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Hace un par de días me gradué. C’est finis. Y como no me he cansado de repetir, me siento expulsado al “desierto de lo real”, por ponerlo de alguna manera. Obviamente, no se trata sino de la consagración simbólica de algo que fácticamente había ya sucedido mucho antes -la expulsión al mundo real con todos los problemas que eso conlleva- pero también es cierto que, como consagración simbólica, arrastra una carga psicológica mucho mayor al hecho mismo.

Pero la diatriba de hoy no es en torno a mi graduación, al menos no propiamente, sino que va más por el lado de la carga psicológica (y, por supuesto, mis propios conflictos y complejos personales). Mi diatriba va, más bien, por el lado de tratar de entender cuál es mi propio papel en el gran esquema de las cosas, qué rol juego o quiero jugar, y qué tanto lo consigo. Es decir, como busco plantear la pregunta, ¿se supone que soy un académico? Perdónenme si por momentos suena a que peco de pretensión o soberbia, mis preguntas van más bien por el lado de a qué estructura me pliego. Una vez que dejo de ser un estudiante, que soy algo así como un “filósofo” casi profesional, ¿entonces qué se supone que soy? (Y qué quiero ser.)

Hay varias cosas que me molestan del discurso académico, y varias otras cosas que me molestan de la filosofía. Hasta ahora, mal que bien, busco la manera de lidiar con ambas cosas, y este blog ha servido mucho para ello. Mi aproximación a la filosofía surgió por un interés muy fuerte por conseguir herramientas que me permitieran mejor plantear una serie de problemas contemporáneos que veía en el aire. En el camino no me encontré, quizás, con mucho espacio en el cual trabajar estos problemas -los problemas que vengo discutiendo en este blog hace ya buen tiempo-, pero sí con mucho espacio potencial por abrir y muchas herramientas útiles e interesantes para hacerlo. Pero al hacerlo suelo encontrarme con problemas muy similares.

En primer lugar, el conflicto interno que surge, y en gran medida inspirado externamente, por creer que aquellas cosas que quiero hacer, o la manera como quiero hacerlas, no son propiamente algo que se llamaría “filosofía”. Además, el saber o creer que muchas de las personas que sí hacen algo de lo que se llamaría “filosofía” (sea como “contemplación intelectual de los grandes problemas que afectan al ser” o cualquiera de sus variaciones) consideran que lo que hago o me interesa rankea en una escala que va de lo inútil a lo peligroso. Pero es que simplemente mi visión personal de lo que la filosofía es, puede o debe ser, parte de una cuestión diferente y con objetivos patentemente diferentes. Y sin embargo, inevitablemente esta forma de consideración entra en juego cuando trato de entender en qué lugar del aparato me encuentro.

En segundo lugar, porque el lenguaje y la conversación que quiero mantener escapa de las fronteras del discurso académico, y es en gran medida uno de mis objetivos el conseguir llevar el discurso filosófico y sus preocupaciones a un publico más amplio, menos técnico, y abrirle para ese público un espacio de participación. Lo cual de nuevo puede rankearse en una escala que va de lo inútil a lo peligroso. El discurso académico se caracteriza por ser un discurso casi hermético, en una sola dirección, con canales claramente definidos y legitimados para el diálogo y la interacción, y las diversas maneras como estos canales se están viendo subvertidos están creando todo tipo de inconsistencias y preocupaciones. Lo divertido es que estas inconsistencias y preocupaciones me parecen chéveres, por mí no hay problema. Y es por eso que busco un lenguaje y un proceso que llegue más lejos, que sea más público y que consiga un interés más amplio que el espectro estrictamente académico.

Entonces, ¿soy un académico? ¿Un académico wannabe, o lo que fuera? ¿Qué diablos se supone que soy ahora?

La naturaleza, o por lo menos mucho de ella, de los temas que me interesan tiene muchos puntos de conexión y de entronque con una preocupación social y política. Es por eso mismo que considero que discutirlos requiere de una apertura más amplia a la participación de gente (1) que participe de tradiciones y comunidades académicas diferentes a la filosofía, y (2) que podría incluso no estar familiarizada con la dimensión teórica, conceptual del debate sobre estos temas. La experiencia de llevar adelante este blog y compartir ideas a través de él ha sido una experiencia sumamente gratificante en ese sentido: porque me ha permitido ponerme en contacto con gente que viene desde otros lugares, desde otros referentes, y buscar la manera de establecer un diálogo con ellos.

Es una experiencia complicada, pero interesante. De hecho, muchas de las personas con las que me he comunicado a partir del blog no son necesariamente de un background filosófico, o de un entorno académico. Pero eso no quita que tengan opiniones relevantes e interesantes que compartir, y son siempre bienvenidas. Justo ahora, que nuestros criterios y conceptos de identidad y de autoridad medio que vienen colapsando, y que las referencias tradicionales que hemos utilizado para demarcar lo que es conocimiento de lo que no se ponen en cuestión, se hace pertinente abrir la discusión a todos los involucrados.

No sólo eso, sino que además, sí considero importante que, desde lo académico, se toma una postura un poco más proactiva hacia la comunicación. Los debates académicos, que frecuentemente son iluminadores y enriquecedores de lo que puede ser nuestra experiencia cotidiana, lamentablemente se suelen quedar dentro de los salones y los claustros universitarios, y el conocimiento y las ideas que allí se generan difícilmente permean hacia sectores más amplios de la población. Un poco el rollo de democratizar el conocimiento va también por ahí, de realizar un esfuerzo por decir las cosas en un lenguaje que no excluya a todos aquellos que no se han formado en la misma tradición académica, y que permita así que más personas, de diferentes comunidades y antecedentes, pueda participar de la discusión. Pero claro, esto sólo tiene sentido en la medida en que abandonemos un paradigma según el cual la autoridad en el conocimiento es algo cerrado, aportado por una dedicación exclusiva de años y la legitimidad que brinda la pertenencia a una comunidad legitimadora.

Más bien, hoy día nos volvemos expertos en millones de temas de maneras mucho más cotidianas, mucho más accesibles, pero que al mismo tiempo nos brindan las herramientas para participar, compartir, debatir, llegar a acuerdos y demás, sobre muchos temas que nos atañen de un modo personal y directo, sobre todo en los órdenes social y político. Entonces creo que el espacio para lo académico debe también verse modificado, ampliarse, abrirse e incluir un poco más de participación, e incluso hacia adentro reconcebirse para favorecer el intercambio y la colaboración entre sus miembros.

