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Hoy estuvo Montesinos en el juicio a Fujimori. Claro, claro, mucho se puede decir y mucho se ha dicho ya. No quiero hacer un catálogo de interpretaciones, quiero darle un par de vueltas al asunto nomás.
No me queda claro, creo que a nadie, que fue lo que estaba pasando. Hay una primera línea de interpretación bastante obvia, en términos de modus operandi estándar. Montesinos aparece y empieza a tirar barro con ventilador, a ensuciar, empantanar todo, trata de hacer que le pisen el palito, y siempre fue un poco así la jugada. De alguna manera, si todo es sucio y todo es corrupto, entonces él y su jefe mafioso pasan piola.
En fin, ésa es obvia. Hay otra, quizás un poco arendtiana, que me perturba más. Todo este rollo del subordinado, y de exaltar al líder con todo el führerprinzip que eso significa. Él sabía, él pensaba, él decidía, yo sólo ejecutaba. El gran estadista, el visionario, el héroe incomprendido. En fin. Montesinos puede ser muy estúpido o muy inteligente, pero yo me inclinaría por lo segundo para ponerme en el peor escenario posible. Y es que claro, si él decidía todo y Monti sólo ejecutaba, de alguna manera puede clamar que su responsabilidad era menor, o inexistente. Él sólo ejercía sus funciones. Es el mismo problema del jucio de Eichmann al cual Hanna Arendt le dio tantas vueltas: la banalidad de que el sujeto se presente a decir que él sólo cumplía órdenes y funciones burocráticas. El sujeto termina trivializándose, cancelándose a sí mismo en tanto se mecaniza como parte del aparato del Estado totalitario. Pero como esto es en realidad una ficción, el sujeto no puede realmente exhimirse de la culpa. Eichmann es culpable, doblemente culpable por pretender ser parte mecánica del aparato y que eso lo libere de la responsabilidad.
Creo que un poco para lo mismo con Montesinos, supuestamente él justifica sus acciones en función a una lógica de Estado, y a que él sólo ejercía las órdenes y funciones que le encomendaban. Pero eso es mentira, él siempre estaba en plena capacidad de tomar decisiones. Incluso cuando optó por ejercer sus funciones, lo decidió voluntariamente. Es un poco kantiano, quizás, pero ese floro de que sólo sigo órdenes ya no me lo creo.
Ni siquiera sé si ameriten comentario las justificaciones de los abusos y de los delitos en función a la urgencia de la violencia. Jaime de Althaus señala, ingenuamente, que finalmente el régimen y la estrategia de Fujimori redujeron la violencia. No lo tengo claro, si alguien lo sabe mejor que yo por favor que me avise: pero hasta donde tengo entendido, la estrategia que empezó a ganar terreno se gestó desde 1989 -Fujimori fue presidente desde el 90-, y no sólo eso, sino que empezó a ganar terreno como una iniciativa del GEIN que no tenía el respaldo pleno del gobierno. Ésta estrategia de inteligencia policial habría sido la que finalmente consiguió la captura de Abimael Guzmán, no la del Grupo Colina ni la de arrasar el campo. No recuerdo dónde, pero creo haber leído algo por esta línea en algún momento. Si alguien tiene mayor información por favor avíseme.
En fin, sería interesante seguir leyendo el testimonio de Montesinos ya extrapolándolo en una serie de analogías y comparaciones injustas. Me tinka, pero no sé bien por qué, que podemos tomarlo como un discurso sistemático de nuestra cultura. No sé bien cómo, no sé si como si Montesinos hablar por todo el Perú, o por un cierto Perú en todo caso, como si en sus palabras se instanciara una serie de complejos y conflictos que tenemos bien guardaditos en el closet. También podría ser que Montesinos es la bestia desesperada del fujimorismo, que agoniza de manera escandalosa. O que ya simplemente es la conchudez vuelta filosofía, como que ya no importa nada y voy a seguir jugando a ganarme el poder, como si fuera inmortal -como quien postula a senador en Japón, o renuncia por fax y cosas así-. Y claro, esto último de nuevo suena a lo de instanciación de la cultura, como si pudiéramos “salirnos con la nuestra” con cualquier cosa, y se ata de nuevo con el modus operandi estándar. Pero si Montesinos puede hacer toda esa salvajada y salirse con la suya, ¿por qué yo no?, podría pensar cualquier persona. Y así iniciar la reacción en cadena, entonces yo también, entonces yo también, el asunto queda socialmente legitimado, siempre por lo bajo como solemos hacerlo, y volvemos a lo mismo.
