You are currently browsing the category archive for the 'Apuntes' category.
En su nuevo proyecto (del cual hablé ya antes), Lawrence Lessig deja su cruzada por una reforma de la propiedad intelectual en EEUU por una campaña mucho más compleja en contra de la corrupción en el sistema político. Corrupción que por supuesto tiene muchos ángulos, pero él se piensa enfocar, por los próximos diez años, en el problema que significa la influencia distorsionadora del dinero en el proceso político, en sus diversos elementos. Su análisis y plan de investigación y acción son sumamente interesantes, enfocándose no en las reformas tradicionales que pueden hacerse, sino en las nuevas posibilidades que inaugura la tecnología como medio de vinculación y acción con propósitos políticos.
El proyecto de Lessig me ha ayudado a darle forma a mi propia investigación en torno a la influencia de las emociones sobre las decisiones racionales, aunque aún está lejos de tornarse claro el panorama. Nuestra racionalidad humana debería llevarnos a pensar más allá de lo inmediato, y ofrecernos la opción de preocuparnos por lo que ocurrirá mañana. Ante esa idea, deberíamos ser capaces de optar racionalmente por sacrificios hoy a cambio de beneficios mañana. Sin embargo, bajo otra noción de lo racional, son racionales nuestras acciones si cumplen nuestros deseos a partir de nuestras creencias. Tengo aquí dos nociones en conflicto de lo racional. ¿La capacidad para pensar en el mañana o la de cumplir más eficientemente con el ahora?
¿Y cuál es la racionalidad propia del capitalismo? Por un lado, es al mismo tiempo la exaltación inmediatista del consumo. Por el otro, es el desplazamiento permanente del objeto del deseo hacia el futuro al punto que se vuelve aún más inconseguible de lo que es. ¿Capitalismo y futuro son, entonces, antagónicos o complementarios? ¿Es el capitalismo la suspensión del presente por un bien mayor en el futuro (o la promesa perpetua del “chorreo” y demás Arcadias y Utopías de libre mercado)? ¿O es en cambio la suspensión del futuro para no detener los engranajes de la producción y del consumo?
En esta perspectiva poco clara, quiero introducir el tema de las emociones. Pero las introduzco bajo la idea de que son aquello que nos restaura el vínculo con el futuro, y aquello que, por encima o de lado de nuestra racionalidad, aporta consistencia a nuestras acciones. La acción por sí sola, racional o lo que fuera, desprovista de un componente emocional, simplemente atina al cumplimiento ciego de objetivos inmediatos fuera de cualquier tipo de pensamiento o consideración prospectiva. Las emociones nos ponen en vinculación con algo que nos trasciende a nosotros mismos en el tiempo presente, nominalmente la figuración o simulación de nosotros mismos en el futuro, y enfrentándonos a esa imagen nos hace pensar si lo que vemos es realmente lo que queremos para nosotros mismos. Las emociones aportan un yo ideal que nos juzga desde un lugar imaginario.
Hoy día, nuestra problemática cultura da de a pocos pasos en una dirección diferente a aquella que nos ha venido guiando. O al menos, así lo pareciera. Valores post-materiales, lo he escuchado llamar en algún momento. Pero es quizás paralelo junto con el abandono del proyecto moderno de la razón, conforme va calando más y más en la cultura, y relegitima la valoración de las emociones y al mismo tiempo, la capacidad para vincularse con el futuro. Quizás un componente de esta índole es aquello que pueda servirnos para explicar por qué hoy somos un poquito más capaces de ver los problemas más allá del velo que tiende el dinero frente a nosotros, y la racionalidad de nuestras acciones se ve complementada en función a objetivos de plazo más largo que aquellos ofrecidos por la lógica del consumo.
¿Racionalidad? ¿Emociones? ¿Capitalismo, dinero? ¿Cómo se relacionan todas estas categorías? ¿Son elementos que deban ser tomados en cuenta, o que sean tomados en cuenta, en alguna medida, cuando tomamos decisiones todos los días? Eso es algo que estoy tratando de descifrar. Pero Lessig explica mejor que yo el problema, desde su nuevo punto de vista:
Dándole más vueltas al mismo problema que me viene aquejando últimamente -y de hecho lo seguirá haciendo por un buen tiempo más- acabo de publicar en Invasiones Bárbaras un breve artículo en torno al vínculo entre emociones, decisiones, y los procesos capitalistas, que puede venir al caso para aquellos interesados en el artículo sobre el problema de la sobrecarga de información de hace algunos días, pues es algo así como su continuación natural.