Entonces, en toda esa medida, considero que el discurso académico, la manera cómo trabajamos el desarrollo del conocimiento, y la manera como hacemos y sobre todo comunicamos y presentamos la filosofía, deben transformarse de muchas maneras. No quiero decir que eso signifique reemplazar todas las maneras que usamos ahora -de hecho, muchas de ellas sirven perfectamente bien a su propósito actual-. Sólo digo que podemos ampliar el espectro de esos propósitos, y que tenemos una cierta obligación de hacerlo dadas las condiciones actuales del mundo. Tenemos que desarrollar nuevas herramientas y nuevas maneras de pensar para poder comprender con mediana plenitud los problemas que enfrentamos hoy día. Y eso implica también, antropológicamente, que debemos jugar con la manera como nos comportamos como comunidad académica si queremos realmente formar parte de la discusión sobre estos problemas.

Finalmente, esto no me aclara en ninguna medida a qué tipo de comunidad pertenezco, si lo hago a alguna. Pero me permite mapear con un poco más de claridad las tensiones que siento y reconozco y de las cuales en mayor o menor medida formo parte diariamente, en la medida en que siento que no existen espacios para ciertas cosas, pero existe el potencial para inaugurar la discusión sobre una serie de cosas. Quizás, porque también podría simplemente ser mi obstinación de querer reconciliar cosas irreconciliables.

En todo caso vale la pena recordarlo.

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Muchas experiencias y mucha información que procesar en muy poco tiempo.

Estuve de viaje varios días por trabajo, en una serie de reuniones de planificación y coordinación que sobresaturaron mi capacidad para derivar significado y sentido a partir de información dispersa. Aún sigo lidiando con ello. Es todo muy interesante, sobre todo cuando uno se da más y más cuenta del nivel impresionante de la gente con la que uno trabaja. Claro, es también un poco intimidante, pero por lo menos uno siempre tiene el consuelo de que (1) se las arregló para llegar allí igual, y (2) la experiencia de trabajo será enriquecedora.

Paseando por Washington, D.C., descubrí que toda la ciudad -o por lo menos sus rincones más turísticos y monumentales- son un magistral tributo a la habilidad gringa para el marketing. Toda la ciudad se construye como un enorme monumento, un tributo viviente a la experiencia misma de ser estadounidense, con grandes monumentos blancos que penetran casi fálicamente los cielos soleados, reflejados por enormes piletas de agua y memoriales tras memoriales de guerras y padres de la patria que recordar. Visto desde cierto ángulo, todo confabula y se construye como una sutilmente construida experiencia marketera, y no es por nada que ellos son los maestros en el campo. Incluyo algunas fotos que espero sirvan de ilustración. Pude también, por cuestiones de Fortuna, llegar hasta Nueva York y pasar un par de días conociendo muy rápido la ciudad, yendo al MoMA y al MET, presenciando de primera mano el ritmo de vida, y es impresionante.

USA2k8 II - Land of the Free

Entre otras cosas que espero ir procesando de a pocos, he regresado con todo un cargamento de nuevo material bibliográfico que quería procurarme hace meses: “Convergence Culture”, de Henry Jenkins; “The Long Tail”, de Chris Anderson; “The Wisdom of Crowds”, de James Surowiecki; “The Paradox of Choice”, de Barry Schwartz; “Stumbling On Happiness”, de Daniel Gilbert; “Wikinomics”, de Don Tapscott y Anthony Williams; y “The Wealth of Networks”, de Yochai Benkler. Todo esto debería mantenerme ocupado por un buen rato, y de hecho ya lo está haciendo.

Hay demasiadas cosas en estado polimórfico últimamente. Empezaron las clases en la universidad, pero por primera vez en cinco años, eso no me representa mayor diferencia. Aún así, el miércoles después del que viene dicto mi primera sesión de prácticas de este semestre, así que no me desconecto del todo del asunto. Todo de alguna manera se confluye y confabula también para armar algún tipo de camino híbrido entre una filosofía académica, y una más práctica u orientada a cosas del mundo. Qué significa eso exactamente es algo que me voy construyendo recién a la mala.

No suelo concentrarme tan personalmente en los posts, o al menos no de manera tan directa, pero sentía yo mismo la necesidad de dejar marcada una pausa para hacer un breve inventario, porque las cosas se mueven un poco rápido y no logro ordenar las ideas al mismo ritmo. Ahora todos podemos seguir con lo que estábamos haciendo, sigan su camino…

Hoy encontré un post en el blog de Seth Godin sobre cómo concibe el tener un blog no como una obligación, sino como una oportunidad. El enfoque me resultó interesante, y me hizo pensar en cómo veía yo mismo mi propio blog, y creo que más bien lo veo como un deseo, un objetivo. Es decir, no me siento obligado a postear, pero tampoco llego al punto de sentir que tengo tanto que decir y debo restringirme. El ejercicio es bueno y me permite mantenerme circulando ideas, planteando pensamientos y demás; pero también es cierto que me cuesta formular qué decir, cómo decirlo, que me cuesta mucho decidirme por un tema, por un enfoque. Pero supongo que es todo parte del proceso.

Tengo, como siempre, ganas de iniciar muchos proyectos. Me preocupo demasiado por el enfoque, y aún así no logro realmente avanzar con ninguno. Es terrible, esto de pensar demasiado las cosas. Allí están las ideas del micro y de la ducha, y sé que giran en torno al conocimiento, a manejarlo, crearlo, transformarlo, pero no logro rastrear ni delinear del todo por dónde va el asunto. Mientras tanto seguiré con algunos otros ensayos, como éste, como los demás, tratando de articular y empujar líneas que emerjan, conexiones que se hagan evidentes para poder más o menos armar un panorama.

Quiero explicarlo un poco más claramente. Creo que el conocimiento es uno de los valores más importantes en el mundo y la economía de hoy, y creo también que en el Perú hemos hecho un muy mal trabajo de ordenar nuestro conocimiento, darle sentido, buscar estructuras y conexiones que emergen y, en otras palabras, entender en dónde estamos parados. Eso es lo que me gustaría hacer, perderme en el conocimiento, buscar líneas, forzar órdenes y dar sentido un poco a las cosas, porque creo que eso encierra el potencial enorme de generar valor para todos nosotros. Enfocar distintas áreas temáticas, explorarlas, profundizarlas, llevarlas a nuevos niveles. Crear conocimiento, exportarlo, llevar nuestras ideas al mundo. Pero el primer paso es volver sobre las ideas que ya hemos tenido para encontrar lo valioso y lo terrible, y no intentar inventar la pólvora, una vez más.

