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En verdad, el título es demasiado pomposo y sumamente inexacto. Estoy pensando más en la “institución educativa del futuro”, o más bien, en el “espacio educativo del futuro”, y ni siquiera eso, sino algo como el “espacio de aprendizaje del futuro”, que en verdad es en gran medida “el que deberíamos tener en el presente pero no lo tenemos”.
Osea, finalmente, el título debería ser “el espacio de aprendizaje que deberíamos tener pero no tenemos”, pero recién me di cuenta después de tipearlo, además de que es demasiado largo y muy poco marketero.
Es, además, algo sobre lo que de hecho debo haber escrito antes, porque el tema me interesa mucho. Principalmente porque en esta época estamos viendo la muerte, el colapso, o la transformación profunda de muchas instituciones que hemos asumido como dadas, casi como naturales y eso nos genera un altísimo grado de ansiedad. ¿Y ahora qué hacemos? ¿Ahora quién podrá defendernos? Y claro, con esa ansiedad todo el pánico cultural de que toda nuestra sociedad y los valores se pierden y todo se va directo al hoyo y en fin.
Uno de los lugares donde se están dando muchas de las transformaciones más interesantes es, justamente, en el ámbito de la educación y de la manera en la cual nos organizamos para educar y aprender. Pero muchos de los cambios y nuevas necesidades que empiezan a emerger están pasando un poco desapercibidos y desaprovechados, lo cual es perfectamente comprensible pero al mismo tiempo es una oportunidad desperdiciada. Digo que es perfectamente comprensible porque las instituciones que tenemos para el tema de la educación son instituciones muy antiguas, como los sistemas de educación masiva que heredamos de la Ilustración (alfabetización universal como una consigna que, en la práctica, va también de la mano con una necesidad industrial de una fuerza de trabajo capaz de operar el aparato productivo) o centros de formación y conocimiento como las universidades, que son instituciones heredadas desde la Edad Media.
Pero ahora, hay tanta información circulando de tantas maneras, que en verdad estamos aprendiendo todo el tiempo, y mucho de este aprendizaje no está pasando por estas instituciones formalmente establecidas para canalizar el conocimiento y es, incluso, sistemáticamente excluido de este diseño institucional. Al mismo tiempo, el universo de organizaciones que trabajan y manejan el conocimiento se ha ampliado, de manera que los focos centrales que antes absorbían o monopolizaban esta actividad ya no lo son más, y nunca nadie les preguntó. ¿Qué ocurre con todo el conocimiento y las investigaciones que se realizan desde el sector privado? Enormes cantidades de información que se genera y que, en muchos casos, por generarse con propósitos comerciales o relaciones con intereses comerciales son descartados como “conocimiento válido” por no surgir de un “interés científico”. Pero lo más interesante es, justamente, que cada vez más las organizaciones, incluyendo las empresas, están descubriendo la necesidad fundamental de gestionar mejor su información y su conocimiento interno y apalancarlo de tal manera que se convierta en un recurso de valor para sus actividades. Y cada vez más, también, diversas empresas reconocen que esto puede ocurrir directa o indirectamente: tiene sentido, entonces, financiar líneas de investigación aún cuando puedan no tener una utilidad rentable directa en el corto plazo, por la posibilidad y los beneficios que esto puede generar a largo plazo. Y esta es una práctica que podemos encontrar muchísimo, por ejemplo, con empresas tecnológicas, donde la posibilidad de adelantarse a las siguientes grandes transformaciones tendrá una enorme repercusión estratégica para su planificación.
Y eso es sin siquiera meternos en el enorme conjunto de problema que es pensar, por ejemplo, en los blogs. Enormes cantidades de información, de ideas interesantes, de discusiones a través de comentarios, respuestas, enlaces y demás. Pero para el establishment académico, nada de esto es, propiamente, un espacio de aprendizaje. Es decir, todo muy bonito, pero no está ni debería estar integrado en el proceso formativo, en la currícula, en la metodología, etc.
El asunto es que ahora descubrimos que aprendemos todo el tiempo, de maneras más o menos sistemáticas o estructuradas. Estamos rodeados todo el tiempo de información parcial e incompleta a partir de la cual tenemos que tomar decisiones que funcionarán mejor o peor, registrar los resultados de estas decisiones de manera que nos sirvan como referencia futura si nos encontramos en la misma situación. Así como el aprendizaje cambia también, por extensión, nuestras necesidades de un diseño institucional donde podamos contemplar todos estos más factores. Más aún, ni siquiera eso: un diseño que, simplemente, nos permita agregar y quitar factores relevantes según estos vayan cambiando. Una estructura polimórfica para la manera como nos organizamos para aprender, con la capacidad para interconectarse con otras estructuras similarmente polimórficas para el intercambio de información.