Como siempre, comentarios más que bienvenidos.
Interesante entrevista hoy en El Dominical a Nelson Manrique sobre la sociedad de la información y las industrias culturales.
En un principio, los individuos trabajaban y producían en el marco de sus hogares. La actividad productiva, orientada tanto a satisfacer necesidades como a la producción de objetos bellos o útiles -la téchne griega, luego ars, arte, técnica o artesanía- era un componente que tenía lugar en el taller que formaba parte de la propia vivienda, e involucraba en mayor medida a la familia. La producción de objetos culturales, de objetos en los cuales el individuo vertía su identidad y a través de los cuales construía un mundo capaz de sobrevivir su propia existencia, era un mundo mayoritariamente anónimo y no regido por relaciones de intercambio en el sentido de un mercado. En otras palabras, la gente compartía libremente objetos de su propia producción a través de intercambios sociales significativos.
La producción industrial cambió por completo la dinámica no sólo de la producción cultural, sino también política. Así como el hombre trabajaba y producía en casa, salía de ella para interactuar con los demás, para ser un zoon politikon y participar de los asuntos de la comunidad. Este orden cambió paulatinamente (sobre todo con la aparición del cristianismo y su idea de virtud como algo privado vs. la virtud pública de la época clásica), pero el cambio se vio consolidado con el surgimiento de la época industrial, y la inversión efectiva de los ámbitos. Lo público, lo externo al hogar, se volvía el trabajo, la producción, mientras que la dimensión política y la participación de los individuos en los asuntos públicos virtualmente desaparecía (este tránsito es descrito de manera sumamente sugerente por Hannah Arendt en La condición humana, capítulo 2). La producción cultural, a su vez, se vio absorbida por la producción en general, y determinada por la lógica del mercado y sus procesos de producción en serie. Se perdía la dinámica del producto como expresión de la identidad de un hombre, a la par que surgía el trabajo enajenado (cf. Marx, Manuscritos de economía y filosofía, primer manuscrito).
El estado de la cuestión se mantiene en transformación, como siempre. Nuestra sociedad postindustrial pone un mayor énfasis en una economía basada en el conocimiento que en una economía de líneas de producción. La propiedad intelectual alcanza hoy el grado de fetiche, desde que empezó a ser valorada con el industrialismo; las relaciones de intercambio cultural de antaño están mediadas al extremo por el mercado. Pero al mismo tiempo el modelo de producción fordiano empieza a colapsar, en tanto los trabajadores ya no están presentes en líneas de producción cumpliendo tareas altamente especializadas (cf. la entrevista a Manrique). El desarrollo de los medios de comunicación empieza a difuminar la necesidad, incluso, de que los trabajadores se encuentren reunidos en un mismo espacio. Surge el fenómeno del telecommuting, la capacidad de los trabajadores en la época digital de cumplir con sus labores productivas desde cualquier lugar del mundo. La manera como las personas conciben lo que es el trabajo ha cambiado profundamente a partir del surgimiento de las posibilidades de comunicación que ofrece Internet.
Así, a inicios del siglo XXI, sobre todo en el mundo desarrollado empieza a manifestarse una tendencia hacia trabajadores que priorizan la autorrealización antes que la simple generación de dinero. En EEUU, la generación de los baby boomers está dejando o dejará en los próximos años alrededor de 80 millones de empleos al llegar a la edad de jubilación; los 50 millones de profesionales de la generación X no son suficientes para cubrir el vacío que dejan detrás. Detrás de ellos, los miembros de la generación Y altamente capacitados se encuentran a sí mismos en alta demanda; pero al mismo tiempo, se enfrentan a todo lo que vieron sufrir a sus padres baby boomers trabajando en las estructuras corporativas jerárquicas y tradicionales, y no lo quieren. De esta manera están radicalmente transformando la estructura misma de las corporaciones, que se ven obligadas a cambiar para poder mantenerse competitivas contratando a los mejores talentos.
