más fácil, manejadas adecuadamente; y que, además, están un poco de moda, y es pertinente siempre saber más o menos qué opciones se manejan actualmente para poder seguir el hilo de la conversación.
Entonces, quisiera describir brevemente tres maneras distintas de gestionar el conocimiento: a través de blogs, a través de wikis y a través de RSS. En las próximas semanas, me gustaría y espero poder profundizar un poco más sobre cada una de ellas por separado.
Los beneficios de manejar un blog
En los últimos años, los blogs se han multiplicado exponencialmente -hoy día existen decenas de millones de estas bitácoras virtuales-. El fenómeno empezó como una cuestión muy casual, mayormente con individuos publicando para sus amigos novedades de sus vidas personales. Pero con el tiempo y la explosión de alternativas, los blogs se han ido segmentando cada vez más hasta volverse casi el medio de expresión y comunicación por antonomasia de nuestra época. Se trata de contenido altamente focalizado, actualizado regularmente, y que permite, más que publicar información, tener una conversación con el público visitante.
¿Cómo puede uno gestionar conocimiento con un blog? De alguna manera, es lo que yo he venido tratando de hacer con CxM. Un blog te permite ir recopilando notas sueltas, comentando sobre elementos de información encontrados en la web, planteando hipótesis posibles o registrando temas de interés. La estructura flexible de las categorías te permite ir guardando las notas bajo etiquetas flexibles, con las cuales un mismo elementos puede encontrarse bajo más de una categoría, lo cual le permite a uno trazar, e incluso descubrir, relaciones entre elementos que no había anticipado.
En general, apoyarse en un blog le permite a uno ordenar sus ideas en busca de claridad, pudiendo además acceder a su registro desde cualquier parte, y en el proceso ganándose una voz pública. He aquí lo más importante: esas ideas pueden llamar la atención de gente con intereses similares, cuyas opiniones pueden ayudar a nuestro propio proceso de claridad y aportar con nuevas intuiciones. Con un blog, se vuelve muy sencillo el articular una comunidad con la cual compartir información y desarrollar una conversación a lo largo del tiempo.
El trabajo colaborativo con wikis
Otra experiencia que he tenido oportunidad de probar es el trabajo con wikis, a través del wiki que hemos venido preparando sobre Husserl. Los wikis son más conocidos por ser la base que hace funcionar Wikipedia: una enciclopedia abierta, donde cualquiera puede crear y modificar los artículos publicados. Con millones de artículos, Wikipedia ha superado ya en alcance a la Enciclopedia Britannica, y aunque surgen problemas respecto al vandalismo del contenido y a la información inexacta o tendenciosa, en términos generales la comunidad de editores y usuarios dedicados de Wikipedia hace un muy buen trabajo de vigilar y mejorar el nivel y la calidad del contenido publicado.
Un wiki es una plataforma sencilla de trabajo colaborativo. En él, se crean artículos en torno a un tema específico dentro del marco temático del wiki, y sobre el texto de ese artículo, todos los usuarios del wiki pueden plantear preguntas o comentarios en una página de discusión asociada, o incluso modificar directamente el artículo para hacer cambios, precisiones o adiciones. El poder de un wiki radica en que cada artículo puede vincular dentro de sí a otros artículos, para definir términos o asociar conceptos, y cada artículo es sujeto a la misma mecánica. De esta manera, un equipo o una comunidad pueden empezar a reunir sistemáticamente una base de conocimiento e irla mejorando y expandiendo con el tiempo.
De manera similar que con los blogs, la fuerza del wiki radica en su capacidad para aprovechar los recursos que brinda el generar una comunidad. El enfoque aquí es menos personal, y más comunitario, o más enfocado en el producto. La comunidad dispone así de una herramienta fácilmente accesible a través de la cual compartir información y construir una base colectiva y sistemática de conocimiento.