¿Tiene eso algo de sentido? Básicamente, tenemos que reconocer que, de hecho, existen ya espacios de intercambio de conocimiento con dinámicas mucho más flexibles que las que conocemos. Y que, al mismo tiempo, nuestros espacios educativos mantienen en alta estima la rigidez que, justamente, no les permite reconocer el valor de estos espacios. No es gratuito – de hecho, va de la mano con la idea de que hay un conocimiento verdadero, y que hemos confiado en estas instituciones la responsabilidad de protegerlo. Porque, de hecho, eso es lo que hemos hecho hasta ahora.
La pregunta es si estas instituciones – y estoy pensando principalmente en las universidades – serán las únicas, o las más importantes, en seguir haciendo esto en el futuro. La universidad de la era industrial es ciertamente una bestia muy diferente a la medieval: con un rol mucho más enfocado hacia alimentar el aparato productivo de una fuerza de trabajo capaz de administrarlo. Un aparato productivo, por supuesto, en gran medida industrial. Ahora que de a pocos (digo de a pocos porque en el Perú, casi nada) empezamos a movernos hacia un aparato productivo informacional, las necesidades de aprendizaje y educación cambian significativamente. Empezamos a necesitar gente que sea más efectiva en la generación y transformación del conocimiento, capaz de aprender rápidamente, procesar información, tener ideas nuevas, construir nuevos modelos y aplicarlo a casos particulares. Que es todo lo que no hacemos ahora: por ahora, nos satisfacemos con que los que aprenden sean capaces de absorber un conjunto de conocimientos establecido y estandarizado, y reproducirlo de manera exitosa. Es cierto que cada vez hay un mayor énfasis en la participación activa del que aprender, una relación mucho más personal y horizontal con el que enseña, y eso es un gran aporte. Sin embargo, a nivel organizacional, institucional, seguimos manteniendo en gran medida la misma rigidez respecto a todo el proceso de formación.
Sé que todo esto es un poco vago, así que lo dejo un poco abierto y a manera de pregunta. ¿Cómo serán las instituciones educativas del futuro? O mejor dicho, ¿cómo deberían ser los espacios de aprendizaje que deberíamos tener pero no tenemos? ¿Seguirán siendo las universidades, las bibliotecas, los colegios? ¿O será algo completamente nuevo para nosotros? ¿Cómo se conectarán en estos espacios los diferentes actores involucrados en la circulación del conocimiento? No lo sé, pero me parece un problema muy interesante para estar pensando ahora.
Este semestre estoy dictando dos cursos que puede que le resulten interesantes a las almas que deambulan por aquí. Especialmente, porque en ambos estoy haciendo un esfuerzo por construir recursos de información paralelos la curso en la web, que terminan siendo un recurso para mí también para seguir trabajando en el futuro.
En la UPC estoy dictando un curso de Sociología de la Comunicación, es decir, básicamente analizar y mapear los cambios sociales que han venido de la mano con el desarrollo de los medios de comunicación, especialmente en el último siglo. Como es comprensible, con un énfasis particular en el cambio de mentalidad que significa el paso hacia una sociedad informacional (como preferiría llamarla Castells) y la manera como ese tránsito nos está obligando a reconceptuar una serie de categorías que hemos solido interpretar de manera casi natural. El curso pretende ser un ejercicio histórico y comparativo, además de que pretende también formular un marco teórico medianamente sólido para poder tener una perspectiva del cambio mediático, el cambio tecnológico y el cambio social que resulte un poco menos ingenua. Lo chévere es que para este curso estoy armando un wiki con las notas de cada sesión, vinculándolas con los textos, agregando recursos como videos, enlaces, bibliografía complementaria, y además utilizándolo como el canal oficial para toda la información vinculada al curso. Es un trabajo bastante interesante de curación de la información que termina, además, dejando un recurso reusable que se va completando y perfeccionando con el tiempo (de hecho, lo vengo ampliando desde que dicté el curso el semestre anterior).
En la PUCP, estoy como jefe de prácticas del curso de Temas de Filosofía Moderna de Víctor Krebs. Con Víctor y el equipo de JPs (Daniel Luna y Raúl Zegarra) hemos rediseñado el curso que ya habíamos dictado hace un tiempo, renovando las lecturas e introduciendo varios autores que antes no habíamos tenido oportunidad de explorar en tanto detalle (autores como Pascal, Hobbes, Rousseau, Locke, por ejemplo) que se suman a los autores que trabajábamos antes, pero que ahora estamos intentando renovar un poco (Descartes, Kant, Marx, Kierkegaard, Nietzsche). El enfoque que queremos darle al curso, además, es intentando no sólo aproximarnos a los problemas, autores, y textos, entendiéndolos en su contexto, pero tratando también de entender cómo esos problemas se reflejan en nuestras construcciones culturales de la actualidad o en problemas que siguen abiertos en la contemporaneidad. Y, la herramienta que estamos usando en este caso es un blog del curso, que utilizamos no sólo para circular información metodológica sino también para ampliar y complementar lo que vamos discutiendo en las clases y las prácticas. Es como un anexo donde agregar más información, complementar con ejemplos y otros recursos, y donde se puede, además, ir armando una conversación permanente con los alumnos interesados. El último fin de semana, por ejemplo, colgué un post sobre el experimento conceptual del cerebro en la batea y la relación que tiene con el argumento cartesiano sobre la existencia de la realidad sensible.