Mientras tanto, más y más personas buscan independizarse de las estructuras corporativas aprisionantes, y más y más profesionales regresan a trabajar en sus hogares en busca de mayor flexibilidad y espacio personal. La actividad productiva parece, por sectores y momentos, volver a ser un componente de la vida doméstica, en cierta medida. A la vez, recupera un elemento de realización en contraposición al trabajo enajenado al que nos hemos venido a acostumbrar. Un primigenio espacio público de participación en los asuntos de la comunidad empieza a reconstruirse a partir de la interacción a través de medios digitales (a la par que la formación de comunidades aumenta y se construyen lazos sociales significativos por encima de su banalización en sociedades de masas).
Todo este largo proceso (y una también larga descripción, lo siento) ha dado, finalmente, lugar a que estos lazos sociales significativos que se construyen reintroduzcan la dimensión del intercambio no mediado por el mercado. Como ejemplos tenemos al sistema operativo Linux y la comunidad del software libre; o los sistemas de intercambio de contenido como YouTube. Las personas intercambian libremente el contenido con los demás sin motivaciones económicas sino simplemente en busca del reconocimiento de la comunidad a la que pertenecen, o incluso por motivaciones aparentemente altruistas. Surgen nuevas estructuras sociales basadas en meritocracias y redes de intercambio informales. No es que el mercado haya sido excluido del proceso; en cambio, se trata de devolverle sentido a nuestras relaciones, y sustancia y sustento a nuestros vínculos y procesos sociales.
En una decisión que me parece lamentable, mi Facultad, o mi Especialidad (en verdad no me queda claro quién), ha decidido que ya no se pueda optar por sustentar una tesis para obtener el grado académico de Licenciado en Filosofía. Es cierto que la licenciatura para el caso de filosofía es una irrelevancia, un rezago mal manejado en el sistema educativo de la época del velasquismo, pues no tiene sentido que el Estado otorgue una “licencia para filosofar”. También es cierto que la valla de exigencia para la tesis era demasiado alta en términos competitivos con otras universidades del mundo, y creaba una desventaja significativa para los que optaban por sustentarla (teniendo que dedicar demasiado tiempo a ella y a menudo simplemente dejándola de lado o posponiéndola más allá de lo recomendable). Sin embargo, a pesar de ello, considero un terrible perjuicio el privar a los estudiantes de un pregrado de la primera oportunidad de peso para comprometerse con un trabajo de autoría propia y ejercitarse en el desarrollo concienzudo y metódico de una investigación de amplio alcance.
Al margen de eso, lo cierto es que de todas maneras tendré que preparar un trabajo de investigación de mediana envergadura el próximo ciclo, mi último. Como tal, vengo evaluando todos los posibles temas generales y específicos que podría trabajar, y a los cuales debería dedicarme desde ahora para poder tener algo trabajado con anticipación. Posibilidades tengo quizás demasiadas dada mi mala capacidad para decidir, pues quisiera enfocar algo que me permite incorporar un poco de todos, desde cuestiones epistemológicas, pasando por metafísicas hasta éticas y luego políticas, aún cuando sé que de hecho no podré trabajar más que un tema sumamente focalizado dados los parámetros del trabajo.
Una de las ideas fuertes que barajo es una conexión entre la Ética Nicomaquea de Aristóteles junto con la moderna teoría de la opción racional y teoría de juegos de Jon Elster y sus estudios sobre racionalidad: algo así como la articulación y la toma de decisiones del sujeto, la constitución de sus deseos y creencias y su posicionamiento dentro del ámbito político. Me intriga, entre otras cosas, el problema contemporáneo de la acción política. En el contexto presente, cuando casi todas las esferas de la vida son invadidas por el mercado, la reivindicación de la acción política reclama pensar nuevas formas para canalizar la acción, volviéndola más accesible y amigable -aunque es debatible si la acción política debería serlo-.
Hay otras ideas, u otras relaciones, que quisiera también explorar. La conexión de lo anterior con la obra de David Hume, por ejemplo, en particular con su teoría de los sentimientos morales. También veo relaciones o quisiera encontrar relaciones con temas kantianos que trabajé anteriormente. Por otra línea, al nivel de las relaciones con lo político, hay quizás vinculaciones interesantes con partes de la Filosofía del Derecho de Hegel y a través de ella al ámbito de la sociedad civil, de la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, Marcuse) y Habermas.
