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¿Cómo le damos sentido a las cosas en el mundo en el que vivimos? Nuestra época está marcada por lo que es llamado a veces “MTV attention spans”, nuestra cultura padece de déficit de atención generalizado y nuestros intereses cambian casi minuto a minuto ante el influjo permanente y acelerado de nueva y abundante información. Nuestro mundo altamente interconectado ha reducido enormemente las distancias, al punto que estamos casi permanentemente en todos lados, y los sucesos que ocurren al otro lado del mundo nos resultan relevantes e incluso arrastran consecuencias reales hacia nuestra vida cotidiana. A fines del siglo XX, complicaciones en las economías profundamente interdependientes del globo suelen repercutir en crisis de orden generalizado a nivel mundial -así en Rusia, México, Argentina, etc-. De manera similar, procesos sociales, económicos, políticos y culturales extienden sus ramificaciones a través del mundo occidental, haciendo relevante que las personas se mantengan informadas y actualizadas no sólo respecto a lo que pasa en su entorno inmediato, sino también a miles de kilómetros de distancia. Esto ha acarreado, sin embargo, junto al hecho de estar uno más consciente de la existencia de un mundo enorme, que la diversificación de la atención lo obligue a uno a concentrarse menos en su entorno inmediato. Somos ciudadanos del mundo por fuerza, y por fuerza nos vemos obligados a desprendernos de nuestras raíces.
Un estudio de la Universidad de Berkeley del año 2003 reveló que sólo en el 2002, el mundo generó una cantidad nueva de información equivalente a 37 mil Librerías del Congreso de los Estados Unidos, un promedio de 10 metros de libros por cada persona del mundo. El mismo estudio encontró, además, que esta cantidad tiende al alza. En otras palabras, no sólo se ha vuelto inviable para cualquier individuo tratar de realmente estar al día respecto a todo lo que ocurre, sino que conforme pasa el tiempo y la sociedad y la economía de la información se vuelven aún más complejizadas, la idea de poder entender al menos medianamente cómo se configuran los diversos elementos del mundo y la cultura se vuelve un proceso que tiende a la imposibilidad. Dicho llanamente: nunca fue más cierto que nadie puede saberlo todo.
La investigación más importante y de mayor envergadura que estoy por empezar gira en torno a la influencia de las emociones en los procesos de toma de decisión racional. Aún está en borrado y en abstracto, y no tengo propiamente una hipótesis definida.
El asunto viene bajo un título algo así como de “la economía de las pasiones”, y busca evaluar a partir de qué decidimos las cosas que decidimos. Creo que más que una cuestión racional, es más bien una cuestión emocional. Más o menos por lo siguiente: siguiendo a Jon Elster, afirmaría que no deseamos lo que deseamos a partir de nuestras creencias, sino que creemos lo que creemos a partir de nuestros deseos, lo cual es una afirmación sumamente controversial.
El asunto es que la racionalidad o la razón nos permite, en función a los objetivos desiderativos que nos planteamos, encontrar el mejor camino posible, en función a la información disponible, para alcanzar el objetivo planteado. Pero el objetivo no es propiamente racional, sino, más bien, los medios para alcanzarlo. De allí la noción de una economía de las pasiones: pues, a menudo, nuestros objetivos o deseos estarán en conflicto o se obstaculizarán unos a otros, y en esos casos habremos de realizar una jerarquización de nuestros fines que nos permita tomar una decisión. Esta jerarquización bien podría ascender hasta alcanzar aquel fin último que es el motivador principal de nuestra vida, y no en un sentido aristotélico-metafísico, sino más bien existencial. Aquella idea que nos motiva a tal grado que le da sentido y coherencia a todas nuestras acciones y creencias.