Todo esto es, por supuesto, trabajo en progreso y muy experimental, viendo qué tal funciona el asunto. Pero quizás estos recursos le sean de interés a alguien. Es interesante, además, de que no se necesita ningún tipo de gran infraestructura para habilitar nada parecido – básicamente, cualquier interesado en armar algo así para un curso puede encontrar herramientas perfectamente funcionales y sencillas de usar en la web. Y, además, gratuitas: para el wiki, utilizo PBWorks que me funciona bastante bien (y es más sencillo de usar que MediaWiki), y para el blog utilizamos WordPress.com. Así que es muy fácil replicar experimentos similares.
Mientras nuestros canales de información era limitados, había una serie de supuestos que estábamos limitados a tener sobre la información. Pero estos supuestos sobre la información, y sobre el conocimiento, se encuentran inevitablemente limitados por la manera en la que hemos ordenado la información la mayor parte de nuestra existencia, que está, a su vez, limitada por el espacio físico.
Categorías
Desde las primeras bibliotecas medievales se encontró la necesidad de ordenar los manuscritos que se tenían de alguna manera que tuviera sentido, y que nos permitiera encontrar la información de la manera más fácil posible. De allí se desprendió que, durante mucho tiempo, se dieran discusiones interminables sobre cómo estaba mejor organizado el árbol del conocimiento: básicamente buscando capturar en él la estructura misma de la realidad, para replicar siguiendo la misma estructura nuestro conocimiento sobre la realidad. Por una cuestión de espacio, una biblioteca no podía tener todos los objetos ordenados de más de una manera, pues eso habría sido poco eficiente: de tal manera que el orden escogido tenía que ser el más verdadero. Las categorías que usáramos en ese orden eran, por extensión, las categorías mismas de la realidad, y asignamos a cada una de esas categorías diferentes guardianes que distingan entre lo válido y lo inválido, lo verdadero y lo falso, lo que era conocimiento y lo que no.
Así, sólo podía existir un sólo ordenamiento verdadero de la realidad. Una sola verdad, a la cual podríamos acceder si seguíamos el método correcto. Pero lo que esta idea velaba era, primero, que optábamos por un sólo ordenamiento por un tema de limitaciones de espacio. Segundo, que ese único ordenamiento no era “natural”, sino que era una construcción humana, falible y por lo mismo, cuestionable y mejorable.
Cuando aplicamos la misma lógica del texto a la manera como operaban medios como la radio y la televisión, reprodujimos la misma estructura básica sobre el ordenamiento del mundo: lo verdadero y lo falso, los acertados y los equivocados. Conforme el alcance de los medios se ampliaba, el poder de los guardianes se hacía también cada vez más grande, así como la percepción de que, por lo mismo, los medios cumplían la función social de informar a sus consumidores respecto a lo que era la información verdadera. Y de hecho, durante mucho tiempo, profesiones como el periodismo han mantenido la idea de que su labor es reportar la verdad, que pueden tener acceso a las cosas como realmente son y comunicar eso, desprejuiciada y objetivamente, a los espectadores que no están bien enterados de lo que está pasando. Parte de esta noción es la que podemos ver en la película Buenas noches y buena suerte:
Pero aquí, podemos ya empezar a atar cabos. Porque, primero, habíamos visto que la idea de un único ordenamiento del mundo – de una única verdad – derivaba de una limitación física para ordenar la información, que además debía ser preservada y protegida. Sin embargo, si como hemos visto, la introducción de la tecnología digital construye un modelo participativo para la construcción de la cultura, ¿dónde queda entonces el ordenamiento único del mundo?
El asunto es que ya no lo necesitamos, pues cuando dejamos de hablar de átomos para empezar a hablar de bits, las limitaciones que se aplicaban en el mundo físico dejan de tener validez. Cuando la información está distribuida en bases de datos en lugar de estantes, puedo ordenarla de múltiples maneras sin verme limitado por la cantidad de espacio disponible. La diferencia entre uno y otro modelo es la misma diferencia entre ordenar tu correo electrónico en Hotmail o en Gmail – con carpetas o con etiquetas: bajo la primera figura, puedo guardar un correo bajo una, y sólo una categoría. Si tengo categorías para “familia” y “amigos”, un correo de mi primo con copia a un amigo sólo puede ir en una de las categorías, lo cual no es tan efectivo. Con etiquetas, en cambio, puedo marcar el correo bajo ambas posibilidades y encontrarlo buscando desde cualquiera de los puntos de vista. Y puedo construir taxonomías que respondan a múltiples necesidades y propósitos, en múltiples contextos. En otras palabras, puedo dejar de lado los supuestos que aplicaba a la información en el mundo físico, y entonces, como señala David Weinberger, “todo es misceláneo”:
¿Y ahora quién se encarga de ordenar esto?