En fin, ojalá que no.
Algunas ideas sueltas.
Al parecer, una universidad rusa ha sido cerrada por investigar el fraude electoral. Rusia ha venido decayendo más y más en una espiral de totalitarismo durante el gobierno de Putin, controlando medios de comunicación, partidos políticos, elecciones, y ahora también la educación superior. Básicamente, en Rusia ya no existen libertades y el Estado ha centralizado el control y el poder de manera draconiana.
No es tampoco secreto lo que ocurre en EEUU. Bajo la égida de la seguridad nacional, incontables violaciones a los derechos de sus ciudadanos se vienen registrando, incluyendo detenciones injustificadas, interrogatorios con métodos cuestionables, etc. Ahora cualquiera puede ser acusado de terrorismo y desaparecido del mundo sin que nadie pueda protestar, y en gran medida ya no existen tampoco libertades. El Estado ha centralizado el control y el poder de una manera draconiana, y ha dejado de representar los intereses del pueblo para hacerlo con los de los grandes intereses corporativos.
En el Perú, mañana tendremos la “suerte” de leer “El Perro del Hortelano III”, la tercera entrega en la saga del presidente García sobre cómo “sólo la inversión privada salvará al Perú”. Los grandes capitales extranjeros tienen la puerta abierta para hacer lo que quieran, aunque eso signifique atropellar e ignorar los derechos de enormes cantidades de personas. Todos los que se opongan o cuestionen esta receta son perros del hortelano en el mejor de los casos, llegando a ser ignorantes, terroristas, saboteadores, y demás adjetivos. La oposición es incapaz de articular un discurso coherente de resistencia, mientra que la represión se incrementa alrededor del país, sobre todo lejos del ojo público de la capital. Con todo esto, dejan de existir una serie de libertades, y el Estado ha centralizado el control y el poder de una manera draconiana.
¿Soy el único que empieza a notar un patrón?
Ahora, todo esto me preocupa porque no sé qué se puede hacer, o si se puede hacer algo realmente. Los mecanismos de control y supervisión existentes en manos de gobiernos con intenciones totalitarias o totalizantes son virtualmente infinitos e insondables, y es difícil pensar en qué podríamos organizar de modo que pudiera revertirse y eliminarse esta tendencia autoritaria. Todo se hace en nombre de la seguridad, del desarrollo, pero son sólo grandes pretextos para controlar a mayores y mayores segmentos de la población. ¿Por qué? ¿Cuál es el objetivo del control? ¿A quién le favorece, quién lo dirige?
¿Y qué podemos hacer para detenerlo?
Cierto, se necesita una ciudadanía activa, pero en una época en que el Estado no promoverá ninguna ciudadanía por considerarla una amenaza. Al mismo tiempo que los propios ciudadanos no parecen mostrar mayor interés en ser ciudadanos activos, sino que parecen estar contentos delegando funciones, seguridades y libertades a Estados omnipotentes o omnisapientes.
Pero debe haber alguna posibilidad de algo que pueda hacerse, o por lo menos que pueda intentarse. Algo que se cuele por entre los puntos débiles, por los eslabones menos sólidos de la cadena, y logre difundirse y diseminarse de tal manera que se vuelva un fenómeno cultural. Al mismo tiempo, pareciera ser que el mecanimo que mejor ha servido para este tipo de diseminaciones ha sido el mercado y si enorme capacidad para distribuir ideas y productos. Pero al mismo tiempo, el mercado mismo genera toda esta serie de daños colaterales como una suerte de esfuerzo orgánico por defenderse, preservarse y extenderse.
El mercado, de alguna manera, es el medio que tiene que transmitir su propia muerte (algo sí como al decir “the revolution will not be televised”).
Es decir, no se trata solamente de preguntarnos “¿cómo nos defendemos?”, porque eso es medianamente fácil: simplemente uno evita crear problemas y cruza los dedos. El asunto es, más bien, cómo movilizamos a la ciudadanía para involucrarse activamente e impedir que este tipo de cosas sigan ocurriendo. ¿Cómo difundimos la idea de que esto debe detenerse, de que puede detenerse, e incorporamos a aquellos interesados a adoptar cursos de acción accesibles que nos lleven a tal desenlace?
