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OK, soy consciente de que si sigo repitiendo que todo está bajo profundas transformaciones, empiezo a sonar aburrido.

Mejor al menos elaborar un poco del asunto. Todo este asunto de la época 2.0 se traduce en un fuerte espíritu de colaboración. Por alguna razón, en nuestra época gozamos de un espíritu mucho más dispuesto y abierto hacia colaborar de maneras más o menos gratuitas. Esto viene, además, asociado a que hoy disponemos de tecnologías que nos permiten comunicarnos, compartir y colaborar de maneras mucho más sencillas a las antes conocidas.

Hoy es sumamente fácil articular a un grupo de gente en torno a intereses o preocupaciones comunes, intercambiar información y experiencias, generar una base común de conocimiento y de ella derivar cursos de acción que se puedan desarrollar en conjunto. Esto lo hemos venido viendo surgir en diversos ámbitos de nuestra cultura.

La ciudadanía y el gobierno no es diferente, y de la misma manera, se está viendo transformado por los nuevos requerimientos que le plantea este espíritu. Cuando hay muchos más ojos concentrados en vigilar, es mucho más difícil que alguien pueda esconder algo debajo de la mesa. Cuando es más fácil expresarse y participar, el proceso político empieza a transformarse en algo mucho más integrador.

Detrás de esto hay un fuerte componente tecnológico y mediático, conforme estas herramientas posibilitan formas crecientemente complejas de colaboración, interacción y acción conjunta. Detrás de esto está, también, una forma o un modelo como compartimos la información y generamos bases colectivas de conocimiento. La regla general de este espíritu sigue siendo una de confianza: canales abiertos, información transparente, participación colectiva.

Todo suena muy bonito.  Pero aún más bonito lo pone Tara Hunt en esta presentación (a la cual llegué por el blog de Luis Suárez).

Los efectos de todo esto recién empiezan a sentirse, y no debemos tampoco ser presas de una fe ciega que vea solución a todos nuestros problemas sin crear otros tantos en el camino.

El trabajo del profesor de antropología Michael Wesch y su taller de etnografía digital se ha vuelto sumamente popular, particularmente en YouTube y en general en la web, en los últimos meses. Hace ya tiempo incluí uno de sus clips en un post sobre aprendizaje y nuevas tecnologías, y hoy he encontrado un par de clips nuevos que ameritan exposición y comentario. Esto porque en ellos se evidencia una tensión latente y creciente pero que nos está costando mucho entender: los medios a través de los cuales nos expresamos y nos comunicamos están cambiando, y con ellos la manera como nos relacionamos con los contenidos y con los demás. El cambio es abrupto y radical, y las viejas estructuras no se adaptan con la misma velocidad que el cambio.

El resultado es claro en el caso de la educación, donde se hace crecientemente difícil conectar el contenido con los alumnos acostumbrados a algo… diferente. Desde que empecé a dictar clases de prácticas esto se me ha hecho más notable: es difícil hacer que un alumno con un “MTV attention span” se concentre en leer a Kant por dos horas. Hay que encontrar la manera de relacionarse con el contenido, de volverlo más cercano, de ponerlo en un lenguaje común. Esto no debería ser demasiado difícil, visto que aún sigo siendo estudiante. Pero aún así, el contenido mismo, y sobre todo la fuerza de la costumbre en la que uno es formado, hacen que no sea una tarea tan fácil.

Uno de los clips que encontré hoy enfoca justamente esta problemática, desde el punto de vista de los alumnos: ¿cómo aprendemos? ¿Cómo estructuramos el contenido? ¿Cómo debería entonces enseñarse? Conforme pasa el tiempo, se vuelve cada vez más claro que las formas conocidas de transmitir conocimiento funcionan cada vez menos.