El problema es que la consecuencia inevitablemente nos da un poco de miedo. Porque significa, básicamente, reconocer que todo punto de vista se da siempre desde alguna posición, en mayor o menor medida, parcializada. Significa que no podemos confiar nunca en los medios plenamente, ni siquiera cuando dicen reportar la verdad y los hechos, porque la manera como ordenan la información responde a una serie de variables contextuales, sociales, económicas, políticas, culturales, incluso psicológicas, que intervienen desde las categorías mismas en las que procesamos la información. Es la manera como hemos aprendido a aprender, los filtros que hemos construido para que la gran maraña bizarra que es el mundo tenga algún tipo de sentido interpretable. Hemos vivido por mucho tiempo acostumbrados a que alguien más, las personas con acceso a la información, se encarguen de filtrar y darle sentido al mundo por nosotros. Pero hoy día, nosotros mismos podemos tener acceso a múltiples fuentes de información, que muestran múltiples puntos de vista. Entonces, ¿a cuál debemos darle la razón?
La respuesta decepcionante es que, a ninguno. Porque ahora podemos entender una serie de cosas nuevas sobre la información y el conocimiento. Y ninguna de las fuentes tendrá la información completa ni el acceso a una supuesta verdad de los hechos. Si no podemos confiar plenamente en lo que recibimos de los medios, y nosotros mismos tenemos acceso a múltiples fuentes de información, eso nos pone a nosotros en la posición de no ser consumidores pasivos de lo que vemos, sino que somos capaces de filtrar, comparar, y discernir nosotros mismos, qué información es mejor que otra, cómo se comparan las fuentes, y demás. Pero no estamos acostumbrados a hacerlo, y es más, probablemente no lo queremos hacer. Y nadie nos vino a preguntar.
Pero eso no quita, igual, que nos encontremos en esta posición. Nuestro rol como consumidores de información ha cambiado: no somos sólo lectores o espectadores, sino que podemos también responder, podemos procesar, criticar, agregar la información de diferentes maneras para formular y comunicar nuestro propio punto de vista. Ésta es la figura del prosumidor, del productor/consumidor, cuyo consumo es transformador de lo consumido. Asumimos múltiples roles en la manera como nos comportamos frente a las fuentes de información. Alcanzar algún tipo de verdad se vuelve menos importante que el proceso mismo por el cual le damos sentido a la información del mundo que nos rodea.
Y esto alcanza múltiples niveles de la manera como formulamos conocimiento.
Inteligencia colectiva
La autoridad respecto al conocimiento, por todo esto, ya no proviene de las mismas fuentes. Porque lo que podemos entender como conocimiento ha variado: de entenderlo como un producto dotado de ciertas propiedades especiales, a entenderlo como un proceso marcado por una serie de características peculiares. La diferencia entre Britannica y Wikipedia ilustra aún más esta distinción: Britannica se concentra en que cada edición sea lo más acertada y fidedigna que sea posible. Wikipedia, al no tener ediciones, es un recurso en constante evolución donde el conocimiento no sólo está en sus páginas, sino también en sus interacciones y en sus foros de discusión.
Y esto es importante, por lo siguiente: en la inmensa marea informativa que nos abruma cada vez más horriblemente, es imprescindible desarrollar estrategias que nos permitan darle sentido a cantidades de información y conocimiento vastamente mayores que nuestra propia capacidad para procesarla toda. De allí que contextos como Wikipedia sean un ejemplo de la manera como se articulan inteligencias colectivas, o lo que es lo mismo, reconocer que la inteligencia y el conocimiento no son producto de la simple brillantez de una persona, sino que el conocimiento surge de las interacciones.
Cada vez más, y sobre todo en línea, participamos de contextos y comunidades en las que estamos permanentemente intercambiando información, recomendaciones, opiniones, y las referencias de las personas con las que interactúo me sirven como los filtros a partir de los cuales empiezo a moldear la información que consumo e intercambio. Lo cual hace que, también, cada vez más el conocimiento fluya por caminos que no necesariamente son los formales, o los que hemos conocido usualmente, sino que se formula en todos aquello lugares en los que hay interacción entre personas.
