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Por alguna razón que nunca he terminado de entender, tengo una fascinación extraña con Alicia en el país de las maravillas. Es un universo un poco perverso y perturbador, pero muy cuidadosamente articulado, y poblado de elementos y personajes que se prestan para todo tipo de interpretaciones y malinterpretaciones y alucinaciones de alto calibre. Recién hoy día me enteré de que pronto salrá una versión fílmica de la historia dirigida nada menos que por Tim Burton, y con Johnny Depp como el Sombrerero Loco, lo cual me ha dejado fascinado, a pesar de lo difícil que es encontrar el trailer.

Pero, ¿por qué esta fascinación con este universo extraño? Creo que es en gran medida porque está lleno de misterios, que han sido explotados y reinterpretados de diferentes maneras en diferentes medios, formatos y contextos. Hay tantos cabos sueltos dejados por Lewis Carroll que básicamente uno puede hacer lo que quiera con este mundo. Tres ejemplos que me encantan.

El primero es The Matrix, la película de los hermanos Wachowski (hay quienes dicen que esto es una trilogía, pero escojo no creerles). Alicia es referida varias veces en la película, empezando por una escena casi al principio, cuando Neo recibe instrucciones de seguir al conejo blanco.

A partir de allí recibirá también otras alusiones, como cuando Morpheus promete enseñarle “cuán profunda es la madriguera del conejo”, mientras Neo se pregunta si está despierto o dormido. Bonus track: el libro que Neo coge en la escena de arriba es Simulacra and Simulation, de Baudrillard.

El segundo es White Rabbit, la canción de Jefferson Airplane. Esta canción resume en alrededor de tres minutos toda la psicodelia sesentera que se puedan imaginar – non plus ultra, imposible no imaginar colores mientras la escuchan. Y toda la letra de la canción gira en torno a la historia de Alicia como si fuera una especie de viaje inducido por ácidos.

El tercero es bastante menos exótico, pero igual me gusta bastante. Es la canción Alicia, de Enrique Bunbury, que canta sobre una Alicia expulsada al país de las maravillas.

Y claro, hay más, muchísimos más ejemplos. Sólo basta ver, por ejemplo, la lista en Wikipedia de obras influenciadas por Alicia en el país de las maravillas para hacerse una idea del impacto cultural que una obra con tantos cabos sueltos puede tener. Con lo cual ya se habrán imaginado que espero con bastante anticipación la película de Burton.

Y, finalmente, como yapa, el poema Jabberwocky de Lewis Carroll, incluido como parte de la segunda novela de Alicia:

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

“Beware the Jabberwock, my son!
The jaws that bite, the claws that catch!
Beware the Jubjub bird, and shun
The frumious Bandersnatch!”

He took his vorpal sword in hand:
Long time the manxome foe he sought—
So rested he by the Tumtum tree,
And stood awhile in thought.

And as in uffish thought he stood,
The Jabberwock, with eyes of flame,
Came whiffling through the tulgey wood,
And burbled as it came!

One, two! One, two! and through and through
The vorpal blade went snicker-snack!
He left it dead, and with its head
He went galumphing back.

“And hast thou slain the Jabberwock?
Come to my arms, my beamish boy!
O frabjous day! Callooh! Callay!”
He chortled in his joy.

‘Twas brillig, and the slithy toves
Did gyre and gimble in the wabe;
All mimsy were the borogoves,
And the mome raths outgrabe.

Hago mi lectura matutina de noticias en los blogs, y empiezo a darme cuenta que un poco los medios en general están cayendo en el juego de Keiko. Un poco parecido al efecto Humala en las últimas elecciones: tanto se hablaba de Humala para bajárselo como candidato en las últimas elecciones, que terminaron por convertirlo en una opción viable.

Ahora igual – se habla tanto de Keiko, aunque sea para criticarla, que inevitablemente muchas personas empiezan a pensar “qué pasaría si…” y cosas por el estilo. Si fuera invisible (aunque es difícil por su tamaño) sería realmente menos peligrosa de lo que lo es ahora.

Y claro, con este post yo también caigo en el jueguito.

Ya más de una vez debo haber mencionado que estoy metido en más cosas de las que puedo manejar. Tengo un poco de desorden obsesivo compulsivo cruzado con déficit de atención – una combinación que ni siquiera sé si es posible. El hecho es que sigo teniendo varias ideas y proyectos, y no me doy en absoluto abasto para hacerle seguimiento y mover todo.