En otras palabras, lo quiero todo, y sé que no es posible. Así que debería empezar a discriminar elementos, temas y autores para poder trabajar algo debidamente.
Hagamos un pequeño repaso. Este blog, Castor Ex Machina, busca ser un laboratorio de ensayos e ideas donde se vinculen elementos filosóficos con fenómenos culturales que se vienen dando en los últimos tiempos, particularmente causados, influenciados, mediados o relacionados con el desarrollo tecnológico y su impacto en la socialización. Trata de ser un experimento dentro del ámbito de lo que alguna vez he querido llamar filosofía de lo-que-está-pasando-ahora.
Castor Ex Machina surge a partir de algunas ideas trabajadas en un blog previo, Pisco Sour, del cual espero poder decir pronto que no está muerto, sino que anda de parranda, pero por lo pronto ha sido puesto en suspenso hasta que encuentre su propia identidad. Muchos de los temas presentes empezaron a tomar cuerpo allí (enlaces más abajo), y los he retomado de manera más ordenada y consistente aquí, buscando ir esbozando elementos sueltos que progresivamente pueda ir vinculando entre sí hasta formar ideas o propuestas más coherentes y sólidas. Por eso este blog es primordialmente uno de apuntes y anotaciones, y al mismo tiempo de borradores, que vengo queriendo publicar hace meses pero no he podido hacerlo por falta de tiempo.
Las ideas que considero haber venido trabajando cubren varios ejes, pero parten de una concepción particular respecto al quehacer filosófico: no tanto como una actividad pura, sino como un conjunto de herramientas conceptuales que pueden utilizarse para echar luz sobre problemas diversos para darles un nuevo sentido. En otras palabras, herramientas que nos enseñen, en primer lugar, a hacer las preguntas correctas. A partir de ahí, me he preocupado principalmente por la estructura que le damos al conocimiento, la manera como ordenamos y sistematizamos la información para generarnos ideas y conceptos, así como ideologías y cosmovisiones. Todo esto lo he reunido bajo la etiqueta de “gestión del conocimiento”, un campo aplicado que busca estudiar los procesos y desarrollar los soportes para mejorar o complementar precisamente las formas como conocemos.
Luego se desprenden múltiples ramas, desde lo cultural y lo social, pasando por lo educativo y pedagógico y llegando hasta lo político. Pues en juego se ponen elementos tales como la forma como organizamos nuestra visión del mundo, la forma como aprendemos y enseñamos, o la forma como tomamos decisiones en función a nuestros deseos y creencias. En todos estos ámbitos construimos estructuras mentales detrás de la gruesa corteza que es la cínica creencia acerca de la falsedad de casi todo, producto de la esfera del mercado, la publicidad y el marketing. Pero aún así derivamos conocimiento, en el cual nos apoyamos para tomar decisiones. Y al mismo tiempo, agentes externos a nosotros se dedican a desarrollar y perfeccionar más y mejores métodos para competir por nuestra atención y nuestros deseos, con el objetivo último de volverse parte de la ideología de los pueblos.
Creo que estoy hablando de todo eso, y definitivamente creo que es demasiado, pero sólo estoy tratando de darle orden a las ideas en mi cabeza. Este breve repaso debería ayudarme a recordar con claridad el sentido y destino por el cual camino, así como podría contribuir a cualquier neófito a ubicarse respecto a de qué rayos estoy hablando.
Espero no haberme olvidado de nada, pero por si acaso incluyo también algunos enlaces a artículos previos respecto a estos temas que pudieran ser de particular interés.
En Pisco Sour:
- Media-Vida: Contra-Golpe … o videjuegos made in Perú (localización de contenido global)
- “The Sound of Inevitability” (corporaciones vs. innovación libre)
- La naturaleza de la verdad (sobre la validez de Wikipedia)
- “The Ignorance of Chicken” (sobre los peligros de legislar sobre Internet)
En Castor Ex Machina:
- Herramientas conceptuales (esbozos sobre diversas formas de pensar la filosofía)
- Gestión del conocimiento para mejores decisiones (vínculo entre conocimiento y política)
- Tercer Mundo (posibilidades de países subdesarrollados de ser competitivos en la sociedad de la información)
- La filosofía en la época de MTV (condiciones de posibilidad de la filosofía frente a las condiciones materiales/ideológicas actuales)
- Aprendiendo con nuevas tecnologías (herramientas para manejar información en la web y el sentido de la web 2.0)
Hay más, de muchos otros temas, pero esta es tan sólo una selección inicial de algunos temas muy generales (los que resultan menos aplicados y concretos, además).