Bloggear sobre bloggear. Tengo bloggeando ya varios años, con periodos de mayor y menor intensidad. Es una actividad que disfruto bastante, la verdad. Mi primer blog fue sólo una prueba, aunque larga, y luego empecé éste como un experimento un poco más formal/serio, por ponerlo de alguna manera, más focalizado. Los resultados, creo, han sido positivos. Luego empecé Invasiones Bárbaras, otro experimento al cual no he podido dedicarme con suficiente tiempo y compromiso como hubiera querido. Mientras tanto, he participado de varios otros blogs, pequeños experimentos que iban surgiendo y quedando en el camino.

Ahora que estamos ya en la etapa post-final, vuelvo a pensar en como ordenar mejor el tiempo y esfuerzo que invierto en esto. Eso significa no sólo volver sobre estos proyectos ya en ejecución, sino que, dentro de mi hiperracionalidad usual, pienso en empezar nuevos, tantos que sean inmanejables. Hace tiempo que quiero iniciar un blog en inglés, por la simple razón de que el público es más amplio y la dinámica más activa (y porque la mayoría de blogs que leo son en inglés, también). Pero no encuentro un buen tema sobre el cual hacerlo. Lo cual no debería ser tan difícil, pero lo viene siendo hace tiempo. Quienes lean esto con cierta regularidad se habrán dado cuenta que mi principal problema recurrente es la pérdida de perspectiva: constantemente estoy replanteando todo, todo el tiempo.

Otros blogs he querido probar, sobre todo temáticos -algo creo que he podido comentar antes al respecto-. Pero son proyectos en los que no quiero embarcarme solo, porque sé que solo no tendré el tiempo ni la dedicación para hacerles el seguimiento debido.

¿Por qué tengo esta obsesión rampante de empezar más y más blogs? No lo sé, en principio, y principalmente, por pura obsesividad. Por otro lado, porque me parece fascinante la idea de consolidar redes, de crear medios y de articular interconexiones entre ellos. Está de moda, esto de implementar, construir y desarrollar pequeños outlets mediáticos en torno a intereses claramente definidos. Pero claro, el problema es que mis intereses no están claramente definidos.

Así que supongo que primero lo primero.

Días confusos los últimos. Después de cinco años, mi periplo de pregrado ha terminado. Lo cual es un momento ambiguo: por un lado, estoy feliz de terminar, también porque ya estaba harto de muchas cosas. Por el otro, asusta, y también entristece un poco, el hecho de que se acabe. Es todo complicado, porque el panorama no se hace claro, las cosas se vienen por montones y es todo un poco abrumador. Los aburriré ahora un poco con detalles sobre esto.

Desde hace tiempo, viendo venir estos momentos vengo pensando bastante sobre el tema de la empleabilidad de la filosofía.  Es un tema complicado, lleno de mitos y problemas de interpretación, y verdades a medias: que los filósofos no tienen oportunidades de trabajo, que sólo pueden contar con carreras académicas, que no están capacitados para hacer nada. Todo esto me ha sido un problema importante porque no sólo quiero “hacer cosas”, sino que la carrera académica nunca ha sido mi principal interés. Desde que me interesó la filosofía me interesó por su capacidad para relacionarse con múltiples temas y problemas, y tener algo interesante que aportar.

A uno le ofrecen o le venden caminos preestablecidos, más o menos. Siguiendo siempre más o menos los mismos parámetros, que no es que estén mal, sino que simplemente no resuenan del todo conmigo. Que uno termina, y debe seguir estudiando, y debe considerar de entrada seguir una maestría. Esto lo aceptamos, sin detenernos a pensar con mayor detenimiento en precisamente por qué queremos un posgrado. Es cierto que los parámetros que los estudiantes de carreras de humanidades seguimos son diferentes a otras ramas del conocimiento: el por qué parece medio trivial, pues el conocimiento es casi un fin en sí mismo. No nos atormenta tanto esa pregunta; pero no debería ser menos importante. ¿Para qué queremos una maestría, o un doctorado? ¿Porque sí? ¿Por satisfacer nuestro ego? ¿Por desarrollar el conocimiento de la humanidad? Yo personalmente no la tengo del todo clara. Pero sé que seguir estudiando brinda una sensación de seguridad directa: le permite a uno continuar con una cierta burbuja de seguridad con las condiciones más o menos controladas, y posponer el enfrentamiento con algo así como el “mundo real”.

Mis observaciones iniciales van justamente porque seguimos este camino más o menos dado simplemente porque está ahí, y porque no conocemos mucho de otras alternativas. Pero la decisión de optar por un posgrado debería ser una decisión basada no tanto en algo negativo (no conocer otras opciones), sino en algo vinculado a los objetivos e intereses que uno espere perseguir con el posgrado (el blog de Penelope Trunk es interesante, aunque bastante discutible respecto a muchas de estas cosas). Eso me complica tanto más la idea de qué buscar, pero en fin. Creo que así visto vale más la pena: no estudiar dos (o más) años más sólo porque es lo que el camino requiere de uno, sino más bien porque tal o cual posgrado le brindará a uno tales o cuales herramientas particulares para cumplir con tales o cuales objetivos. Todo se entrecruza complicadamente con cuestiones como que uno maneje un cierto nivel de planificación respecto a lo que quiere hacer, y allí todo empieza a ponerse difícil: objetivos, planes, ideales, etc., pero idealmente así uno invertirá mejor su tiempo y dinero, en lugar de sólo estudiar más por alguna razón que uno mismo desconoce.

Es, claro, mi visión personal del asunto. Pero son el tipo de preguntas que me aquejan y acompleja en estos días, cuando las horas están un poco más vacías de cosas que hacer y uno tiene más tiempo para preguntarse sobre el futuro. Como suele ser el caso, el vacío es intimidante. Y asusta un poco. Aún así, creo que es mejor todo eso en lugar de simplemente pasar por la vida sin preguntarse bien qué quiere hacer uno o si simplemente está flotando en alguna dirección desconocida.

Vía Il Maistro.

Efectivamente me encuentro en los últimos 8 días de mi educación universitaria, al menos en su etapa de pregrado. Y los acontecimientos han decidido tomar un giro tal que estos últimos días están espantosamente recargados de los últimos pendientes y yo al borde del colapso. Supongo que es algo así como la última ironía inevitable.