Así que éste es mi primer llamado de ayuda. Me cuesta hacerlo porque soy un poco control freak, otro poco orgulloso, y no me es fácil darme cuenta que si sigo tratando de manejarlo todo yo solo, simplemente no llegaré muy lejos. La experiencia, además, me ha enseñado a ser demasiado selectivo de con quién trabajo, lo cual tampoco me facilita las cosas. Así que hago un primer llamado como para ver qué pasa.

El panorama es un poco el siguiente – además de este blog, manejo otros dos directamente. Uno que menciono continuamente, Invasiones Bárbaras, es un blog sobre industrias culturales y tercer mundo. El tema es amplio y, a mi juicio, interesante, y da mucho para pensar actualmente en el Perú y sobre todo involucrando nuevas tecnologías. De a pocos, lentamente, empiezan a surgir en IB líneas e ideas que bien pueden irse articulando en proyectos multidimensionales de gestión cultural y producción y demás cosas. Uno, por ejemplo, tentativamente llamado 4C (al menos en mi cabeza), busca explorar las diferentes relaciones entre consumidores, creadores, críticos y curadores de arte y cultura en el Perú, con el objetivo de ampliar el circuito y el mercado para el arte y la cultura, que son un poco cerrados. Otro considera desarrollar recursos, materiales y espacios de intercambio para educadores que quieran incorporar nuevas tecnologías y medios sociales (e incluso, por qué no, elementos de cultura popular) en sus currículas y metodologías. Y así hay más.

El otro blog, del que no hablo tanto porque lo actualizo incluso menos, es Enchufa.Pe. El tema de este blog es tecnología desde un punto de vista amplio – no se trata de dar noticias sobre tecnología, sino más bien un laboratorio para pensar cómo está impactando la tecnología nuestra cultura local, cómo promoverla, apropiarla, generar mercados y oportunidades utilizándola, y en general, cómo crear las condiciones para que el Perú sea, realmente, una potencia tecnológica y no un exportador de materias primas. Sí, los objetivos son ambiciosos, pero no veo por qué eso debería ser un problema. Las líneas temáticas van desde tendencias en tecnología en el sector privado, prácticas de gobierno electrónico y políticas públicas en torno a la tecnología, y también cosas como fortalecimiento de capacidades tecnológicas en la ciudadanía. Hablar de “tendencias” es un poco exagerado porque, realmente, no hay tanto contenido en el sitio, pero es un tema que me interesa mucho seguir explorando.

Esos son mis laboratorios. Y éste, que es mi gran bloc de notas de temas de los cuales van saliendo los demás. Bueno – hay otro más, recién salidito del horno, del que esperaba hablar por separado, pero ya estamos aquí. Hace un par de días lanzamos al aire el LVL – el Laboratorio de Videojuegos de Lima. Es un nuevo proyecto con el que estoy muy afanado y con el que venimos conversando hace un tiempo con unos amigos. Somos jugadores de videojuegos desde siempre, hemos crecido con el medio, pero también hemos tenido oportunidad de tomar una distancia crítica para tratar de entender su significado cultural: el objetivo del laboratorio es empezar a discutir los videojuegos desde una perspectiva “seria” y menos ingenua, que es una discusión que no se está teniendo actualmente, nos parece, en el Perú. Queremos empezar a generar recursos que permitan a los jugadores enmarcar y contextualizar mejor su experiencia de juego, no como una “pérdida de tiempo”, sino como una actividad cultural que encierra una serie de rasgos específicos. Con el tiempo, nos gustaría también explorar temas de desarrollo, y de cómo generar una cultura gamer en el Perú no sólo consumidora, sino también productora de sus propios juegos. Pero vamos de a pocos – empecemos por presentar el laboratorio al mundo.

Entre estas cosas también estoy metido en más, y me vuelvo un poco loco. Pero en fin. Reitero: cualquier ayuda, colaboración, es bienvenida. A largo plazo, me encantaría empezar a armar un equipo interesado en estos temas con los cuales no sólo ir actualizando los canales, sino también generando nuevas iniciativas a partir de ellos. Por lo pronto, me contento con feedback, ideas, y por ahí una que otra colaboración. Interesados en contribuir a cualquiera de estos proyectos, manifestarse aquí.