El otro de los clips va en la misma dirección, y está directamente relacionado. ¿Cómo conocemos hoy? Antes, nuestras estructuras de conocimiento reflejaban en mayor o menor medida la manera como almacenamos la información. Archivadores, categorías, índices alfabéticas y cosas así. Pero hoy eso ya no tiene sentido. Estamos en la era de la búsqueda, cuando Google y las bases de datos relacionales, junto con la velocidad de computación creciente, hacen que la búsqueda de información sea trivial. La información misma se vuelve trivial, una vez que es tan fácilmente accesible. ¿Qué hace el usuario? Tiene que aportar algo nuevo, algo personal, algo que no esté en la simple data, para poder justificar su existencia. Saber la información se vuelve trivial. Entenderla, procesarla, agregarla, interpretarla, se vuelven los verdaderos elementos diferenciales.

La medida en que estos cambios lo están transformando todo es difícil aún de discernir. Marshall McLuhan señaló hace buen tiempo ya que el medio es el mensaje: que el medio reconstituye su contenido, y no es, como podría creerse tradicionalmente, un simple vehículo de contenido. Hay algo más que la forma aporta, algo determinante, y determinante a su vez en relación con el sujeto que consume información, que consume medios.

Y es éste un problema que me viene fascinando cada vez más. ¿Cómo aprendemos y cómo educamos hoy? Los métodos tradicionales brillan por su falibilidad, pero al mismo tiempo, hay ciertas cosas del establishment académico que podríamos querer mantener. No se trata simplemente de cambiarse a la moda y tirar todo por la ventana. Pero sí se trata de reprocesar, de reinterpretar el aprendizaje y preguntarnos qué se puede esperar de un alumno aprender. Regurgitar datos se vuelve una función trivial que una computadora puede hacer por sí sola. La idea misma de erudición se vuelve relativa.

¿Entonces?

La educación se vuelve un proceso más complejo, donde se debe enseñar con mayor profundidad las vicisitudes de consumir y producir información, y de hacerlo, además, de manera responsable. A todas las formas de alfabetismo y analfabetismo que conocíamos, ahora agregamos el alfabetismo mediático como elemento central en la formación actual de ciudadanos y consumidores responsables e involucrados. En muchas medidas y dimensiones esto se hilvana con otra serie de fenómenos que se vienen dando en paralelo, y por eso, hoy no podemos más que repensar, replantear, probar y ver qué pasa: política, economía, negocios, cultura, sociedad, medios, arte, producción, consumo, familia, redes sociales, comunidades, etc.

El medio está transformando todos los mensajes.

Entonces la consigna es cambiar el mundo, pero ésa es una tarea mucho más grande que la vida de cualquier individuo. Si entendemos la sociedad como una interacción compleja entre sistemas complejos y dinámicos, abordar los problemas nucleares en nuestras concepciones es un esfuerzo al mismo tiempo periférico y fundacional, un ataque que debe hacerse desde múltiples frentes.

Repetidamente, casi hasta el cliché, se repite que la vida contemporánea ha olvidado el sentido de la existencia, que el ritmo de vida acelerado y la entrega al consumismo nos han hecho olvidar las dimensiones del valor de la vida y aquello que realmente vale la pena. En realidad, es bastante cierto, pero es un problema complicado de formular: la magnitud del mundo se ha hecho tan extensa, que ahora nos resulta incluso complicado sentirnos vinculados con él. Cuando nos enteramos de lo que pasa en Siberia, es más complicado mantenerse al tanto de lo que ocurre en la puerta de al lado. Allí las cosas empiezan a dejar de tener sentido, al mismo tiempo que el aparato de producción debe fomentar este desarraigo porque empezará a prometer soluciones a cambio de cómodas cuotas mensuales.

Lo francamente fascinante de las últimas tecnologías de comunicación es cómo están, paradójicamente, reduciendo la extensión del mundo a la par que la amplían. Donde los medios masivos antes homogenizaban la cultura, los medios participativos de hoy brindan un espacio al individuo para manifestarse como tal -aunque sea en los comentarios a un video en YouTube-. Esta posibilidad de ser un emisor es al mismo tiempo la posibilidad de no tener que compartir los gustos e intereses de una mayoría vinculada por un mínimo denominador común, sino que le permiten formar parte de minorías significativas en torno a intereses vinculantes.

