No sólo los filósofos, sino los humanistas en general, junto con otros sectores de estudiantes y profesionales sobre todo del mundo de las letras, tienen una relación conflictiva con las tecnologías de la información y los recursos informáticos. Su vínculo se reduce, en la mayoría de los casos, a revisar ocasionalmente el correo electrónico, un poco de mensajería instantánea, navegar las web para cosas cotidianas y algunas académicas, y el uso básico del word para redactar documentos y trabajos. Nada del otro mundo.

No es extraño, incluso, escuchar de parte de algunas personas en estos grupos afirmar, con cierto orgullo, que revisan su correo electrónico una vez por semana, o que preparan todos sus trabajos en papel y sólo cogen la máquina para la redacción final, y demás reliquias de guerra de este estilo. La idea del humanista está frecuentemente asociada a un cierto romanticismo decimonónico que no incluía tecnología, y replicar lo más fidedignamente el ascetismo intelectualista es apreciado en muchos círculos como alg valioso, alguien que no ha sido corrompido por la modernidad.

Todo eso está muy bien, claro, pero quisiera evaluar dos razones por las cuales deberían considerar un acercamiento un poco más profundo hacia las TICs (tecnologías de la información y la comunicación), e incluso proponerles algunas alternativas. La primera razón es que el mundo, incluso dentro del submundo académico, está cambian radicalmente y se ve transformado por la tecnología, y quedarse atrás es quedarse fuera. La segunda, un poco más propositiva, es que más que un obstáculo o una corrupción del espíritu, las herramientas digitales y tecnológicas ofrecen una serie de nuevas posibilidades que pueden complementar y hasta enriquecer el trabajo que realizamos diariamente.

Veamos cada una con un poco más de detenimiento.

No es secreto para nadie que hoy en día vivimos en la sociedad de la información. Los cambios sociales que la tecnología está generando están transformando nuestras prácticas cotidianas y la manera como trabajamos, nos relacionamos, pensamos y vivimos día a día. Los negocios se conducen a escala global en el marco de la competitividad de alcance internacional. Las relaciones personales trascienden límites nacionales y se forman comunidades en torno a intereses comunes con gente de todos los rincones del mundo. Y por mucho que a veces no lo parezca, las comunidades filosóficas y humanistas también están siendo transformadas por esto. Comunidades que antes tenían muy pocos recursos para relacionarse entre ellas ahora pueden comunicarse, colaborar y trabajar juntas desde lugares remotos.

Es justamente el surgimiento de estas nuevas alternativas que hacen que el conjunto básico de habilidades de un filósofo en el siglo XXI, así como el de cualquier profesional, incluya por defecto el rubro de conocimientos informáticos. Cuando colaboraciones internacionales están en juego (y siempre lo están), un manejo fluido y constante del correo electrónico no es ya un lujo, sino una obligación. La disponibilidad de información en línea hace que por selección natural, quienes no se adapten al medio dispongan de menos herramientas para realizar un trabajo considerado bueno, tengo en consecuencias menos oportunidades de destacar y pasen al olvido en términos de la comunidad filosófica.

En otras palabras, filósofos, dentro o fuera del mundo académico, que quieran mantenerse vinculados con lo que está pasando, competitivos en términos profesionales, académicos y también laborales, y que quieran brindar la mejor calidad en su trabajo, tienen por fuerza que mantenerse vinculados con las herramientas relevantes a sus actividades generales y específicas. Viéndolo desde el otro punto de vista, entonces, ¿cómo puede verse beneficiado su trabajo por el uso de estas herramientas? ¿Por qué no habríamos de considerarlas como la corrupción de un espíritu tradicional forjado a través de siglos, desde los griegos antiguos?

Pues simplemente porque los nuevos recursos ofrecen múltiples posibilidades. El alcance de lo que un estudiante puede lograr, por ejemplo, al estudiar griego u otras lenguas clásicas, teniendo a la mano el acceso a los textos originales, multitud de interpretaciones y traducciones, diccionarios, léxicos, y demás, es algo que jamás antes ha podido experimentarse. La profundización en los temas o conceptos se vuelve tanto más rica cuando uno puede enviarle un correo electrónico al autor, en cualquier lugar donde esté, y suele ser el caso de que responden y están dispuestos a brindar su ayuda.