Esto plantea un desafío enorme – porque no estamos preparados aún para concebir así el flujo de información. Lo digo en el sentido de que no nos concentramos en desarrollar las habilidades, los criterios, la alfabetización mediática que nos permita asumir las responsabilidades que este proceso prácticamente nos impone. Lo cual quiere decir, también, que mucho de la manera como estamos orientando la educación no va por el mismo camino de la manera como las redes sociales de intercambio de información están desarrollando habilidades, especialmente en los jóvenes:
Este cambio nuclear en la manera como construimos conocimiento, y esta nueva necesidad por nuevas habilidades, tiene ramificaciones por todos lados. Se abre la puerta a la multiplicidad de perspectivas a todo aquello que antes era unitario. Y eso tiene también efectos psicológicos en la manera como construimos nuestras identidades y las presentamos a los demás en diferentes contextos. Así como no manejamos una sola idea de cómo es el mundo, no manejamos una sola idea de quiénes somos nosotros mismos.
Un par de ideas. ¿Qué hacemos cuando empezamos a volvernos cada uno más information brokers, y los que antes cumplían ese rol empiezan a perder la exclusividad?
Dos ideas sobre cuya viabilidad real no tengo ni la más remota noción. ¿Qué productos o servicios se pueden ofrecer cuando el costo de acceder a la información colapsa? ¿Qué puede hacer, digamos, un periodista cuando el modelo que antes lo mantenía, ya no se sostiene?
Primero, pensar fuera de la caja y aceptar nuevos modelos. Idea número uno: aquel que funciona, básicamente, como un broker de información, discriminando, seleccionando, contextualizando y comentando lo que pasa, tiene un producto muy valioso en el valor agregado que le da a la información. Pero ese valor agregado es suficientemente interesante en la medida en que está alineado lo más cercanamente con los intereses de lo que un público quiere saber. Uno puede pensar en periodistas, pero en verdad esto se aplica a cualquier persona que consiga dominar bien el arte de procesar, transformar y comunicar información de una manera efectiva. Existe un mercado de gente cuyo trabajo requiere de mantenerse informados acerca de muchas cosas, pero cuyos requerimientos de información exceden sus posibilidades de dedicarle tiempo a todo ese proceso: entonces pueden tercerizar. Imaginen brindar el servicio de consumir, entender, contextualizar las noticias, y que alguien pague por sesiones altamente personalizadas donde ese contenido me es devuelto, con la capacidad de hacer preguntas y repreguntas y la confianza de que la persona que me informa está en capacidad de responderlas. Algo así como un asesor, un analista personal, pero a un costo mucho menor. Alguien se encarga de interpretar el mundo por mí, de una manera mucho más completa de lo que yo lo podría hacer por mí solo. Ahora, a esa misma mezcla agrégale una cartera de clientes que encuentran esto mismo valioso, escálalo, y tienes un modelo básico con el cual alguien se puede ganar la vida. En la medida en que el broker representa mejores resultados, su status aumenta así como también su valor.
Segunda idea, que me viene a partir de leer la crítica de Malcolm Gladwell al nuevo libro de Chris Anderson (la cual, de por sí, amerita su propia discusión). La cuestión es la siguiente: servicios como YouTube enfrentan una paradoja, porque al abrir la puerta a que cualquiera suba su contenido, la gran mayoría de este contenido es basura, y una enorme cantidad de este contenido, aunque no sea basura, no es rentable: en el sentido de que, los anunciantes que generan los ingresos no quieren ver su publicidad allí. Entonces, YouTube se ve en la necesidad de mejorar el nivel del contenido, licenciando contenidos profesionalmente producidos como series de televisión, películas, y ese tipo de cosas. Pero eso agrega aún más a sus costos. Entonces: ¿qué pasa si YouTube, en lugar de hacer eso, invirtiera considerablemente menos en financiar que productores profesionales de contenidos se dediquen a brindar entrenamiento y asesoría a productores amateur para mejorar el nivel de los contenidos del sitio? La idea es, en vez de licenciar contenido profesional, le pago menos a un profesional para que ayude a desarrollar habilidades y mejores productos de los amateurs que normalmente participan de YouTube. A YT le conviene, a los amateurs también, al entrenador también. Incluso, es concebible que lo mismo pueda hacerse sin YT de por medio: ¿podría funcionar un taller de producción de video orientado no a comunicadores audiovisuales, sino a personas de a pie? Jóvenes aficionados, activistas, gente de diversas especialidades dispuesta a invertir tiempo y dinero a aprender a expresarse en un lenguaje que no saben manejar. De nuevo, agrega varios clientes, varios proyectos, y tienes un modelo con el que se puede concebir a alguien ganándose la vida.
Si el principal activo es la información, y la información es básicamente libre y también gratuita, hay que encontrar las maneras a través de las cuales podemos imprimirle un valor agregado.
Venía por la vía expresa hace poco y vi un cartel enorme de la Universidad San Martín de Porres, promocionando “carreras con futuro”, y apuntando al sitio web www.carrerasconfuturo.com. Me dio demasiada curiosidad entrar a ver qué les estaban vendiendo a los jóvenes que hoy egresan de la secundaria y postulan a la universidad como “carreras con futuro”, así que tuve que entrar a verlo más en detalle. La educación, especialmente la educación superior, y especialmente la educación superior para el futuro son temas que tengo bastante cercanos, así que tenía que ver si había algo interesante.