No tengo idea, pero me está perturbando un montón ahorita.
Fujimori recibe la primera de lo que con suerte serán varias sentencias, 6 años en prisión por el caso de allanamiento.
Dos comentarios. Keiko Fujimori (su hija, y congresista) sale a dar declaraciones diciendo que está muy molesta.Dice que como el 90% del país no confía en la justicia peruana y que entonces no sabe qué puede esperar en el futuro. Pero si no confía en la justicia, tampoco debería poder esperar un fallo a favor de su padre. Si no se confía, no se confía en ningún resultado, no sólo en los que no le favorecen: eso es hacer trampa. En pocas palabras, Keiko confía en el poder judicial cuando falla a favor de sus intereses, y desconfía cuando hace lo contrario. No parece haber otro criterio. Si realmente no confiara en la justicia peruana, tendría que desconocer la legitimidad del tribunal, no asistir a los procesos esperando resultados favorables. Así cualquiera juega.
Luego, cuando se le recuerda que su padre aceptó su propia culpabilidad, señala que su padre reconoció que hubo una “irregularidad”, y que su padre se vio forzado a cometer un acto excepcional (haciendo que un edecán suyo se haga pasar por fiscal para allanar una vivienda privada) contra la justicia por el delicado momento que en ese momento vivía el país, donde era necesario capturar a Fujimori. Pero lo que Keiko está reconociendo, entonces, es que su padre creía que cuando él considerara una situación excepcional, podía ponerse a sí mismo por encima del orden legal y constitucional y hacer lo que a él le pareciera. El hombre, si lo quería, podía ser la ley, es lo que básicamente dice su hija. Si nos detenemos a pensarlo, es exactamente el mismo principio que está detrás de crímenes más graves como Barrios Altos o La Cantuta, que son delitos contra los derechos humanos. El principio es el mismo: situación difícil, y Fujimori considera arbitrariamente que puede alzarse por encima de la ley y tomar decisiones al margen del orden constitucional y legal.
Así no juega Perú.
Me encanta la eficiencia de la maquinaria de propaganda fujimorista. Uno a uno desfilan por las cámaras repitiendo el mismo estribillo: esto muestra que el poder judicial no es confiable. La misma falacia opera en estos casos que en el caso de Keiko: la justicia existe solamente cuando se falla a mi favor. Esto es infinitamente peor porque se trata de congresistas de la república, lo cual convierte esto más bien en algo vergonzoso. Pero eficientes son: están automáticamente de acuerdo en repetir los mismos puntos, las mismas frases, palabra por palabra. La estrategia fujimorista, desde hace años, es tirar lodo con ventilador. Si todos están embarrados, nadie tiene autoridad para juzgarlos. Felizmente tenemos la alegre opción de no hacerles caso alguno.
Cobertura de blogs sobre el tema:
- La caída de Fujimori (Blog del Morsa)
- El reo Fujimori (Opinión, comentarios y más)
- Keiko Fujimori justifica exaltación de su padre en audiencia (Noticias las 24hs)
- Video declaraciones Alberto Fujimori en juicio sobre violación a los derechos humanos (Noticias Cusco – Perú)
- Fujimori se declara inocente (Al filo de la medianoche)
- Primera sentencia para Fujimori (El Brujo Político)
- Declassified documents against Fujimori released in the United States (Peruanista)
- Fujimori y la oportunidad del show (Media Perú)
- ¡Acusado Fujimori, yo mando aquí! (Psicosociales)
- Defensa de Fujimori disconforme con pena de seis años de prisión (Noticias del Perú)
- Fujimori: 6 años de pena privativa de libertad por allanar morada de esposa de Montesinos (Puntos de Vista)
- Seis años de prisión para Fujimori (Icanoticias)
La PUCP es un lugar de amplias y abundantes contradicciones. Salomón Lerner, ex-rector y ahora rector emérito, fue también presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. A partir de ello, el tema de los derechos humanos cobró particular importancia en la universidad, particularmente en relación al apoyo al trabajo de la CVR. En el campus, existe un espacio llamado la Plaza de la Memoria, donde se conmemoraba con una placa recordatoria a miembros de nuestra comunidad universitaria muertos o desaparecidos durante la guerra política interna que vivimos entre los 80s y 90s (guerra o conflicto para el cual, por lo demás, parecemos incapaces de dar nombre).