Hace unos días me hicieron el comentario, que me parece en gran medida válido, de que muchos de mis últimos artículos “pontificaban demasiado”, y que prácticamente lindaban con la frontera del oscuro y peligroso mundo de la futurología.

Por lo cual me parece relevante interrumpir nuestra programación regular para recordar algo que nunca está demás recordar: con lo que escribo, no estoy intentando decir que tenga ningún tipo de respuesta determinada a ninguno de los problemas que trato de enfocar. Es más, ni siquiera creo que los problemas estén lo suficientemente definidos como para ensayar soluciones. Lo que aquí presente son esbozos, experimentos, dentro de lo que es para mí un enorme laboratorio de ideas donde voy sentando cosas por escrito para poder confrontarlas, transformarlas, e ir esclareciendo un poco algunos conceptos.

Me parece pertinente hacer la aclaración porque no quiero dar gato por liebre a la pequeña comunidad de lectores que pasan por aquí. Es más, trato siempre de enfatizar que los posts que aquí encontrarán son ideas sueltas que buscan, más que “explicar” el mundo ni nada que se le parezca, armar y promover un diálogo sobre estos fenómenos contemporáneos. No creo que ni yo ni nadie tenga respuestas a estas cosas, así que no pretendo pontificar, aún cuando el lenguaje pueda por ratos traicionar esa intención.

Ahora, podemos continuar con nuestra programación regular, que es básicamente seguir acomodando las piezas de diferentes maneras hasta que nos topemos con algo que llame la atención.

Espero que hayan visto ya Across The Universe, un excelente musical realizado a partir de la música de los Beatles. Ésta creo que es una de las mejores escenas de la película, y también una de las mejores versiones que se encuentran en la banda sonora.

Los decodificadores del supuesto nuevo servicio de Cable Mágico digital y tanta cosa llegaron a mi casa hace varias semanas. Pero recién el último domingo tuve tiempo y ganas de instalar uno de ellos porque me harté de no tener canales de películas. Finalmente, lo odié. He aquí por qué.

  • Me crea a mí un problema que previamente no existía. Antes venía un cable, iba a la tele, la tele la manejaba con mi control, todo bien. Ahora tengo que instalar la cosa ésta, que no será complicado, pero es una molestia. Primero, es un enchufe más. Segundo, es una entrada más que va a la tele. Tercero, ocupa más espacio. Cuarto, ahora hay que manejar otro control remoto. Si no tuviera ya que barajar Playstation, Nintendo 64, y DVD, la cosa sería más sencilla, pero da la coincidencia de que sí tengo que. Todo esto fue la razón por la que esperé semanas para hacer el trámite de instalarlo, porque claro, tiene que hacerlo uno mismo.
  • Me obligan a hacerlo. Porque mientras no lo hiciera, simplemente perdí la posibilidad de ver todos los canales más allá del 74. Osea, todos los de películas, y algunas cosas más. ¿Quieres volver a ver tus canales de películas? Instala el aparato.
  • No hay opción. Uno no puede seguir con su vida tranquila y apacible viendo los canales que ya tiene, ahora tiene que querer 600 canales más. Pero no los quiero, la mayoría ya son basura. Es más, quiero menos canales: la gran mayoría de canales que llegan son para mí inexistentes. ¿No es posible acaso armar paquetes personalizados de canales? ¿La tecnología no lo permite? Por eso quizás la televisión por Internet termine destruyendo este tipo de servicios (o también: “Who watches TV on TV anymore?“).
  • Me complica la comunicación con el mundo. “Oye, estoy la pela X en la tele”. “¿Qué canal?” “No sé… deja ver… HBO Este, canal 117″. “Ah no, ése no lo tengo”.
  • Es la misma cosa. Porque claro, como no tengo un televisor HD ni nada que se le parezca, la calidad de la señal que veo es exactamente la misma. Así que no tengo ningún incentivo real para cambiarme a esta cosa.
  • Es una tecnología pensada en función al proveedor de contenidos, no del consumidor. No está hecha para hacerme la vida más fácil ni más feliz. Tiene demasiadas restricciones. Es invasiva. ¿Por qué rayos puede aparecer, de la nada, un mensaje en pantalla diciéndome que “tengo que” activar mi señal? ¿Quién los autorizó a mandarme mensajes por la pantalla? ¿Cómo sé qué más están haciendo con mi señal, monitoreándola, siguiendo su uso, etc.? Ésta es una tecnología pensada para que el proveedor pueda tener más control sobre lo que el consumidor ve y cómo lo ve, no para que el consumidor haga lo que le venga en gana con su señal. Y para convencernos de que aceptemos, nos ofrecen la calidad mejor (si puedes verla). Todo para que finalmente…
  • No funciona. Porque me imagino que como instalé el asunto mil años más tarde, mi señal no está activada, y es todo un trámite más tener que hacer eso. Me da flojera. Si tanto quieren que me cambie a la cosa ésta, háganlo ustedes. Pero el asunto es que ahora tengo un aparato más instalado, conectado, ya no tengo mi conexión normal de cable y ahora tengo que reconectar cables para recuperar mi señal mutilada, para que este aparato ni siquiera reaccione. No prende. Cable Mágico decide que el aparato no prenda, y el aparato no prende. Al margen de que yo pague el servicio, de que sea mi tele, no, el aparato ni siquiera prende. Cf. el punto anterior.