Información al servicio del usuario (y no al revés)
Uno de los principales problemas de trabajar con la web es que hay demasiada información, cambiando demasiado rápido. Es sumamente complicado seguirle el paso a todo, más aún tener que estar visitando periódicamente sitios web, blogs, y demás fuentes de información en busca de actualizaciones o novedades. Es ahí donde entran las fuentes RSS (Really Simple Syndication): lo que hacen es invertir el sentido de la información, enviándole al usuario una notificación cada vez que nuevo contenido es publicado en la fuente de información a la cual pertenece la fuente RSS.
La siguiente es una de las mejores explicaciones que he encontrado para esto (aunque lo lamento porque esté en inglés :-S):
Uno reúne las múltiples fuentes en un agregador, una suerte de “base de operaciones” a partir de la cual puede acceder a todas las actualizaciones disponibles en todas sus fuentes seleccionadas y leerlas desde una sola estación. Así como blogs y webs ahora manejan casi ubicuamente feeds RSS, otros servicios también están habilitando opciones similares: por ejemplo, calendarios, listas de tareas, canales de video, podcasts, aplicaciones web de todo tipo (por ejemplo, con actualizaciones de actividad en la gestión de un proyecto) están encontrando formas creativas y útiles de manejar las fuentes RSS. Con ellas, el usuario puede mejor manejar los inmensos flujos de información que debe consumir diariamente. Una importante advertencia, sin embargo: este es un recurso adictivo. Después de empezar a utilizarlo, no hay marcha atrás, y uno puede encontrarse consumido irremediablemente por el consumo de información (habla la experiencia personal).
Espero que estas breves consideraciones sean de utilidad para aquellos interesados en el tema o con curiosidad de saber cómo estas herramientas pueden serles de utilidad. En las próximas semanas espero tener la oportunidad de elaborar un poco más sobre cada una de ellas y las diversas posibilidades que ofrecen. Mientras tanto, pueden compartir sus propias experiencias usando estas u otras herramientas en los comentarios.
El significado de la gestión del conocimiento es aún un área bastante gris. Más aún lo es exactamente cuál es su importancia o relevancia, o la medida en la cual detenerse a pensar en ello repercute en un beneficio para el individuo o la organización o comunidad.
Ayer encontré un comentario interesante en el blog Uncommon Knowledge sobre el vínculo entre la gestión del conocimiento y la innovación. De la manera como yo lo entiendo, el asunto va más o menos así: en tanto somos bombardeados permanentemente con información por diversos frentes, nuestra reacción adaptativa natural nos lleva a discriminar mucho más severamente la información que consumimos, dejando la mayor parte como indistinta del fondo de ruido. Eso hace tanto que, por un lado, encontrar información relevante a nuestros procesos del conocimiento sea un procedimiento más complicado, como que por otro lado mucha información potencialmente relevante quede atrapada detrás de nuestros filtros.
El beneficio de la gestión del conocimiento en este contexto es claro. Lo que nos permite es compartir la experiencia de otras personas de lidiar y dar sentido a elementos sueltos de información. Es decir, la información es permitida a pasar el filtro sencillamente dado que viene acompañada por el aval o la referencia de una tercera persona cuya opinión nos es relevante. Así, ahorramos tiempo y esfuerzo en el proceso de discriminación en tanto podemos con mediana certaza darle confianza a la información a priori.
En otras palabras, compartiendo conocimiento (presumiblemente en una comunidad de conocimiento) podemos capitalizar los recursos del individuo para la colectividad, de una manera muy sencilla: poniendo la información disgregada y atomizada, en un contexto de sentido. Para que luego otra persona recoja ese contexto de sentido y le aporte más elementos. De esa manera, construyendo edificios de conocimiento cada vez más complejos.