Internet ha traído la explosión de los nichos, lo que ha sido llamado la larga cola del talento. En esencia, esto significa que tengo la posibilidad de ignorar las señales no específicamente configuradas en función a mis intereses, porque hay tantas señales que por simple probabilística, alguna debe resultarme más cercana y personal que las demás. Esa señal representa valor personal para mí, al mismo tiempo que me brinda la posibilidad de devolver algo, de participar.  En torno a esa señal se empieza a articular una comunidad reunida por un interés común, comprometida, interesada. Quizás no haya tantos como yo en mi entorno inmediato; pero habrá dos en otra ciudad, quince en otro país, ochenta en otro continente, y entre todos podemos compartir impresiones y experiencias y contribuir mutuamente al cultivo de nuestros intereses.

Así, como quien no quiere la cosa, empezamos a reunirnos, a articularnos, a reencontrarnos más auténticamente con nosotros mismos cuando nos encontramos legitimados para tener deseos que la mayoría no comparte. Así, de a pocos, la existencia empieza a tener un poco más de sentido.

Hace un tiempo he descubierto con interés el trabajo de Juan Freire, quien a menudo publica posts en torno a la problemática de la web 2.0 desde su perspectiva española (léase, traduciendo del inglés casi todos los buzzwords).

Más que entrar a tallar respecto a los particulares, mi preocupación giraba en torno a la falta (personal) de una comunidad articulada y vinculada trabajando este tipo de temas, o los que he venido trabajando en el blog. Principalmente por razones de tiempo, no he podido dedicarme a buscar blogs similares, a ponerme en contacto con sus autores y a entablar diálogos un poco más constructivos en torno a preocupaciones comunes.

Me gustaría poder conversar un poco más con todo el mundo y empezar a intercambiar perspectivas y experiencias, y sé que yo mismo debería dedicarme a buscarlos en algún momento. Mientras tanto, en todo caso, si hay interesados o involucrados con la perspectivas filosóficas o extra-filosóficas sobre los temas que más o menos he venido trabajando, si están publicando un blog, una web o algo por el estilo, y quieren intercambiar información u opiniones, háganmelo saber en los comentarios o por correo electrónico para poder empezar a ir articulando una comunidad más grande.

Título del XI Congreso Nacional de Filosofía a desarrollarse del 4 al 7 de diciembre en la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa. Pero no encuentro mayores informaciones.

En el 2005, tuve la oportunidad no sólo de asistir sino de presentar una ponencia en el X Congreso Nacional de Filosofía, realizado en la ciudad del Cuzco. Más allá de los problemas de organización -de los cuales hubo muchos-, en mi primera experiencia en un congreso de esa naturaleza y envergadura no logré discernir o sentir la confluencia de ningún tipo de sentimiento o vinculación hacia lo que podría considerarse una comunidad filosófica. Pero claro, eso podría ser simplemente mi culpa, también.

Me gustaría, y tengo la intención de, asistir al congreso este diciembre. Supongo que, obviamente, sería pertinente empezar a preparar un trabajo para tal fin, pero no logro encontrar mayor información al respecto en la web. Como señalaba hace unos días: a pesar de que podamos tener una producción intelectual masiva, o cuando menos ingente, en diversos lugares aislados, no hemos realizado el fundamental trabajo de trazar los vínculos entre esos islotes para saber en qué trabajamos unos u otros y cómo podríamos vincularnos. No existe la “autoconsciencia” de una comunidad investigadora o desarrolladora comprometida con el avance de su disciplina, sino más bien las iniciativas más o menos individuales que no llegan a articularse por completo. Lo cual es ciertamente problemático.

Siendo sinceros, no tengo ni la menor idea de qué ni cómo está trabajando la filosofía y los filósofos en otros lugares del país; ni siquiera en la universidad de San Marcos, que me es tan cercana geográficamente. No es propiamente falta de interés, porque de hecho siento la curiosidad y considero pertinente conocer ese universo; pero sí tiene mucho que ver la falta de recursos de información fácilmente accesibles al respecto. En otras palabras: aunque bien podría argumentarse que es mi responsabilidad y mi propia falta no hacer el trabajo extra que significa ponerme al corriente de los recursos y elementos de información existentes y disponibles, también es cierto que no debería esperarse de mí o de ningún otro filósofo o protofilósofo tener que realizar un esfuerzo tan complicado para enterarnos de lo que está pasando. La información debería ser libre: y eso no significa sólo acceso a la información en un sentido estrictamente formal, sino también libre disponibilidad en el sentido de que sea fácilmente encontrable, fácilmente relacionable y fácilmente entendible.