Debo empezar diciendo que no tengo ni la menor idea de lo que realmente quiero o espero de mi vida.
Habiendo dicho eso, el problema del tercer mundo. El hecho de que exista, y de que exista un primer mundo. ¿Qué significa realmente esto del tercer mundo? Aunque tiene muchas dimensiones, pienso ahora tan solo en la ideológica. El tercer mundo se ha convertido en un lugar de reciclaje, de seguidores, follow the leader, de consumidores culturales. No un lugar de generación, no un lugar de exportación cultural (más allá de lo que puede ser la varieté que consume la Europa étnicamente conciente y demás rincones semejantes), no un lugar que reafirme su propia identidad, sino un lugar al cual se le dice infantilmente lo que debe pensar, decir o hacer, y se le instruye a regurgitar repetitivamente las ideas que el primer mundo cortésmente produce para su digestión en el segundo estómago. En otras palabras, la condición de lo tercermundista no sólo es la muy real dimensión material de la falta de recursos de todo tipo, comenzando por la infraestructura y el aparato de producción, sino que es también la dimensión psicológica que hemos interiorizado respecto a que el primer mundo dirige el camino, mientras nosotros los seguimos.
El 2007 es mi último año, con suerte, en la Universidad. Al menos de una primera etapa. Reflexionar al respecto es, comprensiblemente, algo muy complicado, confuso y hasta atemorizante. Interrogante al respecto de qué hacer con mi vida, qué estudiar, en qué trabajar, a qué dedicarse, una serie de cosas vienen a colación sin respuestas particularmente claras y con el agravante adicional de que todo parece estar tanto más cerca.
Entre otras cosas, encontré un artículo de alguna manera tranquilizador que se pregunta, precisamente, ¿qué debería hacer con mi vida? (El artículo está en inglés.) Entre otras cosas, también, busqué uno que otro recurso en torno a una idea loca: pues de hecho, todo este tema de elecciones profesionales y demás es un tema muy vinculado al desarrollo personal. Y se me ocurrió que sería de alguna manera sugerente, quizás hasta más sencillo, enfocar todo este tema como si fuera un juego. Propiamente, como si fuera un RPG (Role Playing Game, o juego de rol) en el cual interpretamos a un personajes que somos nosotros mismos, y el cual tenemos que llevar por el mundo, ganando experiencia, aprendiendo habilidades y mejorando sus atributos para hacerlo más competente en cualesquiera que sean sus (nuestras) funciones particulares.
He mencionado ya en algún momento mi interés en este campo abstracto, extraño y en realidad inexistente que llamo “filosofía de lo que está pasando ahora”. De hecho es un problema en sí mismo definir con mediana precisión qué es lo que pasa ahora, tanto más filosofar -lo que sea que eso signifique- al respecto. Y en esa línea he buscado orientar algunas ideas, algunas de las cuales también he venido publicando aquí. ¿Cómo pensar la filosofía misma en el marco del mundo contemporáneo, y de sus propios problemas? ¿Cómo pensar siquiera en la posibilidad de una filosofía en un mundo en el cual hay MTV?
Entre otros demasiado proyectos de verano para los cuales no alcanza realmente el verano, hemos empezado con un grupo a leer los diálogos platónicos de su época temprana (esperamos llegar hasta los diálogos intermedios, Fedón, Banquete, y Fedro, en aproximadamente 3 o 4 meses, obviamente siendo una primera lectura bastante introductoria). Por supuesto, hay muchísimo material interesante y relevante en estos diálogos, a pesar de tratarse de los aporéticos -próximamente esperamos poder abrir un proyecto de blog temporal donde reunir preguntas, respuestas, anotaciones y recursos que vayamos reuniendo conforme progresemos-. Pero incluso las aporías tienen valor. Por lo pronto, hemos empezado trabajando la Apología de Sócrates, el diálogo en el cual Platón expone la defensa que hace Sócrates de sí mismo durante su juicio y posterior condena, acusado de corromper a los jóvenes y negar los dioses de Atenas. Sócrates realiza por momentos una muy buena defensa durante el juicio, apoyándose frecuentemente a ratos en trucos retóricos y demás recursos a su disposición (Sócrates era ampliamente considerado, finalmente, un sofista en su época, aunque dicha caracterización es en gran medida injusta) para desacreditar a su acusador, el joven Meleto, pero sin embargo comete también una serie de errores de grueso calibre que terminan por condenarlo a la muerte bebiendo la cicuta. ¿Qué rayos podría esto tener que ver con el marketing político?
