La semana pasada pude por fin ver el famoso documental de Al Gore, Una Verdad Incómoda. Al que no lo haya visto le recomiendo sinceramente que lo vea… pronto. Ya. Ahora mismo. ¿Por qué no lo estás buscando?

La cruzada de Gore, que es por lo demás un esfuerzo global de millones de personas, es quizás una de las empresas más importantes en la historia de la humanidad. Es, también, uno de los puntos centrales en torno a los cuales articulo mi investigación sobre las decisiones racionales. A la luz de toda la evidencia que muestra patentemente los problemas generados por el calentamiento global, simplemente no estamos tomando a nivel colectivo acciones con el alcance suficiente como para contrarrestar aquellos efectos que bien podrían llevarnos a la extinción de la especie. No lo hacemos porque hay intereses enormes dedicados a que nuestros patrones de comportamiento no cambien para resolver el problema: intereses como el de las grandes petroleras, que si vieran introducidas regulaciones al consumo de hidrocarburos verían enormemente reducidas sus ganancias. Aún así, a nivel global empezamos a ver una tendencia entre los gobiernos para atacar este problema, con un notable ausente: Estados Unidos, el principal responsable del problema para empezar.

Espero estar transmitiendo debidamente el alcance de lo que digo: un puñado de sujetos con mucho dinero están empeñados en perpetuar las condiciones que están destruyendo a la humanidad para poder hacer más dinero. Un puñado de sujetos responsables por el bienestar general de poblaciones enormes están empeñados en ignorar este bienestar para promover los intereses particulares de un puñado de sujetos con mucho dinero (probablemente, a su vez a cambio de mucho dinero). Mientras tanto, los niveles de contaminación se siguen incrementando y los problemas aumentan.

El Perú experimenta hoy un crecimiento económico y un incremento en los niveles de actividad productiva como no se han visto en muchos años. Pero la coyuntura exige mucho más de nosotros. ¿Creceremos responsablemente? Recientemente, La Oroya fue declarada uno de los lugares más contaminados del mundo. La minería a gran escala contamina y destruye nuestros recursos naturales, y nuestro crecimiento económico es desorganizado, y abre las puertas sin restricciones al capital. Al mismo tiempo, nuestra inversión en ciencia y tecnología es casi nula, mucho más aún en el desarrollo de sistemas de producción sostenibles.

El Perú crece, pero no crece responsablemente. Crece con una miopía al futuro, con la idea de que sólo importa el PBI, de que nuestros recursos estarán allí para siempre. Y claro, uno empieza a hablar de ambientalismo y lo tildan de reaccionario en contra del desarrollo, y así no podemos realmente llegar a ninguna parte.

He aquí una idea loca. La tendencia global está yendo crecientemente en la dirección de una conservación y utilización responsable del medio ambiente, y el desarrollo de prácticas empresariales responsables y sostenibles. El Perú está en pleno proceso de crecimiento, pero con la necesidad de renovar sus sectores productivos. En términos macro, hay dinero. ¿Y si invirtiéramos ese dinero en el desarrollo de tecnologías alternativas sostenibles? Generaríamos los productos que el mundo está empezando a requerir, y podríamos convertirnos en un bastión futurista del desarrollo sostenible. Cuando llegue el momento, tendremos la tecnología y el conocimiento para satisfacer las demandas de recursos del mundo. Al mismo tiempo que transformamos nuestra propia dinámica y lógica para un desarrollo propio del futuro, no de principio del siglo XX. Ésa es mi idea loca. Pero cumplirla requiere de compromisos que vayan más allá del futuro inmediato. Implica detenernos a pensar a dónde queremos y podemos llegar a mediano y largo plazo, pensar en cómo será el mundo entonces, y cómo queremos insertarnos en él.

Hace pocos días, Al Gore ganó el premio Nobel de la Paz, junto con los miembros del panel de la ONU sobre el cambio climático global. El mensaje que este premio envía es claro, y ya muchos grupos que quieren mantener las cosas como están han empezado a distorsionar su significado y relevancia. Aún con toda la resistencia, parece clara la tendencia hacia una presencia humana sobre la Tierra que sea más equilibrada. De lo contrario, es altamente probable que desaparezcamos.

Ante ese panorama, la opción por el desarrollo sostenible y responsable debería ser la opción más obvia que podríamos tomar.

Hoy día, todos conversamos sobre ello.