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Hace un tiempo con unos amigos empezamos un proyecto bizarro, como todos, que llamamos el Dodecaedro de Estudios Estéticos. El objetivo era, de manera un poco interdisciplinaria (un par de filósofos, un par de historiadores del arte, un psicólogo) profundizar un poco en los problemas del arte y de la estética, desde nuestras diversas perspectivas, un poco al mismo tiempo empapándonos en una serie de conceptos nuevos.
Tuvimos resultados interesantes mientras los tuvimos, incluyendo un poco de Lacan, lecturas del arte como producto cultural en la sociedad de masas, y demás. Pero lamentablemente, el tiempo, las obligaciones, y demás avatares de la vida posmoderna nos obligaron a silenciosamente dejar las cosas a medias.
Ahora el Dodecaedro ha resuscitado, en una nueva encarnación como Dodecaedro de Estudios Artísticos y un modelo más virtual. Aún no me queda claro el modelo, pero igual me resulta divertido. Creo que participar del nuevo Dodecaedro me brindará un espacio para formular una serie de preguntas más específicas en torno a una serie de cosas: conceptos de arte hoy, de reinterpretación y participación por parte de la audiencia, de cómo entender la crítica y la curaduría, en fin, tratar de enmarcar una serie de problemas que surgen hoy en mi línea de interés entendiendo al arte dentro de entramados más amplios de lenguaje y de cultura, o de producción y consumo de signos como diría Baudrillard.
Aún no hay nada que mostrar en el Dodecaedro, pero los invito a visitar, conocer y en la medida de lo posible participar. Para mí todo esto son conceptos nuevos, más aún porque se trata de ideas y categorías que están ahorita, como tantas otras, en plena maleabilidad. Rodrigo Sarmiento, uno de los participantes del proyecto, ha publicado un manifiesto que más o menos delinea algunas de las intenciones que tenemos hasta ahora, y que deja ver muchas de nuestras confusiones también. Por algún lado teníamos que empezar, ¿no?
Hace un tiempo he descubierto con interés el trabajo de Juan Freire, quien a menudo publica posts en torno a la problemática de la web 2.0 desde su perspectiva española (léase, traduciendo del inglés casi todos los buzzwords).
Más que entrar a tallar respecto a los particulares, mi preocupación giraba en torno a la falta (personal) de una comunidad articulada y vinculada trabajando este tipo de temas, o los que he venido trabajando en el blog. Principalmente por razones de tiempo, no he podido dedicarme a buscar blogs similares, a ponerme en contacto con sus autores y a entablar diálogos un poco más constructivos en torno a preocupaciones comunes.
Me gustaría poder conversar un poco más con todo el mundo y empezar a intercambiar perspectivas y experiencias, y sé que yo mismo debería dedicarme a buscarlos en algún momento. Mientras tanto, en todo caso, si hay interesados o involucrados con la perspectivas filosóficas o extra-filosóficas sobre los temas que más o menos he venido trabajando, si están publicando un blog, una web o algo por el estilo, y quieren intercambiar información u opiniones, háganmelo saber en los comentarios o por correo electrónico para poder empezar a ir articulando una comunidad más grande.
El modelo actual es insuficiente, pero eso ya lo he dicho antes.
Y hace algunas horas, también, expresé lo terrible que resulta que no tomemos como algo normal es adjudicarnos una voz propia para expresarnos libremente, sino que interiorizamos la censura y nos ajustamos la discurso aceptado, políticamente correcto.
¿Empiezan a notar un patrón?
En ese lugar mítico que algunos llaman primer mundo, se desarrolla el concepto de las “inconferencias”: a la luz de la falta de sentido de las conferencias, de las cuales no se extrae realmente conocimiento, sino que son más bien actos de autocomplacencia monológica sin una participación real del público, se desarrollaron las inconferencias, eventos eminente y estrictamente participativos donde todos los asistentes están obligados a ser expositores. La agenda de temas se construye colectivamente; las exposiciones monológicas son breves, y la mayor parte del tiempo se dedica a discusiones; y se hace amplio uso de recursos tecnológicos para recoger la discusión y generar un producto posterior que permita continuarla. El objetivo es la generación espontánea de una comunidad de conocimiento, donde todos los participantes se puedan beneficiar de la experiencia y el conocimiento de todos los demás.