(Imagen: Arqhys.com)
Ya que repetidamente estoy comentando sobre la importancia de la colaboración y la articulación de comunidades de conocimiento para la gestión y la creación del conocimiento (como aquí, aquí o aquí) , creo que sería pertinente ilustrar con un poco más de claridad el valor que estas nociones pueden tener para las prácticas de los individuos. En el blog All of us are smarter than any of us he encontrado un par de elementos interesantes que podrían contribuir a esta ilustración.
En primer lugar, el siguiente video plantea un tanto metafóricamente el sentido de la gestión del conocimiento, aunque no deja de ser un tanto críptico:
Pero más allá de esa extraña representación felina, encontré también el enlace a una animación detallando el sistema de asistencia entre pares, una modalidad de compartir el conocimiento sumamente sugerente. Consiste en reunir ante un problema complicado a un grupo reducido de colegas o compañeros que aporten su experiencia respecto al tema, brindándole a uno puntos de vista que quizás no habría podido considerar por sí solo. Este enfoque viene acompañado de toda una metodología medianamente específico, incluida tanto en la animación como en el link.
La animación, además, está publicada bajo una licencia Creative Commons, y los autores enfatizan la libertad de poder manipularla y transformarla en otros sentidos -haciendo con ella un mashup-.
El concepto de inteligencia colectiva, o “crowdsourcing”, es problemático, y no quiero entrar a profundidad ahora en el concepto mismos. Basta con decir que debe aún tomarse con cierto escepticismo: aunque parece ser cierto, y existen casos y evidencia que lo muestran, que la colaboración abierta de grandes grupos de gente en un mismo proyecto genera resultados positivos (p.ej. Linux, Wikipedia, etc.), también es cierto que de no darse ciertas condiciones particulares básicas, lo más probable es que los grandes beneficios no se den naturalmente. En otras palabras, la inteligencia colectiva parece ser un recurso valiosísimo, pero el comportamiento de masas sigue resultando problemático de coordinar y gestionar debidamente.
Pero he aquí un ejemplo sumamente interesante vinculado al ámbito de la política. Los gobiernos suelen tener esta mala costumbre de esconder información al público; y también, de que cuando la liberan, lo hacen de tal manera que sea virtualmente imposible para los medios de comunicación analizar debidamente la información como para presentar la información relevante a tiempo. Esto ocurrió, por ejemplo, cuando el Departamento de Justicia de EEUU publica 3000 páginas de documentos relativos al despido polémico de jueces federales, y lo hace en horas de la madrugada, demasiado tarde como para que los periódicos o demás medios de prensa puedan emitir un juicio informado a tiempo.
He aquí lo interesante: los lectores, o mejor dicho, los usuarios de la web tpmmuckracker.com se distribuyeron los documentos en pequeños bloques de 50 páginas cada uno, para leerlos, resaltar la información importante y resumirlos. En media hora desde el anuncio, se tenían ya 50 resúmenes disponibles; dos horas después de eso, 220 comentarios con evaluaciones y resúmenes de diversas secciones del material.
La inteligencia colectiva, el trabajo colaborativo organizado de grupos de personas con objetivos comunes, nos permite cumplir con tareas allí donde nosotros solos, u organizaciones con estructuras tradicionales, no pueden entrar a tallar por una cuestión de lentitud y falta de flexibilidad.
Una de las máximas predominantes de los tiempos modernos es que no importa tanto qué conoces, sino a quién conoces. Estar debidamente conectado con las personas correctas es un recurso importantísimo: en efecto, en una época en la cual ya simplemente no es posible saberlo todo, ni siquiera saber un poco de todo, es cuando menos importante conocer a alguien que sabe y conoce sobre aquello que uno necesita en un momento dado. Verdad que se me hizo manifiesta cuando, hace unas semanas, me vi forzosamente en la posición de comprar una nueva llanta, sin la menor idea de cuáles eran los criterios o parámetros que debían ser tomados en consideración.