Descubrí el otro día, con grata sorpresa, que vinculaba a este blog el Boletín del Centro de Estudiantes de Filosofía de San Marcos. Agradezco, saludo y respondo a ese gesto vinculando hacia ellos también. Encontré también, en un post suyo, una lectura de los principales problemas de su facultad en función a dos líneas: por un lado, el “formalismo producto de la burocratización” de sus estudios de filosofía, y por otro, la “ausencia de una comunidad de diálogo”. Ambos me resultaron, en realidad, problemas sumamente familiares, y quizás podríamos decir, cuando menos, que se trata de problemas endémicos.

(Creo o espero que ya no sea necesario tener que especificar que, por supuesto, estas son apreciaciones estrictamente personales y desde una perspectiva bastante particular de lo que es o debe ser la formación y la labor filosófica, que reconozco no es muy compartida y que no considera menos legítimas otras formas de concebir lo mismo. Pero nunca está de más recordarlo a quienes les empieza a hervir la sangre con indignación ante algunas afirmaciones.)

Tentativa de propuesta, tímida y cuestionable: gran parte de estos problemas podrían venir, sobre todo hacia la segunda línea (la “ausencia de una comunidad de diálogo”), de una falta de acceso simple y de amplio alcance al trabajo que se realiza en diversas comunidades. Repetidamente me refiero (y me referí también en el último post) a la relevancia de la gestión del conocimiento para esta abstracta y ambigua “toma de autoconsciencia” de las comunidades de conocimiento de su propio potencial, valor y recursos. Quizás una primera línea experimental deba ir también por el lado de recoger, vincular y difundir los recursos e iniciativas existentes de tal manera que se construya un vocabulario común, o cuando menos un catálogo o inventario de lo que está pasando, para saber a dónde dirigirse en busca de mayor información, cuando uno lo considere necesario.

Ya que suena divertido, veré si puedo empezar a compilar algo en ese sentido, en los próximos días.

Siguiendo con el tema que en alguna medida me obsesiona, quisiera tratar de aterrizar un poco mejor la realidad concreta de la gestión del conocimiento. Sobre todo, quisiera enfocar herramientas tecnológicas que existen y que bien pueden hacernos la vida más fácil, manejadas adecuadamente; y que, además, están un poco de moda, y es pertinente siempre saber más o menos qué opciones se manejan actualmente para poder seguir el hilo de la conversación.

Entonces, quisiera describir brevemente tres maneras distintas de gestionar el conocimiento: a través de blogs, a través de wikis y a través de RSS. En las próximas semanas, me gustaría y espero poder profundizar un poco más sobre cada una de ellas por separado.

Los beneficios de manejar un blog
En los últimos años, los blogs se han multiplicado exponencialmente -hoy día existen decenas de millones de estas bitácoras virtuales-. El fenómeno empezó como una cuestión muy casual, mayormente con individuos publicando para sus amigos novedades de sus vidas personales. Pero con el tiempo y la explosión de alternativas, los blogs se han ido segmentando cada vez más hasta volverse casi el medio de expresión y comunicación por antonomasia de nuestra época. Se trata de contenido altamente focalizado, actualizado regularmente, y que permite, más que publicar información, tener una conversación con el público visitante.

¿Cómo puede uno gestionar conocimiento con un blog? De alguna manera, es lo que yo he venido tratando de hacer con CxM. Un blog te permite ir recopilando notas sueltas, comentando sobre elementos de información encontrados en la web, planteando hipótesis posibles o registrando temas de interés. La estructura flexible de las categorías te permite ir guardando las notas bajo etiquetas flexibles, con las cuales un mismo elementos puede encontrarse bajo más de una categoría, lo cual le permite a uno trazar, e incluso descubrir, relaciones entre elementos que no había anticipado.