Hace poco, la plaza en cuestión fue remodelada. Pero en el centro de ella, donde antes se encontraba la placa, se levanta ahora una cafetería Starbucks-wannabe de Cafetal, con silloncitos y diseño post-industrial y todo, y la placa ha sido desplazada a un extremo de la plaza, lejos del centro de atención, literalmente.
En fin, uno no puede evitar preguntarse quiénes son los genios detrás de decisiones descriteriadas como ésa. Convertir la Plaza de la Memoria en un lugar mediado por el consumo y el branding es, por decir lo menos, problemático. Habría sido tan fácil simplemente poner el café en otro lado, y nadie se habría visto perjudicado. Nadie habría dicho nada. Pero no, eso habría sido demasiado coherente.
Desde hoy circula una carta abierta de alumnos y profesores de la Universidad que censuran la decisión y piden se subsane la medida (léase, que se retire el café). En fin, dudo sinceramente que esto pase, pero por lo menos servirá como mensaje para el descriteriado que tomó decisión tamañamente estúpida para darse cuenta que metió todas las patas en lo que es, para unos más para otros menos, una situación sumamente sensible.
El Ojo que Llora, el monumento de Lika Mutal en el Campo de Marte conmemorando la memoria de los caídos durante el conflicto armado interno que vivió el Perú durante más de 20 años (que, incluso, se sigue viviendo), ha sido desde hace tiempo objeto de conflictos.
Ayer, un grupo de “desadaptados” irrumpió en el campo de Marte, redujo al vigilante del monumento con un arma de fuego, y procedió a sabotear el monumento con martillos y combas, y a pintarrajearlo con pintura naranja.
En vista de las molestias que causaba ya el monumento, es poco probable que el alcalde Ocrospoma quiera ahora reconstruirlo. Al margen de ello, diversas instituciones e individuos coinciden en reafirmarse en que el ojo seguirá llorando.
Este es un hecho vergonzoso que evidencia las profundas fracturas que corren por nuestra sociedad: el hecho de que un sector persiste en negar las dimensiones del conflicto interno, en negar los alcances de un conflicto profundo que por mucho tiempo fuimos incapaces de comprender completamente.
La pregunta está ahora abierta: ¿Cómo cerramos filas ahora en torno a El Ojo que Llora? ¿Cómo limpiamos la mancha en la piedra?
Mi amiga Sara del blog Algarrobina relata esta noche la terrible historia de terror sucedida la tarde de ayer en la Plaza Mayor de Lima, cuando fuerzas policiales reprimieron una protesta pacífica contra la pena de muerte frente a Palacio de Gobierno (recuérdese que la iniciativa a favor de la pena de muerte ha sido terca y caballolocamente liderada por el presidente Alan García, presidente de pacotilla). De su relato:
Se formo una numerosa línea policíaca que nos empujo hasta una amplia calle cuyo fin es una reja, nadie entendía porque se nos violentaba de ese modo si la intención era expresar nuestra opinión de modo pacifico como lo hicieron nuestros compatriotas una semana antes. Amigas y amigos junto con las demás personas ahí presentes fueron literalmente agarrados a palos, objetivamente por tan solo ir a pararse en la plaza mayor de nuestra ciudad. No hubo respeto por nadie, arrinconaron gente en la reja para golpearla con una brutalidad que no había tenido el disgusto de presenciar y se supone que “a la policía se la respeta” que clase de autoridad es esa que hace uso y abuso de su posición, casco, escudos y palos para enfrentarse a hombres y mujeres armados con su solo deseo de manifestar que no queremos que se ponga en vigencia una ley que avale la aplicación de la pena de muerte pues consideramos que eso no es justicia sino barbarie.
Creo que con esto hemos trascendido por completo cualquier límite de lo aceptable. Cobarde, infame reacción de las fuerzas de un supuesto orden: “no queremos que el país se nos desordene”, dijo el pacotillero, y en efecto cumplió su palabra. ¿Quién habría pensado que se refería a disuadir y reprimir opiniones disímiles, posturas contrarias a las del gobierno de turno (turno que acaba de volvérseme insufriblemente lejos de terminar)? Víctor Raúl Haya de la Torre, pensador peruano ilustre y reconocido, se revuelca en su tumba trujillana junto a la memoria del partido que alguna vez fue, y que hoy se ve condenado contra una reja al oprobio y la vergüenza de sentarse sobre su propio recuerdo y sus principios como si nunca hubieran significado nada.