Y, sí. El sitio está muy bien diseñado, de hecho me da curiosidad saber quién hizo el diseño. Pero mi primera sorpresa fue que, oh coincidencia, TODAS las carreras la USMP eran estas tales “carreras con futuro”. Es decir, que la USMP sigue vendiendo como carreras del futuro opciones como Derecho, Medicina o Ingeniería, las mismas carreras tradicionales que todo el mundo ha recomendado los últimos 100 años y que, por lo mismo, son sectores del mercado que se encuentran saturados. Aún cuando eso no quiere decir de ninguna manera que todo aquel que estudie carreras tradicionales tendrá problemas para encontrar trabajo, sí quiere decir que para una considerable cantidad esto será cierto. Y quizás es algo que no tengan en consideración al escoger la carrera.
Aquí hay dos planos de análisis distintos y relevantes. En primer lugar, que en el presente la oferta educativa no está alineada con el mercado. Generamos muchos profesionales, que por buenos que sean, no necesariamente salen preparados para el “mundo real”. El segundo plano me llama más la atención: que no preparamos realmente profesionales para el futuro, porque claro, nunca nos hemos dedicado realmente a pensar en qué queremos del futuro ni qué profesionales podríamos requerir entonces.
La USMP nos brinda un excelente ejemplo de que somos estructuralmente incapaces de imaginar el futuro de una manera que no sea una versión radical del presente. Para ellos, el 2020 se ve así:
El New York Times señala que las conexiones inalámbricas harán que no existan barreras entre el trabajo y la vida personal, esto impedirá el exceso de trabajo y se consolidará un nuevo formato de día laboral, los empleados trabajarán durante varias horas y las combinarán con sus actividades personales.
Que es más o menos el equivalente laboral de los autos del futuro que prometía Mecánica Popular en los años 50. Por un lado, describen muchas cosas que estamos presenciando hoy, y para las que no estamos preparados, pero que no son una cuestión “futurista”. Por otro lado, no tienen en consideración que el futuro, muy probablemente, será radicalmente diferente de lo que somos capaces de concebir hoy día, y por razones probablemente muy diferentes de las que podríamos pensar. Clay Shirky tiene un muy buen ejemplo para ilustrar esto:
Hay una escena maravillosa en la película de 1968, 2001 (para cuando supuestamente todos debíamos estar viajando al espacio) donde azafatas espaciales en minifaldas rosadas dan la bienvenida al pasajero que llega. Esta es la visión perfecta, empaquetada para los medios, del futuro – la tecnología cambia, la basta se mantiene igual, y la vida sigue como es hoy, excepto que más rápida, más alta, y más brillante. En contraste, la píldora anticonceptiva, como el transistor, parecían ofrecer tan sólo mejores incrementales sobre los métodos existentes. Pero al hacer del control de la fertilidad y una decisión unilateral y, crucialmente, femenina, que no tenía que ser negociada caso por caso, la píldora ha transformado a la sociedad de maneras mucho más importantes que cualquier cosa conseguida por la NASA. [Here Comes Everybody, traducción mía.]
Un poco de lo mismo es lo que encontramos en la descripción del 2020 que hace la USMP. Claro, conexiones inalámbricas, transformarán todo lo que conocemos sobre el trabajo. Pero el trabajo seguirá siendo esencialmente trabajo, produciendo esencialmente lo mismo, bajo el mismo modelo económico, con los mismos objetivos, y demás. Si el incremento de la combinación profesional-personal que describen terminara en que las familias se descomponen y la gente es crecientemente miserable, llevando a la gran revuelta tecnoproletaria del 2017 y a la consiguiente instauración del régimen ludita, sería algo imposible de predecir, e incluso de concebir, desde esta descripción alegre y peregrina de lo que vendrá.
Ahora, lo realmente perturbador. Las carreras que necesitaremos en el futuro, o desde el otro punto de vista, los trabajos para los cuales necesitaremos formar gente en el futuro, no existen hoy día. Muchos de los trabajos que existen hoy no existían hace 5 años, y no existen descripciones claramente definidas para lo que hacen o el perfil que requieren. Además de que cambian lo suficientemente rápido como para que prácticamente ningún cuerpo de conocimiento pueda mantenerse suficientemente al día: la realidad que uno estudia al empezar una carrera resulta ser significativamente diferente 5 años después, cuando termina. En ese contexto, es realmente irrelevante que mi carrera tenga futuro hoy, pues es bastante probable que cuando termine de estudiarla, o haya dejado de tenerlo, o sea algo para lo que no estoy formalmente preparado, o haya futuros más interesantes en otras áreas. Entonces, cuando un egresado de secundaria hoy lee esto sobre un supuesto 2020:
Puesto que las empresas tendrán que adoptar las innovaciones tecnológicas, prevalecerá el aprendizaje constante y la acción organizativa. Los mandos medios desaparecerán y los trabajadores serán temporales, en este entorno la lealtad estará dirigida al compromiso con el proyecto. Para el portal Strategy-Business, la clave del éxito de las empresas del futuro estará en fusionar la fuerza de trabajo y la tecnología de la información moderna.