En fin, por lo menos espero obtener resultados interesantes, en la forma de una serie de trabajos que vengo preparando, y sería interesante compartir una vez que estén listos. Quizás así también puedo devolverle un poco de vida a Invasiones Bárbaras, que tengo bastante muerto hace un buen tiempo. El verano y la semi-libertad deberían dejar espacio para generar y desarrollar proyectos interesantes como ése.

Por lo demás, la temporada navideña y del consumismo exacerbado ya están sobre nosotros. Lo sabemos porque por doquier, las gentes empiezan a decorar sus fachadas con lucecitas y adornos verdes y rojos. Pero un momento. Alguna luces navideñas tienen musiquita. La musiquita más horrible y desesperante de la Tierra. A quienes nos gusta caminar por el mundo, nos toca toparnos con estos engendros de la postmodernidad, monstruos espantosos de una sociedad que no tiene rumbo y ha perdido todo el sentido de civilización que Occidente haya podido desarrollar a lo largo de miles de años.

El creador de estos engendros es, a todas luces (¡ja!), desconocido. Mi hipótesis es que sufrió un “accidente” terrible, justicia poética si quieren, por haber maldecido a la humanidad con estos espantosos, terribles objetos del mal, capaces de someter a la voluntad más férrea al sufrimiento más horrible.

Sálvanos, Jack Bauer, sálvanos.

Hace un año publiqué mi primer post en este blog.

Un año después, cuando todo es radicalmente diferente, Castor Ex Machina ha crecido, se ha diversificado, ha cogido cierta tracción. En diciembre del año pasado, recibí 122 hits. En lo que va de noviembre de este año, 3186. La experiencia de este crecimiento ha sido fascinante, y me ha dado la oportunidad de aprender muchas cosas en el camino.

He tenido oportunidad de, por este medio, vincularme con otros estudiantes de filosofía, tanto a nivel local como incluso a nivel internacional, que compartían inquietudes o intereses similares a los míos. He conocido gente de otros blogs más o menos afines. Incluso, tuve la sorpresa de ver ideas mías reproducidas en algún lugar de la web (no me avisaron al respecto, pero al menos hicieron la salvedad de referir a la fuente).

Desde entonces, Castor Ex Machina ha llegado a estar entre los 3 primeros blogs de filosofía en el Perú (según el ranking de Perublogs), y entre los primeros 10 de Latinoamérica (según el ranking de Blogalaxia), lo cual me resulta fascinante cuando reviso los primeros posts perdidos de este experimento con el cual sigo jugando y probando ideas y cosas nuevas y viendo qué pasa.

En fin, sólo quería detenerme brevemente para celebrar este primer año, agradeciendo a todos los que han pasado por aquí, han comentado, me han escrito y con quienes he tenido oportunidad de compartir e intercambiar ideas. Espero que puedan seguir saliendo cosas interesantes de aquí, de interés para alguien en alguna parte, y que con ellas pueda seguir conociendo gente y novedades a las cuales no habría llegado de otra manera.

Y prometo publicar más cosas sobre castores.

Como siempre digo, no publico suficientes cosas sobre castores.

Siguen habiendo, de cuando en cuando, pequeñas réplicas del terremoto de hace un par de semanas. Siguen habiendo problemas con la distribución de la ayuda, siguen armándose conflictos en torno a la reconstrucción.

Pero aún con todo, la atención al tema va bajando conforme los días pasan y la rutina se recompone. No está mal; justamente, no podemos vivir eternamente encerrados en la lógica de la tragedia. A pesar de ello, la tragedia para muchos no ha cesado, sino que se sigue viviendo día a día.

Por eso quise hacer una interrupción en nuestra programación usual, para tratar de contribuir a la cadena de ayuda con alguna habilidad específica que yo pudiera ofrecer. Así que busqué brindar información y comunicación, y creo que en buena medida tuve éxito en hacerlo y aprendí mucho de la experiencia.

Castor Ex Machina vuelve ahora a su programación usual, reordenando todo en los próximos días después de un par de semanas altamente complicadas. Pero quiero resaltar la importancia de hablar del terremoto, hablar de lo que ha pasado. No por masoquismo o morbo, sino más bien porque aún no ha terminado para muchos, que aún necesitan de nuestra ayuda. Tenemos que hablar del tema para no olvidarnos, para estar mejor preparados la próxima vez, para responder mejor.

Agradezco a todos los que colaboraron, con información, donaciones, buena voluntad y palabras de apoyo. Los invito a seguir haciéndolo, a seguir tratando de ayudar, mientras nos esforzamos todos, sobre todo Ica, por tratar de rehacer algo medianamente cercano a una rutina diaria.

La relación entre la filosofía y, en general, el dinero es sumamente problemática. Desde Platón ha quedado fuertemente cimentado el ideal del filósofo asceta como Sócrates, alejado de las cuestiones mundanas para contemplar las ideas, y pensando libremente al margen de cualquier favor o recompensa, como en cambio lo hacían los poco queridos sofistas. Con pocos cambios, ésta imagen se quiere mantener en gran medida hoy día.

Pero “hoy día” es un mundo distinto. Y aunque se quiere mantener el ideal, en la práctica esto es sólo una formalidad: los filósofos igual deben ganarse la vida, principalmente en las universidades, y siguen siendo entes participantes del mercado que difícilmente pueden separarse de él. Sus condiciones materiales se ven además modificadas por los flujos del mercado, y así autores, temas o escuelas tendrán mayor espacio según lo que un cierto “mercado” vaya determinando. Si un tema está de moda, quienes lo trabajen tendrán mayor facilidad para acceder a diferentes tipos de recursos. Negar estas cosas es necedad nostálgica, en realidad, aún cuando la mayoría quiere seguir pensando en términos del filósofo asceta como desideratum.

Al mismo tiempo, y con esos problemas de por medio, no se elimina la necesidad de que la filosofía pueda tomar algún tipo de distancia o perspectiva que le permita ser crítica del capitalismo y del mercado, que le permita entender que se trata de construcciones artificiales y que, como tal, es susceptible de ser superada o reemplazada por una forma nueva.