En todo caso, es importante gestionar eficientemente la información de tus contactos, y más aún, mantener un registro de tus intercambios con ellos, y mantenerte al día con lo que hacen o dejan de hacer, lo cual es todo mucha información difícil de seguirle el rastro. Anoche descubrí Highrise, un nuevo servicio de 37 Signals, una de mis compañías de aplicaciones web favoritas (allí arriba junto con Google). Highrise permite no sólo almacenar y accesar fácilmente toda la información sobre tus contactos, sino que te permite ir agregando información de sus últimas actividades o lo último que sepas de ellos, mostrándote un historial de todo lo que sabes sobre cada uno. De hecho es medio complicado de explicar, y quizás sea mejor dirigirlos al tour del servicio, lleno de información interesante.
Hay un plan gratuito que te permite almacenar hasta 250 contactos, que para mi nivel es por lo pronto perfecto. De lo que he venido probando hasta ahora, parece ser una herramienta sumamente útil.
Hagamos un pequeño repaso. Este blog, Castor Ex Machina, busca ser un laboratorio de ensayos e ideas donde se vinculen elementos filosóficos con fenómenos culturales que se vienen dando en los últimos tiempos, particularmente causados, influenciados, mediados o relacionados con el desarrollo tecnológico y su impacto en la socialización. Trata de ser un experimento dentro del ámbito de lo que alguna vez he querido llamar filosofía de lo-que-está-pasando-ahora.
Castor Ex Machina surge a partir de algunas ideas trabajadas en un blog previo, Pisco Sour, del cual espero poder decir pronto que no está muerto, sino que anda de parranda, pero por lo pronto ha sido puesto en suspenso hasta que encuentre su propia identidad. Muchos de los temas presentes empezaron a tomar cuerpo allí (enlaces más abajo), y los he retomado de manera más ordenada y consistente aquí, buscando ir esbozando elementos sueltos que progresivamente pueda ir vinculando entre sí hasta formar ideas o propuestas más coherentes y sólidas. Por eso este blog es primordialmente uno de apuntes y anotaciones, y al mismo tiempo de borradores, que vengo queriendo publicar hace meses pero no he podido hacerlo por falta de tiempo.
Las ideas que considero haber venido trabajando cubren varios ejes, pero parten de una concepción particular respecto al quehacer filosófico: no tanto como una actividad pura, sino como un conjunto de herramientas conceptuales que pueden utilizarse para echar luz sobre problemas diversos para darles un nuevo sentido. En otras palabras, herramientas que nos enseñen, en primer lugar, a hacer las preguntas correctas. A partir de ahí, me he preocupado principalmente por la estructura que le damos al conocimiento, la manera como ordenamos y sistematizamos la información para generarnos ideas y conceptos, así como ideologías y cosmovisiones. Todo esto lo he reunido bajo la etiqueta de “gestión del conocimiento”, un campo aplicado que busca estudiar los procesos y desarrollar los soportes para mejorar o complementar precisamente las formas como conocemos.
Luego se desprenden múltiples ramas, desde lo cultural y lo social, pasando por lo educativo y pedagógico y llegando hasta lo político. Pues en juego se ponen elementos tales como la forma como organizamos nuestra visión del mundo, la forma como aprendemos y enseñamos, o la forma como tomamos decisiones en función a nuestros deseos y creencias. En todos estos ámbitos construimos estructuras mentales detrás de la gruesa corteza que es la cínica creencia acerca de la falsedad de casi todo, producto de la esfera del mercado, la publicidad y el marketing. Pero aún así derivamos conocimiento, en el cual nos apoyamos para tomar decisiones. Y al mismo tiempo, agentes externos a nosotros se dedican a desarrollar y perfeccionar más y mejores métodos para competir por nuestra atención y nuestros deseos, con el objetivo último de volverse parte de la ideología de los pueblos.
Creo que estoy hablando de todo eso, y definitivamente creo que es demasiado, pero sólo estoy tratando de darle orden a las ideas en mi cabeza. Este breve repaso debería ayudarme a recordar con claridad el sentido y destino por el cual camino, así como podría contribuir a cualquier neófito a ubicarse respecto a de qué rayos estoy hablando.