Señor García, usted probablemente nunca leerá esto, y eso me da pena. Me da pena que nunca se enterará de la vergüenza que siento, de la rabia e impotencia de pensar que usted, en la maniobra más cobarde que jamás le habría podido esperar, decidió ser juez, jurado y verdugo, decidió estar por encima de la vida y de la muerte y decidió jugar a ser Dios con las vidas de los hombres y las mujeres del Perú.
Desde esta modesta tribuna mi total simpatía para con las personas atacadas la tarde de ayer; si no fuera por diferencias menores, yo habría podido ser una de ellas. Desde esta modesta tribuna, no esperaría menos que la renuncia de todo aquel ministro que comparta la misma vergüenza nacional, y no quiera cargar el lastre de la historia sobre su espalda.
La muerte entró en Palacio; llevaba la banda presidencial.
UPDATE: Algunas novedades y nuevas fuentes sobre el tema: el tema ha sido recogido por, entre otras fuentes, El Comercio. El blog El útero de Marita tiene más detalles al respecto, incluidos vínculos a otras fuentes y, de particular interés, fotos de lo sucedido. Como por ejemplo esta foto de mi amiga Lili perseguida por la policía:

En los últimos días, se ha desatado una controversia en torno a la naturaleza del monumento a la memoria de las víctimas de la guerra interna vivida en el Perú entre 1980 y el 2000, el monumento llamado “El ojo que llora” de la escultora Lika Mutal. Como suele pasar con todo lo relacionado a la Comisión de la Verdad y la Reconciliación, los ataques van por el lado de vincular la iniciativa con una apología al terroristmo y a los crímenes cometidos por Sendero Luminoso en los 80s y 90s. Como suele pasar, la discusión en torno al tema de la reconciliación nacional es opacado y convertido en un debate ideológico entre la izquierda y la derecha, o peor aún, entre una supuesta “normalidad” política que condena al terrorismo con pena de muerte, y una izquierda comunista, terrorista y panfletaria que lucha por los Derechos Humanos de criminales. Esta polarización del debate obviamente no ayuda a nadie, solamente jala agua para los molinos de unos varios oportunistas políticos que se amparan en populismos sensibles para captar un poco de tiempo en cámaras.
A raíz de los últimos conflictos entre el Estado peruano (no, en realidad, entre Alan) y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, surgió el tema de demoler El ojo que llora de su lugar en el Campo de Marte por conmemorar a los terroristas; la iniciativa venía por parte del alcalde del distrito de Jesús María, Enrique Ocrospoma, quien supongo vale la pena mencionar es miembro del partido Unidad Nacional. En una columna publicada por el el diario El País, Mario Vargas Llosa respaldó el monumento:
Si usted pasa por Lima, trate de ver “El ojo que llora”, en una de las esquinas del Campo de Marte, en el distrito de Jesús María. Es uno de los monumentos más bellos que luce la ciudad y, además, hay en él algo que perturba y conmueve. Pero, apresúrese. Porque no es imposible -el Perú es el país de todos los posibles- que una singular conjura de la ignorancia, la estupidez y el fanatismo político acabe con él.
En una entrevista con el diario La República, la escultora Lika Mutal afirmó que no se trata de un monumento al terrorismo, y que el alcalde Ocrospoma le ha asegurado que el monumento no será demolido:
–Él ha manchado el honor de las víctimas inocentes. Cuando supe de estos agravios intenté comunicarme con el alcalde, pero fue imposible. Posteriormente, cuando nos reunimos para dialogar, me dijo que no se iba a demoler el memorial. Esto demuestra que tienen un doble mensaje.
La Asociación Pro Derechos Humanos (APRODEH) está convocando para mañana domingo 21 de enero a una marcha en respaldo del monumento. La marcha ya encontró, por supuesto, voces en contra. APRODEH ha publicado también un comunicado público respaldando el monumento, firmado por una larga lista de intelectuales y personajes de nuestro medio.





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