Hace unos días encontré el blog de una iniciativa española sobre filosofía y empresa, atada además a una consultora empresarial del mismo nombre. La filosofía, al parecer, puede en efecto volverse praxis y no sólo theoría, y vincularse con los asuntos del mundo y además, por qué no, proveer al filósofo de las condiciones materiales suficientes para, justamente, poder seguir filosofando. La relación es polémica: el filósofo en el mercado, por sus propias leyes, se ve obligado a articular su pensamiento en función a la demanda. Pero el mercado homogeniza, uniformiza, y obliga a restringir la originalidad o novedad del pensamiento, reduciendo casi todo a lugares comunes.

En otras palabras, se podría pensar que el mercado, al obligar al filósofo a someterse a la demanda, lo obliga también a modificar su pensamiento para que sea aceptado y consumido por el público. Aunque suena terrible, también es cierto que en mayor o menor medida esto siempre ha sido así, de la misma manera como Sócrates fue obligado a beber l cicuta, digamos, porque “no tenía demanda”. Pero también es cierto que en el mundo paretiano de la larga cola del talento, donde la tiranía del gran mercado es menos opresiva, sino que productos nicho encuentran refugio en comunidades vinculadas por intereses compartidos, esto se vuelve menos cierto. El mercado en esta forma parecería valorar menos lo homogéneo y más la autenticidad, lo cual daría refugio a que un pensamiento (más) independiente pudiera forjarse.

Hace un tiempo he descubierto con interés el trabajo de Juan Freire, quien a menudo publica posts en torno a la problemática de la web 2.0 desde su perspectiva española (léase, traduciendo del inglés casi todos los buzzwords).

Más que entrar a tallar respecto a los particulares, mi preocupación giraba en torno a la falta (personal) de una comunidad articulada y vinculada trabajando este tipo de temas, o los que he venido trabajando en el blog. Principalmente por razones de tiempo, no he podido dedicarme a buscar blogs similares, a ponerme en contacto con sus autores y a entablar diálogos un poco más constructivos en torno a preocupaciones comunes.

Me gustaría poder conversar un poco más con todo el mundo y empezar a intercambiar perspectivas y experiencias, y sé que yo mismo debería dedicarme a buscarlos en algún momento. Mientras tanto, en todo caso, si hay interesados o involucrados con la perspectivas filosóficas o extra-filosóficas sobre los temas que más o menos he venido trabajando, si están publicando un blog, una web o algo por el estilo, y quieren intercambiar información u opiniones, háganmelo saber en los comentarios o por correo electrónico para poder empezar a ir articulando una comunidad más grande.

¿Alguna vez les he hablado de lo que es el RSS? Creo que sí.

Hoy hice algunos cambios en el blog, además de postear frenética y maniáticamente. Entre ellos, habilité un nuevo feed RSS a través de FeedBurner, así que quienes estén suscritos por ese medio, si no se actualiza automáticamente (lo cual dudo), les pediría que se suscriban de nuevo en el nuevo feed.

La razón del cambio es que desde hace un tiempo WordPress retiró las pocas estadísticas que reportaba sobre el uso de RSS, y FeedBurner (recientemente adquirido por Google) acaba de ofrecer como servicios gratuitos adicionales el seguimiento de estadísticas antes reservado a sus usuarios “pro”.

Así que no seré “pro”, pero tengo nuevo feed.

UPDATE: Después de leer un poco más sobre el tema, parece que teniendo el blog en WordPress.com y el feed en FeedBurner es medio inútil, pues hay muchas incompatibilidades (wordpress.com no ofrece la flexibilidad necesaria para poder usar todas las características más interesantes). Así que quizás este experimento fue un poco por gusto.

Pero en fin, probaré un tiempo y veremos. Quizás sea tiempo de mover al castor a su propio dominio, pero creo que todavía debe aguantar aquí un poco más. En fin, eso es para luego.

Hoy me colgué largo rato durante la tarde.

La razón fue que mi Yo pre-profesional entro en curso de colisión con mi Yo semi-profesional. Esto, en lenguaje natural, quiere decir que las identidades virtuales que me he construido durante mucho tiempo, léase mis direcciones de correo electrónico que mantengo desde hace muchos años, de un momento a otro se conviertieron en problema y no en posibilidad. Pues algunos nombres repentinamente ya no son tan apropiados, adecuados o beneficiosos cuando ya no te estás comunicando con tus patas del cole, sino más bien con compañeros de trabajo que tienen aún de ti una imagen digamos imperturbada.

Repentinamente, el ser identificado con una popular bebida alcohólica ya no parece la mejor idea. Al menos no para todos los contextos.

Ahora, claro, uno podría esgrimir argumentos de autenticidad, y de que esas etiquetas representan o condensan mi identidad y mi personalidad. Creo que podría aceptarlos, pero eso no quitaría la exigencia real, material y legítima a la cual me enfrenté hoy por la tarde.

Así que ahora tengo una nueva dirección de correo, seria y aburrida como mi nombre, que habrá de servir para los propósitos pertinentes. Y esto me ha hecho notar la apremiante necesidad de consolidar los diversos elementos dispersos de mi identidad virtual, al menos bajo algún tipo de unidad que les dé sentido.

Algunos -varios- de mis yoes aún no saben bien cómo realizar este proceso.

P.D.: ¿Fácil es un buen momento para crear el tag “desarrollo profesional”? Ya que estamos con el arranque nominalista de nombrar cosas.

¿Por qué será que nos cuesta tanto decir las cosas que pensamos?

Recuerdo que antes no me costaba tanto. Aún ahora, creo que me cuesta mucho menos que a otras personas, y prueba de ellos creo que podría ser este blog.

Estamos demasiado acostumbrados, creo, a esperar tener una verdad definida antes que pronunciarnos sobre cualquier tema. Alguien, pensamos, podría rebatir cualquier cosa que digamos con una referencia a algo que no hemos conocido aún. Y sí, claro, podría pasar. Pero pensar así es pensar al mismo tiempo que vivimos en un estado de guerra con el mundo, permanentemente amenazados. Porque si pasara, no habría otra cosa más que agradecer y reformular: se llama aprendizaje.

Y al mismo tiempo, nunca tengo tiempo para preparar algo que poner en este mismo blog. Pero siempre hay ideas. El problema es que espero demasiado a que cuajen antes de lanzarlas al mundo. Eso es bueno para mis pocos lectores, porque tienen ya al menos un primer filtro. Pero menos contenido.

Deberíamos acostumbrarnos más a decir cosas, aunque sean breves, aunque suenen tontas, aunque sean preguntas estúpidas, por lo menos para que alguien más nos señale el error o nos apunte en la dirección correcta. Deberíamos superar este estúpido miedo a tener una voz propia con la cual afirmar, en principio, que de hecho pensamos por nosotros mismos.