No soy alguien que frecuentemente odie las mejores tecnológicas, de hecho suele ser lo contrario. Pero no me gusta cuando se hacen así, cuando no la escojo, cuando es una tecnología que no me ofrece mayores beneficios y sí una serie de perjuicios. Como las cosas que vienen saliendo ahora. Y por eso odio Evolución Cable Mágico.

Lo cual no quiere decir que sea para ayudarlos a ustedes, ni para que se ayuden a ustedes mismos, sino para que yo me ayude a mí mismo.

“El blog como camino al autoconocimiento”, podría ser el título de un nuevo libro que fusione budismo, psicoanálisis y la web 2.0. Probablemente (y lamentablemente) sería un éxito.

Si no lo han probado, lo recomiendo. Tampoco tienen que publicarlo, pero es un gran plus. Empezar a escribir e ir soltando ideas, comprometiéndolas con un cierto “papel”, someterlas al escrutinio público, y luego tener la posibilidad de volver sobre ellas para darse cuenta cómo han ido cambiando, qué cosas quedaron y qué cosas no. Es una excelente manera de irse dando cuenta por dónde va uno más o menos teniendo ideas.

Sí, supongo que por allí es por donde un blog se asemeja a lo que solían ser los diarios personales, pero con el componente público y tecnológico y voyeurista y exhibicionista de por medio. Es parte de lo divertido del asunto. Y tiene más sentido, todavía, si empezamos a pensar en la filosofía como una forma de terapia de nuestros conceptos, y ese tipo de cosas divertidas.

Hoy día, Castor Ex Machina cumple su segundo aniversario.

Quisiera tener tiempo para realmente detenerme a pensar en esto, pero ahorita no puedo. Sólo sé que es fuerte, pensar que ya van dos años de publicar pastruladas en este rinconcito ciberespacial al cual le he desarrollado cariño.

Espero mañana, o quizás pasado, volver sobre esto para procesarlo un poco. Mientras tanto, las horas se acaban…

Hoy día se transmitió el YouTube Live – como experiencia inicial, de hecho fue algo bien interesante. Un show en vivo, transmitido en vivo desde San Francisco vía, por supuesto, YouTube, donde los espectáculos mostrados fueron todos realizados por los más conocidos YouTube stars. Unos mejores que otros – Mike Relm me pareció espectacular.

Uno de mis momentos favoritos:

Welcome to YouTube. Por cierto, todo el segmento politiquero-idealista, estuvo especialmente interesante, veré si lo encuentro.

Si George Orwell nunca hubiera escrito 1984, no seríamos tan paranoicos con denunciar tantas cosas que se asemejan al Gran Hermano. Quizás sin ese marco paranoico de referencia, la distopia totalitatia de Orwell se habría vuelto efectivamente realidad en 1984. En el 2008 estamos cerca, pero al menos nos damos un poco de cuenta.

De alguna manera, al escribir 1984 Orwell sembró algún tipo, algún alcance de garantía para evitar que eso ocurriera. De alguna manera provocó el futuro, más que vaticinarlo. Al menos algo por el estilo acabo de escuchar en un webcast.

Éste es el tipo de posts que tienen más sentido en Twitter.

@piscosour

  • I have returned. 7 hours ago
  • And so, the DC bubble comes to an end. Waiting for the cab, bags ready. So long, and thanks for all the fish. 23 hours ago
  • Google Dashboard is so scary. 1 day ago

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