Espero no haberme olvidado de nada, pero por si acaso incluyo también algunos enlaces a artículos previos respecto a estos temas que pudieran ser de particular interés.
En Pisco Sour:
- Media-Vida: Contra-Golpe … o videjuegos made in Perú (localización de contenido global)
- “The Sound of Inevitability” (corporaciones vs. innovación libre)
- La naturaleza de la verdad (sobre la validez de Wikipedia)
- “The Ignorance of Chicken” (sobre los peligros de legislar sobre Internet)
En Castor Ex Machina:
- Herramientas conceptuales (esbozos sobre diversas formas de pensar la filosofía)
- Gestión del conocimiento para mejores decisiones (vínculo entre conocimiento y política)
- Tercer Mundo (posibilidades de países subdesarrollados de ser competitivos en la sociedad de la información)
- La filosofía en la época de MTV (condiciones de posibilidad de la filosofía frente a las condiciones materiales/ideológicas actuales)
- Aprendiendo con nuevas tecnologías (herramientas para manejar información en la web y el sentido de la web 2.0)
Hay más, de muchos otros temas, pero esta es tan sólo una selección inicial de algunos temas muy generales (los que resultan menos aplicados y concretos, además).
Hace tiempo leí un comentario lapidario y determinante: algo como que, aún si uno no quiero dedicarse a ser maniáticamente puntual y ordenado, puede perfectamente suponer de que está compitiendo contra alguien que sí lo es. Lo cual me chocó bastante.
Esta semana empecé un nuevo ciclo en la universidad, con lo cual me dedicaré a trabajar nuevos temas a lo largo del próximo semestre. Dejaré un poco de lado la epistemología kantiana y la filosofía del derecho hegeliana, y me estaré dedicando, más bien, a introducirme en la filosofía del lenguaje y de la mente, a estudiar el desarrollo de la teoría política moderna, y a realizar una aproximación al pensamiento existencialista de Kierkegaard en paralelo con un acercamiento al pensamiento y posibilidades del cine como recurso filosófico. Así que parece que será un ciclo interesante, aunque, forzosamente, también con un poco de teología de por medio.
Pero es también un ciclo demasiado demandante. Mi carga de trabajos y de lecturas es tremenda, y si no soy maniáticamente ordenado con ella no hay duda de que con el tiempo colapsaré de la peor manera. Al mismo tiempo, mi Google Reader tiene 70 suscripciones (que de hecho es poco) que se siguen actualizando a diario, más rápido de lo que puedo revisarlas. Más aún, todavía existen medios y canales que no tengo oportunidad de explotar como me gustaría, en particular recursos de audio y de video, y ahora más que nunca me falta el tiempo para revisarlo todo.
Efectivamente estoy alcanzando el colapso de información. Resulta terriblemente irónico, de alguna manera, que con tanta información que procesar, que transformar en conocimiento, resulte tan difícil encontrar los espacios para tomar la distancia pertinente y poner las cosas en perspectiva. Eventualmente me veo rodeado de tanto contenido que, en efecto, me veo incapaz de darle sentido -donde darle sentido es para mí, a menudo, procesarlo y personalizarlo en un producto transformado por mí mismo-.
Jack de Knowledge Jolt with Jack publica una lista de su consumo regular de información. Es espeluznante, la manera como nos automatizamos como consumidores imparables de información, y me da mucho miedo que nos estemos volviendo incapaces de dar sentido a las cosas que consumimos. Sin embargo, en términos de participación del ciclo de producción, creo que mi posición más feliz en la cadena productiva sería la de consumidor y productor de información. Dedicarme a darle algún sentido a las cosas que sea de utilidad, interés y valor para otras personas.
Pero eso ya es más complicado, y supongo que habré de empezar siendo maniática y perturbadoramente organizado y ordenado.