Hace unas semanas que venía pensando en iniciar un nuevo proyecto. Básicamente, mi idea era crear una revista electrónica, de temas académicos en las humanidades y las ciencias sociales, pero enfocados desde un punto de vista más accesible a un público no especializado. Al mismo tiempo, que fuera un espacio de experimentación para estudiantes o interesados en ensayar propuestas, someterlas a discusión y participar de una comunidad de conocimiento.

Esta intención de materializó anoche con el lanzamiento de Invasiones Bárbaras. Se trata de una revista en la frontera entre lo académico y la divulgación, centrada en la originalidad y la creatividad, e interesada en fomentar la interdisciplinariedad y el vínculo entre las propuestas teóricas y las realidades de las que parten. Desde este espacio se busca reunir, alimentar y fortalecer las ideas bárbaras que muchos tienen pero que no encuentran un espacio de comunicación dentro de las murallas del imperio, para con el tiempo poder asediar sus ciudades y, por qué no, tomar Roma.

Las motivaciones centrales del proyecto están descritas en el primer artículo publicado en IB. Además, estamos solicitando colaboraciones de personas interesadas en los temas y, más aún, en el enfoque que se quiere trabajar, para lo cual pueden encontrar los lineamientos en la petición de colaboraciones que hemos preparado.

Los invito a ser parte de las invasiones bárbaras.

Como suele ser el caso, últimamente he perdido un poco el rumbo, en particular a lo que Castor Ex Machina refiere. El discurso se siente un poco difuso; las ideas sueltas y sin cuajar lo suficiente. Falta un hilo conductor que le dé sentido a todo.

Para comenzar, falta un poco de diálogo e interacción. Hay regados por ahí uno que otro comentario, a todos los cuales trato de responder, y agradezco mucho por ellos, pero me gustaría mucho contar con más. Me gustaría recibir más ideas sobre estas ideas, generar más discusión e ir trabajando a partir de las dudas y los problemas. Es cierto que yo tampoco he podido hacer mucho para generar comunidad: me gustaría, en ese sentido, abrirme a participar también en blogs de otras personas, comentando, con la esperanza de que otros participen también aquí. Es una cuestión kármica. Si quieres compartir tu link, recibir opiniones y comentarios, y que te publicite un poco, avísame.

Por otro lado, está propiamente el tema del discurso. Me queda claro, al menos, que este blog sirve como una incubadora: aquí reúno notas e ideas sueltas, que con suerte irán cogiendo cohesión unas con otras y formando ideas más grandes. He estado pensando un poco últimamente sobre el sentido global de este discurso, y quizás se trate de algo así como buscar dos cosas: por un lado, una filosofía más vinculada con lo que está pasando ahora, problemática y actualizada; por otro lado, explorar las diversas alternativas de lo que podría venir a considerarse como una filosofía aplicada, o la filosofía vinculada con diversos ámbitos de la vida y del pensamiento. Ambas cosas que desde mi formación filosófica personal me resultan fundamentales, y sin embargo no he podido hasta ahora encontrar respondidas de manera satisfactoria.

He estado leyendo mucho de muchas fuentes últimamente, no sólo filosóficas, y me gustaría tratar de sacar un poco de cada cosa, e ir integrando notas e ideas sueltas, como siempre, hasta que surja alguna forma de sentido mayor que se independice y cobre vida propia. En alguna medida ya ha venido pasando, en tanto proyectos independientes están surgiendo y armándose a partir de ideas que he venido trabajando aquí. Para otras cosas trataré de ser más explícito, como sobre mis expectativas o deseos, planes, e incluso también lo que espero de potenciales lectores que caigan por aquí.

Pero sí, sobre todo me gustaría formar una suerte de comunidad (sí, una comunidad de conocimiento) que me ayude, justamente, a articular, a buscar un discurso propio.

Creo que no publico suficientes cosas sobre castores.

Hagamos un pequeño repaso. Este blog, Castor Ex Machina, busca ser un laboratorio de ensayos e ideas donde se vinculen elementos filosóficos con fenómenos culturales que se vienen dando en los últimos tiempos, particularmente causados, influenciados, mediados o relacionados con el desarrollo tecnológico y su impacto en la socialización. Trata de ser un experimento dentro del ámbito de lo que alguna vez he querido llamar filosofía de lo-que-está-pasando-ahora.

Castor Ex Machina surge a partir de algunas ideas trabajadas en un blog previo, Pisco Sour, del cual espero poder decir pronto que no está muerto, sino que anda de parranda, pero por lo pronto ha sido puesto en suspenso hasta que encuentre su propia identidad. Muchos de los temas presentes empezaron a tomar cuerpo allí (enlaces más abajo), y los he retomado de manera más ordenada y consistente aquí, buscando ir esbozando elementos sueltos que progresivamente pueda ir vinculando entre sí hasta formar ideas o propuestas más coherentes y sólidas. Por eso este blog es primordialmente uno de apuntes y anotaciones, y al mismo tiempo de borradores, que vengo queriendo publicar hace meses pero no he podido hacerlo por falta de tiempo.

Las ideas que considero haber venido trabajando cubren varios ejes, pero parten de una concepción particular respecto al quehacer filosófico: no tanto como una actividad pura, sino como un conjunto de herramientas conceptuales que pueden utilizarse para echar luz sobre problemas diversos para darles un nuevo sentido. En otras palabras, herramientas que nos enseñen, en primer lugar, a hacer las preguntas correctas. A partir de ahí, me he preocupado principalmente por la estructura que le damos al conocimiento, la manera como ordenamos y sistematizamos la información para generarnos ideas y conceptos, así como ideologías y cosmovisiones. Todo esto lo he reunido bajo la etiqueta de “gestión del conocimiento”, un campo aplicado que busca estudiar los procesos y desarrollar los soportes para mejorar o complementar precisamente las formas como conocemos.

Luego se desprenden múltiples ramas, desde lo cultural y lo social, pasando por lo educativo y pedagógico y llegando hasta lo político. Pues en juego se ponen elementos tales como la forma como organizamos nuestra visión del mundo, la forma como aprendemos y enseñamos, o la forma como tomamos decisiones en función a nuestros deseos y creencias. En todos estos ámbitos construimos estructuras mentales detrás de la gruesa corteza que es la cínica creencia acerca de la falsedad de casi todo, producto de la esfera del mercado, la publicidad y el marketing. Pero aún así derivamos conocimiento, en el cual nos apoyamos para tomar decisiones. Y al mismo tiempo, agentes externos a nosotros se dedican a desarrollar y perfeccionar más y mejores métodos para competir por nuestra atención y nuestros deseos, con el objetivo último de volverse parte de la ideología de los pueblos.