Ayer por la tardé tuve una extraña conversación por chat con una amiga (quien además me cuenta que acaba de empezar su propio blog) en la que de una manera u otra terminamos recorriendo una serie de lugares comunes entre los problemas filosóficos de manera bastante amateur. Por alguna razón me pareció pertinente postear esto, entre otras cosas, porque es una interesante forma de diálogo con la cual, no sé, ¿podría quizás experimentarse?
Jugar por Jugar: ala
Jugar por Ju: me acabo de sorprender
Jugar por Ju: filosofando
Jugar por Ju: q feo !!! mentira
“Sé que esto es un árbol”:
![]()
Jugar por Ju: si
Jugar por Ju: sobre la verdad y la mentira
Jugar por Ju: dame luces
Jugar por Ju: es como q algo puede ser verdad hoy, y mentira mañana, entonces nunca fue verdad? o es q podemos hablar de verdad en aquel entonces, o es q entonces esas categorias estan sujetas asu ubicacion en el tiempo. O es que existen verdades como maximas (o eran minimas) o eso es mas moral y entonces maspropenso a ser mierdectia
Después de una forzosa ausencia por tener que terminar trabajos finales, quiero regresar sobre algunos temas anteriores principalmente para ponerle punto final a algunos temas iniciados en posts anteriores.
Ilusiones de la metafísica
Finalmente, la idea de la estructuración del conocimiento me sigue obsesionando por múltiples frentes, pero por lo pronto, el trabajo en torno a la idea del sistema del conocimiento en Kant ya ha sido terminado y entregado. Tan pronto como me sea devuelto pretendo publicarlo aquí para que quien quiera pueda leerlo.
El tema es, por lo demás, sumamente rico, y traté de que en hacer el trabajo mismo pudiera de alguna manera implementar un “proof-of-concept”; es decir, el trabajo mismo busca ser una síntesis un tanto sistemática o sistematizante de varios elementos disgregados, en torno a unidades más amplias que les otorguen sentido. He tratado de venir esbozando algunas posibles relevancias del tema; de hecho hace poco se me ocurrió su relevancia política, pues de alguna manera, podría tratarse de una herramienta útil para cualquier persona como recurso ordenador y criterio de discernimiento para discriminar la múltiple información unilateralizada a la cual se enfrenta diariamente.
Esto da para más y requiere además profundizar en algunos temas de los cuales no conozco más que el artículo de Wikipedia; nominalmente, estoy pensando en la teoría de juegos y el planteamiento de Jon Elster dentro del neomarxismo analítico. No conozco nada al respecto, pero tanta mayor razón para averiguar.
La ley y el orden
Lamentablemente, por razones de fuerza mayor tuve que abortar el trabajo que preparaba para mi curso de Filosofía del Derecho, en torno a la sociedad civil según es descrita por Hegel y sus posibles vinculaciones con la crítica a la cultura de masas de la Escuela de Frankfurt; pensaba ponerle el título de “¿Afecta la crítica de la Escuela de Frankfurt a la cultura de masas al momento de la sociedad civil en Hegel?”, en intencional analogía habermassiana, pues pretendía hacer que Habermas jugara también un rol importante en mediar la contradicción que surgiría.