En general, apoyarse en un blog le permite a uno ordenar sus ideas en busca de claridad, pudiendo además acceder a su registro desde cualquier parte, y en el proceso ganándose una voz pública. He aquí lo más importante: esas ideas pueden llamar la atención de gente con intereses similares, cuyas opiniones pueden ayudar a nuestro propio proceso de claridad y aportar con nuevas intuiciones. Con un blog, se vuelve muy sencillo el articular una comunidad con la cual compartir información y desarrollar una conversación a lo largo del tiempo.

El trabajo colaborativo con wikis
Otra experiencia que he tenido oportunidad de probar es el trabajo con wikis, a través del wiki que hemos venido preparando sobre Husserl. Los wikis son más conocidos por ser la base que hace funcionar Wikipedia: una enciclopedia abierta, donde cualquiera puede crear y modificar los artículos publicados. Con millones de artículos, Wikipedia ha superado ya en alcance a la Enciclopedia Britannica, y aunque surgen problemas respecto al vandalismo del contenido y a la información inexacta o tendenciosa, en términos generales la comunidad de editores y usuarios dedicados de Wikipedia hace un muy buen trabajo de vigilar y mejorar el nivel y la calidad del contenido publicado.

Un wiki es una plataforma sencilla de trabajo colaborativo. En él, se crean artículos en torno a un tema específico dentro del marco temático del wiki, y sobre el texto de ese artículo, todos los usuarios del wiki pueden plantear preguntas o comentarios en una página de discusión asociada, o incluso modificar directamente el artículo para hacer cambios, precisiones o adiciones. El poder de un wiki radica en que cada artículo puede vincular dentro de sí a otros artículos, para definir términos o asociar conceptos, y cada artículo es sujeto a la misma mecánica. De esta manera, un equipo o una comunidad pueden empezar a reunir sistemáticamente una base de conocimiento e irla mejorando y expandiendo con el tiempo.

De manera similar que con los blogs, la fuerza del wiki radica en su capacidad para aprovechar los recursos que brinda el generar una comunidad. El enfoque aquí es menos personal, y más comunitario, o más enfocado en el producto. La comunidad dispone así de una herramienta fácilmente accesible a través de la cual compartir información y construir una base colectiva y sistemática de conocimiento.

Información al servicio del usuario (y no al revés)
Uno de los principales problemas de trabajar con la web es que hay demasiada información, cambiando demasiado rápido. Es sumamente complicado seguirle el paso a todo, más aún tener que estar visitando periódicamente sitios web, blogs, y demás fuentes de información en busca de actualizaciones o novedades. Es ahí donde entran las fuentes RSS (Really Simple Syndication): lo que hacen es invertir el sentido de la información, enviándole al usuario una notificación cada vez que nuevo contenido es publicado en la fuente de información a la cual pertenece la fuente RSS.

La siguiente es una de las mejores explicaciones que he encontrado para esto (aunque lo lamento porque esté en inglés :-S):

Uno reúne las múltiples fuentes en un agregador, una suerte de “base de operaciones” a partir de la cual puede acceder a todas las actualizaciones disponibles en todas sus fuentes seleccionadas y leerlas desde una sola estación. Así como blogs y webs ahora manejan casi ubicuamente feeds RSS, otros servicios también están habilitando opciones similares: por ejemplo, calendarios, listas de tareas, canales de video, podcasts, aplicaciones web de todo tipo (por ejemplo, con actualizaciones de actividad en la gestión de un proyecto) están encontrando formas creativas y útiles de manejar las fuentes RSS. Con ellas, el usuario puede mejor manejar los inmensos flujos de información que debe consumir diariamente. Una importante advertencia, sin embargo: este es un recurso adictivo. Después de empezar a utilizarlo, no hay marcha atrás, y uno puede encontrarse consumido irremediablemente por el consumo de información (habla la experiencia personal).

Espero que estas breves consideraciones sean de utilidad para aquellos interesados en el tema o con curiosidad de saber cómo estas herramientas pueden serles de utilidad. En las próximas semanas espero tener la oportunidad de elaborar un poco más sobre cada una de ellas y las diversas posibilidades que ofrecen. Mientras tanto, pueden compartir sus propias experiencias usando estas u otras herramientas en los comentarios.

conocimientoEl significado de la gestión del conocimiento es aún un área bastante gris. Más aún lo es exactamente cuál es su importancia o relevancia, o la medida en la cual detenerse a pensar en ello repercute en un beneficio para el individuo o la organización o comunidad.