Creo que estoy hablando de todo eso, y definitivamente creo que es demasiado, pero sólo estoy tratando de darle orden a las ideas en mi cabeza. Este breve repaso debería ayudarme a recordar con claridad el sentido y destino por el cual camino, así como podría contribuir a cualquier neófito a ubicarse respecto a de qué rayos estoy hablando.

Espero no haberme olvidado de nada, pero por si acaso incluyo también algunos enlaces a artículos previos respecto a estos temas que pudieran ser de particular interés.

En Pisco Sour:

En Castor Ex Machina:

Hay más, de muchos otros temas, pero esta es tan sólo una selección inicial de algunos temas muy generales (los que resultan menos aplicados y concretos, además).

Hace tiempo leí un comentario lapidario y determinante: algo como que, aún si uno no quiero dedicarse a ser maniáticamente puntual y ordenado, puede perfectamente suponer de que está compitiendo contra alguien que sí lo es. Lo cual me chocó bastante.

Esta semana empecé un nuevo ciclo en la universidad, con lo cual me dedicaré a trabajar nuevos temas a lo largo del próximo semestre. Dejaré un poco de lado la epistemología kantiana y la filosofía del derecho hegeliana, y me estaré dedicando, más bien, a introducirme en la filosofía del lenguaje y de la mente, a estudiar el desarrollo de la teoría política moderna, y a realizar una aproximación al pensamiento existencialista de Kierkegaard en paralelo con un acercamiento al pensamiento y posibilidades del cine como recurso filosófico. Así que parece que será un ciclo interesante, aunque, forzosamente, también con un poco de teología de por medio.

Pero es también un ciclo demasiado demandante. Mi carga de trabajos y de lecturas es tremenda, y si no soy maniáticamente ordenado con ella no hay duda de que con el tiempo colapsaré de la peor manera. Al mismo tiempo, mi Google Reader tiene 70 suscripciones (que de hecho es poco) que se siguen actualizando a diario, más rápido de lo que puedo revisarlas. Más aún, todavía existen medios y canales que no tengo oportunidad de explotar como me gustaría, en particular recursos de audio y de video, y ahora más que nunca me falta el tiempo para revisarlo todo.

Efectivamente estoy alcanzando el colapso de información. Resulta terriblemente irónico, de alguna manera, que con tanta información que procesar, que transformar en conocimiento, resulte tan difícil encontrar los espacios para tomar la distancia pertinente y poner las cosas en perspectiva. Eventualmente me veo rodeado de tanto contenido que, en efecto, me veo incapaz de darle sentido -donde darle sentido es para mí, a menudo, procesarlo y personalizarlo en un producto transformado por mí mismo-.

Jack de Knowledge Jolt with Jack publica una lista de su consumo regular de información. Es espeluznante, la manera como nos automatizamos como consumidores imparables de información, y me da mucho miedo que nos estemos volviendo incapaces de dar sentido a las cosas que consumimos. Sin embargo, en términos de participación del ciclo de producción, creo que mi posición más feliz en la cadena productiva sería la de consumidor y productor de información. Dedicarme a darle algún sentido a las cosas que sea de utilidad, interés y valor para otras personas.

Pero eso ya es más complicado, y supongo que habré de empezar siendo maniática y perturbadoramente organizado y ordenado.

Alex Iskold en el blog Read/Write Web, un blog respecto de las nuevas tendencias y transformaciones que están ocurriendo en el propio ciberespacio, ha publicado un muy interesante artículo respecto al problema de la economía de la atención y cómo la abundancia de información nos sobrecarga y nos vuelve demasiado más selectivos y menos tolerantes respecto a nuestras fuentes de información. Iskold dixit:

No es ningún secreto que vivimos en una época de sobrecarga de la información. La explosión de nuevos tipos de información en línea es una espada de doble filo. Tanto disfrutamos como nos ahogamos en noticias, blogs, podcasts, fotos, videos y páginas de moda en MySpace. Y el problema sólo va a ponerse peor mientras más y más personas descubren la nueva web. [Traducción mía]

Es el mismo problema sobre el cual he tratado de elaborar repetidamente, respecto a cómo nuestros procesos de toma de decisiones se transforman en función a la sobrecarga de información disponible y a márgenes de atención reducidos -la época de MTV-. Creo que el artículo toca una serie de puntos sumamente interesantes y cruzando además información con buenas fuentes, enfocado sobre todo a sus consecuencias económicas (respecto a cómo tratar de venderle productos a personas no dispuestas a brindar atención a la publicidad).

Lectura sumamente interesante, e inusual perspectiva teórica un poco más profunda de lo que suele alcanzarse en el post de blog promedio. Aunque, finalmente, deberemos adaptarnos y buscar la manera de extraer conocimiento e información de esos pequeños pedazos de contenido.

Este artículo en el blog de Steve Rubel muestra varios tips o hacks para sacarle el máximo provecho al uso de Gmail (al cual he confesado antes mi devoción). Rubel dixit:

Sin embargo, en las últimas semanas he empezado a usar Gmail como mucho más que un host de correo electrónico. Con sus enormes cantidades de almacenamiento, velocidad y tremendas capacidades de búsqueda y etiquetado, puedes transformarlo en un centro personal de operaciones disponible desde cualquier computadora o dispositivo portátil. Cuando uno libera este potencial y combina Gmail con otras herramientas, se vuelve quizás en el sitio más esencial jamás desarrollado. [Traducción mía]

Seguidamente pasa a detallar diversos tips para convertir a Gmail en una base de datos personal, para recibir actualizaciones de noticias en tiempo real, almacenar marcadores automáticamente, manejar calendarios y listas de pendientes, y para publicar a blogs directamente desde Gmail. Con lo cual uno puede centralizar gran parte de su actividad personal de información en la web en una misma base de operaciones, jugando con combinaciones de Gmail y otras herramientas disponibles en la web.

Otra novedad de Gmail es su nueva capacidad para recibir correo de otras cuentas que uno pudiera tener con conexiones POP3, con lo cual uno puede perfectamente centralizar toda su actividad de correo electrónico en la interfase del Gmail, con todas sus prestaciones.