¿Qué le estamos dando realmente? Aparte de una visión ingenua del futuro y una desinformada del presente. Según esto, algo así como los cyborgs serán la fuerza laboral del futuro. Entonces mejor ni nos molestemos en estudiar, y dediquémonos a perfeccionar nuestros implantes electrónicos para nuestros trabajos temporales comprometidos con el proyecto, sea lo que sea que eso signifique. Ah, sí. Se llama freelance, vía web. Eso es taaaaan 1998.
Entonces, quizás en este punto no importe tanto, realmente, qué profesión escoja uno. En realidad, en un momento en el cual las fronteras entre disciplinas se vuelven tenues y se reconfiguran las profesiones, quizás lo más inteligente sea optar por la posibilidad menos encasillante, aquella que le permita a uno cómodamente saltar entre diferentes áreas de acción con relativa comodidad. Aquello que, justamente, nuestro sistema educativo no está realmente preparado para preparar.
Lo cual hace tanto más urgente que no pensemos tanto en carreras CON futuro, como en carreras DEL futuro, y lo que esto signifique viene de la mano con el contenido que queramos, desde nuestra perspectiva limitada, darle al futuro. Partiendo, por supuesto, de reconocer que no hay manera de que sepamos bien qué significará esto en unos años, y que tenemos que prepararnos para condiciones cada vez mayores de incertidumbre. Lo cual no quiere decir que no seamos capaces de mapear hoy las tendencias que probablemente se conviertan en los problemas en un futuro cercano. Más que ofrecerles a los egresados de secundaria promesas vacías de certidumbre sobre futuros ilusorios, sería bueno que seamos sinceros con ellos y les digamos que no tenemos mayor idea de lo que estamos pasando, y que ellos tampoco la tendrán, y que tenemos, más bien, que aprender a arreglárnoslas para vivir y ser felices renunciando a la pretensión de entender bien dónde va cada cosa.
Volviendo sobre algunas ideas del último post sobre el desafío a las profesiones, hay dos ejemplos puntuales que me vienen a la mente. El primero es el caso del periodismo, sobre el que ya he escrito bastante antes pues me parece uno de los más interesantes. Shirky habla explícitamente sobre el periodismo y me parece lo más interesante el que lo haga en términos económicos, pues eso resalta particularmente la contingencia histórica de la profesión periodística como la conocemos: no inventamos el periodismo cuando descubrimos que era un componente fundamental de la realidad, sino que vino a existir como parte de un proceso histórico, y como tal, por lo mismo, puede también transformarse y desaparecer. Tenemos una horrible, aunque comprensible, tendencia a naturalizar lo histórico, y asumimos que el mundo tal como es hoy es el mundo como ha sido y será siempre: siempre hubo capitalismo, siempre hubieron mercados, siempre hubo libertad, siempre hubo Estado, y así se mantendrán las cosas en el futuro. Pero aunque nos pueda molestar darnos cuenta, en realidad, todos estos son productos históricos y no forman parte de ningún tejido intrínseco de la realidad. No hemos “descubierto” nada de esto, lo hemos inventado y puesto en el tejido de lo social.
Es más, no sólo no deberíamos asumir que así siempre han sido las cosas, sino que viendo la historia deberíamos ser lo suficientemente humildes e inductivos como para darnos cuenta que, así como prácticamente todo en nuestra historia se ha visto transformado, es igualmente razonable suponer que el ordenamiento del mundo que conocemos se verá, a su vez, superado en el futuro. No necesariamente por algo “mejor”, lamentablemente, o mejor dicho, la valoración moral o cualitativa de este cambio no sólo no nos corresponde, sino que nos es estructuralmente imposible (pues se trata, en pocas palabras, de evaluar lo desconocido a partir de lo conocido, disputa en la cual lo conocido tiene siempre todas las de ganar).