Ayer estuve viendo un documental en el History Channel, La historia secreta del 11/9, en el cual se pasaba revista de todos los errores de inteligencia que hubo desde años antes hasta los sucesos mismos del 11 de setiembre. Cuando uno repasa los hechos de esa manera, es impactante el nivel de ineptitud y negligencia que las personas encargadas pudieron haber alcanzado, y cómo un aparato burocrático tan entrampado como el gobierno estadounidense podía operar sin que la mano izquierda supiera lo que hace la derecha.
Sé que es obsesivo de mi parte, pero no podía dejar de ver el tema como un problema de gestión de la información. Cuando se supo que aviones habían sido secuestrados, el procedimiento exigía se informe inmediatamente a las fuerzas armadas, sin embargo, ello nunca se hizo. Cuando el error se hubo consumado y el primer avión se estrelló contra la primera torre, incluso cuando lo hizo el segundo, nadie tomaba la responsabilidad por el problema para hacer algo tan simple como ordenar despegaran aviones caza para proteger a la ciudad de otro posible ataque en los siguientes minutos. Nadie sabía lo que pasaba, ni a quién responder.
¿Por qué los sistemas y sus operarios no estaban entrenados para generar un pequeño reporte de una línea por cada acción tomada? El sistema incluso podría automatizar tal procedimiento. Alguien responsable por velar por la seguridad de los cielos en un sector dado podría tener como función específica monitorear todas las fuentes de todos los controladores de tráfico aéreo conforme se actualizan en busca de problemas o circuntancias fuera de lo normal, que pueda entonces marcar para seguimiento, derivar al responsable específico, o solicitar mayor información inmediatamente. No debería ser tan complicado.
Otra cosa que no entiendo es por qué un sistema así debería de ser cerrado o clasificado. He aquí la siguiente perla: post-11/9, la mayoría de los esfuerzos estadounidenses han estado centrados en la consolidación de sus bases de datos de información de inteligencia en el camino hacia la realización cada vez más cercana de un delirio totalitario orwelliano. Se convirtió en la excusa perfecta para justificar el rastrear y almacenar cada minúsculo pedazo de información sobre todos los ciudadanos del país. Pero de lo que entendí del documental, todo el desastre y el ataque terrorista pudieron haber sido perfectamente evitados simplemente atendiendo a la información inmediatamente disponible en ese momento. El problema no es uno de falta de información o de inteligencia, sino que simplemente no se estaba utilizando bien, y que no llegaba a quien debía y en el momento debido.
En realidad creo que es algo muy fácil de ver. Sin embargo, mi argumento falla porque asume como premisa el que el gobierno está intentando desarmar al terrorismo, y no simplemente mantener a sus ciudadanos bajo control y miedo.
Encontré algunos enlaces sobre los cuales quisiera volver luego, en algún momento, para comentar algunas cosas (cuando tenga tiempo de leer todas sus referencias, quizás), mientras buscaba más información en blogs sobre gestión del conocimiento. Los dejo anotados para luego.
- Suggestion: using blogs in a KM class es un artículo en el que Jack Vinson pregunta cómo vincular blogs personales activamente dentro de una dinámica de clase.
- Blogs are knowledge management tools, otro artículo de Jack Vinson, busca poner en cuestión la idea de que los blogs son herramientas de publicación, no colaboración.
- The FastForward Blog es un blog con artículos en torno a la “empresa 2.0″.
- How to measure effect of communities at the macro level?, es un artículo que se pregunta por el impacto del surgimiento de comunidades colaborativas en las variables económicas a tomar en consideración.
Disculpen por tener las referencias casi siempre en inglés, pero es el idioma en el que más abunda la información. Quizás en algún momento sería pertinente hacer un compilado con lo mejor y traducirlo para mejor referencia.