Desde hace unas semanas, con unos amigos hemos venido realizando un experimento en esa línea. Nos reunimos y discutimos, interdisciplinariamente, nuestros diversos temas de investigación por trabajar, recogiendo opiniones y perspectivas desde otros campos, y sobre todo obligándonos a expresarlo en un lenguaje lo suficientemente accesible como para ser entendido por alguien fuera del discurso técnico. La experiencia ha sido sumamente gratificante, y obedece tanto a propósitos inmediatos como ulteriores.
Y es que, justamente, el modelo actual es insuficiente. El modelo que incluye la conferencia, la lectura de la ponencia, el sistema académico del cual hace poco hablé de que debía transformarse. No es insuficiente para todos, pues para muchos es perfectamente válido y legítimo. Pero, por mucho que quisiera, para mí no. Me falta la dimensión de la creatividad, de la actualidad, del involucramiento con procesos y sucesos que están sucediendo ahora. Hacer cosas.
Pero fallamos en que esperamos el momento en que todo esté definido, pulcro e inmaculado, sin falla alguna, pero ese momento nunca llegará. Tenemos que saltar al vacío con cosas incompletas y ver qué pasa, y reconocer que aprendemos más de nuestros errores que de nuestros aciertos. Y sin embargo, el mundo ético, llamémoslo así por seguir a Kierkegaard, nos gana, nos encierra y nos abruma, y finalmente nos censura, nos limita, nos desaparece. Nuestro clamor por excepción, por diferencia, termina silenciado.
Si somos quienes somos, cada uno, por la excepción que significamos, la normalidad y la conformidad nos desaparece. Y por mucho que seamos filósofos y nos consideremos especiales, no hay realmente diferencia si terminamos por encerrarnos en una alegre cámara de resonancia llena de discursos complacientes, si no estamos dispuestos a meter la pata pública y trágicamente y queremos conformarnos o satisfacernos con la archiconocida torre de marfil, una-vez-más.
Y sí, si queremos algo distinto nadie vendrá a legitimarnos un derecho que por definición se usurpa. Si queremos justificar nuestra inacción siempre habrán razones, pero difícilmente podrán esconder el hecho mismo que también conocemos, de que no son suficientes como para justificar la inamovilidad. Hay que tener las ganas, o al menos la desesperación, para dar ese gran salto vacío y acabar con todo y preguntarse luego por los restos o por qué pasó, mirar un poquito más allá desde el borde y paf se acabó.
Ayer por la tardé tuve una extraña conversación por chat con una amiga (quien además me cuenta que acaba de empezar su propio blog) en la que de una manera u otra terminamos recorriendo una serie de lugares comunes entre los problemas filosóficos de manera bastante amateur. Por alguna razón me pareció pertinente postear esto, entre otras cosas, porque es una interesante forma de diálogo con la cual, no sé, ¿podría quizás experimentarse?
Jugar por Jugar: ala
Jugar por Ju: me acabo de sorprender
Jugar por Ju: filosofando
Jugar por Ju: q feo !!! mentira
“Sé que esto es un árbol”:
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Jugar por Ju: si
Jugar por Ju: sobre la verdad y la mentira
Jugar por Ju: dame luces
Jugar por Ju: es como q algo puede ser verdad hoy, y mentira mañana, entonces nunca fue verdad? o es q podemos hablar de verdad en aquel entonces, o es q entonces esas categorias estan sujetas asu ubicacion en el tiempo. O es que existen verdades como maximas (o eran minimas) o eso es mas moral y entonces maspropenso a ser mierdectia





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