A partir de todo eso, el resultado es un tanto claro: de la misma manera, el periodismo como profesión, siendo un resultado histórico de condiciones económicas y de producción de una época, muy probablemente se vea transformado a medida que esas condiciones cambien. Allí donde se necesitaba de su clase profesional para mediar la escasez de información, allí donde se les necesitaba para minar la sociedad en busca de noticias que de otra manera no podían exhibirse, hoy día aquella necesidad se ve atendida de manera más eficiente (ojo que no digo ni mejor ni peor, que no me parece que venga al caso) por medios tecnológicos. Esto tiene miles de consecuencias, pero en general, podemos reducir las posibles salidas al problema generado a dos grandes posibilidades: o restauramos el valor histórico del periodismo y su función tradicional de mediar entre los ciudadanos y la información, para lo cual hay que, básicamente, limitar artificialmente el uso y desarrollo de la tecnología; o buscamos la manera para transferir a los ciudadanos las habilidades, las competencias y los criterios necesarios para que puedan navegar toda esta nueva información de manera efectiva. No sorprenderá a nadie que haya pasado por aquí antes que yo me inclino más por la segunda posibilidad.
Observación importante: esto no quiere decir que empecemos a hablar de periodismo ciudadano. El “periodismo ciudadano” es una categoría engañosa que explica algunas cosas del proceso en el que estamos pero cuyo principal problema es que explica lo nuevo en términos de lo viejo. Presenciamos, sí, la aparición de nuevas formas de ejercer la ciudadanía en la sociedad de la información. Pero eso no nos hace a todos periodistas, y además, no tendría por qué hacerlo. Esta etiqueta tiene la problemática consecuencia de que si los ciudadanos son periodistas entonces deben adscribirse a sus criterios profesionales y si no lo hacen están mal, o de que si los periodistas son ciudadanos hay que otorgarles ciertas prerrogativas, privilegios o protecciones especiales cuyo alcance y delimitación es imposible de aclarar porque no pasamos a asumir un sólo rol predominante, sino que nos movemos todo el tiempo cumpliendo con varios roles. No se da que yo “me vuelva un periodista ciudadano”, sino que resulta que, por momentos, hago cosas que se asemejan a lo que tradicionalmente hemos asociado al periodismo. Hablar de periodismo ciudadano prácticamente perpetúa la metafísica esencialista del aristotelismo, por ponerlo de alguna manera.
En otras palabras, si el periodismo quiere tener alguna alternativa, desde mi modesto punto de vista este tiene que ser no esencialista y no metafísico. Es decir, no puede ser tratar de preservarse como un valor intrínseco a la sociedad y la realidad. Pero la otra alternativa que mencioné brilla por el hecho de que no menciona al periodismo. Y es que, claro, como resultado histórico no tiene roles históricamente predeterminados. Estamos descubriendo esto sobre la marcha, y lo que sea que resulte del periodismo resultará del recálculo de los costos de transacción que tienen los individuos, los ciudadanos, en el procesamiento de información cada vez más orientado hacia la organización de la acción colectiva, o por lo menos hacia la movilización y no hacia la simple y neutralizada información. Hoy día ya no buscamos tanto informarnos como buscamos inspirarnos: desde el hecho de buscar noticias a partir de nuestro marco ideológico para verlo reforzado. Esto es difícil de digerir, pero no necesariamente es malo: es hacia donde vamos, y más que preguntar cómo cambiamos el curso, creo que podemos preguntarnos cómo llegamos antes para ir poniendo los globos y la decoración para sacarle lo mejor al proceso. Difícilmente tenemos menos, sino que por el contrario tenemos hoy día más necesidades de información, sólo que están estructuradas de manera diferente y con diferentes motivaciones a las que teníamos antes. El paso número uno para repensar el periodismo es el violento descubrimiento de que ya no tienen el monopolio de la información y que, muy probablemente, no lo volverán a tener: de la actitud hacia este violento descubrimiento dependerá la extinción o la adaptación.
Tratado tercero, 12:
A partir de ahora, señores filósofos, guardémonos mejor, por tanto, de la peligrosa y vieja patraña conceptual que ha creado un “sujeto puro del conocimiento, sujeto ajeno a la voluntad, al dolor, al tiempo”, guardémonos de los tentáculos de conceptos contradictorios, tales como “razón pura”, “espiritualidad absoluta”, “conocimiento en sí”: -aquí se nos pide siempre pensar un ojo carente en absoluto de toda orientación, en el cual debieran estar entorpecidas y ausentes las fuerzas activas e interpretativas, que son, sin embargo, las que hacen que ver sea ver-algo, aquí se nos pide siempre, por tanto, un contrasentido y un no-concepto de ojo. Existe únicamente un ver perspectivista, únicamente un “conocer” perspectivista; y cuanto mayor sea el número de afectos a los que permitamos decir su palabra sobre una cosa, cuanto mayor sea el número de ojos, de ojos distintos que sepamos emplear para ver una misma cosa, tanto más completo será nuestro “concepto” de ella, tanto más completa será nuestra “objetividad”. Pero eliminar en absoluto la voluntad, dejar en suspenso la totalidad de los afectos, suponiendo que pudiéramos hacerlo: ¿cómo?, ¿es que no significaría eso castrar el intelecto?…
Más ojos viendo, mejores resultados. Nietzsche, precursor del a filosofía del open-source.





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