Hoy día puede uno acceder no sólo a textos, sino a grabaciones en audio o en video, a conferencias, discusiones, materiales de curso, y toda una variedad de recursos para complementar aquellos a los que estábamos acostumbrados. Puede uno ampliar los parámetros de la discusión utilizando foros, chats, y todo tipo de herramientas de comunicación de amplio alcance. Puede uno trabajar con mucho mayor facilidad la forma de su discurso, utilizando elementos visuales como videos, gráficos e ilustraciones para conseguir una comunicación más efectiva de su mensaje, sin tener que necesariamente ser un experto en ninguna de estas materias.

Quizás una de las cosas más interesantes es la dinamización que se puede dar al intercambio de ideas. Los autores ya no están atados a la industria estándar de publicación para difundir sus ideas, sea porque pueden distribuirlas digitalmente, o porque la impresión por demanda facilita la producción. Cada vez, más y más filósofos y académicos publican regularmente en sus propios blogs, tanto porque esto permite un canal de comunicación constante y directo, y una ventana a la participación y discusión, como porque es una herramienta fundamental, hoy en día, para la consolidación de una reputación y un posicionamiento dentro de un ámbito que claramente se mueve como una esfera de mercado, donde lo que se intercambia son ideas.

Bien podría decirse que todo esto no hace más que distraernos de la práctica filosófica pura, del simple pensar y reflexionar, y nos introduce en el pensamiento cibernético sobre elementos superficiales ajenos a los que deberían ser los intereses principales. Que se mundaniza mucho la filosofía, digamos. Y bueno, que así sea para los que así lo piensan. Para los demás, es así como les planteo la cuestión: por un lado, si ustedes no lo hacen, pueden tener la seguridad de que alguien más sí lo está haciendo, y está explorando las posibilidades que les ofrece el medio. Por otro lado, creo que en el espíritu de la curiosidad que a todos nos motiva, tenemos un cierto imperativo por entender y desarrollas las alternativas nuevas que nos son ahora disponibles.

Finalmente, como nota al pie, ¿qué significa en concreto aprender a utilizar nuevas tecnologías en el quehacer filosófico?

  • La posibilidad de desarrollar plataformas compartidas y colaborativas de contenido, donde se desarrollen progresivamente temas de discusión y se vayan resolviendo ideas y conceptos. Por ejemplo, a través de plataformas de colaboración como wikis, foros de discusión, bases de conocimiento, etc.
  • Desarrollar formas novedosas de expresar el contenido que permitan nuevas formas de relacionarse con él. Esto es, experimentar con la distribución de contenido en audio, en video, en presentaciones de tipo PowerPoint, etc.
  • Medios de comunicación tanto para la discusión, como para la coordinación o educación. Hoy día herramientas como Skype permiten mantener, gratuitamente, conferencias de audio de hasta 4 personas simultáneamente. Servicios de mayor alcance existen, que bien podrían permitir hasta dictar seminarios o conferencias de manera sencilla y a cualquier lugar del mundo.
  • Simplificar los canales de publicación y discusión del contenido. Los blogs son una herramiente usada cada vez más, donde autores pueden de manera sencilla publicar y discutir ideas sin la burocracia acostumbrada, a la vez que se vuelven el rostro público del trabajo de un profesional en estas áreas.
  • Desarrollar recursos para una formación más participativa, brindando a los estudiantes recursos como la colaboración en proyectos colectivos o el acceso a materiales fuera de las clases. Los cursos, por ejemplo, pueden centrarse en torno al desarrollo conjunto de un texto o una serie de textos, vinculando así a los alumnos directamente en un proceso participativo que incluso deriva en un entregable que puede permanecer como publicación digital.

Éstas son sólo algunas de las posibilidades que se me ocurren en este momento. Y existen más, según el enfoque desde el cual quieran buscárselas. Pero para explorarlas se tiene, en principio, que estar dispuesto a estirar un poco las categorías de lo que comúnmente es aceptado.