No entraré en mucho detalle en las miles de consideraciones posibles que pueden tenerse respecto a Wikipedia. Particularmente quiero compartir un enlace que encontré a un proyecto de un estudiante en la universidad de Harvard que construye listas de lectura inteligentes a partir de los artículos de Wikipedia respecto a un tema (llegué al artículo en cuestión a través de un enlace en un blog sobre gestión del conocimiento). El sistema extrae información de libros y artículos referencias en los artículos de Wikipedia vinculados al tema solicitado, y a partir de su frecuencia determina, también, el orden de lectura que debería seguirse para leerlos.
A Wikipedia suele acusársele frecuentemente por no ser una fuente confiable de información, por no brindar una perspectiva adecuada de los temas, por simplemente estar equivocada y por no poderse depende realmente de ella para una investigación. Lo que nunca me quedó del todo claro es por qué tanta gente está tan dispuesta de buenas a primeras a depender de una enciclopedia para realizar sus investigaciones, cuando deberían acudir metódica y sistemáticamente a fuentes primarias y secundarias, corroborando sus datos y analizando sus fuentes siempre. Una enciclopedia, y tanto más Wikipedia, no es más que un punto de partida para ubicarse en el amplio panorama en torno a un tema, y donde buscar mayores referencias para seguir investigando.
Esta herramienta de construcción de listas de lectura inteligentes es un claro ejemplo del potencial que existe para algo así. Wikipedia no es en sí misma información definitiva, sino que en ella encontramos referencias y sugerencias para seguir buscando más información, y con una herramienta así podemos darle sentido a esa información y estructurar nuestro acercamiento a la adquisición de información y conocimiento. Pero pensar que Wikipedia, o cualquier enciclopedia por sí sola, es una fuente definitiva de información, es un comportamiento de investigación poco metodológico y por lo demás irresponsable.
Una capacidad colectiva para adquirir y crear conocimiento y darle un uso productivo para el bien común es tan crítico para los esfuerzos del sistema de la ONU como para países individuales. Esto significa, para el sistema de la ONU, acción concertada para profundizar el entendimiento y para gestionar y compartir el conocimiento de manera mejor orientada. A nivel conceptual, por ejemplo, existe una necesidad apremiante para articular comprehensivamente el entendimiento del sistema de los vínculos entre la paz, la seguridad y el desarrollo. En el área misma del desarrollo, las organizaciones del sistema de la ONU necesitan continuar juntas su entendimiento de cómo avanzar un acercamiento verdaderamente holístico al desarrollo económico y social: que refleje enteramente la relación mutuamente reforzada entre perseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio y aquellos incorporados en la más amplia agenda de desarrollo de la ONU; que asegure que los objetivos sociales son integrados efectivamente a la toma de decisiones económicas; y que tome en consideración el desarrollo de atender desigualdades existentes dentro de y entre países. [Traducción mía]
Así define Naciones Unidas la importancia de la gestión del conocimiento para la persecusión de sus objetivos. En una economía de la información, nos pasamos la mayor parte del día generando información y contenido; de hecho, la gran mayoría de nuestras interacciones son intercambios de información en mayor o menor medida relevantes para la vida de una organización. O, en cualquier caso, para nuestras vidas personales. A diario leemos periódicos, vemos noticias por televisión, las escuchamos en la radio; leemos libros, revistas, artículos, páginas web; recibimos y enviamos correos electrónicos, conversamos por mensajería instantánea, o por teléfono; redactamos y entregamos o publicamos reportes, informes, ensayos, trabajos, investigaciones, estudios, análisis, etc.; y encima de todo eso, tenemos encuentros personales, conversaciones, reuniones, discusiones, debates, clases, conferencias, y tantas otras formas de intercambio personal de información.
El problema radica en que, como es propio de la vida moderna, todo este intercambio y flujo de información nos deja poco tiempo o espacio para detenernos por un momento y preguntarnos: “¿Qué significa todo esto?”.





Comentarios Recientes