Ayer encontré un comentario interesante en el blog Uncommon Knowledge sobre el vínculo entre la gestión del conocimiento y la innovación. De la manera como yo lo entiendo, el asunto va más o menos así: en tanto somos bombardeados permanentemente con información por diversos frentes, nuestra reacción adaptativa natural nos lleva a discriminar mucho más severamente la información que consumimos, dejando la mayor parte como indistinta del fondo de ruido. Eso hace tanto que, por un lado, encontrar información relevante a nuestros procesos del conocimiento sea un procedimiento más complicado, como que por otro lado mucha información potencialmente relevante quede atrapada detrás de nuestros filtros.

El beneficio de la gestión del conocimiento en este contexto es claro. Lo que nos permite es compartir la experiencia de otras personas de lidiar y dar sentido a elementos sueltos de información. Es decir, la información es permitida a pasar el filtro sencillamente dado que viene acompañada por el aval o la referencia de una tercera persona cuya opinión nos es relevante. Así, ahorramos tiempo y esfuerzo en el proceso de discriminación en tanto podemos con mediana certaza darle confianza a la información a priori.

En otras palabras, compartiendo conocimiento (presumiblemente en una comunidad de conocimiento) podemos capitalizar los recursos del individuo para la colectividad, de una manera muy sencilla: poniendo la información disgregada y atomizada, en un contexto de sentido. Para que luego otra persona recoja ese contexto de sentido y le aporte más elementos. De esa manera, construyendo edificios de conocimiento cada vez más complejos.

(Imagen: Arqhys.com)

Ya que repetidamente estoy comentando sobre la importancia de la colaboración y la articulación de comunidades de conocimiento para la gestión y la creación del conocimiento (como aquí, aquí o aquí) , creo que sería pertinente ilustrar con un poco más de claridad el valor que estas nociones pueden tener para las prácticas de los individuos. En el blog All of us are smarter than any of us he encontrado un par de elementos interesantes que podrían contribuir a esta ilustración.

En primer lugar, el siguiente video plantea un tanto metafóricamente el sentido de la gestión del conocimiento, aunque no deja de ser un tanto críptico:

Pero más allá de esa extraña representación felina, encontré también el enlace a una animación detallando el sistema de asistencia entre pares, una modalidad de compartir el conocimiento sumamente sugerente. Consiste en reunir ante un problema complicado a un grupo reducido de colegas o compañeros que aporten su experiencia respecto al tema, brindándole a uno puntos de vista que quizás no habría podido considerar por sí solo. Este enfoque viene acompañado de toda una metodología medianamente específico, incluida tanto en la animación como en el link.

La animación, además, está publicada bajo una licencia Creative Commons, y los autores enfatizan la libertad de poder manipularla y transformarla en otros sentidos -haciendo con ella un mashup-.

El concepto de inteligencia colectiva, o “crowdsourcing”, es problemático, y no quiero entrar a profundidad ahora en el concepto mismos. Basta con decir que debe aún tomarse con cierto escepticismo: aunque parece ser cierto, y existen casos y evidencia que lo muestran, que la colaboración abierta de grandes grupos de gente en un mismo proyecto genera resultados positivos (p.ej. Linux, Wikipedia, etc.), también es cierto que de no darse ciertas condiciones particulares básicas, lo más probable es que los grandes beneficios no se den naturalmente. En otras palabras, la inteligencia colectiva parece ser un recurso valiosísimo, pero el comportamiento de masas sigue resultando problemático de coordinar y gestionar debidamente.

Pero he aquí un ejemplo sumamente interesante vinculado al ámbito de la política. Los gobiernos suelen tener esta mala costumbre de esconder información al público; y también, de que cuando la liberan, lo hacen de tal manera que sea virtualmente imposible para los medios de comunicación analizar debidamente la información como para presentar la información relevante a tiempo. Esto ocurrió, por ejemplo, cuando el Departamento de Justicia de EEUU publica 3000 páginas de documentos relativos al despido polémico de jueces federales, y lo hace en horas de la madrugada, demasiado tarde como para que los periódicos o demás medios de prensa puedan emitir un juicio informado a tiempo.