Sin embargo, con el tiempo encima, la hipótesis central del trabajo así como sus argumentos principales no cobraban suficiente cuerpo como para estructurarlo debidamente, y no me ha quedado otra opción más que, en todo caso, ponerlo en el congelador por un tiempo. Quiero volver sobre el tema y de hecho lo haré directa o indirectamente de manera continua, pues tengo mucho interés en el tema de la crítica a las ideologías y la noción misma de ideología, de alguna manera intuitiva vinculándola con el tema anterior y la sistematización del conocimiento. ¿La ideología podría ser una de estas formas reguladores del proceso de adquisición del conocimiento, estructura a partir de la cual damos sentido a la experiencia? Quizás, pero hay mucho que considerar en esto, sobre todo su noción de individualidad, pues la ideología compartida no puede más que ser de una sola persona, y demás problemas similares de comunicación. Precisamente por eso dejo el tema, por lo pronto, abierto, con la esperanza de poder volver sobre algunas obras de Adorno, Horkheimer, Marcuse y también Habermas para profundizar sobre el tema (así como también, desde otro punto de vista totalmente diferente, Zizek con “El sublime objeto de la ideología”).
Hace unos días tuve una conversación muy interesante con unos amigos, respecto sobre todo a nuestras expectativas personales con respecto a estudiar filosofía, habida cuenta que de hecho no tenemos menor ni mayor idea de precisamente por qué lo hacemos o cómo pensamos orientarlo, habida cuenta mayor de que las típicas presiones consumistas y mundorrealistas suelen también aquejarlo y presionarlo a uno para pensar al respecto.
Recibí muy buenas ideas y además la conversación me permitió estructurar un poco mejor varias otras, sobre el quehacer filosófico, sobre recursos disponibles o potenciales, capitales no explotados, etc. En general, es tanto más difícil -o desafiante, para los que quieran la interpretación positiva- ponerse a pensar en estudiar filosofía viviendo y pretendiendo en líneas generales quedarse en el tercer mundo. No sólo por las obvias limitaciones materiales, que de hecho ya son de por sí un grave problema. Sino por las pretensiones a las cuales uno puede aspirar: en un ambiente, irónicamente, dominado por un rampante eurocentrismo y una marcada germanofilia, ¿qué puede uno pretender ofrecerle al mundo/país/mercado/sociedad cuando obviamente se encuentra en el extremo en desventaja de la cuestión?
Ayer publiqué algunas notas acerca del trabajo que vengo preparando sobre la ilusión de la metafísica en Kant. Lo que no llegué a explicar es por qué me interesa particularmente trabajar un tema de la Dialéctica trascendental cuando no es, digamos, la parte más importante o más trabajada. ¿Qué puede haber allí de utilidad? La utilidad o el valor del asunto lo encuentro yo en la noción de unidades sistemáticas regulativas que plantea Kant allí.
Esto es importante por una serie de razones, entre varias porque es filosofía de lo que está pasando ahora, es la filosofía después de Google. La filosofía, en general el pensamiento en la era de la información, cuando herramientas como Google nos brindan demasiada información y demasiadas conexiones y relaciones entre toda esa información, se enfrentan a profundas transformaciones en la manera como conocemos. Ya no tiene sentido enfocar el conocimiento estrictamente como contenido; prácticamente cualquier contenido puedo conseguirlo con una búsqueda rápida en la web. Entonces, tiene que haber otra cosa, porque no dejamos de conocer ni dejamos de aprender, pero las formas como conocemos se transforman…
Éste es uno de muchos posts donde hablo desde la ignorancia. Hoy tuve la interesante oportunidad de escuchar a Salomón Lerner hablando y aclarando algunas dudas sobre Heidegger, invitado para mi clase de Filosofía Contemporánea, justo cuando estamos terminando el capítulo sobre Heidegger. Se trata de uno de los pensadores más oscuros y crípticos del siglo pasado (y polémico, por sus vínculos aún no totalmente esclarecidos con el partido Nacionalsocialista alemán entre 1933 y 1945), pero también uno de los más sugerentes e innovadores.
No puedo decir que sepa mucho de él, y menos aún, que lo entienda, pero sólo quería reunir algunas nociones básicas sobre el vínculo entre Heidegger y la crítica a la técnica y la tecnología, en la figura de la cibernética. Esto a partir de un texto suyo que leí recientemente, El final de la filosofía y la tarea del pensar, donde repetidamente ataca a la cibernética como la consumación del pensamiento técnico de la modernidad, la burocratización y tecnificación del pensamiento convertido en herramienta calculante a través de la cual se consolida el “olvido del ser”.





Comentarios Recientes