Mi idea es, entonces, armar una suerte de modelo explicativo del papel de las emociones en las decisiones racionales, un poco siguiendo a Damasio en considerar que las emociones no son otra cosa que procesos de toma de decisión racional altamente condensados. En otras palabras, sintetizamos nuestras experiencias previas en reacciones emocionales para resumir nuestro tiempo de reacción ante fenómenos similares que se repiten. Las emociones son así disposiciones directas a la acción, en contraposición a una tendencia irrestricta de la racionalidad hacia su propia perfección. Es decir, la razón no tiene razón para asumirse imperfecta por defecto, y como tal buscará la mejor decisión posible, la cual implica disponer de toda la información relevante a una decisión, pero su recolección resultaría imposible. Así, la razón tiende por defecto a la hiperracionalidad, y requeriría de la emoción, como proceso condensado, para romper con ese ciclo y poder, efectivamente, llegar a un resultado, planteando un objetivo en función al cual se actúa.
Algo así como una forma complicada de decir que la razón es esclava de las pasiones.
Después de una forzosa ausencia por tener que terminar trabajos finales, quiero regresar sobre algunos temas anteriores principalmente para ponerle punto final a algunos temas iniciados en posts anteriores.
Ilusiones de la metafísica
Finalmente, la idea de la estructuración del conocimiento me sigue obsesionando por múltiples frentes, pero por lo pronto, el trabajo en torno a la idea del sistema del conocimiento en Kant ya ha sido terminado y entregado. Tan pronto como me sea devuelto pretendo publicarlo aquí para que quien quiera pueda leerlo.
El tema es, por lo demás, sumamente rico, y traté de que en hacer el trabajo mismo pudiera de alguna manera implementar un “proof-of-concept”; es decir, el trabajo mismo busca ser una síntesis un tanto sistemática o sistematizante de varios elementos disgregados, en torno a unidades más amplias que les otorguen sentido. He tratado de venir esbozando algunas posibles relevancias del tema; de hecho hace poco se me ocurrió su relevancia política, pues de alguna manera, podría tratarse de una herramienta útil para cualquier persona como recurso ordenador y criterio de discernimiento para discriminar la múltiple información unilateralizada a la cual se enfrenta diariamente.
Esto da para más y requiere además profundizar en algunos temas de los cuales no conozco más que el artículo de Wikipedia; nominalmente, estoy pensando en la teoría de juegos y el planteamiento de Jon Elster dentro del neomarxismo analítico. No conozco nada al respecto, pero tanta mayor razón para averiguar.
La ley y el orden
Lamentablemente, por razones de fuerza mayor tuve que abortar el trabajo que preparaba para mi curso de Filosofía del Derecho, en torno a la sociedad civil según es descrita por Hegel y sus posibles vinculaciones con la crítica a la cultura de masas de la Escuela de Frankfurt; pensaba ponerle el título de “¿Afecta la crítica de la Escuela de Frankfurt a la cultura de masas al momento de la sociedad civil en Hegel?”, en intencional analogía habermassiana, pues pretendía hacer que Habermas jugara también un rol importante en mediar la contradicción que surgiría.
Sin embargo, con el tiempo encima, la hipótesis central del trabajo así como sus argumentos principales no cobraban suficiente cuerpo como para estructurarlo debidamente, y no me ha quedado otra opción más que, en todo caso, ponerlo en el congelador por un tiempo. Quiero volver sobre el tema y de hecho lo haré directa o indirectamente de manera continua, pues tengo mucho interés en el tema de la crítica a las ideologías y la noción misma de ideología, de alguna manera intuitiva vinculándola con el tema anterior y la sistematización del conocimiento. ¿La ideología podría ser una de estas formas reguladores del proceso de adquisición del conocimiento, estructura a partir de la cual damos sentido a la experiencia? Quizás, pero hay mucho que considerar en esto, sobre todo su noción de individualidad, pues la ideología compartida no puede más que ser de una sola persona, y demás problemas similares de comunicación. Precisamente por eso dejo el tema, por lo pronto, abierto, con la esperanza de poder volver sobre algunas obras de Adorno, Horkheimer, Marcuse y también Habermas para profundizar sobre el tema (así como también, desde otro punto de vista totalmente diferente, Zizek con “El sublime objeto de la ideología”).