He aquí lo interesante: los lectores, o mejor dicho, los usuarios de la web tpmmuckracker.com se distribuyeron los documentos en pequeños bloques de 50 páginas cada uno, para leerlos, resaltar la información importante y resumirlos. En media hora desde el anuncio, se tenían ya 50 resúmenes disponibles; dos horas después de eso, 220 comentarios con evaluaciones y resúmenes de diversas secciones del material.

La inteligencia colectiva, el trabajo colaborativo organizado de grupos de personas con objetivos comunes, nos permite cumplir con tareas allí donde nosotros solos, u organizaciones con estructuras tradicionales, no pueden entrar a tallar por una cuestión de lentitud y falta de flexibilidad.

A veces las distancias entre el primer y el tecer mundo parecen infranqueables, pero esperemos que no.

En un primer momento de la cultura del trabajo, con la Revolución industrial y el desarrollo del capitalismo, los trabajadores son reunidos en un mismo centro de trabajo para favorecer su intercambio e incrementer su productividad. Con el cambio a una economía de la información, estos centros pasan de ser fábricas a ser complejos de oficinas, pero el concepto en general se mantiene. Surge la cultura de oficina, dentro de la cual casi todos son mayormente infelices en horribles y monótonos cubículos.

Con la explosión de las telecomunicaciones, las computadores personales e Internet, dónde trabaja uno se vuelve irrelevante. Uno puede trabajar desde cualquier parte y mantenerse conectado con sus compañeros trabajando desde cualquier otra. Surge el telecommuting, más y más personas, en el primer mundo, claro, empiezan a trabajar en sus compañías desde sus casas. Enormes cantidades de profesionales de independizan y se genera una tendencia hacia negocios o compañías unipersonales, dedicados a un negocio principal y que tercerizan todo lo accesorio, manteniéndose en todo lo posible independientes.

Tercer momento: estos profesionales independientes, trabajando desde casa, se dan cuenta con el tiempo de que se sienten solos. No trabajar en oficinas normales sino en el aislamiento de sus hogares los hace sentirse distanciados de la vida social, sus intercambios se ven perjudicados y como consecuencia también su productividad. Entonces surge la tercera determinación del concepto del trabajo en la economía de la información, instalaciones de “co-working”, donde varios de estos profesionales independientes se ponen de acuerdo para compartir espacios de trabajo modernos y cómodos. No son oficinas tradicionales, son grandes salas como sacadas de un café, con mesas amplias, sillones, áreas de recreo, mucha comodidad, donde comparten espacios, recursos de oficina, e incluso conocimiento unos con otros. Es el espacio de trabajo propio de la era de la colaboración.

Y claro, tiene perfecto sentido -el movimiento dialéctico suele tenerlo-. Pero, como dije al empezar, hace que las distancias se vean enormes. Habida cuenta, por ejemplo, de que nosotros aún estamos teniendo problemas con el primer momento. Es como suele decirse, de que el Perú se ve forzado a entrar en la posmodernidad cuando aún no ha dejado atrás por completo el feudalismo (¿capitalismo incipiento con feudalismo o viceversa?, discusión para los adeptos a la pérdida de tiempo).

Bienvenido

Este blog busca preguntarse por el sentido de la filosofía en el mundo contemporáneo. Desde qué sentido tiene, hasta qué problemas encuentra y cómo los enfoca, pasando por lo que eso significa para los filósofos, se me ocurren una serie de respuestas experimentales a partir de mi experiencia personal. Si te gustan o no, me encantaría saber tu opinión sobre ellas.

Comenta cualquiera de los artículos y procuraré responderte, o puedes enviarme un correo electrónico si tienes enlaces o información relevantes, o simplemente quieres opinar. Si quieres leer más, sugiero empieces por la partida. Allí verás el tipo de problemas en los que me he enfocado, y cómo puedes participar de ellos.

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