Uno pensaría que Google me paga por hablar de Gmail a cada rato, pero no, no tengo tanta suerte :-(.

Primero que nada, disculpen por el silencio en las comunicaciones los últimos días (a quien quiera que esté allí afuera).

En segundo lugar, encontré hace unos días estas dos animaciones tipográficas basadas en el segmento de Pulp Fiction con el diálogo entre el personaje de Samuel L. Jackson y los hombres que le deben dinero a su jefe, Marsellus Wallace. Lo interesante de estas animaciones es que son hechas puramente a partir del texto del diálogo, y el resultado está muy bien trabajado. Lo incluyo dentro de mi casillero de medios experimentales y nuevas formas de jugar con el contenido (no sé cuán nuevo sea, realmente, pero al menos lo es para mí).

La otra animación, en formato Quicktime, pueden encontrarla aquí.

Para los que comparten un poco la ansiedad conmigo de enfrentarse cada vez más al “mundo real”, aquí algunos consejos para la vida después de la graduación.

Quizás un poco romanticones, pero interesantes para tenerlos en cuenta.

UPDATE de cinco minutos después: viendo que éste es, en realidad, uno de los temas que tengo más presentes y cercanos en las últimas semanas, y que definitivamente lo seguirá siendo los próximos meses, quizás debería dedicarle un poco más de tiempo. ¿Quizás crear una categoría “mundo real” o algo parecido? O quizás el tema hasta amerite dedicarle un blog por separado, dadas las grandes cantidades de información que he recopilado al respecto. Lo pensaré un poco, pero mientras tanto, si alguien quiere aportar alguna idea, ahí tienen los comentarios.

Considerando que la gente (loca) está con toda la manía del mes de carnavales, y que a veces nos olvidamos un poquito de eso que llaman el mundo real, consideré lo siguiente apropiado.


Cortesía del webcomic xkcd.

Acabo de leer un post en el blog de Lawrence Lessig de hace algunos días donde cuenta que se emitió el informe final del Gower Review, un informe en el Reino Unido respecto de la extensión de los plazos de registro de la propiedad intelectual, si no me equivoco, únicamente respecto a grabaciones. Lessig resalta principalmente una conclusión muy sugerente y, además, muy de sentido común: los plazos de propiedad intelectual (que ya se encuentran en el RU para grabaciones en 50 años) deberían extenderse sólo siempre y cuando el titular así lo solicite; de lo contrario, la grabación pasa al dominio público.

A pesar de que esto pareciera estrictamente coherente, pues, finalmente, si alguien tiene después de 50 años algún interés particular, comercial o de otro tipo, en mantener los derechos sobre la grabación, sólo tiene que solicitar una extensión; a pesar de eso, digo, un pliego de unos 4000 artistas firmaron una carta-petición publicada en el Financial Times pidiendo se apruebe una extensión del plazo de duración de 50 a 95 años. No quieren ni siquiera tener que tomarse la molestia de pedir nada, sino que quieren que la renovación sea, para todos, automática, lo cual es un terrible, terrible golpe a la idea de un dominio público de creaciones intelectuales por al menos dos generaciones. Tanto más irónico cuando, como señala Lessig, muchos de los artistas firmando dicha petición están muertos.

Y no tiene ningún sentido: si quieren su dinero, sólo tendrían que pedir la extensión, de lo contrario, toda la sociedad se ve beneficiada de que las obras pasen a un dominio público. Por no mencionar de que una grabación de hace 50 años tiene muy pocas probabilidades de estar generando muchos ingreso al artista (y digo al artista, no a la compañía disquera) hoy día. ¿Entonces por qué tanta alharaca? Hay una cuestión de principio detrás del asunto, quizás, de que sencillamente no pueden ceder tregua alguna a cualquier iniciativa que en cualquier medida posible perjudique sus posibilidades de ingresos, por pequeños que sean. Mientras tanto, nosotros tenemos cada vez menos acceso a la cultura.

Castor Ex Machina es un experimento. Es un experimento hecho por mí, el Castor, en una serie de niveles: filosófico, pedagógico, tecnológico, social, etc. Es una propuesta distinta a la que ofrecía mi anterior blog, que, bueno, básicamente era inexistente; ahora quiero articular un lugar en el cual incluir una serie de artículos, ensayos y trabajos en torno a una serie de temas en un espectro muy amplio, pero centrándome, como indica la descripción del blog, en la filosofía, la tecnología, y la manera como puedan vincularse ambas en función a la formación de la cultura. Esto, además, en el marco de comentarios más sueltos de lo que más cercanamente encontramos en el mundo y la sociedad, de alguna manera buscando trazar vínculos entre todo un poco.

Siendo un experimento me es imposible ahorita definirlo todo, sino que iremos (espero no estar solo en esto) jugando y configurando sobre la marcha. La idea es armar un espacio que sea mitad blog, permitiendo un enfoque más libre sobre temas más amplios, y mitad journal o revista, que permita incluir también un enfoque más pormenorizado o riguroso en términos de trabajos o ensayos que quiera ir publicando, en particular trabajos que vaya preparando y presentando en los cursos que llevo en la Universidad (y si quieren detalles sobre ello podrán en algún momento consultar la página “Acerca de” que supongo deberé actualizar). No quiero restringir por ahora más el espacio temático, sino que prefiero mantenerlo lo más abierto posible.

De la misma manera quiero mantener abierta desde ya una invitación a cualquier que quisiera colaborar con este proyecto; si alguien quisiera comentar o publicar algo aquí, considere la ventana abierta y comuníquese conmigo para ver qué podemos hacer. Ahora veamos qué pasa.

P.D.: “¿Castor Ex Machina? Eso no tiene ningún sentido”. No, quizás no, pero es suficientemente divertido y gratuito.

Bienvenido

Este blog busca preguntarse por el sentido de la filosofía en el mundo contemporáneo. Desde qué sentido tiene, hasta qué problemas encuentra y cómo los enfoca, pasando por lo que eso significa para los filósofos, se me ocurren una serie de respuestas experimentales a partir de mi experiencia personal. Si te gustan o no, me encantaría saber tu opinión sobre ellas.

Comenta cualquiera de los artículos y procuraré responderte, o puedes enviarme un correo electrónico si tienes enlaces o información relevantes, o simplemente quieres opinar. Si quieres leer más, sugiero empieces por la partida. Allí verás el tipo de problemas en los que me he enfocado, y cómo puedes participar de ellos.

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