Siguiendo con la retahíla de quehaceres insufribles por época de exámenes finales, es el turno de la filosofía del derecho, nada más y nada menos que de la “Filosofía del Derecho” de Hegel. No iba a elaborar mucho al respecto, pero encontré este compilado de algunas leyes resaltantes a través de EEUU y no pude evitar dejar un par de comentarios. Algunas selecciones:
— ARKANSAS
Está prohibido que el rio arkansas crezca llegando a la altura del puente de la calle principal de Little Rock.
— CALIFORNIA
Se garantiza por ley la luz solar.
— INDIANA
El valor de PI es 4 y no 3.1415…
Y una de las más perturbadoras:
— WEST VIRGINIA
Es legal para un hombre tener sexo con un animal si este no supera las 40 lbs.
En fin, no me interesan los particulares de estos abortos jurídicos, pero traen a colación uno de los temas más resaltantes y, además, más polémicos de la obra citada de Hegel: pues en ella el diseña y presenta una forma de Estado cuidadosamente considerada para purgar al máximo posible cualquier indicio o tentativa de democracia. Bajo el argumento usualmente esgrimido, y tristemente a veces corroborado (cf. las leyes arriba citadas por un ejemplo), de que “el pueblo” no tiene ni la menor idea de lo que quiere, y su opinión pública debe formarse, por lo tanto, a partir de escuchar las discusiones informadas que los funcionarios civiles, designados primordialmente por el príncipe gobernante en una monarquía constitucional junto con representantes de los distintos estamentos que componen la sociedad, sostienen al respecto de las políticas públicas. Pero me encuentro actualmente evaluando la posibilidad de trabajar no precisamente este ángulo del tema, sino otro que encierra también relevancias importantes para la sociedad actual: el del “sistema de las necesidades”.
Tengo que preparar, en las próximas dos semanas, un trabajo en torno a algún tema de la Crítica de la razón pura de Kant para mi seminario de problemas de epistemología. He escogido trabajar un tema que me resultaba sumamente interesante en función a otro trabajo que realicé previamente (y que colgaré en este blog apenas pueda), la noción de ’sistema’ que trabaja Kant a partir de la Dialéctica trascendental, las ideas trascendentales y el uso regulativo de la razón pura.
Sí, todo suena muy grandilocuente, y de hecho es lo suficientemente complicado como para estarme el contenido bastante alejado del entendimiento. La idea básica para mí es la siguiente: postulamos unidades sistemáticas, totalidades vinculadas de juicios, a partir de las cuales podamos brindar unidad a toda una serie de juicios formulados y por formular acerca de X o Y (acerca, digamos, de parcelas del mundo). Estas unidades sistemáticas ellas mismas no existen en el mundo empírico, no tienen carácter de objetivas como señala Kant; en cambio, tienen un carácter subjetivo y un uso regulativo, es decir, sirven para pensar como si de hecho los juicios que les subsumimos respondieran a dicha unidad.
Inicialmente creo que había pensado en un enfoque más amplio, que involucraba vincular también la teoría de sistemas contemporánea y la influencia en posturas del pragmatismo metafísico y epistemológico, pero creo que en la versión final del trabajo eso desaparecerá por cuestiones de tiempo, esfuerzo y alcance. Por lo pronto, sí he decidido ampliarme hacia la Crítica de la facultad de juzgar del propio Kant, donde elabora y, espero, complementa varios de los conceptos que quiero trabajar.
¿Tiene algo de sentido? No lo sé en verdad. Simplemente, la noción de plantear, postular, totalidades que brindan unidad sistemática a lo que de otra manera es múltiple, disperso e inconexo, me parece relevante y bastante útil para otro tipo de desarrollos y propuestas posibles. Pero claro, suelo equivocarme.





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